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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

27 septiembre 2015 7 27 /09 /septiembre /2015 10:36

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

 

Para clausurar el decimoctavo Foro Económico Internacional de las Américas, realizado en Montreal a lo largo de esta semana, el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza presentó la conferencia "Promover la estabilidad y el crecimiento en América Latina: retos y oportunidades".

Durante su exposición, en la cual el ex vicepresidente chileno se dirigió al público en inglés y en francés, se refirió a las perspectivas económicas favorables de las que está gozando la mayoría de las naciones latinoamericanas desde hace un decenio.

 

Oportunidades y retos

Las numerosas crisis que la región hubo de afrontar en los años noventa dejaron, según Insulza, importantes enseñanzas para atenuar la recesión y amortiguar los efectos de un contagio potencial de la crisis económica global, de la cual, según parece, Latinoamérica ha salido casi ileso.

Insulza acotó que, aunque el crecimiento se ha desacelerado en los últimos meses en algunos de nuestros países (como el Brasil), ha comenzado en América Latina un período de expansión que podría permitir que la región duplique sus ingresos para el año 2025. Desde tal perspectiva, podría reducirse significativamente la pobreza que ahora afecta a 174 de los 600 millones de latinoamericanos y caribeños.

La mira de la región, según el líder interamericano, apunta hacia la dirección correcta. Durante el decenio pasado, por primera vez en su historia, Latinoamérica pudo ostentar una combinación de alto crecimiento, estabilidad macroeconómica, reducción de la pobreza y mejoramiento de la distribución de la riqueza, que ha permitido salir de la pobreza a más de 50 millones de personas.

En esta lucha contra las desigualdades, han sido clave, según Insulza, los programas de protección social implementados en 17 países de la región. Sin embargo, Latinoamérica sigue siendo la región del mundo con mayor inequidad, y este problema estaría incluso expandiéndose a Norteamérica.

Tres serían, según Insulza, los retos económicos fundamentales que afronta la región: infraestructura, capital humano y educación e innovación.

 

Sobre Colombia

Sobre Colombia, también habló. Se refirió a la pasada Cumbre de las Américas, realizada en Cartagena, y al énfasis de ésta en la "integración física" del continente y en la cooperación regional para superar objetivos en áreas como pobreza e inequidad, seguridad, desastres y acceso a las tecnologías.

Asimismo, hizo referencia al VI Foro de Competitividad de las Américas, que se realizará en noviembre en Cali, el cual tendrá como tema central "Innovación y prosperidad". La OEA estará trabajando con el gobierno de Colombia para preparar, para la Red Interamericana de Competitividad (Riac) el primer reporte sobre "Señales de la competitividad en las Américas", el cual contará con una sección especial sobre innovación, tópico que, según Insulza, es indispensable para acelerar nuestra productividad y nuestro progreso y el cual podría ayudar a conducir un cambio en los modelos de producción con equidad social.

El secretario General de la OEA concluyó aseverando que la región debe aprovechar esta oportunidad histórica y cosechar los beneficios del crecimiento económico para hacer inversión en infraestructura, recursos humanos e innovación, necesarios para convertir las ganancias derivadas de los recursos naturales en capital humano y en competitividad internacional, lo cual incluye no solo el crecimiento económico, sino también la inclusión social, la equidad y el respeto al medioambiente.

 

 

Foro Económico Internacional de las Américas

Este foro económico, uno de los más prestigiosos del mundo, reúne anualmente a los más sobresalientes líderes de la economía mundial.

Este año, el evento contó con más de 150 conferencistas invitados que hablaron sobre las realidades económicas globales y los pronósticos de la recuperación internacional luego de la crisis.

Además del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, otros distinguidos latinoamericanos que debatieron en el foro de este año fueron los expresidentes Hipólito Mejía (República Dominicana), Jorge Quiroga (Bolivia) y Vinicio Cerezo (Guatemala). Una de las conferencias más aplaudidas del evento fue la que ofreció el colombiano Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo.

Otro de los años en los cuales Colombia ha sido protagonista de este foro fue el 2009, cuando el presidente Álvaro Uribe Vélez fue uno de los oradores principales.

 

 

El Mundo, 17 de junio de 2012

 

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3 julio 2013 3 03 /07 /julio /2013 10:40

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

 

 

 

Acaba de culminar la versión 2009 del tradicional Festival de Verano de Quebec.  Este año, varios de los multitudinarios conciertos de este certamen fueron protagonizados por artistas hispanoamericanos. 

 

Con Placido Domingo-copia-1

 Sergio Esteban Vélez y Plácido Domingo, en el Festival de Verano de Québec. 2010.

 

Desde hace cuarenta y dos años, el Festival de Verano de Québec se ha consolidado como una de las festividades más queridas por los franco-canadienses.   Este evento destaca, año tras año, además de la música y el arte, la riqueza histórica y arquitectónica de la ciudad de Québec y ha contribuido muy significativamente a ubicar a esta ciudad canadiense en el ranking de las diez ciudades más turísticas de Norteamérica. 

 

Este festival se ha caracterizado por presentar al público conciertos de todas las tendencias, como música clásica, jazz, blues, rock, pop, folk, reggae, hip-hop y baladas francófonas. Asimismo, son muy concurridos los espectáculos de “Arte en la Calle”, que organiza el festival, en las calles coloniales estrechas del centro histórico de esa ciudad cuatricentenaria.  Se estima que este año asistieron al festival más de un millón y medio de espectadores.

 

Esta edición tuvo la feliz particularidad de que algunos de sus principales conciertos, durante los once días de duración, se consagraron a músicos hispanos. Así, paralelamente el evento programaba presentaciones de artistas anglófonos mundialmente conocidos, como Sting o el grupo Kiss, daba sitio de honor a altos representantes de nuestra cultura, como Plácido Domingo y Lila Downs.

 

Algunos otros artistas hispanoamericanos que brillaron en este festival fueron el guitarrista y  “sonero” dominicano José Manuel Cobles (llamado “Puerto Plata” y quien permanece activo musicalmente, a sus 84 años de edad), el grupo mexicano Los de Abajo, el destacado violista catalán Jordi Savall y el cubano Carlos Varela.  El espectáculo de este último artista ha sido descrito por The New York Times de la manera siguiente: “Carlos Varela es uno de los cantautores más célebres de Cuba (...) Su credo: huir de los estereotipos, al presentar, con los seis miembros de su grupo, una alternativa musical original que varía entre sonoridades tradicionales cubanas (salsa, chachachá...) y estándares de pop y rock internacional”.

 

 

Quebec2

Las calles coloniales de Québec City 

 

También actuó el francés “Sergent” García, quien se ha dedicado a divulgar los ritmos latinos (entre ellos, nuestra cumbia), a experimentar con ellos y a popularizarlos en los países francófonos.  Él es el creador de la “Salsamuffin”.

La representación de nuestro país estuvo a cargo del grupo de rock “Che, Sudaka”, conformado por catalanes y colombianos y el cual tiene su sede en Barcelona.

 

Es preciso destacar el papel destacado de dos mujeres sureñas en esta versión del festival: la soprano argentina Virginia Tola y la cantante uruguaya Verónica Larc.  Tras ganar el concurso Operalia, Tola se ha convertido en una de las más prometedoras figuras actuales del canto lírico.  Su nombre se ha sumado al talentoso ramillete contemporáneo de latinoamericanos jóvenes en las altas ligas de la Ópera mundial, cuyas figuras principales son los tenores Juan Diego Flórez y Rolando Villazón.

 

Esta soprano, que ya sido aplaudida en más de 30 ciudades, ha tenido su momento cumbre durante el presente año, al acompañar al tenor Plácido Domingo en una gira  que ha comprendido presentaciones en Asia, Europa y América.  Aquí, en Québec, tuvo nuevamente el privilegio de cantar junto a Domingo.

 

Por su parte, Verónica Larc, nacida en Uruguay y criada en Argentina, es una de las latinas más reconocidas en el Canadá, país en el cual ha fijado su residencia desde hace varios lustros.   Con su espectáculo, “Pulsión Latina”, pretende dar a conocer una interesante mezcla del folklore porteño que aprendió desde niña, con el refinamiento académico que adquirió en las universidades norteamericanas donde se formó profesionalmente.

 

En géneros artísticos diferentes a la música, los hispanos también tuvieron participación.  El grupo español Los Grumildos llenó el Teatro del Conservatorio de Arte Dramático de Quebec.  Su propuesta se basa en la exposición de “marionetas autómatas”, que son el reflejo de personajes marginales del mundo real o pueden ser mitad hombre y mitad animales.  De esa misma nación, el grupo Los Excéntricos, entregó al público un espectáculo circense, surrealista, extravagante y cómico, de alta categoría.  Llama la atención que casi todos los participantes españoles en esta versión del festival son originarios de Cataluña, región que comparte los mismos ideales independentistas del Québec.

 

Ya que mencionamos esto y conociendo la introducción de hitos culturales de Barcelona en la cultura antioqueña de los últimos años, cabe preguntarse acerca de los grandes impulsos y mecanismos de los catalanes para ubicarse en la cultura internacional, con protagonismo en varias áreas y en varios lugares del mundo.  

 

Vale destacar que, de entre los casi doscientos grupos y artistas participantes, la mexicana Lila Downs se hizo al prestigioso premio “Miroir coup de coeur”, con el cual la homenajeó el festival, al considerar que ella es: “Figura emblemática de la cultura latinoamericana, que explota tanto la inmensa diversidad de la tradición mexicana, como la riqueza de las corrientes musicales americanas.  Esta cantante excepcional logra transmitir un mensaje de compromiso social, gracias a una voz embrujadora y a una sensualidad exuberante”. 

 

A Downs, sobre quien ya habíamos escrito para Palabra y Obra, el año pasado, no le quedó difícil conquistar este galardón, pues su presencia escénica con remembranza a sus ancestros oaxacas, los juegos de su voz prodigiosa y su carisma convencieron rápidamente al distinguido jurado.  En esta ocasión, la artista rindió homenaje, una vez más, a sus admiradas Frida Kahlo y Chavela Vargas. 

 

La altura del premio que Downs recibió puede comprenderse mejor, si tenemos en cuenta que el ganador este año de otra de las seis categorías del mismo fue Sting (a cuyo concierto asistieron aproximadamente ciento veinte mil personas).  Otro personaje para la lista de latinos destacados en el evento es Charles Hernández, el director general de la presentación de Sting (y de la importante gira actual de ese artista).

 

Luego de tal despliegue de talento latino, alguien del festival me dijo que los organizadores estaban decididos a aumentar aún más el espacio que este, uno de los eventos culturales más importantes del Canadá, dedica a los artistas de nuestra lengua.

 

 

Plácido Domingo y la creación de la nueva zarzuela en España

 

 

Sin duda, la participación hispana más notable en esta versión del Festival de Quebec (como en toda la historia del certamen) fue el megaconcierto de Plácido Domingo, el pasado viernes, en los Planos de Abraham, el mismo escenario en el cual, hace 250 años, los franceses perdieron frente a los ingleses el dominio del Québec.

 

El gran tenor español, quien ya ha confirmado que cantará en Cartagena, el próximo 5 de septiembre, logró congregar, en esta oportunidad, a un público de más de sesenta mil personas, a pesar de los pronósticos de fuertes lluvias para la hora de su espectáculo.

 

Su concierto, en el cual, como ya dijimos, alternó con su invitada soprano Virginia Tola, comenzó, como homenaje al Québec, con arias de la ópera francesa, especialmente de los compositores Bizet y Gounot.   Posteriormente, pasó a obras de los repertorios líricos italiano y alemán, para concluir la primera parte con música popular autóctona en inglés.   Domingo y Tola se atrevieron además al baile, con algunos pasos de tango y otros de vals, cuando juntos cantaron el romántico Vals de La Viuda Alegre, de Franz Lehár.

 

La segunda parte fue consagrada en su totalidad a temas en español.  Domingo y Tola interpretaron algunas romanzas cimeras de las zarzuelas favoritas del tenor, entre las cuales descuella “No puede ser” (de “La tabernera del puerto”), para cerrar con canciones tan emblemáticas como “Bésame mucho”, “El día que me quieras”, “Muñequita linda” y “Granada”, canción que Domingo nunca olvida en los “encores” de sus conciertos.

 

Al finalizar, el público lo recompensó con largos y fuertes aplausos, que a la vez lograron que el cantante les ofrendara no uno sino siete “encores”.

 

La naturaleza pareció mostrar que su intención era que Domingo deleitara con su música al público “québécois”, pues, aunque, como decíamos, se preveían fuertes lluvias para el mismo momento del concierto al aire libre de este tenor, el cielo esperó, hasta una hora después de finalizado el espectáculo, cuando los concurrentes hubieran regresado a sus hogares, para desatar todo un diluvio que duró hasta el amanecer.

 

Pudimos hablar con el maestro, en el Gran Teatro de Québec.  Cuando, teniendo en cuenta el empeño que ha hecho por mantener viva la zarzuela, le preguntamos si los jóvenes compositores españoles todavía estaban componiendo obras de este género, el maestro nos respondió con la primicia de que como: “La composición de zarzuela actualmente está actualmente abandonada, tengo planeado hacer un concurso de compositores, el cual será cada dos años, y me gustaría que hubiera presencia abundante de zarzuela, pues, realmente, ahora hay una cantidad formidable de temas que podrían servir como libreto.  Eso sería extraordinario.  Ya estoy en pos de organizarlo con la Sociedad de Autores, en España”.  Y cuando lo interpelé para saber si él mismo estrenaría una nueva zarzuela, nos dijo que: “Habría que pensar un personaje para mí, teniendo en cuenta características como la edad, ¡porque no sería posible que hiciera un personaje como Romeo!”.   

 

Durante su estadía en la ciudad, el maestro Domingo, quien ya había estado en Québec, dirigiendo el proceso en esa región de su concurso Operalia, dio a la comunidad la buena nueva de que se asociará al Festival de Ópera de Québec, el cual está programado para comenzar a realizarse, a partir del 2011.

 

 

El Mundo, 31 de julio de 2009 (enlace)

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9 febrero 2011 3 09 /02 /febrero /2011 06:46

 

  

En los 180 años de la muerte de “el Libertador”, sale a la luz latinoamericana este completo y bien seleccionado compendio acerca de cómo los creadores han rendido tributo a Bolívar, desde distintos campos de las Artes y las Letras.

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

 

El Mundo, 28 de enero de 2011

 

 

 

El pasado 17 de diciembre, se celebraron 180 años del fallecimiento de Simón Bolívar.  Y para conmemorar debidamente esta efemérides, la universidad antioqueña que se honra en llevar su nombre, la Pontificia Bolivariana, publica “Simón de la Palabra, Simón de América, Simón Universal”, trabajo monumental de la historiadora Socorro Inés Restrepo R.

Nadie más idóneo para la realización de este trabajo que esta acuciosa y dedicada investigadora. No conocemos en la actualidad, en los países bolivarianos, ninguna otra persona con tan exhaustivo proceso de consagración al estudio profundo y amplio del perfil, el carácter, la cultura y la obra heroica de “el Libertador”. 

Esta graduada en Filosofía, con maestría en Educación, se ha entregado casi totalmente al ingente esfuerzo de buscar, compilar, analizar y divulgar todo el material literario acerca del padre de nuestra patria.

Como si fuera poco, esta inmensa obra es apenas la culminación del extraordinario acopio de larga data de una gigantesca colección bibliográfica y museística que ha reunido en compañía de su hermano Juan Guillermo Restrepo Restrepo, también erudito historiador y ferviente bolivariano.  Este invaluable museo doméstico comprende más de 620 piezas de memorabilia y 2.500 volúmenes alusivos a Bolívar. 

Y a lo largo de tan inusitado logro, Socorro Inés Restrepo ha trabajado ad-honorem, por muchos años, en la Academia Antioqueña de Historia, como Secretaria General, y, además, como presidente de la Sociedad Bolivariana de Antioquia, entidad que acaba de celebrar 60 años de fundada.

El libro del que nos ocupamos hoy es un análisis crítico de  la producción literaria que ha abordado la figura de “el Libertador”, desde la primera aparición de su nombre en la “Gaceta de Caracas” (1813), hasta la novela contemporánea, cimentado las emociones producidas en el lector, tanto por la  fidelidad histórica, como por la calidad de los diversos autores analizados.  La autora hace énfasis en que no debe verse como una antología.

Acerca de este volumen, Rafael Iván Toro, presidente de la Academia Antioqueña de Historia, escribe en el prólogo del libro: “Socorro Inés Restrepo ha logrado que su sangre generosa construya dentro de sí,  una imagen valiosa y valedera de don Simón Bolívar; una imagen desnuda de todo prejuicio; una imagen de hombre, el cual como lo escribe Ortega, “si Dios se hizo hombre, hombre es lo más que se puede ser”. Esta imagen, tan manida por tantos y tantos escritores, es renovada al analizar diversas e interesantes facetas: la épica, la poética, la dramática. Con base en esos pilares literarios, la autora nos ofrece un magnífico trabajo, digno de ocupar espacio privilegiado en toda biblioteca, para que a través de sus luces, las generaciones actuales conozcan y difundan el pensamiento bolivariano”.

A continuación, deseamos dar a conocer a nuestros lectores un breve panorama de lo que podrán encontrar en los cinco capítulos de este tomo:

 

De la Historia a la novela:

 

En las novelas bolivarianas analizadas en este libro, se encuentran tanto las que hacen énfasis en lo histórico y mantienen cierta fidelidad a los acontecimientos, como las que se alejan de la realidad (novelas de total ficción) y las que guardan un equilibrio entre lo histórico y lo imaginario. En este capítulo, Socorro Inés Restrepo se enfoca en las siguientes novelas: “Se llamaba Bolívar”, de Enrique Méndez Campo; “El mariscal y la dama”, de Kasimir Edschmid; “La amante inmortal”, de Víctor von Hagen; “La caballeresa del sol”, de Demetrio Aguilera Malta; “Una noche de septiembre”, de Augusto Morales Pino; “Las lanzas coloradas”, de Arturo Uslar Pietri; “La Carujada” y “La Esposa del doctor Thorné”, de Denzil Romero; “La risa del cuervo”, de Álvaro Miranda;  “Sinfonía del Nuevo Mundo”, de Germán Espinosa; “Conviene a los felices permanecer en casa”,  de Andrés Hoyos; “La ceniza del Libertador”, de Fernando Cruz Kronfly: “Cuando las casas hablan”, de Martiniano Bracho Sierra; “El Insondable”, de Álvaro Pineda Botero; y, finalmente, “El General en su laberinto”, de Gabriel García Márquez.

 

Bolívar hecho canto:

 

Este capítulo está dedicado a la poesía bolivariana.  Ante la imposibilidad de reproducir todo lo que los poetas de América y de Europa han dedicado a “el Libertador”, Restrepo ha tomado una muestra de cada uno de los principales autores que han rendido homenaje a Bolívar a través del verso,  Se inicia esta revisión con la poesía sobre este protagonista que fue escrita en vida del propio héroe. No sólo la poesía culta, prototipo de la cual se considera el “Canto a Junín”, de José Joaquín Olmedo, sino también la popular, de repentismo y trovas.

Se registra también la poesía del siglo XIX posterior al fallecimiento de Bolívar, con la riqueza del Neoclasicismo y del Romanticismo. Se destacan las producciones de  José Joaquín Ortiz, José María Samper (de suyo interesante porque de acérrimo opositor de Bolívar, pasó a ser gran devoto bolivariano); Rafael Pombo, J.M. Rivas Groot y José Asunción Silva. De este último, es importante comentar que su poema “Al pie de la estatua” es la única muestra suya que se tiene de poesía patriótica. 

El lector se encontrará también con la riquísima producción para celebrar el centenario del nacimiento de Bolívar, en 1883, con antologías como la del embajador Soffía, de Chile.

Luego se explora la poesía bolivariana producida durante el siglo XX, período en el cual se rompe con los cánones y preceptivas tradicionales y se exploran nuevas formas. La autora selecciona un ramillete precioso de cantos a Bolívar compuestos por algunos de los mayores poetas de América, como Rubén Darío, Juana de Ibarbourou, Santos Chocano, Asturias, Neruda, amén de un gran número de fervorosos creadores colombianos. “Todos los poetas de América cantan a Bolívar”, dice Restrepo.  Así, en el libro aparece por lo menos una manifestación poética bolivariana de cada país de nuestro continente. 

 

Una vida muchos rostros

 

El teatro, la ópera, el cine, la televisión, las escenificaciones, también se han  ocupado de “el Libertador” y nuestra autora, Restrepo, de todo ello.  Ya  en 1819,  la pieza cómica “Les Bolivars et les Morillos” triunfaba en los teatros de Paris.

De 1830 a 1833, aparecieron varias obras, entre ellas, la polemizante “La conspiración de septiembre”, de José María Samper, escrita en su época de antibolivariano. De este volumen hay muy pocos registros en los libros de historia de la literatura colombiana. La obra reposa en la Biblioteca Nacional de Colombia. Allí están, además, “Dialogo entre Bolívar y el sargento Miguel”, “Su ordenanza”, “La batalla de Boyacá” y “Los traidores de Puerto Cabello”. 

En el siglo XX se dio a conocer la pieza “Bolívar, poema romántico”, de Francisco Villaespesa, trabajo de pésima factura escrito por compromiso político con el dictador de Venezuela, Juan Vicente Gómez, quien influiría posteriormente para que el antioqueño Fernando González escribiera un tomo de homenaje a Bolívar, luego de que González se hubiera referido siempre a “el Libertador” en términos ofensivos.  Tiempo después, González publicaría también un libro para rendir tributo al sangriento y temible tirano Gómez.

Entre las piezas contemporáneas, encontramos, entre muchas: “Las tardes de Manuela”, de José Manuel Freidel, obra de corte eminentemente modernista; “El Libertador y la guerrillera”, única obra dramática del maestro Germán Arciniegas, en la que se permite las libertades que como historiador no podía tomarse.

En el campo de la Ópera, hace bien la autora al referirse a la “Epopeya de Bolívar y otras zarzuelas”, de José María Ponce de León; “Bolívar”, con letra de Jules Supervielle y música de Darius Milhaud, y “Bolívar” de nuestro  Francisco Zumaqué, con textos de Juan Camilo Jaramillo y Roberto Salazar.  

En cuanto al Cine, según la visión de la autora, cuando este arte se ha ocupado de Bolívar los resultados no han sido muy afortunados, ya que han pesado más los intereses comerciales que el rigor por la divulgación de la verdad histórica. En este apartado del libro, Restrepo hace mención de algunos intentos, proyectos y realizaciones cinematográficos en relación con Bolívar. El primer intento del que se tiene noticia, provino de Lester Cowan, pero no se llevó a efecto. Luego Dino de Laurentis hizo el anuncio de una película sobre “el Libertador”, que, según él, sería “espectacular”. Sin embargo, no pasó del intento.  Lo mismo que el proyecto de Ronald Lubin, en 1963.

Julián Soler interpretó a Bolívar, según los críticos “con dignidad y respeto”, en la cinta “Simón Bolívar”.  En el Festival de Cine de Cartagena, se presentó la película “La epopeya de Bolívar”, dirigida por Alejandro Blasetti. Suscitó  muchas controversias, y la crítica de Venezuela y Colombia fue implacable, con protestas de la Sociedad Bolivariana de Colombia, que la considera “antihistórica”.

También merecen mención “La ruta de los libertadores”, de Francisco Norden, y “Bolívar soy yo”, de Jorge Alí Triana.

En el campo de la televisión, la mejor y más recordada producción sobre Bolívar ha sido “Bolívar, el hombre de las dificultades”, y, en el de escenificaciones, la autora destaca las que ha realizado el Ejército Nacional en diversas efemérides, a partir de en 1919, siendo presidente de la República don Marco Fidel Suárez.

 

Perenne y cotidiano

 

Este capítulo se ocupa de la información que sobre Bolívar ha aparecido en la prensa a partir del siglo XIX. La primera mención la hace la  Gaceta de Caracas en 1813, que registra la noticia de  la llegada de Bolívar a la Nueva Granada, que llama “invasión” y la proclamación como Libertador. El libro hace un recuento del tratamiento que la prensa de aquel tiempo, de América y de Europa, da a Bolívar.

La autora presta especial atención a la manera cómo los medios europeos registraron la muerte de “el Libertador”, en 1830, y de cómo la prensa se unió a la celebración del centenario de su natalicio, en 1883.

Por supuesto, el libro analiza también el espacio que, a través de los decenios, los principales periódicos y revistas del país, han asignado a difundir la memoria de Bolívar y el legado bolivariano.   La conclusión a la que llega la autora es que este espacio en los medios es cada vez menor.

En este capítulo, Restrepo aborda los textos periodísticos sobre Bolívar, dependiendo de sus temáticas específicas: familia; formación y pensamiento; eventos en la vida de Bolívar (el que más páginas ocupa a lo largo de este periodismo bolivariano), el decreto de “guerra a muerte”, la Batalla de Boyacá, la firma del armisticio y regularización de la guerra, la creación de la Gran Colombia y el atentado septembrino, temas apasionantes para  columnistas y estudiosos. Restrepo presenta las diferentes visiones: desde las de los más devotos bolivarianos, hasta las del más acérrimo antibolivarianismo.

Finalmente, la autora incluye un subcapítulo sobre la prensa conmemorativa de las efemérides celebradas en 1919, 1930, 1942, 1969,1980 y 1983.

 

Fábulas en la Historiografía Bolivariana

 

Este capítulo reseña y analiza  las obras y los autores que han detractado del Libertador,  tanto en el siglo XIX como en el XX, y cómo han servido de fuente para las posturas que se observan hoy en día en quienes reniegan de la figura de Bolívar.  Respecto de este trabajo de deber referirse a aquellos que han negado el heroísmo y el mérito de Bolívar, la autora nos manifiesta: “Lo expresamos en alguna parte del libro,  ‘la tarea más odiosa para un bolivariano: la lectura de las diatribas contra de El Libertador’. Sin embargo, consideramos que no le han hecho mella a su gloria, y que lo único logrado es uncirse al carro de la victoria, aunque sea arrastrando en sus pies el lodo de su propia bajeza”.

 

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27 septiembre 2010 1 27 /09 /septiembre /2010 09:13

 

En la conmemoración de los noventa años del nacimiento de monseñor Juan Botero Restrepo, es un deber hacer un repaso por su activísima vida y su extraordinariamente fecunda obra.

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 24 de septiembre de 2010

 

Humilde, caritativo y “enciclopédicamente” erudito. Así era monseñor Juan Botero Restrepo, quien, para sus allegados, nunca dejó de ser “el Padre Juan”.  A pesar de la multiplicidad de intereses intelectuales que estimularon su mente y lo llevaron a convertirse en uno de los principales historiadores antioqueños, su máximo objetivo siempre fue el de “ser un buen sacerdote”. 

 

 

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                  Monseñor Juan Botero, Octavio Arizmendi Posada, Agustín Jaramillo Londoño y Sergio Esteban Vélez

 

Nació en Sonsón, el 11 de marzo de 1920, descendiente de las principales familias de esa comarca. Concluidos sus estudios de bachillerato, a los 15 años de edad, ingresó al Seminario Conciliar de Medellín, donde realizó sus estudios de Filosofía y Teología, los cuales terminó a los 21 años, edad en la cual no podía recibir la ordenación sacerdotal, que solo estaba permitida para mayores de 24. Para esta época, el joven seminarista ya se desempañaba como profesor de Sociología, Misionología, Latín e Historia, y era secretario general del Seminario Conciliar de Medellín.

En 1940, su libro “El problema misional”, primero de su fértil cosecha, fue galardonado en el Premio Nacional de Misionología. El volumen fue publicado por la Unión Nacional del Clero.

Obtenida una dispensa especial de edad, logró ordenarse sacerdote, el 10 de abril de 1943. Por esos días, mantuvo una columna en el diario “El Pueblo”, que había sido fundado hacía poco tiempo.

Un par de años más tarde, el Padre Juan se encaminó a la capital de la República, para realizar un doctorado en Filosofía, en la prestigiosa Pontificia Universidad Javeriana. Esta le concedió tal grado, el 25 de agosto de 1948, luego de que su tesis “Filosofía de la seguridad social”, fuera laureada con “Summa cum laude probatus”.

Como para ese entonces ya demostraba singulares lucidez y dominio en cuanto tuviera relación con sujetos históricos, la Academia Antioquia de Historia, consideró justo nombrarlo Miembro Correspondiente de esa institución, en 1946.  Un año después, fue ascendido a miembro numerario. 

Por esos días, participó en la fundación de la Sociedad Bolivariana de Antioquia, en compañía de otros distinguidos admiradores de “el Libertador”, como el futuro gobernador Fernando Gómez Martínez y el ex presidente de Venezuela Eleázar López Contreras. Esta sociedad no alcanzó a consolidarse, pero fue semilla de la actual Sociedad Bolivariana de Antioquia, que en este 2010 está cumpliendo 60 años de fundada.

Al culminar sus estudios de doctorado, regresó a Medellín.  Allí, se conmovió al ver la extrema miseria en que tenían que vivir numerosos niños que, debido a La Violencia partidista que azotaba a nuestra patria en esos tiempos, hubieron de abandonar sus lugares de origen buscando protección para sus vidas. Fue así como, en 1948, fundó las Granjas Infantiles de Jesús Obrero, que se convertirían en una de las más importantes instituciones protectoras de la niñez desamparada de Colombia.

Gracias al programa de venta de bonos y sufragios y a las generosas donaciones que recibió, el Padre Juan adquirió para las Granjas una finca de más de 100 cuadras en el municipio de Copacabana (actualmente las Granjas Infantiles acogen a más de 400 niños).

En 1952, por invitación del Gobierno Municipal, fundó el Preventorio Infantil de Medellín, que durante varios lustros prestó servicios de rehabilitación a niños delincuentes.

En 1954 el presidente de la República, General Gustavo Rojas Pinilla, lo nombró Director Nacional de Protección Infantil. Desde este cargo, el joven sacerdote redobló sus esfuerzos por favorecer a la niñez desamparada, al fundar 14 guarderías para niños pobres, en distintas ciudades del país.

En 1957 fundó el Hogar San Luis, para niños lisiados, y creó la Escuela Nacional de Visitadoras Campesinas, la cual todavía está activa.

En 1959 representó a Colombia en el Congreso Mundial de Protección Infantil, reunido en la ciudad de Lisboa. Fue llamado a ser miembro de la mesa directiva de este evento internacional. 

Ese mismo año, realizó viajes para estudiar las nuevas tendencias de la protección infantil en algunas de las principales instituciones de este género en Europa y en Estados Unidos.

 

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            Jorge Rodríguez Arbeláez, Joaquín Vallejo Arbeláez, Monseñor Juan Botero y Sergio Esteban Vélez 

 

En 1960, fundó en Copacabana la Escuela Vocacional Agrícola.  En 1961, al ver a las Granjas Infantiles consolidadas, decidió retirarse de la dirección de estas para materializar una de sus mayores ilusiones: especializarse en Europa para servir en Colombia.  Se inscribió, entonces, en la carrera de Sociología, en el Instituto León XIII de Madrid, filial de la Universidad de Salamanca, una de las más antiguas del mundo.

Durante su permanencia de tres años en Europa, aprovechó para visitar los principales santuarios del mundo católico, en Europa, Egipto y Tierra Santa. En 1962, asistió en Roma a la clausura de la primera sesión del Concilio Vaticano II. Ese mismo año, la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín lo eligió como el ciudadano del año y le concedió la medalla de oro de la institución.

En Madrid, afianzó lazos de amistad con el polémico y beligerante arzobispo Juan Manuel González Arbeláez, quien estaba exiliado en ese país y residía humildemente en un monasterio de esa ciudad. Monseñor González Arbeláez sería el protagonista de uno de los más importantes libros escritos por el Padre Juan.  Cuando el mitrado falleció, en 1965, el Padre Botero fue escogido para pronunciar la oración fúnebre del difunto guerrero de la Iglesia, ante el presidente Guillermo León Valencia.

Retornó a Colombia en 1964.  Poco después, aceptó la misión de ser Capellán General del SENA en Antioquia, la cual desempeñó durante un lapso superior a diez años.

En 1969, fue designado conjuez de Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de Medellín y fue elegido Presidente de la Academia Antioqueña de Historia, desde donde luchó por la creación de diversos centros de estudios históricos en los municipios antioqueños. Representó al Departamento en importantes congresos y certámenes nacionales y enfocó su mira en buscar la expansión de la Academia. En 1970 fue reelegido en la presidencia de la entidad.

En 1971, fue escogido para hacer la oración gratulatoria en el acto solemne que se celebró en la Catedral de Medellín, con motivo del centenario del nacimiento del emérito arzobispo Tiberio de J. Salazar y Herrera.  Para honrar la memoria del insigne pastor, el Padre Juan escribió una biografía de éste de más de 400 páginas, publicada por ley de la República. Este es uno de los nueve libros que escribió sobre grandes prelados de Colombia.

En 1971, al ser preconizado monseñor Javier Naranjo Villegas como Obispo de Santa Marta; el mitrado invitó al Padre Juan a su diócesis a fungir como Canciller General del Obispado. 

En 1974, regresó a Medellín y ocupó nuevamente el cargo de capellán regional del SENA.

Vale la pena comentar que, desde su ordenación sacerdotal, simultáneamente a su labor pastoral e investigativa, colaboraba permanentemente con periódicos como “La Acción”, “La Defensa”, “El Pueblo”, “El Correo” y “El Colombiano”, de Medellín.

 

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En 1976, una biografía de Pedro Justo Berrío, de más 430 páginas, escrita por el Padre Juan, ganó el primer puesto en un concurso convocado por el Departamento de Antioquia.  Este es, talvez, el principal de los tomos que escribió sobre gobernadores de Antioquia. El 8 de septiembre de ese mismo año, el gobernador, Óscar Montoya Montoya, le impuso a nuestro personaje la “Estrella de Antioquia”, en aquel entonces máxima condecoración del Departamento. También recibió en ese año la medalla “Pedro Justo Berrío”.

En 1979, asume la dirección de la Parroquia de Nazaret, en Medellín. Comparte su ocupación como párroco con la de profesor de historia de la Iglesia Colombiana, en el Seminario Mayor de Bogotá, curso para el cual escribe su libro “Breve Historia de la Iglesia Colombiana”.

En 1983, al ser proclamado cardenal el arzobispo de Medellín, monseñor Alfonso López Trujillo, el Padre Juan viaja a Roma como parte de la delegación de la Arquidiócesis para asistir a la posesión canónica del nuevo purpurado.

Ese mismo año, una obra con letra suya y música del maestro Luis Uribe Bueno gana un concurso organizado por el municipio de Bello, para elegir el himno oficial de esa ciudad.

En 1984, el cardenal López Trujillo lo eleva a canónigo honorario de la Arquidiócesis y lo designa vicario general de la zona céntrica de Medellín. En dos ocasiones, al estar ausentes de la ciudad el Arzobispo y el Vicario General, el Padre Juan, en su dignidad de Provicario General, gobernó interinamente la Arquidiócesis de Medellín.

En octubre de 1985, la Academia Antioqueña de Historia lo hace Miembro Honorario.

En 1986, sumamente débil por una intervención quirúrgica, el Padre Juan renunció a sus cargos de Párroco del Concilio Vaticano II y de Vicario General de la zona céntrica de Medellín, y continuó solamente con sus labores de conjuez de Tribunal Eclesiástico y jefe del Archivo Arquidiocesano, dignidad esta última en la que permaneció durante casi un decenio. En 1987 asumió temporalmente la cancillería de la Arquidiócesis de Medellín.

En octubre de 1995 fue elegido Presidente Honorario de la Academia Antioqueña de Historia, máximo honor que concede esa Institución, de la cual fue miembro durante 56 años.

En 1997, funda, con Sergio Esteban Vélez, la Academia Antioqueña de Letras.  Esta institución congregó durante más de un lustro a muchos de los principales humanistas e intelectuales de Antioquia. 

En 1998, por motivos de salud, renuncia a la presidencia de la corporación y es reemplazado por el ex ministro Octavio Arizmendi Posada.  Fue, entonces, exaltado como Presidente Honorario de la Academia. 

Presidente honorario de dos academias, era al mismo tiempo miembro de otras diecinueve, entre las cuales descuellan la Academia Colombiana de Historia, el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, la Sociedad Bolivariana de Colombia, la Academia de Historia de Santander, la de Cartagena de Indias, la del Magdalena, la del Valle del Cauca, la de Tunja, la de Ocaña, la de Santa Fe de Antioquia y la Sociedad Antioqueña de Historia de la Medicina (campo de la Historia en el cual el Padre Juan fue especialmente erudito y acerca del cual escribió media docena de libros).

En 1998, al cumplirse los 50 años de la fundación de las Granjas Infantiles de Jesús Obrero, el Padre Juan recibe la medalla “Pro Servitio Eclesiae”, la más alta condecoración de la Arquidiócesis de Medellín.

El 29 de mayo de 2002, entregó su alma a ese Dios al que consagró 60 años de sacerdocio. 

A sus 82 años de edad, había fundado 24 obras sociales, publicó más de 50 libros de su autoría, fue miembro de 21 academias y culminó 3 carreras universitarias. 

Raras veces se da un caso como el de Monseñor Juan Botero Restrepo, en el cual se combinan en grado sumo la inteligencia y la acción por alcanzar la santidad. 

Por eso, los antioqueños debemos rescatar el acervo de su obra y divulgarla, como merece, para hacer justicia a la tenacidad de quien debe ser recordado como una de las máximas glorias de nuestra tierra.

 

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Lucila González de Chaves, Olga Elena Mattei, Monseñor Juan Botero Restrepo y Sergio Esteban Vélez. Academia Antioqueña de Letras, 1997.

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13 julio 2010 2 13 /07 /julio /2010 05:00
Sergio Esteban Vélez es entrevistado por Nelson Rubio, de Unión Radio,
acerca de la demanda de Íngrid Betancourt contra el Estado Colombiano
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22 junio 2010 2 22 /06 /junio /2010 12:36

 

 SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 19 de mayo de 2008

 

Blindness, la versión cinematográfica del Best-seller “Ensayo sobre la ceguera” del Nobel José Saramago fue escogida para dar apertura al Festival de Cannes 2008.

“Ensayo sobre la ceguera”, fue la película seleccionada para abrir la edición 61 del Festival de Cannes, que comenzó ayer y se cerrará el próximo 25 de mayo. 

Aunque, por lo general, en Cannes, las películas que abren el evento no contienden por los trofeos del Festival (pues la simple escogencia para inaugurarlo ya se considera un premio mayor), en esta ocasión, se hará una excepción con este filme.

El largometraje, basado en la novela homónima del Nobel portugués José Saramago (pero que internacionalmente se conocerá con el nombre de “Blindness”), es el nuevo producto del director brasileño Fernando Meirelles, aplaudido por la crítica por películas como “Ciudad de Dios” y “El jardinero fiel” (por estas dos últimas, nominado al Óscar).

La cinta reúne a un elenco internacional conformado por actores de renombre como Julianne Moore, Alice Braga, Gael García Bernal y Danny Glover, entre otros.

Los colombianos tendremos que esperar un poco para conocer la película, pues su estreno oficial será en Argentina, el 30 de octubre.  Así que, por el momento, lo que se espera es que haya un nuevo “boom” de la lectura de la novela original de Saramago. Oportuno es, entonces, evocar esta trama, una de las más sobrecogedoras del único Nobel de lengua portuguesa. 

En este grueso tomo, Saramago describe lenta y profundamente la desazón perenne de la más grande ceguera colectiva que alguien jamás hubiese imaginado.

Esta novela hace recordar la obra teatral “Los Ciegos” de otro Nobel de Literatura, el belga Maurice Maeterlinck.  La obra, pionera del teatro estático, nos muestra la desesperación de un grupo de ciegos inmóviles, que se internan en un sinnúmero de monólogos y diálogos absurdos, llenos de pánico, abandonados en medio de un bosque, con hambre y con la asechanza de las fieras. Finalmente, se dan cuenta de que su único protector, el anciano sacerdote, está muerto.  Uno, confortándose, piensa que, afortunadamente, es muy difícil que suceda algo tan aterrador.

El doctor Llinás dice que los colores no existen.  En el libro, Saramago lo confirma.  Los ojos de sus personajes son absortos por un blanco lechoso, como el de la Antártida. 

Todo comenzó un agitado día normal, en una convulsionada ciudad, a la que Saramago no da nombre, pero nos atrevemos a insinuar que podría ser Lisboa, por ser este el epicentro de casi toda la obra del autor y porque, al final del libro, se habla de las empinadas calles de aquella metrópolis desierta, y son bien conocidas las encaramadas vías de algunos barrios de Lisboa, como el bohemio, al cual se sube en tranvía (sin embargo, la película fue filmada en Canadá, Uruguay y Brasil). 

En esta ciudad imaginaria, de pronto, un hombre sale de su vehículo gritando: “No veo, estoy ciego”.  Aquél nunca había sufrido de los ojos.  Un transeúnte le ayuda a llegar a su casa.  Después, se daría cuenta de que aquel “caritativo” le ha robado el coche, y el ciego exclama: “Daría un año de mi vida por que este malhechor quedara ciego”.   El ciego va a visitar a un oftalmólogo: su ceguera no tenía razón ni raíz.  La ceguera además tenía la particularidad de que no era de tinieblas sino de luz incandescente. Todo lo veía blanco, como en medio de una niebla espesa.   El ciego, cuando caminaba, sentía que se hundía el suelo bajo sus pies.  La blancura insondable lo cubría todo.  Estaba en una especie de extraña dimensión sin direcciones ni referencias, sin norte ni sur...  Soñaba que estuviera soñando.  Esa luz, que se había convertido en un todo, en una omnipresencia, lo había hecho olvidar de la existencia de la noche.  Sin embargo, ante los ojos de cualquiera, sus ojos parecían normales y nadie creería que estaba ciego.  ¿Sería que su alma estaba empañada? Los ojos, dicen, son el espejo del alma. 

Un ciego inesperado que todo lo ve blanco: suena interesante para indagar, pero ¿qué tal pensar en que toda la ciudad, en pocos días, se vea sumergida en esa láctea ceguera?

Efectivamente, al día siguiente empezó a expandirse esta epidemia, como una más de las 7 plagas de Egipto: el oftalmólogo, el ladrón “caritativo”, la mujer fácil, el que estaba con ella, un viejo con cataratas, un niño estrábico, la esposa del primer ciego, la empleada del hotel, los policías...  todos quedaron ciegos, en un abrir y cerrar de ojos.  ¡Una ciudad entera! El oftalmólogo comprendió entonces la angustia de sus pacientes que tanto le habían dicho: “Doctor, me estoy quedando ciego”. 

Pero, ¿de dónde salía esta peste? ¿Sería esta una ceguera que se pegara por mirar a los ojos, como en el mal de ojo?  “Tampoco la muerte se pega y todos nos morimos”, dice Saramago.  Al tomar la epidemia carácter de catástrofe nacional, el Gobierno interna a los afectados en un abandonado edificio, hasta el que son trasladados los ciegos y los que se sabía quedarían ciegos, como bichos raros, como los leprosos del Medioevo.

Como en toda novela, el amor hizo su aparición triunfante, en este caso representado en el espíritu de sacrificio de la esposa del oftalmólogo, quien, sin estar ciega, fingió estarlo para poder ser internada con su esposo y velar por él.  Gran tortura sería para ella, pues viviría la peor pesadilla, en un lugar que cada vez se llenaba más de gente ciega que aguantaba desilusionada, no sed de Dios, sino hambre de comida...

La cuarentena en el hospital se convirtió en el centro de experimentación más desagradable que podamos imaginar: los hedores insoportables eran ya casi imperceptibles, pues el olfato, a las malas, se vuelve inmune a la inmundicia; la enfermedad crecía; la muerte asediaba. Por la noche, los ciegos restregaban sus sexos y besaban sus cuerpos asquerosos. El agua, putrefacta.  No eran capaces de asearse.  La mujer del oftalmólogo era la única que podía ver, pero habría preferido estar ciega, para no contemplar la realidad infrahumana.  Ella se convirtió en la adalid de la esperanza, sin permitir, claro está, que los demás supieran que no estaba ciega, o por lo menos, que sus ojos veían, pues sabemos que el alma no es ciega.  

Invidentes que, en cirugías, han salido en cuerpo astral, al regresar al físico han relatado que pueden ver perfectamente y describen todo lo que vieron, con lo cual dejan estupefactos a los testigos.  Asimismo, cuando sueñan, también ven: ese es su escape cotidiano a la ceguera.  Por eso, Aldous Huxley se volvió adicto al LSD: necesitaba que su cerebro alucinara para poder ver las imágenes que no podían percibir sus ojos casi invidentes.  Pero también hablaríamos de que el oído se agudiza al máximo y se convierte en la guía principal.  Pensemos en la diva Alicia Alonso, ciega, bailando “Don Quijote”, o en Andrea Bocelli lanzándose en paracaídas, o en Joaquín Rodrigo, completamente ciego, componiendo el “Concierto de Aranjuez”. 

Y como siempre algunos han querido aprovecharse de la desgracia de los otros...  En la historia, unos pocos ciegos de corazón de piedra, por medio de las armas se adueñaron de la comida del plantel y robaron todo el peculio de sus compañeros, para después, alimentarlos sólo a cambio de que las mujeres ciegas se acostaran con ellos. Todas tuvieron que someterse a indescriptibles violaciones...   pero ¿ya qué importaba el honor, si lo que los obsedía era la ceguera?  En este caso, no habría sido necesario que Edipo se sacara los ojos al darse cuenta de su incestuoso estatus. 

Llegamos a maquinar un replanteamiento de los sentidos.  Lo importante es la voluntad; lo decisivo es la esencia.  Si no, ¿cómo podemos explicar el caso de un Beethoven sordo?  Recordemos a Miguel Ángel casi ciego por las pinturas que le cayeron en los ojos, durante la ejecución de su obra magna en la Capella Sixtina; a Monet, casi ciego por las cataratas, pintando las enormes “Ninphées”, de Giverny; o en Degas, quien por la ceguera dejó de pintar y se dedicó esculpir los más hermosos cuerpos de adolescentes y bailarinas.  Y ni hablar de Obregón, quien, ante la inminencia de la ceguera, en vez de hundirse en penumbra, estalló en colorido (pero un colorido de desasosiego, como el de Munch). 

Volviendo al tema, cuando ya nada esperaban aquellos, sólo que Dios los guardara, un incendio repentino hace que abandonen el inmueble.  Ya no hay guardias que los atajen: todos han quedado ciegos.   Salen desesperados y se encuentran con una ciudad ciega.  El transporte se acabó...  Las farmacias, tiendas, templos, almacenes...  habían quedado desprotegidos. Ya no salía agua de los grifos. Las calles, llenas de muertos.  Los perros deambulaban sin dueño.  Nada era de nadie, era de quien lo tomase.  Las casas, inmersas en la inmundicia que había traído la ceguera colectiva, estaban con las puertas abiertas para quien quisiera entrar. Las familias de ciegos andaban, unidas de las manos, recorriendo la ciudad en busca de cualquier sólido putrefacto que les sirviera de alimento...  “No se orientaban, caminaban rozando las casas, con los brazos tendidos hacia adelante, como las hormigas que van en cadena”. 

Si Ricardo III había dicho: “mi reino por un caballo”, ¿qué no darían estos pobres por un poco de paz?  El perfume de un pan duro se había convertido, hablando elevadamente, en la esencia misma de la vida.   La esposa del oftalmólogo decía:  “No podéis saber lo que es tener ojos en un mundo de ciegos, no soy reina, no, soy simplemente  la que ha nacido para ver el horror.  Vosotros lo sentís, yo lo siento y, además, lo veo”.  

Mientras ella hablaba, seguramente unos ojos ciegos se clavaban en los ojos ciegos de otro.  Dos ciegos ven más que uno solo, dice Saramago.  

En la novela, un escritor ciego dice: “El bolígrafo es un buen instrumento de trabajo para escritores ciegos, no sirve para darle a leer lo que haya escrito, pero sí para saber dónde escribió. Basta con ir siguiendo con el dedo la depresión de la última línea escrita”. 

Ahora me pregunto por qué nuestros escritores que han perdido la vista nunca han escrito obras sobre su propia realidad: Carrasquilla continuó con su extraordinario estilo folclórico; Germán Arciniegas, con sus estudios históricos, y Meira del Mar, con sus poemas de amor.

La ceguera había llegado hasta al sumo punto de que, simbólicamente, Dios había enceguecido.  La Biblia dice que el hombre es a imagen y semejanza de Dios.  Tal vez por eso nuestros protagonistas encontraron en la iglesia: “a aquel hombre clavado en la Cruz con una venda blanca cubriéndole los ojos, y, a una mujer con el corazón traspasado por siete espadas y con los ojos también tapados por una venda blanca (...) todas las imágenes de la iglesia tenían los ojos vendados, las esculturas con un paño blanco atado alrededor de la cabeza, y los cuadros con una gruesa pincelada de pintura blanca, sólo había una mujer que no tenía los ojos tapados, porque los llevaba arrancados en una bandeja de plata”. 

Se evoca así a Santa Lucía.  Pero la historia cuenta que, tras los sufrimientos de esta santa y de su sacrificio al sacarse los ojos por amor al Altísimo, Dios se lo reconocería haciendo que, años después, le salieran nuevos ojos: hermosísimos.   Asimismo, en esta novela, después de tantas penalidades, el primero que perdió la vista sorpresivamente la recobró y gritó: “¡Veo, veo!”...  Y todos fueron recuperando la visión, pero en sus profundidades síquicas quedaron indelebles las huellas de esta amarga experiencia. Y su alma ascendió, y su aura creció, y se dieron cuenta de que no hay peor ciego que el que no quiere ver.  Recordamos entonces las palabras que pronunció Mefisto, cuando Fausto le preguntó quién era: “Soy una parte de aquella fuerza que siempre busca hacer el mal, pero termina haciendo el bien”.

 

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30 mayo 2010 7 30 /05 /mayo /2010 20:39

 

 

En los 65 años de la Reforma Constitucional de 1945, a través de la cual el Liberalismo consiguió para las mujeres la condición de ciudadanas, vale la pena reflexionar sobre el proceso de lucha que ha emprendido este Partido en pos de la equidad y la justicia social

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 30 de mayo de 2010

 

Se están cumpliendo 65 años de la Reforma de 1945.  Gracias a ese acto constitucional que impulsó el Liberalismo, quedaron inscritas en la Norma de normas diversas medidas que buscaban la modernización de nuestro Estado.  La más sobresaliente: la concesión a las mujeres de la categoría de ciudadanas.

 

Para profundizar sobre este tema, conversamos con la doctora Rosita Turizo de Trujillo, la líder del grupo de mujeres que convenció a Alberto Lleras de organizar los mecanismos necesarios para que las colombianas pudieran votar por primera vez, en 1957. Con su colaboración y con la del historiador Rodrigo Llano Isaza, veedor nacional del Partido Liberal, logramos trazar la siguiente línea histórica acerca de los logros que hoy celebramos:

 

El Partido Liberal fue fundado en 1848.  Desde un comienzo, sus máximos principios, al mejor estilo de los redactores de la Declaración de los Derechos Humanos, fueron los de Libertad e Igualdad.

 

Y un año después de su fundación, el Liberalismo ya estaba empezando a ver la cristalización de sus objetivos.  Su primera victoria, en 1849, fue la abolición de la esclavitud.

 

Desde entonces, sus ideales ya incluían el de la igualdad entre hombres y mujeres.  Fue así como, en 1853, los liberales de la provincia de Vélez (hoy sur de Santander) lograron la aprobación de una Constitución Provincial que daba el derecho al voto a las mujeres mayores de 21 años.  Fue la primera vez en América Latina que las mujeres tuvieron derecho a sufragar.  Sin embargo, en 1857,  cuando el Liberalismo había perdido el poder, la Corte Suprema anuló la citada norma.

 

No se sabe si, durante los años de la vigencia de la Carta de Vélez, las mujeres pudieron hacer efectivo su derecho al voto.   

 

Poco después, en 1863, el nuevo gobierno liberal promulgó la Constitución de Rionegro.  Este estatuto federalista fue el pilar del llamado “Olimpo Radical”, que duró dos decenios, durante los cuales el Liberalismo centró su mira en la defensa de las libertades individuales y sancionó normas para garantizar las libertades de cultos, de imprenta, de pensamiento, la educación laica y la separación de Estado e Iglesia.  Este también fue el período de la “desamortización de bienes de manos muertas”, el primer experimento colombiano para poner en movimiento la propiedad rural.

 

En 1885, con la traición de Rafael Núñez al Liberalismo, los conservadores se impondrían en el poder y proclamarían la conservadurista Constitución de 1886.  

 

La hegemonía conservadora duraría 45 años. En ellos, no se produjeron avances significativos en la ruta de la emancipación de las mujeres en nuestro país.  Esto se debió a la mentalidad de algunos de los gobernantes, como Miguel Abadía Méndez, último presidente del gobierno conservador de ese período, quien afirmaría: “... las mujeres no tienen ningún vuelo intelectual.  Si la reina Catalina descolló en el gobierno fue porque los hombres la asesoraban, dirigían los negocios públicos  por mano de Catalina. De esta manera han sobresalido muchas mujeres en los ramos de la actividad pública. Si continuamos proclamando el feminismo, haría un flaco servicio a la sociedad: las mujeres irían a los parlamentos y los hombres a la cocina”.

 

En 1930, a causa de decisiones políticas del Arzobispo de Bogotá, el Conservatismo se dividió en las elecciones y salió derrotado.  Ascendió entonces nuevamente el Liberalismo, en cabeza de Enrique Olaya Herrera.  Respecto de las ejecutorias de este mandatario en relación con los derechos de las mujeres, la doctora Turizo nos cuenta: “Nuestra emancipación comenzó realmente con el gobierno de Olaya Herrera.  En 1932, se logra la Ley 28, que es la que, por primera vez en Colombia, le da a la mujer casada la capacidad de administrar sus bienes y de comparecer en juicio, porque ella, por el matrimonio, estaba considerada en el Código Civil, entre los llamados ‘incapaces relativos’, con los sordomudos que no podían darse a entender por escrito, los dementes y los ciegos”.

 

Continúa la doctora Rosita: “En ese mismo gobierno, se le dio a la mujer el derecho de entrar a estudiar bachillerato y el ingreso a la universidad.   Entonces, empezamos a salir las primeras abogadas, pero, como no podíamos ejercer cargos que conllevaran jurisdicción y mando, porque no teníamos la calidad de ciudadanas, en la reforma constitucional del 36, se dijo especialmente que las mujeres podrían ejercer esta clase de cargos”.

 

La Reforma de 1936 de la que habla la doctora Turizo fue una de las máximas realizaciones del primer gobierno de Alfonso López Pumarejo, quien emprendió la célebre “Revolución en Marcha”.  Las reformas de López Pumarejo le han merecido un puesto de honor en la historia de Colombia, como un mandatario que se enfocó en la defensa de los derechos de los trabajadores y el pago de la deuda social, a través, especialmente, de una reforma tributaria que impuso gravámenes a los más ricos, para tener mayores recursos para la educación, salud y necesidades básicas de los más pobres.  Su gobierno dio una función social a la propiedad y preconizó la libertad de enseñanza.  Fue, además, decisivo para la consolidación de la Universidad Nacional.

 

La Reforma del 36, al crear las prestaciones sociales y promover las asociaciones sindicales, buscó ampliar las garantías sociales conseguidas por el gobierno liberal de Olaya Herrera, que comprendieron: “el derecho de asociación, las vacaciones remuneradas, el descanso dominical, la protección de la infancia, la inembargabilidad parcial de los salarios, la jornada de ocho horas y la ampliación del seguro de vida obligatorio”, como dice el historiador Llano Isaza, en su libro “El Partido Liberal, esencia del cambio en Colombia”.

 

En 1938, sube al poder el liberal Eduardo Santos. Para él, los derechos de las mujeres también fueron asunto prioritario.  Según recuerda Llano: “Durante su gobierno, se expidieron las primeras leyes de protección a la maternidad, se concedió la licencia remunerada de ocho semanas, se prohibió el despido de las mujeres embarazadas, se permitió un tiempo de la jornada laboral para la lactancia y se prohibió que las mujeres desarrollaran trabajos insalubres o peligrosos”.

 

En 1942, López Pumarejo fue electo para un segundo mandato. De este, surgió la reforma del 45, anteriormente mencionada, que concedió a las mujeres la categoría de ciudadanas y les permitió ejercer cargos públicos.

 

El Liberalismo perdió el poder en 1946, y no lo recuperó sino hasta 1958, cuando se inició el Frente Nacional: obra del liberal Alberto Lleras Camargo, que logró detener la violencia que desangraba al país. 

 

Los presidentes liberales de ese momento histórico fueron entusiastas defensores de la igualdad entre hombres y mujeres. El papel del humanista Alberto Lleras fue decisivo para que las colombianas pudieran votar por primera vez.  Su gobierno, además, desarrolló proyectos tales como la creación del INCORA (que contribuyó significativamente a una distribución más justa de la tierra), la Ley Antimonopolios y el reconocimiento y protección de las comunidades indígenas.

 

Sergio Esteban Vélez y Alfonso López MichelsenSergio Esteban Vélez y Julio César Turbay AyalaY el gobierno de Carlos Lleras Restrepo impulsó la “Ley Cecilia”, por la cual se creó el ICBF y fueron equiparados hombres y mujeres para ser curadores o tutores de sus hijos.  Por lo demás, su administración fue la que promovió la masificación del control de la natalidad en nuestro país.

 

Lleras Restrepo, a la par de la propulsión del desarrollo económico (que fue su fuerte) fomentó el crecimiento del ser humano como ente integral.  Fue así como fundó Colcultura, Colciencias y Coldeportes.

 

Luego, en la etapa de Alfonso López Michelsen, el liberalismo promulgó por decreto el Estatuto de igualdad jurídica de los sexos, que suprimió todas las diferencias en contra de la mujer que había en el Derecho, especialmente en el Código Civil. 

 

El siguiente gobernante liberal, Julio César Turbay Ayala, no sólo se interesó por la defensa de las mujeres, al legislar para prohibir toda discriminación contra ellas, sino que protegió los derechos de las minorías sexuales.  Gracias a un decreto suyo, el homosexualismo dejó de ser contemplado como delito. 

 

Luego del gobierno conservador de Betancur, el Liberalismo regresó al poder, entre 1986 y 1998.  En este período, los presidentes Barco, Gaviria y Samper también siguieron el enfoque liberal del respeto a las libertades y la búsqueda del bien común, a través de la creación de programas como el Sisbén. Además de las eternas preocupaciones sociales del Liberalismo, estos gobiernos descollaron por su interés por otras problemáticas actuales de importancia. Así, crearon los ministerios del Medio Ambiente y de Cultura y el Viceministerio de la Juventud.  El máximo triunfo del ideario liberal durante este período fue la aprobación de la Constitución de 1991, que convirtió a Colombia en un Estado pluralista, multicultural y garantista del bienestar de los nacionales.

 

Sergio Esteban Vélez y César Gaviria TrujilloErnesto Samper Pizano y Sergio Esteban Vélez      ElLiberalismo ha estado fuera del poder desde 1998.  Sin embargo, no ha cesado en su afán por batallar por la equidad de sexos. La más reciente victoria de esa lucha tuvo lugar en el año 2000, cuando la Corte Constitucional reconoció la Ley de Cuotas, aprobada gracias al liderazgo de la senadora liberal Vivianne Morales.  Esta norma impone que, como mínimo, el 30% de los cargos públicos sea ocupado por mujeres.

 

En la actualidad, el Partido Liberal cuenta con un completísimo programa de propuestas que buscan llevar más allá los logros sociales inmensos que ha conseguido en estos más de 160 años de resultados.

 

 

  

LOS CONOCEDORES OPINAN

 

¿Cuál es, según usted, el mayor logro del Liberalismo colombiano?

 

“La liberación de los esclavos; la reforma de 1849, que sacó a Colombia del siglo XVIII y la metió en el XIX; la reforma de 1936, que sacó a Colombia del siglo XIX y la metió en el XX; las reformas laborales de Olaya Herrera; la Ley de Tierras, de Alfonso López Pumarejo; la reorganización del Estado que hizo Carlos Lleras Restrepo; y el Sisbén, de la administración de César Gaviria”.

 

RODRIGO LLANO ISAZA

Veedor Nacional del Liberalismo

 

“La ley para reglamentar la elección popular de alcaldes, que la hizo aprobar el gobierno de Barco. Ese es un aporte fundamental del Partido liberal al fortalecimiento de la democracia colombiana.  Y la Constitución del 91, impulsada por el presidente Gaviria.  La carta de Derechos Fundamentales de esa Constitución es modélica: ahí están contemplados todos los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y ambientales, de una manera supremamente amplia”.

 

ARMANDO ESTRADA VILLA

Ex ministro de Estado

 

“Para mí, los mayores logros del Liberalismo han sido la liberación de los esclavos, la lucha por los derechos fundamentales de los ciudadanos y la defensa de la democracia”.

 

BERNARDO TRUJILLO CALLE

Ex alcalde de Medellín

 

“Entre los logros más importantes están las reformas que se hicieron en los años de la famosa Revolución en Marcha: la reforma tributaria de López Pumarejo, la Ley de Tierras, la apertura de la universidad a la mujer...  Además, en esa etapa se logró modernizar mucho al país”.

 

EVELIO RAMÍREZ MARTÍNEZ

Ex alcalde de Medellín

 

“Para mí, el mayor aporte del Liberalismo es lo que tiene que ver con las libertades: la libertad de los esclavos, la libertad de opinión y de expresión. Además del voto femenino y de lo que tiene que ver con la inclusión y con la búsqueda de la equidad”

 

EUGENIO PRIETO SOTO

Ex gobernador de Antioquia

 

Link El Mundo

 

 

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23 mayo 2010 7 23 /05 /mayo /2010 11:11

 

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 25 de septiembre de 2009 (Enlace)

 

Este poeta antioqueño, que esta semana celebra sus 83 años de edad, ha enfocado sus esfuerzos creativos a cantarle a la paz desde las distintas formas de la poesía 

 

Luis Florez B. y Sergio Esteban Vélez

 Luis Flórez Berrío y Sergio Esteban Vélez

 

En estos tiempos, en que el país entero se ha unido para protestar por los excesos de la absurda violencia de los grupos terroristas que asuelan a nuestra patria, vale la pena posar nuestra mirada sobre la obra de Luis Flórez Berrío, “el Poeta de la Paz”.   

 

El libro en el que mejor puede apreciarse su clamor contra la guerra es “El umbral de la paz”.  Los poemas que componen este volumen son descritos del siguiente modo por el fallecido crítico literario y académico de la Lengua Sergio Mejía Echavarría: “No se pone en duda la positiva inspiración que anima a la poesía de Luis Flórez Berrío.  Con razón, otro poeta antioqueño, Jorge Robledo Ortiz, lo llamó el Poeta de la Paz.  En este intenso volumen, Flórez Berrío ensaya una serie de poemas que tienen por común denominador la paz. Y lo hace con fortuna, con elevación, con entereza de carácter, con libertad formal, eso sí, pero con un pleno sentido de la cadencia y del ritmo. Aunque son 50 poemas, parece uno solo: tal la unidad de su pretexto y la condición de su esencia. Son poemas desgarrados, valientes, profundos, sin esguinces dialécticos ni concesiones gratuitas. Son poemas en donde brilla un ideal y ese ideal está forjado con elementos poéticos del más rancio y depurado origen”.  

 

A continuación, sondeamos someramente el recorrido lírico de este escritor que, a pesar de la fertilidad de su pluma, de la calidad estética de su lira y del valor de su llamado a la paz a través de la palabra, resulta desconocido para la mayoría de los estudiosos de nuestras letras.  

 

Nació en San Andrés de Cuerquia, el 22 de septiembre de 1926.  Según nos cuenta, incursionó en la poesía, a los trece años de edad, cuando comenzó a estudiar la preceptiva literaria y a leer a los mejores representantes de la poesía en español.   Dichas lecturas fueron clave, a la hora de desarrollar su estilística creativa, la cual ha sido de sorprendente versatilidad.  Así, en su obra pueden encontrarse tanto la poesía libre, como la clásica.  Esta última, que para muchos es a través de la que mejor sabe expresarse, la ha cultivado en todas las formas (especialmente a través del romance y del soneto) y con casi todos los enfoques temáticos: la poesía social, la romántica, la lírica, la erótica, la bucólica y la elegía.  Su deseo innovador lo llevó, además, a crear novedades formales como la ausencia de sinalefas, el soneto bisílabo y el soneto regresivo (que puede leerse hacia arriba y hacia abajo), del cual fue pionero en Colombia, en 1952.

 

El fruto de su estro polifacético puede apreciarse en sus poemarios: “Ecos”, “Al compás de la espera”, “Testigo soy”, “Incendio al fondo”, “Mientras llega la hora”, “Bajo los hongos”, “El umbral de la Paz” y “Filigranas de luz” (entre otros) y en los dos tomos de su novela “Los hipócritas”.

 

Su trabajo cultural no se ha limitado al ejercicio poético.  Desde muy joven, se dejó seducir por el periodismo, en la época en que este no se aprendía en facultades, sino a través de la práctica (su carné profesional fue expedido por el Ministerio de Educación Nacional).  En los años cincuenta, cuando el poeta Luis Gutiérrez lo nombró secretario general del grupo “La Casa del Poeta”, también llamado “La Cueva de los Iluminados”, se dedicó a divulgar la obra de los mejores escritores de Antioquia, a través de la página literaria de La Defensa,  de la cual era director.  Una vez cerrado ese diario, se enfocó hacia un periodismo “poético-social”, a través de sus revistas Infancia, Protección Infantil y Semillero Ecológico.  Ha sido también colaborador de diversos periódicos.  Es uno de los fundadores de Acoprensa. 

Y, como de algo tienen que vivir los poetas, también fue librero y profesor.  Estas labores le parecían de suma conveniencia, pues le suministraban recursos suficientes para mantenerse, al mismo tiempo que hacía una labor de difusión de la cultura.

 

Cuando se le pregunta por sus alumnos de Preceptiva Poética, menciona a autores apreciados en nuestra ciudad, como Mara Agudelo, Ruth González de Quintero, Graciela Montemar, Leontina Sanín, Soraya Juncal, Teresita Ramírez, Arturo Santa, Eladio Pizarro y Mario Zabala Villegas.

 

Luis Flórez Berrío, Camilo Isaza Torres, Leonel Estrada,

Luis Flórez Berrío, Camilo Isaza Torres, Leonel Estrada, Sergio Esteban Vélez y Néstor Agudelo.  Club Unión, 2000. 

 

De los más de dos mil poemas que nos comenta que ha escrito, la mayor parte todavía está inédita.  De esas producciones, la más conocida es “La paz cansada”, la cual ha sido reproducida en numerosas publicaciones y ha aparecido en el repertorio de importantes declamadores, como Berta Singerman y Fausto Cabrera.

 

A pesar de que en su propio país su poesía no ha sido premiada con el reconocimiento que merece, su obra ha merecido altos elogios de autoridades literarias de categoría internacional.  Según don Luis, cuando el famoso poeta ruso Yevtushenko conoció sus poemas, le dijo: “Lo felicito, cambiaría toda mi poesía social por su poema Los gritos del silencio”.  Semejante fue el comentario del ex congresista, ex embajador y notable intelectual caldense Silvio Villegas, quien, un mes antes de su muerte, le escribió: “Tu libro, colmado de vivencias emocionales lo cambiaría por la fama que ha tomado La canción del caminante”.

 

Por su parte, Robert Prill-Mill, catedrático de la Universidad de Oxford, en un estudio sobre la poesía social latinoamericana, dictaminó: “Cuando vine a Latinoamérica en busca de la poesía social, la que mas me convenció y me llegó al alma fue la de don Luis Flórez Berrío”.

 

Antioquia le debe un homenaje a este poeta, que, durante más de medio siglo, ha sido un líder de la cultura y el más ferviente abanderado de la paz.

 

La frase:   “En cuanto a la poesía social, humana, rebelde, desnuda, constante, metafórica, realista, brillante, hecha con el corazón y con el alma, no hubo ni habrá en el mundo un poeta tan claro y tan hondo como Luis Flórez Berrío. No le hacen justicia por egoístas y por envidiosos. Sin embargo lleva más de 45 años haciendo cultura literaria”.

 

JORGE ROBLEDO ORTIZ

Poeta antioqueño

 

 

Concepto sobre su obra:

 

 “La Paz Cansada es de joyería estética, enmarcable si fuese un lienzo al óleo, pero por lo menos con áurea orla simbolizante de lo prístino. Lo virgiliano, lo eglógico, lo pastoril aparece allí en forma de rotura, de destrizamiento. No hay en todo su texto la alharaca que el tema en sí pudiese reclamar y que muchos escribidores de versos han utilizado con estridencia demagógica. La paz nuestra, la paz rota, la paz mútila, aparece en esas seis estrofas con suavidad aterciopelada, suavidad de polvillo de polilla, casi del tono inasible, casi in albis. Es la blancura de la paz rota dentro de un poema sin sangre. Es una pena que esta pequeña grande obra no ande ya en las librerías del país, editada con lujo de cuidado, en tanto que circula infinidad de fárragos selectos de la estupidez mas enmarañada.

Todos estos poemas de Luis Flórez Berrío regalan un sabor de botánica, de yerba para pócima, a lo cual el musageta agrega la sacarina de su amor a la verdad amarga. También hay bastante de Rilke, el poeta que sabía darles vida a las rosas inertes (...) En Flórez Berrío, hay el afán espontáneo de mostrar bocas fatigadas y almas claras sin contornos, como el sonido y la luz que pueblan los dolores del alma. En todo caso, en la obra de Luis Flórez Berrío encuentro un precioso ritmo anímico conmovedor, que estremece cuando sacude a la verdad del hombre, como si le asiera por la solapa, produciéndole un sismo tremendo para obligarle a la desnudez, que es cuanto ya el mundo reclama: el desnudismo de la verdad, en esta vida de ahora tan enmarañada y tan túrbida.”.

 

JUAN ROCA LEMUS (Rubayata)

Periodista y crítico literario

 

 

Luis Florez Berrio

 Luis Flórez Berrío, en la Academia Antioqueña de Letras

 

Una muestra de su poesía:

 

LA PAZ CANSADA

 

La paz no tiene paz, nació cansada,
creció enfermiza y navegó en la sombra,
Dios que la quiso tanto no la nombra
y en sus milagros la dejo olvidada.

Todos la piden blanca y es morena....
desconoce la voz de los pastores,
no ha podido apoyarse en los amores
ni desprenderse de su propia pena.

La paz ni en los ministros parroquiales
con su bíblico símil de paloma;
la paz ni en la penumbra que se asoma
callará sus lamentos desiguales.

No la tiene el poeta ni el gitano,
ni el mago ni el monarca ni el coloso;
ni siquiera la tiene el perezoso...
o el enfermo... o el triste... o el profano.

¿Qué ha sido nuestra paz...? ¡Puerto sitiado!

Barandal de impresión, fragmento raro,

trapecio de crueldad, costa sin faro

¡y efímero capricho desvirtuado!

La paz con su desplante de querella,
fingiose catedral de fantasía;
y el Hombre- Dios, que de la paz venía,
nació sin paz y falleció sin ella.

 

 

LA PAZ DEL POETA DE LA PAZ

 

Yo doy para la paz

mi semilla de versos.

Doy mi Luis sin chequeras,

mi apellido sin islas,

mi gloria sin oasis,

mi fama compartida,

mi cumbre sin orgullo,

mi poema dos mil,

mi taller de relojes pensativos,

mis libros luminosos,

mi risa y mi sonrisa cuando buscan

las alas colombianas de alguna mariposa.

 

Yo moriré intranquilo, sin paz por lo que queda.

¿Quién detendrá mi sangre mezclada con el polvo

bajo el golpe iracundo?

 

Yo sé que llegan ellos decapitando abuelos

y aplastando a los niños...

Destruirán hogares, formarán el saqueo

empurpurado,

ahorcarán las dóciles rosas invioladas,

romperán en pandilla la red de la esperanza

y sabré que acribillan silencios distraídos.

 

Ellos vendrán y dejarán estigmas,

negociarán martirios,

refrescarán con whisky la masacre

y dirán que Colombia y que mi Antioquia

pertenecen también a los que mueren.

 

 

LA PAZ DE LOS NIÑOS SECUESTRADOS

 

Padre de las galaxias,

Padre del universo,

Padre de mi Colombia,

Padre mío que estás en mi energía:

si te hiero tu nombre por la espalda

cuando llamo la luz de tu armonía,

a mí me está doliendo la esperanza...

y me duelen los niños secuestrados,

porque pierden la paz y las palabras.

 

Ya les cambian los besos maternales

por terremotos en la flor del alma,

ya les cambian la cena y el juguete

por un golpe de sombras en la cara,

ya les cambian la miel de la ternura

por un susto que sabe a cuchilladas.

 

Me duelen estos niños secuestrados

que aprenden a rezar con la mirada,

que no quieren pensar en su alimento

porque un garfio de muerte los desgarra,

que casi ni recuerdan las caricias

por tener la memoria horrorizada.

 

Me duelen estos niños secuestrados,

sin amor, sin amigos, sin hermanos,

más huérfanos que el frío y el silencio,

frente al frío silencio de la nada.

 

Padre mío, grandeza de mi mundo,

vuelve tus ojos a los niños tristes,

que a mí me está mirando la esperanza. 

 

 

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23 mayo 2010 7 23 /05 /mayo /2010 10:48

 

  

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 26 de junio de 2009  (Enlace)

 

 

El 25 de julio será un día especial para los paisas orgullosos de la tradición progresista de Antioquia, ya que ese día se cumplirá el primer centenario del natalicio de José Gutiérrez Gómez, cuyas ejecutorias por el desarrollo de nuestra región han hecho que sea considerado como el más prolífico de nuestros pioneros.

 

Con JOsé Gutiérrez Gomez 

José Gutiérrez Gómez y Sergio Esteban Vélez

 

 

Cuando se nos habla de la generación de aquellos grandes patriarcas que hicieron de Antioquia el principal centro empresarial de Colombia y “el motor del país”, inmediatamente, se nos vienen a la mente algunos nombres ejemplares, entre los cuales sobresalen el de Gonzalo Mejía, “Don Gonzalo de Antioquia”, en la primera mitad del siglo XX, y el de José Gutiérrez Gómez, “Don Guti”, en la segunda.

 

Y cuando nos referimos a “Don Guti”, es necesario mencionar también a otros prohombres de su generación, que fueron corazón y alma de muchos de los grandes proyectos que contribuyeron a acercar cada vez más a Medellín a la categoría de metrópolis: Joaquín Vallejo Arbeláez, Hernán Echavarría Olózoga, Jorge Rodríguez Arbeláez, Jorge Molina Moreno, Guillermo Gaviria Echeverri y, algo más jóvenes, Adolfo Arango Montoya, Gilberto Echeverri Mejía, Octavio Arizmendi Posada y Nicanor Restrepo Santa María, entre otros de inmensa valía.

Todos ellos han fulgido con luz propia y han ganado un altísimo escaño en la historia de Antioquia, pero, según diversos estudiosos, la labor de “Don Guti”, medida por la cantidad y por la trascendencia de sus iniciativas, lo haría ganador del laurel como “Máximo visionario de Antioquia”

 

Su biografía bien podría ser la historia del siglo XX en Colombia.  Para comprender las dimensiones de lo que significa el nombre de “Don Guti”, en la historia de nuestra patria, es necesario conocer su vida y sus realizaciones.  Pero como estas bien alcanzan para la redacción de un grueso tomo, deberemos limitarnos, por motivos de espacio, a un rápido y resumido recuento.

 

 José Ramón Gutiérrez Gómez, nació en Medellín,  el 25 de junio de 1909.  Su padre, el abogado Jorge Gutiérrez Peláez, murió cuando sus hijos estaban muy pequeños, aunque ya para entonces había cosechado una considerable fortuna, gracias a sus negocios con el multimillonario Pepe Sierra.   Su niñez la pasó con su madre y sus hermanos (Jorge, Esther y Concha –madre de los destacados hermanos Cárdenas Gutiérrez),  en una gran casona en la esquina de Bolivia por El Palo, “con cochera, pesebrera y solar”. 

 

Según me contaba él mismo (en las reuniones familiares y en las deliciosas visitas que yo solía hacerle) a media cuadra de esa quinta, vivía don Tomás Carrasquilla, quien organizaba con frecuencia animadas tertulias en su casa, a las cuales asistía asiduamente el joven José.  En esos tiempos, cuando apenas era un adolescente, ya demostraba su don de gentes y era amigo personal de algunos de los mayores representantes de nuestra cultura y de la política regional y nacional (como su buen amigo el presidente Carlos E. Restrepo).  Entre estos personajes, brilló, en algún momento, el poeta Porfirio Barba Jacob,  a quien conoció, en 1929, en un barco que lo transportaba de regreso desde Ibagué –a donde asistió al Congreso Nacional de Estudiantes de Derecho, presidido por su amigo Carlos Lleras Restrepo.

 

Acad Guti

Sergio Esteban Vélez, Olga Elena Mattei, José Gutiérrez Gómez y Patricia Peláez Restrepo

 

Bachiller del Colegio de San Ignacio.  Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Antioquia y se graduó a los 21 años de edad (esta misma universidad, más tarde, le conferiría el doctorado honoris causa en Economía).  Su profesor de Economía Política fue el futuro presidente de la República Mariano Ospina Pérez, quien se convertiría en uno de los faros de su carrera (años después, serían compadres, cuando Don Guti fue escogido como padrino de Clarita, la hija menor de aquel presidente conservador).   Ospina influyó decisivamente para que el joven José se trasladara a Cali a fundar en el Valle del Cauca la Caja de Crédito Agrario, en calidad de primer gerente de esta.  En tal labor, conoció y recorrió todo el Valle del Cauca y en poco tiempo se convirtió en figura central de la sociedad caleña  Allí estuvo durante tres años, hasta 1933, cuando, a pesar de estar muy contento en dicho puesto, regresó a Medellín por petición de su madre, doña Ester Gómez de Gutiérrez.

 

Poco después de su retorno, fundó la Compañía Minera del Nus, para realizar la extracción de oro en dicha región.  Su principal socio fue don Daniel Peláez Restrepo (con quien, posteriormente, fundaría Coca Cola de Colombia, de la cual llegó a ser dueño de una tercera parte).  Desde Medellín, “Don Guti” ejercía la presidencia de la empresa, la cual en un comienzo dio buenos resultados pero luego, ante diversos inconvenientes, la compañía fracasó y Gutiérrez Gómez aceptó, entonces,  la Gerencia General de los prósperos Laboratorios Uribe Ángel (LUA), que tenían su planta principal en Barranquilla.  

 

José Gutiérrez Gómez y Sergio Esteban Vélez, ante el re

Josê Gutiérrez Gómez y Sergio Esteban Vélez

 

Por esos tiempos, se casó con la que era su novia desde hacía ocho años, Maggie Restrepo Jaramillo (mi tía abuela), de cuya unión nacerían dos hijos, de los cuales sólo Cecilia llegaría a la edad adulta.

 

Estando en la gerencia de LUA, Gutiérrez Gómez jugó papel estelar, con el presidente López Pumarejo, en la fundación de la Asociación Nacional de Industriales (ANDI), en 1944, y se convirtió, un año después, en su presidente, en reemplazo de Cipriano Restrepo Jaramillo.   Al asumir tal dignidad y, más aún, cuando, en 1946, ascendió al gobierno su íntimo amigo Mariano Ospina Pérez, “Don Guti” se convirtió en uno de los personajes más influyentes del país e inició una carrera de trabajo por nuestro desarrollo social y empresarial, que le merecería algunas de las más altas condecoraciones de América Latina, como la Gran Cruz del Sur (de Brasil, que le impuso el famoso presidente Kubitschek), la Cruz de Boyacá o la Orden de San Carlos (en el más alto rango).  El presidente de los Estados Unidos Dwight Eisenhower también le rindió honores, en varias oportunidades.

 

Con  Esteban Jaramillo, Luis Ángel Arango, Carlos Lleras Restrepo y Manuel Mejía, integró el Comité Económico, organizado por el Gobierno, ante los desastres del 9 de abril.

 

Él convirtió a la Andi en la entidad gremial más poderosa de Colombia y lideró, desde su cargo, la creación del subsidio familiar en Colombia (idea que trajo desde Italia, a donde lo había enviado Ospina Pérez, en misión especial, ante el Sumo Pontífice).  Asimismo, aprovechó su ascendencia sobre el Gobierno para fundar el Seguro Social y el SENA (en tiempos de Rojas Pinilla).  Paralelamente, comandaba la fundación de otras entidades privadas, para el servicio a la comunidad, como la Clínica Andi, que, bajo su inteligente guía, se convertiría en el Hospital Pablo Tobón Uribe, gracias a que convenció a ese magnate antioqueño de donar su herencia para esta obra (anteriormente, ya había conseguido que don Pablo -que había sido pretendiente de su cuñada Clarita Restrepo Jaramillo- donara las lámparas y los confesionarios de la catedral de Medellín, acto que sorprendió a la gente, teniendo en cuenta la reputación de avaro de aquel millonario).

 

Luego del gobierno de Ospina Pérez y del breve de Laureano Gómez (con quien también tuvo muy buena relación), Gutiérrez Gómez acrecentó aún más el prestigio y poder de la Andi, gracias, a su amistad con el presidente Roberto Urdaneta, quien, decenios atrás, había sido el mejor amigo de su suegro, el doctor Carlos R. Restrepo.

 

Comenzó luego el gobierno de Rojas Pinilla, de cuyo ascenso al poder fue indispensable el respaldo de los doctores Ospina Pérez y Gutiérrez Gómez, y el cual, paradójicamente, terminaría, cuatro años después (1957), como consecuencia del paro nacional empresarial que “Don Guti” ideó y encabezó.   Muchos recuerdan a nuestro personaje, precisamente, por su papel destacado en momentos cruciales de la historia de Colombia, como “El Bogotazo” y la caída del dictador Rojas.

 

El nuevo gobierno, la Junta Militar, lo designó Alcalde de Medellín y, pocos meses después, Embajador en los Estados Unidos y ante la OEA, cargos desde los que se encargó de impulsar muy especialmente el prestigio y las utilidades de nuestros cafeteros, por medio del Pacto Mundial del Café, y desplegó su liderazgo en pos de un mejor posicionamiento de Colombia, en el plano internacional.  Fue notable, en esa época, su estrecha amistad con el secretario de Estado, Robert Mc Namara.

 

Debió fungir, además, como presidente de las asambleas de la OEA y de la ONU, ante la cual era embajador colombiano el ex presidente Alfonso López Pumarejo, quien se convirtió en uno de sus mejores amigos.   Varias veces, con Alberto Lleras,  López Pumarejo propondría a “Don Guti” para la Presidencia de la República (hace no muchos meses, el ex ministro Otto Morales Benítez me contaba la historia de cuando lo envió el presidente Lleras para anunciar a “Don Guti” la idea de facilitar los medios para que fuera viable una candidatura suya a la Presidencia).

 

Pero no fue el doctor Gutiérrez dado a aceptar con facilidad nombramientos del Estado.  Anteriormente, Ospina Pérez le había ofrecido la Gobernación de Antioquia y el Ministerio de Hacienda; Lleras Camargo, el de Gobierno; en los años treinta, el Consejo Directivo de la Universidad de Antioquia, en pleno, fue hasta su casa para ofrecerle la rectoría de la Universidad, pero “Don Guti” no aceptó tales puestos, en pos de la independencia que necesitaba para adelantar las realizaciones que tenía proyectadas para el desarrollo empresarial y cultural del país.  Algunos dicen que su negativa a un ejercicio más prolijo en el sector público se debió a la fobia que tenía su esposa, doña Maggie, por los cocteles y la vida social.  Hoy, cuando tenemos como primera dama a una mujer con ese mismo perfil discreto, nos damos cuenta de que esto no habría sido, en absoluto, obstáculo para el éxito de un notable programa político.

 

Academia con Guti

María Helena Uribe de E., Sergio Esteban Vélez, José Gutiérrez Gómez y Olga Elena Mattei

 

En los Estados Unidos, representó también a Colombia ante el Fondo Monetario Internacional y ante el Banco Mundial y fue uno de los fundadores del Banco Interamericano de Desarrollo, en 1959.  Ese mismo año, regresó a Colombia, para fundar la Corporación Financiera Nacional (hoy Corfinsura), de la que fue presidente hasta 1979.

 

Su actividad como empresario fue complementada con su trabajo cívico de excelencia, que se tradujo en su significativa participación en la fundación de entidades como la Universidad Eafit, la Clínica Cardiovascular “Santa María”, Proantioquia y el Palacio de Exposiciones y Convenciones de Medellín.  Además, se ocuparía de la configuración de proyectos tan importantes como la constitución del “Sindicato Antioqueño” y la materialización del soñado Metro de Medellín, cuya aprobación definitiva, según cuentan, se debió a una llamada de “Don Guti” al presidente Barco.

 

Durante su gestión en la Corporación Financiera Nacional, fue también miembro de las juntas directivas de muchas de las principales empresas de Colombia.  En el campo económico, por ejemplo, fue trascendental su labor como miembro vitalicio de la Junta del Banco de la República y de la del Banco de Bogotá, en Nueva York y como cofundador del hoy desaparecido Banco Industrial Colombiano.   

 

Gran amante de la Música y de la Danza, fue eje de la fundación de “Medellín Cultural” y del Teatro Metropolitano y benefactor de diversas instituciones culturales.   Famoso fue su trabajo voluntario para publicar libros con la obra de los mayores artistas en la historia de Antioquia.  Su último gran esfuerzo fue la creación, con su familia, de la Fundación “José Gutiérrez Gómez”, desde la cual apoyó a más de 60 entidades de labores sociales y de beneficencia.

 

Personalmente, pude desarrollar con él un proyecto: el de la creación de la Academia Antioqueña de Letras, cuando, en 1997, quien escribe esta nota tuvo la iniciativa de fundar en Antioquia una institución que velara debidamente por el depuramiento del lenguaje y la difusión de nuestra literatura.   Él fue uno de los primeros en respaldar esta idea, lo que alentó a que a esta causa se unieran otras figuras cimeras de nuestro departamento, como Joaquín Vallejo Arbeláez, Jorge Rodríguez Arbeláez y Octavio Arizmendi Posada, quien presidió la Academia, hasta su muerte, ocurrida en noviembre de 2004.

 

José Gutiérrez Gómez falleció, en Medellín, el 30 de marzo de 2006, a los 96 años de edad.  Hoy, llevan su nombre el Teatro Metropolitano de Medellín, el intercambio vial de la avenida Las Vegas y la 10 y la máxima condecoración que otorga la Andi.

 

Sería conveniente que nuestros gobernantes aprovecharan este centenario para divulgar la vida y la fértil labor de este forjador, emblema de la Antioquia de grandes soñadores, que ha sido orgullo de su raza.   “Don Guti” sigue vivo, a través de sus realizaciones admirables, que tanto desarrollo social y cultural han traído a la patria. 

 

Guti oficina

Sergio Esteban Vélez y José Gutiérrez Gómez

 

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2 agosto 2009 7 02 /08 /agosto /2009 13:40

 

 

La muestra que presenta por estos días el Museo de Antioquia hace apreciar la maravillosa mezcla de culturas que da vida a España y, de paso, al pueblo latinoamericano.

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 13 de febrero de 2009

 

La exposición “España, encrucijada de civilizaciones”, con la cual se luce el  Museo de Antioquia, pretende mostrar una visión universalista de la península ibérica en la que el mestizaje y el cambio cultural se erigen como motores de conflicto y de convivencia. Una visión generalista que busca informar y motivar al  visitante, alejándolo de las visiones históricas tradicionales.

Esta muestra, lograda gracias a la colaboración de La Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior de España, SEACEX y el Museo Arqueológico de España, da cuenta de la historia de esa nación y de su transformación, a lo largo de miles de años.

Es así como se presentan los principales períodos históricos de esa patria, desde la Prehistoria, la Protohistoria y la Hispania Romana, hasta la Edad Moderna, bajo el dominio de las dinastías de los Austrias y los Borbones.

Entre los momentos y las ópticas que se enseñan, personalmente, la que más me interesa es la de la Hispania Medieval, momento en el cual esa tierra pudo gozar de la más fértil diversidad de culturas y credos.  Es por esto que me parece fascinante hacer una veloz evocación de los tiempos de Al Andalus y de las juderías de Toledo y de sus indudables contribuciones al enriquecimiento cultural e intelectual del pueblo ibérico.

Todo viene de que luego del fallecimiento de Mahoma, en el año 632, los musulmanes, que habían conseguido la unidad religiosa de la Península Arábiga, en cumplimiento de la obligación sagrada de difundir la fe, se dieron a la tarea de conquistar para Alá nuevos territorios, expandiéndose rápidamente por todo el Medio Oriente, Anatolia, Persia, Arabia, el norte de África y la Península Ibérica. 

Aquella Iberia, que los romanos tardaron 300 años en dominar, sería conquistada por los musulmanes en sólo tres años, y durante ocho siglos crecería su pensamiento por todo aquel soleado territorio.   Es imposible hablar de la Historia Española, sin analizar la influencia del islamismo en las costumbres culinarias, la arquitectura, la poesía, la música y la filosofía… y de como del árabe provienen centenares de palabras que diariamente pronunciamos los hispanófonos. 

Jugaron importante papel los sufitas, quienes ampliaron significativamente el horizonte de la filosofía musulmana en la península.  La España católica y monógama se convirtió en polígama y se nutrió con los conocimientos matemáticos, astronómicos, artísticos y médicos de los musulmanes.  Córdoba se consolidó como un esplendente califato y los Omeyas realizaron una sorprendente revolución cultural y urbanística, pero, a pesar de que su meta era convertir a los cristianos, estos permanecieron invictos en su fe, que se radicalizaba cada vez con más fuerza. 

En el año 1031, se destituye al último Califa de Córdoba y surgen los reinos Tahitas independientes, entre los cuales sobresale Granada, uno de los enclaves más cultos y bellos de la Europa Medieval, en el que descuella el magnífico palacio moro de la Alhambra, máximo monumento arquitectónico del Mundo Islámico de entonces. 

Luego de ocho siglos de intensas batallas, los reyes cristianos, que se habían fortalecido en las montañas del Norte, pudieron vencer, palmo a palmo, a los musulmanes y exterminar de su territorio la fe de Alá, pero, para aquel momento, ya la mezcla, de sangre y de conocimiento estaba dada y por eso el exquisito “savoir faire” de los musulmanes continuó vibrando en España, a través de las telas, las cerámicas, los perfumes, las esencias, las caballerías y los muebles del inolvidable estilo mudéjar.

Pero a la combinación entre cristianos y musulmanes hay que sumar el aporte de los judíos. Hay diversas versiones sobre la llegada del judaísmo a la península Ibérica: algunos aseveran que los llevó Nabucodonosor hace 25 siglos; que Noé arribó con su arca a tierras gallegas o que héroes legendarios españoles, como Hércules o Pirro participaron en la conquista de Jerusalén, trayendo de regreso a España multitud de judíos, que se dedicarían a sembrar viñedos fabulosos...  

Durante el Imperio Romano, hubo coexistencia pacífica entre los pueblos nativos, herederos de los antiguos hispanos, y los descendientes de Jacob, hasta que, comenzando el Medioevo, los reyes visigodos se convirtieron en los más fieles defensores del Cristianismo y el rey Sisebuto (antepasado de todos los paisas que tengamos el Jaramillo) decretó la persecución de los judíos, lo cual se afirmó con el beneplácito del Concilio de Toledo.  Pero estos ideales antihebraicos pasarían a un segundo plano cuando llegó la amenaza que constituyó para los cristianos la invasión de los moros. 

En estos días de las explosiones en Gaza, se confirma, una vez más, el repudio ancestral entre judíos y musulmanes (que existe desde tiempos de nuestro padre Abraham).  Pero, en el caso de la llegada de los musulmanes al territorio ibérico, paradójicamente, estos encontraron en los judíos poderosos aliados.   Hubo judíos que ocuparon altas posiciones en las cortes de los califas árabes, y los intelectuales de una y otra religión discutían sus tesis filosóficas en ciudades principalmente judías, como Granada.   Los judíos se convirtieron en mediadores entre el mundo material y el intelectual, y de su casta surgieron numerosos médicos, poetas, filósofos, recaudadores de impuestos y administradores públicos;  la habilidad de los judíos para el desempeño de estos dos últimos oficios suscitó el odio de muchos cristianos, lo cual se sumó a que los judíos eran grandes prestamistas y cobraban altos intereses, lo cual estaba prohibido por la Iglesia.   Su capacidad financiera orientó a España durante todo el Medioevo y fueron influyentes hasta en los más elevados santuarios cristianos, como Santiago de Compostela.   Las persecuciones contra ellos no fueron muy significativas en la Alta Edad Media y los judíos alcanzaron su esplendor en la España de los siglos XII, XIII y XIV.   

En Contraposición con los judíos orientales, los sefardíes (llamados así por creer que España es la famosa Sefarad de la que habla el Antiguo Testamento) cultivaron hondamente la Filosofía y, en asocio con los musulmanes, tradujeron a Aristóteles y revivieron la esencia del Pensamiento Griego, consolidando la famosa “Escuela de los Traductores”, que floreció en una Toledo fulgurante que estaba convirtiéndose en la nueva Alejandría.   Allí, se hicieron diversos estudios de la Ciencia, la Cábala y la Mística y los judíos escribieron importantes libros de Filosofía.   Pero se iba incrementando en el pueblo el odio hacia el judío usurero y recaudador y comenzó el asecho contra estos. Pero, gracias al poder de convicción de la favorita del rey Alfonso IX, se recobró la calma y la clase judía dominante pudo continuar en la Corte con sus riquezas extraordinarias. 

En 1215, el Concilio de Letrán proclamó la ruptura entre cristianos y judíos e instituyó  a Dominicos y Franciscanos como encargados de la lucha contra la herejía.  Desde entonces, los judíos no serían vistos como el “pueblo escogido” sino como “el pueblo que mató a Cristo”. 

Al notar los teólogos cristianos que el Talmud “tiene injurias contra Jesucristo, la Virgen y los cristianos”, el Papa Gregorio XIII solicitó a las autoridades eclesiásticas secuestrar los sagrados textos de los judíos.  En 1357, se levantó una hermosa sinagoga en Toledo, hoy llamada la Sinagoga del Tránsito, y en 1366, comenzó la guerra entre el rey Pedro I de Castilla y su hermanastro Enrique de Trastámara, quien resultaría ganador, con el apoyo del pueblo, gracias a su firme posición de perseguir y eliminar a los judíos, que, según él,  eran los causantes de la peste negra y de la pobreza de los campesinos. 

Sería bueno anotar que el ministro de hacienda del vencido Pedro I era el judío Samuel Ha Levy.   Enrique de Trastámara ordenó quemar las sinagogas y la realización de terribles matanzas en las juderías.  Hubo gran cantidad de bautismos impuestos por el miedo y se dice que en las juderías de Gerona corría la sangre, como las aguas del Nilo en tiempo de Moisés.  Toda Castilla, Cataluña y Mallorca adolecieron de iguales barbaridades. En Valencia, San Vicente Ferrer instó a los jóvenes a que destruyeran las juderías.  Desde entonces, el pueblo judío quedó disperso y empobrecido y sus integrantes, convertidos a la fuerza en cristianos nuevos o en judíos fugitivos.  

En el siglo XIII, en Tortoza, el Papa Benedicto XIII y San Vicente Ferrer condenaron el Talmud como libro peligroso y unieron sus fuerzas para convencer a los judíos de que si no se convertían al Cristianismo, se verían sometidos a feroz persecución.  Muchos abjuraron de su fe, pero los que conservaron sus milenarias creencias, se vieron reducidos a la pobreza y a la incertidumbre de la asechanza de sus enemigos.   En 1391, fueron sacrificados cerca de 100.000 judíos, según cuentan los historiadores. 

Luego vendría la unificación de Castilla y Aragón con el matrimonio de los Reyes Católicos, quienes inicialmente tuvieron buenas relaciones con los judíos, pero, guiados por el afán imperante de que la península profesara una sola religión: la cristiana, se dieron, con autorización del Sumo Pontífice, a la tarea de crear la Inquisición Española y reducir a todo aquel que atentara contra los principios del catolicismo, comenzando por los judíos, contra quienes se emprendieron procesos, que solo produjeron orgías de hogueras, en Ávila y otras ciudades. 

Mucho se ha especulado sobre el origen converso de Torquemada, el gran inquisidor, y es que la verdad es que no había mayores perseguidores de los judíos, que los mismos conversos, como el célebre rabino Salomón Ha Levy, convertido al catolicismo por San Vicente Ferrer, con el nombre de Pablo de Santa María, quien, desde el Obispado de Burgos, persiguió a sus hermanos de raza, con tanta intensidad como lo haría después su hijo el famoso obispo de Burgos y Cartagena Alonso de Cartagena, considerado el padre del Humanismo Español. 

En 1481 ya no quedaban judíos en Sevilla y el 31 de marzo de 1492 la reina Isabel La Católica sancionó el decreto por el cual se declaraba la expulsión definitiva de los judíos sefardíes de España.  Paradójicamente, en ese mismo año se produjo el Descubrimiento de América, en buena parte auspiciado por la ayuda financiera de los judíos españoles.  Tal decreto dio un plazo de cuatro meses a los judíos para convertirse definitivamente al Catolicismo o salir de España so pena de muerte y confiscación de todos sus bienes.  

Muchos se convirtieron, aunque íntimamente continuaban acatando la fe judaica; otros tuvieron una verdadera conversión al Cristianismo y los demás, que siguieron fieles a su herencia ancestral, tuvieron que salir de la tierra que los vio nacer, en episodio dramático que les recordaba aquel Éxodo en el que salieron de Egipto, guiados por Moisés.  Los judíos no conversos debieron regarse por todo el mundo y hasta el día de hoy padecen las agresiones del antisemitismo. 

Cuando los sefardíes salieron de España continuaron hablando el castellano de la época, por ellos llamado “ladino”. Actualmente, muchos de sus descendientes sienten aún que su tierra es la española.  Sus parientes conversos continuaron gozando de inmensas riquezas en la Península y de ellos viene toda la magia de la literatura picaresca española y genios de la altura de Cervantes, Fray Luis de León, Góngora, Santa Teresa de Jesús (nieta de un rico mercader judío de Toledo) y Juan Luis Vives, cuyo padre judío fue quemado vivo.  

Pero, para exponer el valor de la herencia que este increíble laboratorio de mestizaje cultural ha dejado nos ha dejado a los españoles y a quienes de ellos descendemos, sería necesario un libro entero.  Por el momento, los medellinenses tenemos el inmenso privilegio de nutrirnos con las más de 200 piezas de primera calidad que componen la muestra “España, encrucijada de civilizaciones”.

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Artículos de Cultura
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