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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:38
El Mundo, 28 de Marzo de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El fallecimiento de la poeta Matilde Espinosa de Pérez, el pasado 19 de marzo, me tomó por sorpresa, cuando me encontraba en Quito, culminando la serie de presentaciones de mi libro de poemas “Urdimbre bajo la piel”, por las principales capitales del Continente. Por esos días, precisamente, con nuestro diario EL MUNDO, estábamos pensando hacerle, como homenaje, una publicación especial, con sus mejores poemas.

El poder de su carisma y el brillo de su obra, que ha llegado a personas de todas las clases y vertientes sociales y culturales, se hicieron visibles, una vez más, en sus funerales, que congregaron a multitud de amigos y admiradores, desde el ex presidente Belisario Betancur, hasta el popular cantante Juanes.

Esta poeta caucana, considerada por muchos como la verdadera precursora de la Poesía Social, en nuestro país, deja a las Letras Iberoamericanas un maravilloso ramillete de 14 poemarios, entre los que descuellan “Por todos los silencios”, “Afuera las estrellas”, “Pasa el viento”, “Memoria del viento”, “Estación desconocida”, “Los héroes perdidos”, “Señales de sombra”, “La tierra oscura” y “La sombra en el muro”. El último producto de su viñedo lírico fue “¿Uno de tantos días?”, el cual lanzó, el año pasado, a los 97 años de edad.

Siendo apenas una adolescente, en 1929, contrajo matrimonio con el famoso pintor payanés Efraín Martínez, con quien vivió por años en París y tuvo dos hijos. Las decenas de obras de Martínez con la figura de Matilde (una de ellas en la Universidad del Cauca) la confirman como la mayor musa de aquel gran exponente del Arte Colombiano. En medio del proceso de su complicado y ominoso divorcio (una de las peores experiencias de su vida), en los años 30, conoció al distinguido penalista Luis Carlos Pérez, con quien estableció un feliz hogar, hasta el fallecimiento del tratadista, más de 60 años después.

Matilde acompañó a su esposo, cuando desempeñó altos cargos, como rector de la Universidad Nacional y magistrado de la Corte Suprema de Justicia, profesor de la Universidad de La Habana y de otras varias universidades, campos todos en los que siempre ocupó lugar de preeminencia. Compartió con él una férrea ideología de izquierda y un hondo sentido de la justicia social y de la libertad.

Además de gran poeta, fue un exquisito personaje de las tertulias culturales bogotanas, a lo largo de 70 años. Era infaltable en las famosas reuniones de Emilia Ayarza, a mediados de siglo, y es destacable su amistad con algunos de los más altos intelectuales de España y Latinoamérica, algunos de los cuales hospedó en su casa, cuando tuvieron que huir, durante la Guerra Civil Española.

“la poesía de Espinosa está rodeada de presagios, de misterio y de signos premonitorios heredados de una cultura cristiana en parte, pero también de lo mítico, tal vez observado desde aquella delicada sensibilidad en sus años más tempranos compartidos en una región bilingüe, como Tierradentro, Cauca, observados de una cultura milenaria, casi extinta y que lucha por su supervivencia, que guarda con celo y dignidad la sabiduría aprendida a través de los siglos por tradición oral, ágrafa, donde la palabra oral lucha por no ser alada al lado del viento, sino por dejar semilla”, es la explicación que encuentra Mary Murillo, para la sensibilidad de los presentimientos, de lo premonitorio y los presagios, en su obra magistral.

¿Quién es la mejor mujer poeta de Colombia?, se han preguntado, muchas veces, los críticos literarios colombianos. Uno de ellos solucionó el problema, al decir que, simplemente, había que tomar los nombres de Matilde Espinosa, Meira Delmar, Dora Castellanos, Maruja Vieira y Olga Elena Mattei, y sacar uno de ellos, al azar.

Para definir la trascendencia de su activismo cívico y poético, considero ideal el siguiente comentario de la también poeta Maruja Vieira: “Matilde Espinosa es una de las voces más altas, sonoras y cristalinas que haya producido en este siglo la Literatura en idioma castellano (...) Pero no es en sus libros que radica totalmente el valor de su obra. Es en el permanente influjo que ella ejerce, sobre quienes se le acercan en busca de orientación y de consejo. Su voz, hecha de música y ternura, sólo sabe de palabras de aliento, de frases de elogio para el trabajo de las otras mujeres, de amistad y de amor (...) Se le han hecho homenajes, que ella presencia, desde su hondísimo dolor por la pérdida de sus dos hijos, mientras, llena de ánimo, asume la misión de iluminar las horas arduas del bienamado compañero de su vida (Luis Carlos Pérez). Su voz, como una campana de oro, tañe y repica desde el amanecer hasta el ocaso, el ángelus de la poesía (...) Bella y sonora, su poesía está llamada a perdurar en el milenio que avanza, porque está hecha con los más puros elementos de la inteligencia, la bondad y la valentía”.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=80369&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=939

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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