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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • El blog de Sergio Esteban Vélez
  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

28 mayo 2009 4 28 /05 /mayo /2009 09:20

 
SERGIO ESTEBAN VÈLEZ 

El Mundo, 12 de septiembre de 2008
  
   
Félix Ángel recopila las consideraciones de los principales artistas del Medellín de los años 70, acerca de cómo ha devenido su trabajo y de cómo han cambiado las vertientes artísticas y culturales.
 
 
Desde que el artista antioqueño Félix Ángel publicó, en 1976, “Nosotros, un trabajo sobre los artistas antioqueños”, nadie se había preocupado por ahondar en una exhaustiva investigación y por sentarse a escribir un libro acerca de esos creadores sobresalientes de los años 70, que vivieron un periodo de transición decisivo en la historia de nuestras Artes, que le abrió a nuestra patria el panorama del Arte Contemporáneo.
Motivado por la angustia de pensar que los jóvenes no tendrían acceso a la memoria del arte de aquel momento, Ángel decide complementar ese primer libro con una “segunda parte”, “Nosotros, vosotros, ellos”, en la cual profundiza en el ambiente artístico de su generación, mediante inteligentes y sagaces entrevistas a algunos de sus colegas más destacados, como Dora Ramírez, Marta Elena Vélez, Ethel Gilmour, Rodrigo Callejas, Ronny Vayda, Alberto Uribe, Álvaro Marín, Aníbal Vallejo, Humberto Echavarría, Hugo Zapata, Germán Botero (y algunos ya fallecidos), además de otros personajes que, pese a no ser artistas, jugaron un papel determinante en la evolución de las artes antioqueñas de aquel momento. 
Con edición de lujo, a todo color, de Tragaluz Editores, y prólogo del eminente historiador Álvaro Tirado Mejía, este nuevo libro ha ganado el elogio de los conocedores y críticos, que ya  lo están considerando como uno de los principales libros de Arte que se han publicado en el país.
El contexto común de los entrevistados es el de los años 70, período  en el que se produjo la mayor gestión de desarrollo de la promoción de las Artes en nuestra ciudad, gracias a los anhelos infinitos de experimentación de aquellos jóvenes artistas y, muy especialmente, a la energía visionaria de figuras como Leonel Estrada, que, con la organización de las increíbles bienales de Medellín, lograron que, por primera vez, esta ciudad figurara en el mapa del arte mundial.
Las bienales fueron el primer gran paso de ruptura con el arte tradicional y de acceso al conocimiento de las nuevas tendencias universales.  Aparte de traer a la ciudad a importantes artistas americanos y europeos, estos eventos también se constituyeron en trampolín para el lanzamiento de artistas muy significativos de la generación de los grandes maestros de la Modernidad en Colombia.  Se logró, entonces, que, en nuestro medio, la pintura pasara de estar reducida al bodegón, el paisaje y la figura humana y se abriera a los conceptos contemporáneos. 
Como señala el crítico Germán Rubiano Caballero, esos fueron años de intensa discusión sobre la enseñanza artística a nivel universitario y sobre los criterios de lo que debían ser los museos, años en que llegaron al país ecos de grandes cambios sociales y culturales.  Por eso, de ese grupo de artistas y gestores idealistas, impregnados del espíritu de su tiempo, surgió la idea de la fundación del Museo de Arte Moderno de Medellín, la cual se llevó a cabo en 1978.  Muchos de ellos contribuyeron, además, a la creación de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional Sede Medellín y se consagraron a ser docentes, paralelamente ejercían su labor como artistas.  
Y no sólo la fundación de nuevos entes culturales fue decisiva para la consolidación de las políticas de promoción cultural del momento, sino también la conducción de los centros ya existentes, como la facultad de Artes Plásticas de la Universidad de Antioquia (desde 1963) y el Museo de Zea, dirigido en ese decenio por Teresita Peña Santa María, a quien también acudió Félix Ángel para la articulación de la investigación.    A partir de 1977, cuando se llevó a cabo la primera gran donación de obras de Fernando Botero al Museo de Zea, este pasó a llamarse Museo de Antioquia.
Uno de los entrevistados por Ángel, el escritor y columnista de EL MUNDO Darío Ruiz Gómez, en la ceremonia de presentación del libro, aseguró que los artistas de esa generación trazaron “Unos nuevos imaginarios, una nueva noción de lugar, una ciudad diferente, y lo han hecho con aquellas virtudes que Miguel Ángel exaltaba: la modestia, que nos permite una visión más amplia del mundo y de la vida, y la cortesía, que concede al espectador la inteligencia necesaria, para hacer de él un compañero de aventuras espirituales”.  Añade Ruiz Gómez que, en este caso: “Mirar hacia atrás no es mirar con ira, sino con esa deliciosa complacencia de quienes volcaron en el Arte todas sus obsesiones, fantasmas y quimeras y dejaron para la vida la permanente tarea de seguir haciéndose en lo humano”. 
El historiador del Arte Santiago Londoño Vélez comenta acerca de este nuevo aporte al acervo histórico de nuestra cultura: “Este reportaje polifónico reconstruye el rompecabezas de logros y fracasos de una generación que se empeñó en la modernización cultural de Medellín, cuando todavía era el centro económico de Colombia y empezaba a engendrar el narcotráfico. Demuestra que, aunque fue capaz de prosperar en materia económica, la ciudad no disfrutó de un desarrollo cultural equivalente; prefirió aferrarse a sus ficciones de origen y proteger falsas tradiciones con las que el poder alimenta el imaginario colectivo.  Casi 40 años después, los protagonistas confrontan sueños juveniles –de los que nacieron un museo y una facultad de Artes, donde buscaron refugio, como lo habían hecho, a su manera, los denostados antecesores-, evocan una bohemia romántica y los espejismos de la fama parroquial.  Ya en sus sueños maduros, algunos encontraron la lucidez, marginándose.  Y otros, que consiguieron abandonar la ciudad o idear formas expresivas que no atizaron contradicciones, llegaron al ‘sosiego poético’ de un éxito relativo.  Se trata de un documento único en su género, agudo y apasionado, fundamental para la historia del arte antioqueño y colombiano”. 
  
 
FÈLIX ÀNGEL
El peligro de no dejar memoria
 
El creador plástico y literario y director del Centro Cultural del BID, en Washington Félix Ángel, autor de « Nosotros, vosotros, ellos », ha accedido a escribir, como regalo exclusivo para los lectores de « Palabra y Obra », el siguiente resumen de las dificultades de su experiencia artística en los años 70, en Medellín, y de su trasegar por los caminos del arte, que lo llevaron a darse cuenta de la importancia de escribir este libro, como herramienta para dejar constancia de la importancia de su generación:
“Todo ser humano debería, aunque fuese por curiosidad, preguntarse en algún momento de su vida cuál es su obligación con la historia, cualquiera sea la parte de la misma que le toca vivir. No importa cómo se haga la pregunta, o cuán práctica o sublime, el acto de hacérsela uno mismo es una indicación de que el paso por la vida reviste una mínima dosis de humildad y consideración para con los demás. 
Sin una expectativa personal por tratar de ser mejor y tratar de cambiar las cosas para bien: asumamos que es así, la vida se reduce a quejarse por todo aquello que no podemos conseguir en forma diferente a lamentarnos, a estirar la mano, justificando la inacción y la desobligación, culpando a los demás de la desgracia de nuestra desventura pero nunca agradeciéndoles haber sido parte de nuestra felicidad. Quien se humilla para obtener lo que quiere, no puede entender lo que triunfar significa, aunque resiente a quien lo hace.
La realidad nos muestra, en cada momento, que vivimos rodeados de seres abyectos, inútiles, egoístas. Eso es lo común y corriente, es la norma de vida. En el peor de los casos, hay seres cuya función es destruir lo que otros tratan de construir, y en Colombia eso lo entendemos muy bien. 
Bien sabemos que hay demasiados seres humanos que se ajustan a ese perfil. Nuestro país es, desafortunadamente, dadivoso en ese aspecto. Por eso, además de otras cosas, tenemos la fama que tenemos -y de paso me disculpo con aquellos que se resisten a creer en lo contrario-.
Aún era muy joven cuando me di cuenta que había nacido en un país donde tener memoria es un peligro y hacer daño a los demás una forma de vida.  Ahogado en medio de montañas inhóspitas, cuya geografía matizada con una indolencia malévola bloquea el sol horas antes del ocaso para privarnos de una luminosidad que algunos siempre hemos buscado a sabiendas de su impracticabilidad, un día juré que tenía que irme de Medellín. Al hacerlo, me deshice de una serie de ataduras; la vida, y algunas personas, todavía están buscando la forma de cobrármelo. Para su desmayo, no he podido convertirme en un cínico y me considero un optimista. El destino, aunque ha sido cruel conmigo en mucho casos, también ha sido generoso, como una vez lo dijo mi amigo "Chuito" Díaz Caraballo, quien me invitó a exponer por primera vez en Puerto Rico y a quien debo agradecerle que el alcalde de esa urbe caribeña me honrase con las llaves de la Ciudad de San Juan, algo que a nadie en el lugar donde nací se le hubiera ocurrido.  
Todos tenemos una obligación con la historia. Grande o pequeña, la historia es lo único que nos da una referencia de nuestra transitoriedad en la dimensión de su inmediatez. La historia siempre ocurre en el presente; se repite, por lo general mal, pero no se devuelve, y para ella no existe el cielo, pero sí el infierno. La urgencia de aprovechar el tiempo que tenemos depende en parte de saber qué pasó con ese otro tiempo vivido dado que el nuestro tiene sentido en relación con el momento en que nos damos cuenta que existimos. Pero el tiempo nunca es nuestro; no sabemos con cuanto contamos o hasta cuando lo tendremos, así imaginemos que no es de nadie más. Lo mejor es, entonces, aprovecharlo tratando de hacer lo que queremos, sin dejar nada para mañana. El mañana tampoco existe. Solo existe la historia”. 
  
 
TESTIMONIO DE UNA ÈPOCA
LOS PROTAGONISTAS OPINAN
 
 GERMÀN BOTERO:
 
 “Ahora que tengo el libro en la mano y leo las entrevistas, además del espectacular prologo de Álvaro Tirado, entiendo la dimensión y la importancia de la propuesta de este libro.  Félix Ángel logra articular nuevamente un proceso que no se ha suspendido pero sobre el cual habíamos dejado de reflexionar.  Y no sólo se articula y cohesiona, sino que vamos llenando nuestros vacíos personales, con la mirada de nuestros compañeros.  Ahora, puedo ver esos años 70 más densos y sólidos.  Si logramos sobrevivir en el Arte, es por esa fuerza interior que ya estaba en nosotros, y que un medio hostil no logró doblegarla sino, al contrario, fortalecerla. Para mí, ha sido conmovedor este llamado de atención, a reflexionar, y estoy seguro  de que este hilo temporal que se ha creado nos ayudara en el camino”
 
   
RONNY VAYDA:
 
“Hay que agradecer a Félix por no dejar pasar estos años en vano, en el vacío,  en ese olvido  propio de nuestra holgazana generación. Este es un claro testimonio que explora,  con sus protagonistas, el misterio de la creación y la eterna búsqueda de la belleza. Lo importante también es que, hoy día, los jóvenes son cómplices de nosotros, porque nosotros pertenecemos a la comunidad, a Medellín, y, de alguna manera, surgimos como artistas en Medellín, a pesar de que hubiéramos trascendido las fronteras.  Aquí fue donde tuvimos las primeras experiencias y el grupo como tal se consolidó ».
 
ÀLVARO MARÌN:
«Este libro me parece extraordinario, porque cierra o abre una época histórica que hace mucha falta en la ciudad.  Creo que Félix se merece un reconocimiento muy grande, porque esto hace que nosotros tengamos memoria ».
ANÌBAL VALLEJO:
 
“El día del lanzamiento del libro, la presencia en el auditorio lleno es suficientemente significativa.  No es fácil lograr tal audiencia.
Confrontando las distintas opiniones, pueden derivarse otros trabajos que de pronto alguien se mida  a hacer. Sobre todo, teniendo en cuenta que las entrevistas fueron individuales, aisladas, sin relaciones personales de quienes no nos veíamos desde muchos años atrás. Esta es una edición sobria, pulcra y de contenido diciente: para formar opinión. No es lo mismo contar los procesos en forma directa que por interpuesta persona, sobre todo cuando hay carga emotiva”.
 
HUMBERTO ECHAVARRÌA:
 
«Hay que destacar que Félix hubiera escrito este libro, porque él era la persona más conocedora de todo el mundo artístico de la década de los 70, en nuestro medio. Él lo vivió y lo expresó.  Es importante que Félix lo haya hecho, porque él tiene el don de escribir, que nosotros, los demás artistas, tal vez no tenemos ».
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28 mayo 2009 4 28 /05 /mayo /2009 09:14

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ


El Mundo, 6 de agosto de 2008

 

Hoy, se celebran los 80 años del nacimiento de Andy Warhol.  La polémica obra de este artista homosexual y sicodélico, introvertido pero irreverente, cambió el rumbo del Arte Mundial. 

 

Los amantes del Pop Art están de fiesta, pues hoy se cumple el octogésimo aniversario del nacimiento de su máximo ícono, Andy Warhol (1928 – 1987).  21 años después de su muerte, Warhol continúa llenando museos y páginas de prensa y de libros y no ha perdido, ni en lo más mínimo, su lugar, como uno de los más importantes artistas plásticos del siglo XX. ¡Y a él sí que le queda bien el adjetivo de “plástico”! 

Todo indica que los 15 minutos de fama por los que él abogaba para todas las personas, en su caso particular se han extendido por medio siglo.

Muchos coinciden en que Warhol fue un vividor ingenioso, que supo, gracias a su agudeza perversa, mofarse de la humanidad y aprovecharse de la confusión que el hombre culto estaba sufriendo en su época acerca de la Cultura y el Arte.

El historiador del Arte Alan Blackwood, en su selección de 20 grandes pintores de la Historia, dice que: “Los artistas en la Historia han pintado escenas bíblicas, han tallado estatuas majestuosas, han expresado sus sentimientos y sus pasiones o han representado los secretos escondidos de la mente.  El estadounidense Andy Warhol usó como modelos objetos de la vida diaria, como latas de sopa, cajas de detergentes o botellas de plástico, para mostrarnos un aspecto muy diferente de la vida. (...) El Pop Art de Warhol ha sido tan revolucionario en nuestro tiempo, como lo fueron el Impresionismo, el Cubismo o el Surrealismo en otra época.  Nos ha mostrado las cualidades buenas y malas de la actual sociedad industrial de consumo, y por su originalidad ha influido en el diseño tradicional”.

En 1963, luego de haber pintado íconos de consumo norteamericanos como la lata de sopa Campbell´s, la botella de Coca Cola y a Marilyn Monroe y otras “estrellas”, Andy Warhol compró una cámara de 16 mm. y dio comienzo a un período cinematográfico de 5 años, durante el cual dirigió, entre cortos y largometrajes, más de 100 filmes.  Estos incluyen una serie de películas mudas, como Sleep (Dormir), Kiss (Beso), Haircut #1 (Corte de pelo #1), Eat (Comer); Blow Job (Fellatio), Empire y Cowboys. 

Al mismo tiempo, entre 1964 y 66, realizó una singular serie de retratos filmados de 3 minutos: aproximadamente 500 películas mudas, en blanco y negro, que luego fueron intituladas Screen Tests (Pruebas cinematográficas).

Sus obras consisten en la recuperación de imágenes cotidianas o populares, de comunicación directa, donde cualquier persona podía reconocer una forma, un color y un significado.  Su fuente: la cultura de masas: filmes, anuncios publicitarios, historietas (Warhol primero desarrolló con éxito una serie de arte, a través de cómics, pero luego dejó este estilo, pues ya estaba siendo utilizado por Liechtenstein), revistas de espectáculos, música Pop y productos industriales, poniéndolas al servicio de una nueva creación, que deja atrás lo hermético y elitista del arte.

“Esta orientación estética implica el uso de nuevos materiales y estrategias que privilegian la velocidad de producción, como la serigrafía, las viñetas, plantillas y zonas de color saturado. Emplea el dinamismo del color, la síntesis de la forma y la posibilidad de una imagen que puede ser repetida, como si se tratara de un producto industrial que permita redescubrir la vida urbana contemporánea”, dice el catálogo de una de sus exposiciones.

Warhol, quien exaltaba un mundo plástico, el de la “beautiful people” de la discoteca Studio 54 (a la cual asistía asiduamente con sus amantes masculinos), de una cultura típicamente norteamericana, dio un primer salto hacia ese “americanismo puro” cuando cambió su apellido original, Warhola (sus padres eran checos), por Warhol, más “cool”, más americano, según él; pero, en su fuero íntimo, más allá de toda su extravagancia flamboyante, seguía siendo el mismo adolorido hijo de inmigrantes, que se encerraba en casa de su madre, a rezar con ella el rosario.

Organizaba en su “factoría” frecuentemente “Coloring partys”, en los cuales los invitados intervenían rellenando con diversos colores sus dibujos.  Al final, las hojas se firmaban y se numeraban para indicar ediciones limitadas, modificando la idea de originalidad. 

Sus declaraciones a la prensa y su estilo de vida siempre causaron escándalo y acrecentaron su fama.  Sus frases burlescas camuflan un hondo pensamiento filosófico, acerca de la realidad del mundo y de la sociedad.

Su idea de representar en colores kitsch a los grandes actores y cantantes no tardó en ser adoptada por artistas de muchos países, que hicieron acrecer este género artístico.  En Colombia, para el nacimiento del Pop Art fue decisiva la obra de la pintora antioqueña Dora Ramírez, quien, con su serie “Mitos”, marcó el principio de este estilo en el país, el cual progresaría con Juan Camilo Uribe, Óscar Jaramillo, Álvaro Barrios, Antonio Caro, Javier Restrepo (y algunos períodos de Caballero, Santiago Cárdenas y Ana Mercedes Hoyos) y llegaría a su más alto escaño con las figuras de Maripaz Jaramillo y Beatriz González.   

Acerca de Warhol, su discípula indirecta Maripaz Jaramillo dijo a EL MUNDO que: “Me parece que es un artista importantísimo que abrió muchos caminos. Si él viviera hoy, estaría absolutamente realizado con los computadores, porque él trabajó muchísimo con la fotografía.  Muchas de las cosas que yo he hecho, él las hizo también, como lo es trabajar con lo popular y con los personajes.  Él tomó ciertos puntos que para mí son muy importantes”

Paradójicamente, las obras de este artista, que nos ponen a pensar acerca del consumo se convirtieron en un objeto más del mismo consumismo y, por estar de moda en varios períodos, se tornaron también en símbolos de estatus y capacidad adquisitiva para sus propietarios.  El mundo entero se llenó de la obra gráfica de Warhol, que era distribuida en grandes cantidades por los principales mercados artísticos del orbe. Ejemplo que nos muestra aquellas dimensiones es que en su taller, un viejo cuartel de bomberos en New York, que bautizó “The Factory”, solamente entre 1962 y 64 llegó a producir más de 2.000 obras.

La escritora Olga Elena Mattei, columnista de EL MUNDO, nos dijo que: “Conocí a Warhol en Nueva York.  Él se burló de las sociedades más sofisticadas y exigentes e hizo las patanadas que le vinieron en gana y se volvió famoso e importante por eso, por sus “happenings”, sus filmaciones, sus reuniones entre amigos transmitidas al público, orgías, declaraciones en prensa, sus vestimentas, su peinado, su estilo de vida.  Al principio, tuvo aciertos geniales, especialmente en una serie sobre accidentes violentos y fatales. Muy dramático, crudo e impactante.  Pero en esa serie él todavía se disciplinaba en cuanto al oficio del arte y trabajaba en su lenguaje y medios de expresión y plasticidad; después, se salió por la línea facilista”

“Una idea inteligente fue la de pintar los elementos del consumo.  Pero no para repetirla hasta la saciedad, explotándola hasta dejarla enjuta.    A cada una de las pocas ideas ingeniosas que tuvo, la exprimió demasiado, hasta que perdieron su sabor, su mordacidad (...) Se inscribe dentro de la crítica que los sociólogos hacen al consumo (idea que no es de él) y empieza a acusar los pecados de ese consumismo con imágenes fuertes, de producción simplista y repetitiva.  Warhol no idealizo la cultura americana, la ridiculizó”, continúa Mattei.

“Desde el punto de vista formal e ideológico, el nuestro (el colombiano) es un Pop Art muy distinto.  Warhol presentaba los elementos del consumo, dentro de su propio rechazo, como diciendo: ´Es ridículo que la para la humanidad una marca y un producto sean un icono, un ídolo.  Como es posible que la humanidad se muera por una lata de sopa Campbell´s”, puntualiza la escritora.

Con Warhol queda claro, una vez más, que el Arte es el primer elemento de la representación del malestar de una cultura, y en su caso, se convirtió en un altoparlante para quejarse y escapar de la mordaza, para acusar o lamentarse de las condiciones sociales que se sufrían en su momento.  Warhol, al igual que los grandes artistas de la Historia, sintió la necesidad y la obligación de expresar, por medio de su arte, la debida acusación de los problemas de su tiempo.

 

FRASE DESTACADA:

 “Curiosamente, el mayor coleccionista mundial de la obra de Warhol es un colombiano, el empresario textil José Mugrabi, quien atesora más de 800 trabajos de ese artista, valorados en más de 1.000 millones de dólares”.

 

EL POP ART

 

Sin duda alguna, Warhol es el más reconocido gestor del llamado Pop Art, aparecido simultáneamente, pero de forma independiente (de 1955 a 1960), en el eje de Estados Unidos e Inglaterra.  Nos dice el crítico caldense Leonel Estrada que esta tendencia se ocupa de la ironización en el arte, de la sociedad de consumo, aunque este arte se convierte, a la vez, en un producto de la misma.  El Pop Art elevó los objetos de la vida ordinaria a obras artísticas; incorporó en su temática nuevas formas y nueva iconografía; también el arte comercial, el cine, lo urbano, las tiras cómicas, los signos, las imágenes triviales, los avisos de publicidad, las etiquetas de los supermercados, etc.  Enaltece la banalidad y se apoya en las imágenes corrientes, en el lugar común, en lo trivial; en lo sacado de la televisión, de las revistas, de la moda...

En su momento, el Pop Art fue una vanguardia juvenil y transitoria, para una sociedad que no reaccionaba sobre causas y efectos.  Su nombre lo dio el crítico inglés Lawrence Alloway, en 1956.  Equivale en Europa al “Nouveau Realisme”, de Pierre Restany. 

Además de Warhol, sobresalen entre sus militantes las figuras de Rauschemberg, Rosenquist, Jasper Johns, Oldemburg, Segal y Liechtenstein, como anota el crítico Estrada.

 

ANDY WARHOL

 

Detrás de esa peluca sicodélica,

de esa pose burlesca

que ridiculizaba

tu platinada América,

de ese afán porque el mundo sufriera

por tus frases eléctricas,

por tus fiestas patéticas,

rugía una tormenta:

Exiliado en la Tierra,

no podías hallarle

sentido a esta viandanza,

no encontrabas sosiego

en nada:

ni en los vanos placeres que exaltabas,

ni en la vaga experiencia

vacía

de la fama.

Orabas, como un niño triste,

porque el amor no llegaba,

y ningún barbitúrico

hizo dulces tus lágrimas

violetas

de anilina,

por más que camuflaras

de plástico tu estancia.

Contrario a los poetas,

no veías la luz de las estrellas.

Por eso te embriagaste

en aquellas luminarias

que parpadeaban

en los cielos de Hollywood,

y, entonces, las ungiste

con fucsia y con naranjas.

Y fulgió en tu orfandad

la lucidez necesaria

para cambiar tu hábitat

común de ciudadano del consumo

por la plácida paz del tecnicolor,

que obra como un narcótico

en las mentes concéntricas esclavas.

Tu compatriota Dvorak

transmutó su nostalgia

en dulces remembranzas

acompasadas,

pero tú vislumbraste “El Nuevo Mundo”,

tras cruzar un océano

de Coca Cola dorada

que escanciaba en tu abismo

Marilyn como un sol o como un ángel,

ataviada en Chanel número cinco.

Y como en un ignoto cómic cósmico

(pero no los de Liechtenstein),

con un billete verde que pintaste

dibujaste un avión ultramoderno

de la aerolínea opiácea de Morfeo

y calcaste un tiquete

para hundirte en ti mismo.

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

 

 

 

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28 mayo 2009 4 28 /05 /mayo /2009 09:12


                                                        Fanny Mikey y Sergio Esteban Vélez


SERGIO ESTEBAN VÉLEZ


El Mundo, 19 de agosto de 2008

 

Mi sensibilidad social me prohibió mentalmente utilizar este título…  Pero, en seguida, ella me susurró al oído: “!Me encanta, déjalo!”.  Y yo sé que sí, que a Fanny le habría encantado.  Así que resolví permitírmelo.   Una de las mejores facetas de Fanny era la del humor.  Fanny, que ante la vida era la mujer más ocupada y activa que jamás hubiéramos conocido, era, ante todo, una mujer divertida.  

Su entusiasmo por su labor y por aquellos en quienes se interesaba estaba cargado de buen humor.  Su rostro, en todo momento sonriente, abría el corazón de sus interlocutores, y, además de su brillo como actriz dramática, una de sus mejores cualidades histriónicas era la humorística, tanto en los papeles que escogía como en la forma en que los interpretaba, sobresaliendo su talento gestual, en donde primaban ademanes, no sólo gráciles, sino, además y sobre todo, graciosos.

Quizás, dentro de esa misma actitud, en su comportamiento, estaba su atrevida decisión de usar durante tantos aňos el cabello tinturado con ese inusitado tono rojo escarlata.   Muy atrevido, sí, pero era tal la reciedumbre de su personalidad, la importancia de su papel en la cultura colombiana y la prestancia que otorgaba su amistad, que nadie jamás osó criticar o mofarse de su llamativo aspecto, en cuanto a esta cuestión.

Pero, a pesar de ese rostro sonriente y de esa hiperactividad fecunda y satisfecha, en el fondo, Fanny albergaba un gran dolor: rescoldos de heridas causadas por la inicial incomprensión de su familia, en su adolescencia, cuando decidió hacerse actriz, y por los fracasos amorosos que, aunque todos los sufrimos en la vida, las personas tan intensas como ella sufren doblemente al tratar de superarlos.   

Sin embargo, encontró en su hijo, Daniel, el objetivo perfecto de esa enorme capacidad de amar que la inundaba.  Su hijo, su cómplice inseparable, Ana Marta de Pizarro, y todos sus demás amigos, a quienes consideraba su verdadera familia. “Amigos, todo; el resto es selva”, era una frase que solía repetir. 

Y la verdad es que en la amistad fue un ser más que afortunado: su impenitente franqueza, su generosidad, su alegría y su escondida ternura, la hacían irresistible.   Para muchos, además, era imposible no rendirse ante su vitalicia y encantadora coquetería.

Tenía la poco común cualidad del don de gentes.  Su personalidad avasalladora y la grandeza de sus ideales hacía que fuera querida y admirada por personas de todas las categorías: desde jefes de Estado, hasta el público raso, que la amaba, como actriz y como activista cultural.  Hasta un iconoclasta radical, como el escritor Fernando Vallejo, me confesó algún día que ella era uno de sus personajes favoritos.  “La labor de Fanny se me hace una obra de constancia y de tenacidad asombrosa. Nunca he conocido a alguien con una capacidad de organización y de empeño y tesón como la de ella», aseguró.

Ese mismo don de gentes, sumado a la inteligencia y contundencia de sus planteamientos y a su vertiginoso ritmo de trabajo, la llevaron a poder convencer a un amplio sector de los dirigentes del país de la imperiosa necesidad de apoyar la cultura, como base del progreso social y de la paz.  Ella logró que en Colombia avanzáramos hacia un cambio en la visión de lo que es realmente la cultura e inculcó en el alma de la gente la importancia de la estética y del arte, en un país desangrado por la guerra.

Así, pudo convertirse en la mayor “quijote” de las Artes Escénicas, en Colombia.   Nunca ocultaba la satisfacción de sentirse una “berraca”.  Recuerdo, especialmente, la función inaugural (Cimbelino) del pasado Festival Iberoamericano de Teatro, en la cual se celebraron los 20 aňos de su “acto de fe en Colombia”.   En esa ocasión, tras afirmar que: “La realidad puede estar hecha de la misma materia de nuestros sueños, la imaginación nos llevó a construir este patrimonio colectivo”, el público la ovacionó por minutos, a lo cual Fanny respondió con lágrimas de emoción. 

Esos días de Festival eran un verdadero “tour de force” para ella.  A sus 76 aňos (su verdadera edad), parecía tener fuerzas inagotables: no dormía más de 4 horas y todas las noches, después del intenso trabajo que implica la dirección general del Festival de Teatro más grande del mundo, todavía le quedaban alientos para irse a bailar, hasta altas horas.

Paradójicamente, a pesar de no haber nacido en Colombia,  se sentía más colombiana que cualquiera y asumió su nueva nacionalidad con más voluntad, conciencia y acción que cualquiera de nuestros ciudadanos.  La obra magnánima que nos deja demuestra su pasión por nuestra tierra.

Cuando, en una de las últimas entrevistas que le hice, le pregunté desconcertado por el secreto de su eterna juventud, recuerdo que me respondió que: “Lo que yo tengo no es eterna juventud, sino eternas ganas de luchar”.  Y, como ella lo quiso, trabajó hasta lo último: justamente, cuando fue hospitalizada, estaba de gira con su obra “Perfume de arrabal y tango”, la cual le causaba gran deleite, pues, por primera vez, pudo cumplir su deseo de siempre de cantar en público. 

Su incomparable constancia para alcanzar sus metas y su talento artístico hacen que, sin duda alguna, la vida de Fanny merezca más aplausos que los centenares de obras que regaló a nuestra gente.   La única manera de agradecer debidamente sus esfuerzos heroicos por hacer de Colombia un mejor país es conservando e impulsando, como uno nuestros mayores patrimonios, su nunca suficientemente admirado Festival. 

La indoblegable Fanny, eternamente “funny Fanny”.

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28 mayo 2009 4 28 /05 /mayo /2009 08:58

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ


El Mundo, 23 de agosto de 2008

 

Por estos días, el creador antioqueño Félix Ángel, director del Centro Cultural del BID, se encuentra en Medellín, para presentar su nuevo libro, “Nosotros, vosotros, ellos”.

 

Félix Ángel es un hombre polifacético: artista plástico, escritor, curador, gestor cultural y crítico.  Cuando este arquitecto de la Universidad Nacional hizo su primer viaje a los Estados Unidos, en 1974, se dio cuenta de que ese país era con el cual se identificaba verdaderamente. Entonces, luego de regresar a Medellín y hacer otros 4 viajes de observación al país del Norte, decidió establecerse definitivamente en Washington, donde desarrolla una fecunda labor artística y de promoción de las Artes, desde 1977.

En ese momento, Félix Ángel ya era uno de los artistas jóvenes más reconocidos de Colombia: había ganado varios premios en salones de Arte y se había dado a conocer por su espíritu inconforme, que buscaba mucho más de lo que podía ofrecer la entonces parroquial “Bella Villa”.

Ya había demostrado, además, su talento como escritor, al publicar, en 1975, su novela “Te quiero mucho, poquito, nada”, la cual dedicó “A la respetable ciudadanía de Medellín y a su distinguida clientela”.  “Clientela” que se escandalizó con el contenido de esa obra homosexual e iconoclasta, con provocativas ilustraciones del mismo Ángel, que le causaron más de una llamada amenazante (uno de sus objetivos, por esos tiempos, era hacer collages con material erótico y pornográfico).

Paralelamente, escribía y dirigía, en nuestra ciudad, el magazín “Yo Digo”, un periódico mimeografiado informativo y crítico sobre el arte en nuestro medio, el cual se distribuía gratuitamente, en galerías y centros culturales de Medellín.

Quiso, además, dejar un testimonio sobre la orientación y las vivencias de su generación de artistas en Medellín.  Así, nació “Nosotros”, publicado por el Museo El Castillo.  Hasta esta semana, en la que Ángel ha lanzado su “segunda parte”, “Nosotros, vosotros, ellos”, aquel era el único estudio publicado sobre ese grupo de artistas de un momento de ruptura y sismo en nuestra cultura.

El decenio de 1970 fue un período en el cual estuvo en efervescencia la vocación literaria de Ángel, lo cual produjo el ataque de otros intelectuales de la ciudad que no podían comprender a un “pintor escribiendo”.  Pero Ángel, más que artista plástico, se siente, ante todo, un creador, y se deja llevar por las diversas formas, gráficas o escritas, por las cuales puede plasmar su sensibilidad. Y, a pesar de la polémica que levantaba su obra, agresiva y, ante todo “underground”, como él mismo la califica, esta alcanzó gran popularidad en nuestro medio.  Ya muchos lo veían como un seguro alto representante de un “malditismo” colombiano.

Al respecto, Ángel nos dijo que: “Como creador, para expresarme, he tenido que acudir a ese espacio ‘underground’, que no es el que corresponde a la ‘ciudad por encima’, en el que todo se ve en apariencia OK y todo está determinado.  Yo me he hecho mi espacio, en esa otra dimensión, que es lo opuesto a aquella cosa en la que yo crecí y en la que la gente esperaba que yo fuera de cierta manera ‘gente común y corriente’. Yo siempre he sido un ‘outsider’, y entender eso es una de las grandes claridades de mi vida.  Cuando uno se da cuenta de a dónde pertenece, encuentra cierta paz, porque, por lo menos, no tiene expectativas por esas otras cosas en las cuales uno no tiene cabida”.

Su camino como promotor de nuestra cultura en los Estados Unidos comenzó cuando, poco después de su llegada a Washington, fue llamado para ser asistente personal de José Gómez Sicre, director del Museo de Arte Contemporáneo de América Latina (OEA) y, por muchos años, el máximo gurú del Arte Latinoamericano.  Gómez Sicre, por su parte, se había interesado en Ángel, desde hacía unos años, cuando lo conoció en una fiesta en casa de la pintora Dora Ramírez y se impresionó tanto con su talento, que lo seleccionó para una muestra de cinco artistas colombianos en el museo que regentaba.

Debido a la impenitente coquetería del anciano director, algunos llegaron a pensar erradamente que Ángel tenía con él una relación más que profesional, pero lo cierto es que nunca pasó de ser “su mano derecha”.  Luego del rico aprendizaje que entraña la amistad y la compañía de un personaje como Gómez Sicre, pasó a ser curador de exposiciones temporales del museo y se involucró en programas de divulgación de nuestras Artes, en compañía de la famosa crítica Marta Traba y con la colaboración de otros importantes museos de los Estados Unidos.

En 1989, consideró pertinente retirarse del Museo de la OEA, para enfocarse en su propio trabajo artístico y en la curaduría eventual de importantes muestras de Arte Latinoamericano.

Pero su entera consagración a su obra personal se vio interrumpida por una propuesta que le presentó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en 1992, para ser consejero institucional del establecimiento del Centro Cultural de esa importante institución, que pretendía en el  "Quinto Centenario del Encuentro de Dos Mundos", hacer un aporte al avance del análisis del concepto de la cultura como parte del desarrollo.

En este proyecto, en el que se requería que “supiera de todo” fue responsable de la conceptualización de los programas asociados con el Centro Cultural, las políticas administrativas y la curaduría de las exposiciones. En 1999, fue nombrado director de ese connotado edificio cultural de la capital de los Estados Unidos, posición en la que permanece hasta el momento.

“Ahí, yo llego, más que como artista, como arquitecto, porque era una labor de diseño de algo que no existía.  Y, a partir de ese momento, entendiendo lo que es el BID, concebimos una misión, una visión y unas estrategias en pos de avanzar en el liderazgo en el sector del desarrollo, pero con una definición muy novedosa de lo que era el desarrollo, porque introducía la cultura como uno de sus componentes”, nos cuenta Ángel.

Su trabajo en el BID implica la dirección de programas como el de “Desarrollo Cultural”, que financia micro proyectos culturales, en todo el Continente. Destaca, además, la promoción de la cultura interamericana en Washington, a través de múltiples manifestaciones de la cultura de la región, como exposiciones de Arte, Cine, conferencias y conciertos.

De su hiperactividad surge el que, además de haber dirigido la curaduría de un centenar de exposiciones de todos los países de América y algunos de Europa, se haya preocupado por hacerse cargo, además, de redactar la mayoría de sus catálogos.

Su deseo de promocionar la interacción entre el arte de las Américas, lo ha llevado a adelantar, en el BID, la publicación de algunos libros sobre el Arte Latinoamericano.

Sus credenciales como dirigente cultural y su prestigio como artista lo han llevado a desarrollar programas con numerosos museos e instituciones de los Estados Unidos y a dictar conferencias y ser ponente en reconocidos simposios internacionales.

Sorprendentemente, el tiempo también le ha alcanzado para ser, durante un decenio, editor de Arte del HI-AS, de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

La calidad de su obra y el mérito de sus innumerables labores culturales llevaron a que, en el 2002, el Alcalde de Washington D.C. lo designara "Comisionado para las Artes y las Humanidades del Distrito de Columbia”, lo cual, sumado a su cargo en el BID, lo convirtió en uno de los latinoamericanos más influyentes en el panorama artístico de los Estados Unidos.

Pero, a pesar de la fuerza y la energía con que ha asumido la conducción de tan importantes proyectos para el desarrollo cultural latinoamericano, Félix Ángel nunca ha dejado a un lado su propia tarea creativa.  Así, a lo largo de 4 decenios, su obra se ha exhibido en más de 90 exposiciones individuales y en aproximadamente 300 muestras colectivas, en Colombia, Estados Unidos, México, Puerto Rico, Venezuela, Ecuador, Chile, Panamá, Costa Rica, El Salvador, República Dominicana, España y Francia.

Y, más allá de sus triunfos internacionales y del recuerdo de la incomprensión que padeció en Medellín, durante tantos años, este artista no se ha olvidado nunca de su tierra y, además de promocionar la obra de artistas colombianos, se ha preocupado por regalarle al público de la ciudad algunas de sus mejores obras.  De los resultados de su incursión en la técnica del mural en concreto y hierro, le han quedado a la ciudad 4 obras públicas, entre las cuales se encuentran los murales en cerámica esmaltada, instalados en estaciones del Metro.

Actualmente, además de sus responsabilidades en el BID, se ha apartado un tanto de las temáticas Pop y de las obras de enfoque urbano que lo hicieron famoso y ha regresado a la técnica del collage, esta vez para denunciar, con sutileza estética y precisión técnica, los desastres de la guerra y de la confusión vital de nuestros tiempos.

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28 mayo 2009 4 28 /05 /mayo /2009 08:49

 

 SERGIO ESTEBAN VÉLEZ


El Mundo, 11 de agosto de 2008

 

En el Club Campestre, se presenta la obra de la joven artista Margarita Vélez, quien rinde homenaje a Andy Warhol, en el octogésimo aniversario de su nacimiento.

 Por estos días, las obras que cuelgan de las paredes del Club Campestre de Medellín nos llevan a evocar los tópicos y la estética del Pop Art.  Dado el éxito de la exposición de Margarita Vélez, el año pasado, en ese mismo recinto (se vendieron todas las obras), esta corporación ha decidido exhibir una segunda muestra de esta artista, que avanza a pasos agigantados en su experimentación técnica, hacia un resultado que, por consenso, ha sido calificado de excelente.

Y, como se trata de una artista hiperactiva en un “momentum” de fertilidad, el próximo 26 de agosto, sumará a su serie de muestras de este año la inauguración de otra exhibición individual, en el Hotel Belfort.

Esta nobel creadora se dio cuenta de que lo suyo eran las Artes Plásticas, cuando estudiaba Publicidad.  Los dibujos y diseños que debía desarrollar hicieron que aflorara la sensibilidad artística que le inculcaron en su hogar, en el que siempre estuvieron presentes las Artes y las Letras, representados por su tío, el humanista Antonio Vélez y su prima Ana Cristina Vélez, directora de la revista de Arte de la Universidad de Antioquia.

Su entusiasmo al encontrar en el Arte el camino hacia la elación personal, la llevó a considerar necesario dedicarse de lleno a su realización en esta vocación. 

Y se ha entregado al Arte con tanta energía, que, en sólo cuatro años de profesionalización en este campo, ya ha presentado su obra en 14 exposiciones.  Entre las colecciones que albergan producciones suyas, descuella la del Hotel Holiday Inn Medellín (en La Strada), que exhibe de manera permanente 48 cuadros de su autoría.

La estilística por la que ha optado ha tenido diversos enfoques, siempre en procura de fusionar los conocimientos de Artes Gráficas adquiridos durante su carrera de Publicidad, con los de Artes Plásticas que ha acopiado, a lo largo de la investigación técnico-sociológica que ha venido desarrollando para encontrar su propia impronta.   En esta asociación entre la Publicidad y las Artes Plásticas se ha sentido guiada por los estudios que difundió otro gran publicista que se sintió más cómodo en la Pintura: Andy Warhol.  Y, justamente, Warhol ha sido el escogido por Margarita como el artista guía a la hora de asumir las cuestiones substanciales de su producción pictórica. 

Así, ha hecho propias temáticas del quehacer del Pop, como retratos de luminarias o de grandes personajes (como Chaplin, Marilyn Monroe... y hasta el presidente Uribe) y la disposición de diversas problemáticas de ciudad y del consumo, como eje principal de sus obras.  Acerca de esto, la misma pintora sabe que, como publicista, parecería extraño que su obra se esté orientando a criticar el consumismo.

A pesar de que ha querido rendir homenaje al genio de Warhol, tiene muy claro que el suyo es un Pop Art netamente antioqueño.  Los elementos del consumo y las causas de la crisis social son muy distintas, teniendo en cuenta los lugares, los contextos históricos, políticos y económicos,  por eso esta pintora es consciente de que, la representación del Empire State puede causar el efecto esperado en una sociedad como la norteamericana, pero no en la colombiana, en la cual los conflictos son otros.

Acerca de estas consideraciones, el pintor Pascual Ruiz anota que: “En nuestra Antioquia, Pedro Nel Gómez hizo Pop Art, cuando pintó sus barequeras, que eran ‘el pan de cada día’ en su comunidad.  Óscar Jaramillo hizo lo mismo, representando artísticamente los burdeles de Lovaina. Lo que pasa es que el consumo es distinto, dependiendo de las sociedades: en Estados Unidos, el objeto sería la sopa Campbell´s, pero en Lovaina, es la puta; en Guayaquil, son las yucas, la remolacha y el aguardiente. Cezanne hizo mucho Pop Art, pintando manzanas y botellas de vino (...)  Warhol sobredimensionó lo popular, lo sublimizó y así pudo enrostrarle a la sociedad lo terrible que es el afán por el consumismo”.

Precisamente, esta ha sido la perspectiva de la pintora Vélez, quien se ha preocupado por estudiar el legado artístico de sus antecesores.  Así, con alguna influencia del trabajo Kitsch del antioqueño Juan Camilo Uribe y del “Pop santandereano” de Beatriz González, Margarita Vélez se ha interesado por llevar a su arte la proyección de un aspecto tan fundamental en el alma del pueblo paisa, como es el de la religión.  Este interés la condujo a ejecutar una serie de obras que representaran en vivos colores la esencia religiosa de Antioquia, a través de íconos como el Sagrado Corazón de Jesús o La Última Cena.

Muy autocrítica y acuciosa estudiosa, su exploración la ha llevado a nutrirse de la obra de pintores representantes de vertientes diferentes al Pop.  Ha estudiado la obra de los mayores maestros latinoamericanos, entre los cuales, especialmente, le gusta la obra de Fernando Botero, “por criollo”. En el panorama antioqueño, por ejemplo, se ha sentido atraída por las consideraciones artísticas de Ethel Gilmour y Germán Londoño.

A pesar de que en muchos de los grandes salones de artistas, facultades y galerías se pregona que “La Pintura está pasada de moda”, Margarita Vélez ha decidido ser fiel a sí misma y no alejarse del lienzo y del óleo, que son los instrumentos con que mejor puede expresarse.  Al respecto, ella dice que:  “Lo de ahora es aburrido.  No me gustan ni los videos ni las instalaciones: me parecen facilistas y no me llenan.  Lo que me gusta es la Pintura”.

Por el momento, tiene sus miras puestas en el Exterior.  Y ya tiene varias propuestas de galerías internacionales.  Sin embargo, asegura que en Medellín se siente “una privilegiada”, ante la acogida y buena crítica que han tenido sus creaciones, no sólo entre los altos conocedores, sino también en el público comprador.

 

 SU ESTILO

El Pop Art

 

Las inquietudes intelectuales y sociales, el colorido y las técnicas en la obra de Margarita Vélez encajan en los paradigmas del Pop Art.  Teniendo en cuenta la temprana muerte de su “artista – guía”, Andy Warhol, esta pintora se propone llevar “más allá” la enseñanza de los grandes maestros de este estilo.  

Esta escuela creativa (el Arte Pop), apareció simultáneamente, pero de forma independiente (de 1955 a 1960), en el eje de Estados Unidos e Inglaterra.  Nos dice el crítico caldense Leonel Estrada que esta tendencia se ocupa de la ironización en el arte, de la sociedad de consumo, aunque este arte se convierte, a la vez, en un producto de la misma. 

El Pop Art elevó los objetos de la vida ordinaria a obras artísticas; incorporó en su temática nuevas formas y nueva iconografía; también el arte comercial, el cine, lo urbano, las tiras cómicas, los signos, las imágenes triviales, los avisos de publicidad, las etiquetas de los supermercados, etc.  Enaltece la banalidad y se apoya en las imágenes corrientes, en el lugar común, en lo trivial; en lo sacado de la televisión, de las revistas, de la moda...

En su momento, el Pop Art fue una vanguardia juvenil y transitoria, para una sociedad que no reaccionaba sobre causas y efectos.  Su nombre lo dio el crítico inglés Lawrence Alloway, en 1956.  Equivale en Europa al “Nouveau Realisme”, de Pierre Restany.

Entre sus militantes, sobresalen las figuras de Warhol,  Rauschemberg, Rosenquist, Jasper Johns, Oldemburg, Segal y Liechtenstein, como anota el crítico Estrada.

 

 

 

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28 mayo 2009 4 28 /05 /mayo /2009 08:45
 
SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 4 de agosto de 2008
 
En el Edificio de la Cultura de la Cámara de Comercio, se presenta una exposición retrospectiva del pintor León Posada, uno de los mayores representantes de su generación en nuestro Departamento.
 
Desde hace años, los antioqueños no teníamos la oportunidad de repasar la obra del consagrado artista y pedagogo del Arte León Posada Saldarriaga, quien, desde el 2002, reside en la Capital de la República.
Posada, nacido en Medellín, en 1923, es reconocido como de uno de los más representativos exponentes del grupo de discípulos del maestro Eladio Vélez, en el cual también sobresalen nombres como los de Dora Ramírez, Ramón Vásquez, Camilo Isaza Torres o Francisco Madrid.
En esos años, los artistas señalados para convertirse en los principales maestros de los países latinoamericanos eran enviados a Europa, a profesionalizarse.  Así, León Posada, en 1947, sigue los pasos de sus admirados Eladio Vélez y Pedro Nel Gómez (que, para él, son “los maestros fundamentales de Antioquia”) y viaja a Italia y a España, para profundizar en el conocimiento de los grandes maestros del Arte Universal.
Cuando regresó al país, en 1949, se dio cuenta de que, además de su talento artístico, tenía el don de la enseñanza.  Por eso, puede preciarse de haber guiado a centenares de alumnos por las sendas del Arte.  Algunos de ellos, como Jorge Cárdenas y Clemencia Echeverri, han alcanzado alta reputación en el mundo artístico.  Así, León Posada sería “maestro de maestros”. 
Y, justamente, por haber entregado su vida a proyectar las técnicas del Arte es por lo que quiere ser recordado.  Desde muy joven, ha sido muy entusiasta su interés por conocer a fondo cada una de esas técnicas, las cuales ha desarrollado con maestría: desde el difícil muralismo, hasta el óleo y la acuarela (en esta última, goza de especial prestigio).
Entre las numerosas exhibiciones de su obra, a lo largo de su vida, descuellan su muestra individual de acuarelas, en el Instituto de Cultura Hispánica, de Madrid, en 1971, y la que, en 1985, organizó el Creditanstal Bankverein, de Viena.  Sin embargo, a pesar de haber alcanzado altos elogios en sus exposiciones en el ámbito internacional, para León Posada su exhibición más querida es, tal vez, la gran muestra retrospectiva de su obra que, en el 2001, ofreció a la comunidad el Museo de la Universidad de Antioquia.
Con esta nueva muestra, “Homenaje a Antioquia”, en el Edificio de la Cultura de la Cámara de Comercio, León Posada vuelve a estar presente en nuestra ciudad. 
Más de 70 años después de la revolución “nacionalista” de Pedro Nel Gómez, el maestro Posada, su discípulo, aunque no personal, continúa su tradición, que se reconoce en las líneas de sus paisajes, en su colorido, en su enfoque general de la panorámica.
Acerca de las técnicas de las obras seleccionadas para esta exposición que acaba de inaugurarse, el maestro Posada dice que: “Elegí únicamente óleos y acuarelas, técnicas que han absorbido casi por completo mi vida de pintor.  De la acuarela, por la cual he sentido verdadera fascinación, puedo decir que es la técnica más difícil, si con ella se pretende elevarla a un grado más alto de la simple descripción de los elementos que componen la obra.  Para realizarla con la altura que se debe, se requieren mucha destreza, imaginación y buen gusto.  Así tratada, la acuarela es el medio por excelencia para cantarle a la luz, es un himno a la libertad”.
Sobre la estilística plasmada en esta muestra, Posada asevera que: “Alguno podrá preguntarse por qué en esta exposición no aparece un estilo que me identifique fácilmente.  Yo respondería que me alimento de vivencias, de sensaciones, que son muchas y muy variadas.  Me parece sumamente peligroso que el artista se exprese siempre de la misma manera, pues corre el riesgo de convertirse en Cliché de sí mismo.  La esencia del Arte reside en la búsqueda, no en la fórmula.  Recordemos que no se viven dos momentos iguales y que cada idea trae su propia interpretación.  Esta, pues, es la razón por la cual presento obras tan variadas en temas, en gamas de color y en soluciones técnicas, las cuales indican los diferentes estados de ánimo que viví antes y durante la ejecución de cada trabajo”.
El maestro Jorge Cárdenas, quien estuvo presente en la inauguración de esta muestra, nos dijo que, esta exhibición confirma que Posada sería “El último gran pintor antioqueño”.
Y acerca de sus compañeros de generación, Posada nos dijo que: “Algunos han perdido mucho el entusiasmo y la fuerza de expresión, y la vida los ha llevado a tener que vivir de su profesión”. 
Para él, la independencia es fundamental, y no acepta que, para vender, haya que darle gusto al público.   Por eso, ha encontrado en la pedagogía el sustento necesario para encontrar la libertad.  “Para mí, la mayor esperanza es pensar en la trayectoria que van a seguir aquellos a quienes, como profesor, les he dado algún consejo”, asegura.
Y su consejo por excelencia ha sido el de “Sea honrado consigo mismo”, más allá de las modas o de los públicos.  Así, Posada ha orientado a que cada uno de sus discípulos para que trate de sacar lo mejor de su criterio artístico personal.
Lo que muchos no saben es que la musa de León Posada se extiende más allá de las Artes Plásticas y ha llegado a ahondar en las Letras, campo que es el que más le interesa, en el momento. 
En el campo de la escritura, Posada está figurando en nuestros círculos literarios, desde los años 70, cuando publicó su libro “Escritos breves”, presentado por el Museo de Antioquia, con motivo del tricentenario de la fundación de Medellín.
Más adelante, aparecerían: “Cartas de un pintor”, “Diario de Toledo”, “Sueños” y “Sueños largos y biografías cortas”.    En el momento, está concentrado en la redacción de un libro que narra la historia de 3 clases distintas de pintores, que han enfocado su vocación por distintos caminos.
La exposición estará abierta al público, hasta el próximo 29 de agosto.
 
SU MENSAJE
 
Dice Posada que: “Como toda labor artística debe llevar un mensaje, el mío lo resumo en tres partes: primera, dejar constancia en mi obra de la alegría de vivir, porque eso es lo que siento y lo que quiero comunicar; segunda, expresar la fascinación que me produce el espectáculo de la naturaleza, y, finalmente, el embrujo que me despiertan los fenómenos de la luz y del espacio, y al hablar de la luz, no sólo me refiero al esplendor del sol, sino también a las penumbras, porque en ellas también corre el aire, tiñendo todo de exquisitas tonalidades”.
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28 mayo 2009 4 28 /05 /mayo /2009 08:41

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ


El Mundo, 20 de agosto de 2008

 

En la sala de Arte de la Cámara de Comercio (El Poblado), se presenta la exposición “Las voces del silencio”, del artista y arquitecto Mauricio Arango Mejía.

 Esta nueva exhibición de Mauricio Arango muestra, una vez más, la maestría que este creador ha alcanzado en su técnica de pátina sobre acero galvanizado, la cual ha perfeccionado, a lo largo de una carrera artística de más de medio siglo.

La especial estilística de Arango, con influencias del escultor Eduardo Ramírez Villamizar, le ha valido el elogio de diversos conocedores.  Uno de ellos, Javier Gil, dice de esta muestra que: “Las distintas obras han sido realizadas en un instante especial, un instante en que la relación del autor y su trabajo es único: todas tienen su propia temporalidad, se han creado tanto en el proceso del hacerse como en el proceso de su detenerse. Cada una expresa una especial relación del cuerpo con los materiales. Esa particular condición nos recuerda las pinturas hechas desde el espíritu Zen, en el interior de esta tradición, aunque los pintores dibujen la misma imagen, ésta nunca es la misma porque está marcada por la singularidad del instante”.

Acerca del título de la exposición y de la simbología y el objeto de las obras expuestas, el artista asegura que: “Las piezas expuestas aquí no tienen nombre. Pero no es por atender un capricho de su autor, sino porque ellas mismas han elegido significarse. No significar. No responder a un nombre que las aprisione y las enmudezca. Han elegido usar las voces de su silencio para hablar de su razón de estar vivas sólo cuando se saben observadas. El silencio se apropió de ellas durante su gestación y su nacimiento y no las abandonará nunca. Aman el silencio y el silencio las ama, yo mismo he querido ser cómplice de su silencio”.

Arango, quien reside actualmente en Montenegro, Quindío, nació en el seno de una familia que prestaba especial atención a las manifestaciones artísticas y literarias, bajo la directa influencia de sus tíos abuelos Tomás Carrasquilla y Pepe Mexía.

Fue así como, siendo muy niño, ingresó a estudiar Música y Artes Plásticas en el Instituto de Bellas Artes de Medellín, donde se afirmó en su vocación de artista, la cual alimentaría, años más tarde, bajo la guía de maestros fundamentales del Arte Antioqueño, como Pedro Nel Gómez, Jorge Marín Vieco y Aníbal Gil.  Ellos lo indujeron en las técnicas del vitral, el grabado, la acuarela, la escultura y la fundición.

Paralelamente, adelantaba estudios de Arquitectura, en la Universidad Nacional, de la cual egresó, en 1966.

Desde entonces, se dedicó a explorar su propio estilo, apoyado, en buena parte, en su formación de arquitecto, que ha sido una herramienta fundamental en su labor como artista, especialmente en aspectos como el diseño del espacio compositivo, el orden del lenguaje interno y el manejo de la obra con el espacio arquitectónico.

Esta fortaleza y su versatilidad lo han llevado a ser galardonado con diversas distinciones, entre las cuales resalta el premio que ganó en la Bienal de Valparaíso, Chile. 

Además de los premios y publicaciones, su talento como escultor lo ha llevado a ser llamado para la ejecución de diversas obras que hoy se encuentran en lugares públicos de Bogotá, Medellín y Providencia.

Con esta exposición en la sala de Arte de El Poblado de la Cámara de Comercio, la obra de este artista suma 44 muestras, entre individuales y colectivas, en galerías, museos y entidades culturales de Colombia, Estados Unidos, Chile y Venezuela.

La muestra estará abierta al público hasta el 22 de agosto.

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28 mayo 2009 4 28 /05 /mayo /2009 08:33
 
SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo,  30 de agosto de 2008
 
El joven artista antioqueño Wldrey Felipe Vásquez, radicado en París, está de visita en su ciudad, Medellín, para rememorar su propia historia y alimentar su obra.
 
A pesar de su juventud (no ha cumplido los 30 años), Wldrey Felipe Vásquez puede ostentar una formación académica y una madurez conceptual muy superior al promedio de los artistas colombianos de su generación.  A pesar de que ha pasado casi la mitad de su vida en el Exterior, no ha podido olvidarse de Colombia y ha convertido la evocación de la infancia en su tierra en su principal fuente de inspiración.
Desde niño, siempre se le veía dibujando y haciendo indagaciones artísticas.  Por esto, una vez cumplió los quince años, ingresó al Instituto de Bellas Artes.  Allí, estudió, por cinco años, las diversas técnicas de la Pintura.
En esos tiempos, cuando fue alumno del artista Freddy Serna, de pintura acrílica, se dio cuenta de que su obra de entonces tenía semejanzas con la de aquel, especialmente por el interés por pintar las casas y el panorama de los barrios populares.
 
Se abren nuevos horizontes
 
Graduado en Bellas Artes, viajó a las Antillas Holandesas, donde estudió francés, pensando siempre en la posibilidad de especializarse en Francia, país que siempre ha sido objeto de su fascinación.  Y su deseo se materializó, pues, poco después, viajó a Niza, a estudiar Literatura Francesa, en universidad principal de esa ciudad.  Y, desde ese momento, no pudo apartarse de ese país, seducido por la conciencia cultural de sus gentes y el vertiginoso ritmo de la vida cultural, hasta en las pequeñas villas de esa nación.
Al año siguiente, se trasladó a la ciudad de Nantes, atraído por una oferta de hacer una maestría en Diseño de Espacios, alternativa que ofrecían pocas universidades europeas y que le había interesado especialmente desde el inicio de sus exploraciones.  El énfasis de este nuevo enfoque de su preparación no era el de incursionar en la Arquitectura, sino el de estudiar a fondo el papel de los objetos y los ambientes en el Arte Contemporáneo.  En pos de profundizar en el análisis de estos ítems, fue autorizado a hacer una parte de esa maestría, en la ciudad holandesa de Utrecht, donde la orientación que se ofrecía era más hacia el Diseño Interior Urbanístico. Desde entonces, en su trabajo se hizo más notoria su intención de centrarse en asuntos de la ciudad y de la relación de su cuerpo con el exterior, con los objetos y con los demás seres humanos.
Así, se dio cuenta de que, para lo que él quería en el Arte, era mejor “no hacer escultura por hacer un objeto bello, sino tomar objetos de la vida cotidiana y analizar sus formas, para ver cómo estos objetos interactúan con las personas y con el espacio”.
Pero, más allá de sus altos estudios en aquellas universidades, tenía muy clara su intención de ingresar a la Escuela Nacional de Bellas Artes de París.  Y, a pesar de lo difícil que es la admisión allí, por tratarse de la escuela de Arte más prestigiosa de Francia, nuestro artista lo logró, gracias a la calidad del trabajo que había desarrollado en los años anteriores.  Y, a partir del 2004, se sumergió en el multicolor panorama que le abría aquella venerable institución.  
Allí, conoció a su artista guía, Christian Boltansky, paralelamente hacía un master en Multimedia (video, performances, instalaciones).
Posteriormente, hizo un “post-master”, como “artista en residencia” en la Ciudad Internacional de las Artes, de París.  En ese momento, sus motivaciones lo llevaban a complementar sus investigaciones sobre el Espacio, con estudios de Arquitectura, en la Escuela Superior, de la “Ciudad Luz”.  El año pasado, obtuvo la nacionalidad francesa.
 
Sus enfoques
 
Las decisiones estilísticas de nuestro artista miran hacia progresar en un trabajo analítico y filosófico, con una idea de base que le permita desarrollar un proyecto plástico, en su caso plasmado a través de videos, performances e instalaciones, vertientes artísticas con las que se siente más identificado, pues, a pesar de que en años anteriores demostró su excelencia en el dibujo y la pintura, estas técnicas le parecen insuficientes para transmitir lo que él quisiera que los demás pudieran aprehender a través del conjunto de los sentidos, más allá del de la vista, que es el único que se utiliza en la compenetración con la obra en lienzo.   “Si muchos artistas han concretado su sentir a través del lienzo, tal vez uno podría hacerlo con acciones más personales, en las cuales uno mismo viva la obra de Arte”, considera Vásquez.
En este sentido, en cuanto a sus incursiones en el performance, afirma que: “Uno como artista plástico, debe determinar cuál es el ámbito en el que se debe mover.  Es bueno inspirarse en el Teatro, que puede aportar mucho al performance, pero hay que guardar un límite y el performance debe estar dentro de las Artes Plásticas”.
Aclara, sin embargo, que con esta clase de Arte es preciso saber diferenciar entre los que pueden revelar verdadero trasfondo y aquellos que lo toman por el lado facilista: “En esta época, las instalaciones pueden ser una excusa para artistas que quieran hacer las cosas fáciles y el problema es que, para un espectador de base es muy difícil saber quién es bueno y quién se está burlando”.  Así, sus opiniones no distan mucho de las del maestro David Manzur, quien, esta semana, en conversación con este periodista, aseguró que: “La escultura y la pintura no se acabarán nunca. Lo que sí se les ha acabado a muchos es el talento y, sin talento, cualquier extravagancia es válida en la ‘modernidad’”.
Y su propuesta ha gustado a los curadores de Francia, a tal punto, que ha sido invitado a exponer en cerca de 50 exhibiciones, entre individuales y colectivas.   Su triunfo más reciente fue haber sido seleccionado, este año, como uno de los artistas participantes de la prestigiosa Bienal de Arte Contemporáneo de Cachan.  Allí, mostró su obra, al lado de artistas tan distinguidos como Julio Le Parc, uno de los mayores creadores latinoamericanos.  
 

  
CHRISTIAN BOLTANSKY
Su maestro
 
Cuando Wldrey Felipe Vásquez estudiaba en Nantes, visitó una exposición de Arte Contemporáneo, en la cual conoció la obra del artista Christian Boltanski, la cual lo sorprendió porque aquel maestro franco-polaco trabajaba temas muy parecidos a los suyos, como son la infancia, los recuerdos, la familia y la identidad personal, los cuales, en ese momento, absorbían el pensamiento de Wldrey, teniendo en cuenta la distancia que lo separaba de Colombia.
Boltansky (Paris, 1944) es fotógrafo, escultor y cineasta, conocido especialmente por sus instalaciones, que lo han llevado a consolidarse como uno de los principales artistas de Francia.
Nacido, a finales de la II Guerra Mundial, en una familia marcada por el holocausto, guió su carrera por sí mismo, de forma autodidáctica. A finales del decenio de 1960, comenzó a reconstruir su infancia a partir de fotografías.  Y, desde ese momento, ese sería el tema central de sus producciones.
Una vez admitido en la Escuela Nacional de Bellas Artes de París, Wldrey Felipe se aproximó a Boltansky, profesor de la misma, y, a pesar de que el consumado artista consideraba que Vásquez ya tenía una obra madura y que no necesitaba su guía, accedió a recibirlo en su taller, para trabajar y conocer su proceso de creación y su mundo artístico personal.   Desde entonces, Boltansky se convirtió en su maestro.
Nos cuenta Vásquez que aquel gran artista europeo aprecia mucho su trabajo. Y, así como Boltansky se siente “hijo artístico” de Warhol y de Beuys, a los cuales conoció personalmente; Vásquez se declara “hijo” y seguidor de Boltansky.  De manera que vendría siendo “nieto” de aquellos grandes del Arte Mundial.
 
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28 mayo 2009 4 28 /05 /mayo /2009 08:26

 La poeta Guiomar Cuesta Escobar estuvo en Medellín, presentando su nuevo libro, “Casildea de Vandalia”, en el cual exalta la reciedumbre y el valor de una “caballeresa de las Letras”, salida de “El Quijote”




Sergio Esteban Vélez y Guiomar Cuesta Escobar. 
Lima, noviembre del 2005


SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 8 de julio de 2008

 

 La poeta y académica de la Lengua Guiomar Cuesta Escobar cada vez está consolidándose con más fuerza dentro del panorama poético del país.  A los tres premios nacionales de Poesía que ha ganado y al Premio Internacional de Literatura “Gabriela Mistral”, que recibió en París, en el 2001, hay que sumarle el triunfo de su nuevo libro “Casildea de Vandalia”, que ha sido laureado en el I Premio de Poesía María Fulmen, de Sevilla, España.

“Casildea de Vandalia” es el decimosexto título de la vendimia poética de Cuesta, la cual incluye obras como “Mujer América – América Mujer” (prólogo de Laura Restrepo), “Tiempo del No – Tiempo del Sí” (prólogo de Alfonso López Michelsen), “Bosque de metáforas” (Premio José María Heredia, de la Asociación de Críticos y Comentaristas de Arte, Miami) y “Cábala, círculo Madre Tierra” (con diseño y dirección gráfica del maestro Omar Rayo).

Acerca de la nueva producción de Cuesta, relata el poeta Alfredo Ocampo Zamorano: “Casildea de Vandalia es un legendario nombre, que proviene del Quijote de la Mancha. Ella es, en el libro, la amada del Señor del Bosque, también conocido como el Señor de los Espejos, y la califica como la más hermosa y la más ingrata mujer del orbe. Corría el año 1997 y Guiomar Cuesta releía apasionadamente esta importante obra de la Literatura, cuando se detuvo en el nombre de Casildea de Vandalia. Entró en la mudez de esta mujer, a quien nunca se le permitió responder, era una simple espectadora, sin voz ni voto. Por tanto, nuestra autora se pregunta, ¿quién se esconde tras aquella anónima e impenetrable Casildea de Vandalia? ¿Qué le diría ella al Señor del Bosque, e incluso a don Miguel de Cervantes, si llegara a tener vida propia?”.

Fue, entonces, cuando se sumergió en aquel personaje y pudo recrear su vida, sus incógnitas, sus luchas feministas, sus principios libertarios, su amor por el idioma... hasta que, al darse cuenta de que estaba totalmente obsesionada con esta nueva “alter ego”, revisó lo que había adelantado y, al contar casi 300 páginas, determinó que el libro estaba concluido.

En ese momento, la descripción de Casildea ya había sido permeada por las recientes travesías de Guiomar por el África y por varias naciones de América, en las cuales estuvo promocionando la poesía escrita por mujeres.  Así, logra consolidar la imagen de “Una mujer que encarna a un Quijote femenino”, cuyas aventuras inician, según relata el libro, cuando Casildea y Guiomar se encuentran a través del antepasado de la poeta, Juan de la Cuesta, quien fue el primer editor de El Quijote.




                                                     Los poetas Sergio Esteban Vélez, Guiomar Cuesta Escobar
                                                     y Alfredo Ocampo Zamorano.  Plaza San Martín, Lima, 2005


La manera de enterarse del premio fue bastante singular.  Nos cuenta Cuesta que: “Hace algunos meses descubrí en mi página Web, que me habían publicado un libro en Sevilla, España, “Casildea de Vandalia”. Como el libro estaba apenas para publicarse, me pareció un tanto insólito. Entonces, recordé que, estando en Lima, en julio de 2005, unos días antes de la Feria del Libro de esta ciudad, Alfredo Ocampo me mostró una lista de concursos de Poesía en España, y me llamó la atención el I Premio de Poesía María Fulmen; a los pocos días envié los primeros capítulos de mi personaje, a dicho concurso. Olvidé el asunto y ya con el dato de mi participación en dicho certamen, escribí a la Presidenta de la Fundación, para que me contara si la publicación correspondía al premio de dicho concurso”.

Y cuál no sería su asombro, cuando, días después, recibió el acta del jurado, en la cual se anuncia que: “Se considera digno de accésit al Premio el trabajo de la profesora doña Guiomar Cuesta Escobar, titulado “Casildea de Vandalia”. Es miembro de la Academia Colombiana de la Lengua y directora de Apidama Ediciones, de Bogotá. Tiene publicadas 13 obras de Poesía y ha sido condecorada por diferentes instituciones de su país, por su contribución al desarrollo de la Lengua Española. En este caso, exaltamos su libro, por la belleza de su obra poética y el homenaje a la obra de Cervantes”.

“¿No creen que es una forma extraña de enterarse de un Premio? La presidenta de la Fundación me pidió disculpas, pues han estado sin gerente de esta institución, por un buen tiempo”, dice sonriendo la poeta Cuesta.

Acerca del énfasis de Cuesta por plasmar, a través de Casildea, los deseos de millones de mujeres por gobernarse a sí mismas, la escritora Gloria Mendoza cuenta que, cuando, en el 2005, durante el proceso de escritura del libro, la poeta presentó sus adelantos de “Casildea de Vandalia”, en la Universidad de Atacama (Chile): “Cuando Guiomar terminó su ponencia, el escritor Juan Godoy, en son de humor, gritó: ‘Hombres, uníos’”.

El libro también ha sido presentado en la Feria Internacional del Libro de Bogotá y en la Academia Colombiana de la Lengua, donde, según nos cuenta: “Fue sensación total”.

Cuando lo presentó en Medellín, muchos destacaron, además de la belleza de su estilo poético-caballeresco, a la manera de Cervantes, lo impactante de la presencia de la edición, con carátula y contracarátula obra del artista Luis Ángel Henao, quien, como asegura Guiomar Cuesta: “Ha sido el único que ha logrado captar con la sensibilidad de pintor, la imagen que proyecta a Casildea en las páginas del libro”.

El poeta Alfredo Ocampo Zamorano recuerda que “Matilde Espinosa (gran maestra de la Poesía Colombiana) le decía a Guiomar, una y otra vez, que esta era su gran obra y que con ella llegaría a España.  Y, con este premio, se está cumpliendo la predicción de Matilde (...)  En este libro, nos descubre otra de sus pasiones, que es el amor a su patria americana (...) y, al liberarse de su mudez, Casildea se convierte en una aguerrida escritora que logra su mayor anhelo: el título de “Caballeresa de la Lengua Castellana”, al convertirse en la primera mujer que preside la Academia de la Lengua de su ciudad natal, Vandalia”.

 

 

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Artículos de Cultura
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28 mayo 2009 4 28 /05 /mayo /2009 08:21


Gran exposición para auxiliar a las familias de nuestros policías muertos en servicio


 

                                           Joaquín Restrepo y su caballo


SERGIO ESTEBAN VÉLEZ


El Mundo, 6 de junio de 2008

   

Con motivo de la Cumbre de las Américas que se cierra, la Fundación Corazón Verde, en su impulso por favorecer a las familias de los héroes de la patria, ha engalanado diversos escenarios de Medellín con obras de los principales artistas del país.

 

Por estos días, no es extraño que los transeúntes de Medellín se encuentren, en múltiples lugares públicos, con obras de Arte de alta factura y original diseño.  Estas creaciones hacen parte de las muestras “Animarte” y “Equusarte”, que trae a la ciudad la Fundación Corazón Verde. 

Mientras “Animarte” comprende una serie de mariposas, de todos los estilos y tendencias, diseñadas y donadas por los grandes maestros del Arte Colombiano, “Equusarte” es su equivalente, pero con caballos.  “Arborizarte”, que fue la serie inicial de la fundación, con obras que representan árboles, no estará presente, en esta ocasión, en nuestra ciudad.  

Estas producciones, que son bien conocidas en la Capital de la República, pues han sido expuestas en los principales lugares de esa metrópolis, son las que se han presentado en  las subastas que ha organizado esta fundación, para colectar recursos en pos de mejorar la calidad de vida de los hijos y viudas de nuestros policías víctimas del conflicto armado que nos asuela.

Los dirigentes de la fundación traen estas muestras a Medellín, plaza que no habían explorado anteriormente, pues están seguros de la solidaridad de los antioqueños, especialmente con aquellos que diariamente exponen su vida  y se sacrifican por defendernos a todos.

La Fundación Corazón Verde fue creada, en 1998, por un grupo de empresarios, con el objetivo de que la sociedad civil colombiana respalde y contribuya a suplir las necesidades prioritarias de las viudas y huérfanos de los miembros de la Policía Nacional fallecidos en actos de servicio. Desde entonces, su directora, Mónica Alzate, ha apelado a la solidaridad de la empresa privada y de los artistas de Colombia. 

Alzate, como voz de la fundación, a lo largo de estos años, no se ha cansado en hacer hincapié en que: “Mientras en otros países, los policías pueden ejercer su profesión en medio del respeto y la solidaridad de la comunidad, en Colombia mueren en actos de servicio más de 500 policías por año, víctimas de la violencia que azota nuestro país. Cada año que pasa, crece el número de huérfanos y viudas de policías que mueren cumpliendo con su deber. La dimensión de la tragedia acumulada durante los últimos años es enorme”.

La Fundación ha seleccionado lugares estratégicos de la ciudad para la disposición de las exhibiciones. “Animarte” estará, durante todo el mes de junio, con sus mariposas en formato grande, en el Parque Explora, y, con las de formato pequeño, en los parques - biblioteca, y “Equusarte” (que se inauguró el martes, en el Hotel Poblado Plaza) se instaló desde ayer en el Centro Comercial Oviedo, donde estará hasta el próximo 22, fecha en la cual se desplazará hacia La Strada, donde permanecerá por una semana.

“Le estamos dando a la población la posibilidad de adquirir, por precios muy bajos, obras de artistas muy reconocidos y de, a la vez, apoyar una causa tan significativa como la nuestra”, dice Mateo Bonilla, uno de los organizadores de la muestra en Medellín, quien, además, hace énfasis en que “la Fundación siempre asocia el Arte con vida; por eso, lo que se brinda es un renacer, una oportunidad y una esperanza para los familiares de aquellos que fueron muertos de manera tan trágica.  Por eso lo más importante es la vida, la vida que les queda a ellos y las posibilidades que les proporcionamos para tener un mejor futuro”.

Entre los resultados obtenidos por la Fundación, gracias a los recursos recolectados con la venta de estas obras, descuellan programas como “Edificarte”, mediante el cual han entregado más de 115 soluciones de vivienda a viudas y huérfanos de la Policía Nacional, y “Educarte”, que busca formar a los hijos de policías fallecidos en servicio activo, a través de becas escolares. Entre el año 2001 y el 2007, este programa logró otorgar 2.231 auxilios educativos, y en lo que va del 2008, se han adjudicado 800 becas a niños de todo el país.

Estuvimos hablando con Joaquín Restrepo, quien, a pesar de sólo contar 22 años de edad, ya está, junto a grandes maestros, como Manzur, Rayo y Villegas, en la exclusivista lista de los participantes de las muestras y subastas de la Fundación, con tal éxito, que las obras que ha donado han llegado a subastarse por valores muy superiores a los alcanzados por algunas de aquellas con las que contribuyeron los principales artistas del país.

Restrepo es un convencido de que los artistas, que siempre han sobresalido por su alta sensibilidad, deben comprometerse a contribuir con obras sociales de tanta relevancia, pues, como él dice: “En estos tiempos de guerra en que vivimos, debemos darle a la fuerza publica toda la ayuda que esta necesite, sobre todo si es protegiendo a las familias de aquellos que entregaron su vida por mantener al país seguro y proporcionarle un futuro de paz".

Los que se acercan a las exposiciones y programas de la Fundación Corazón Verde pueden apreciar cómo el Arte contribuye a la paz, no sólo como mecanismo de sensibilización y civilización, sino también como, en este caso, herramienta para reparar las secuelas de la guerra absurda que ha devastado a nuestro pueblo. 

Hablando sobre este tema, Bernardo Badani, delegado del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura y uno de los asistentes a la gran asamblea de la OEA que visitó la muestra, nos dijo que: “El que tiene la mente en el Arte, está ocupado en construir y crear y no en destruir y eso es básico y vital para la paz.  El amor es mucho mejor musa que el odio...”.

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