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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • El blog de Sergio Esteban Vélez
  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:36
El Mundo, 23 de Marzo de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Una de las grandes pasiones del ser humano es, sin duda, la Música. Sonidos rítmicos que alimentan el alma y acompañan al hombre, en sus distintos estados vitales, a través de las edades... Personalmente, no podría imaginar un mundo sin música...

Por eso, me pongo a pensar en aquellos que no sólo no pueden gozar del frenesí anímico de las ondas musicales, sino que tampoco pueden reconocer sonido alguno y están por siempre en un mundo de silencio.

El silencio, para mí, es prácticamente inalcanzable, pues, aunque logremos encontrarnos en un lugar en el que no podamos escuchar ningún sonido externo, siempre estará el pensamiento hablando, hablando sin parar. Si estamos despiertos, su diálogo es incesante; si dormimos, mucho peor: nos lleva a las más inusitadas situaciones del subconsciente, surrealistas, inquietantes, esas que llamamos “sueños”. Pero el cerebro nunca estará callado, por lo cual, si hay humanos cerebralmente vivos, en un lugar, no habrá silencio en el mismo. Me pregunto, entonces, si, cuando los sordos, que no conocen la oralidad, piensan, ¿sus pensamientos sonarán como palabras? ¿Piensan en onomatopeya? ¿o piensan solamente en imágenes? ¿Cómo serán sus oraciones internas? ¿El suyo será, acaso, el lenguaje de las almas?

Buscando alcanzar aprehender un significado del silencio (aunque jamás de aquel al que dicen llegar los orientales en sus meditaciones), me quedo, a las 3:00 AM., sin encender la televisión, ni escuchar mis óperas y ballets favoritos, ni digitando en el computador (por evitar el ruido de las teclas)… en fin, sin hacer ningún ruido producido por mis acciones físicas. Tratando de no prestar atención, tampoco, a los ruidos externos inevitables, como los silbidos del celador, o el tictac del reloj, o el sonido de la nevera, o el de los carros que pasan, unos lentos y otros veloces, a veces con sus equipos de sonido a altos volúmenes… Me centro, entonces, en lo más próximo al silencio exterior: leer. Tomo una antología de León de Greiff y comienzo a saborearla, y más me doy cuenta de que no es posible el silencio, pues cada una de sus palabras escritas en el papel, que no hacen ruido en el ambiente, son como campanadas melódicas para mí: la música del verso es, muchas veces, superior a la de la propia Música Interpretativa. Y me quedo, entonces, dormido, con la cadencia exquisita de: “Esta mujer es una urna/ llena de místico perfume/ como Annabel, como Ulalume/ esta mujer es una urna/ y para mi alma taciturna/ por el dolor que la consume/ esta mujer es una urna/ llena de místico perfume”.

Al saber que no puedo escapar de los sonidos, sigo pensando en los humanos que nunca podrán percibirlos. ¿Cómo será para ellos la descripción del amor, o la del dolor, o la de las lágrimas? Pero, entrando en los terrenos de la vida cotidiana, no puedo imaginar cómo pueden vivir en un mundo que, en este siglo, ha luchado por la defensa y protección de todas las minorías, pero no ha hecho gestiones suficientes por hacer más amable la vida de los discapacitados auditivos.

La Educación en nuestro país no ha diseñado los mecanismos necesarios para que nuestros niños sordos se oralicen y aprendan a leer y a escribir en Español, a leer los labios y otros sistemas, para que puedan adaptarse con menor dificultad a la convulsionada vida de las urbes. Sin un énfasis educativo especial para la mayoría de estas personas en nuestra patria, será muy difícil que logren estudiar, trabajar y contribuir a la sociedad y a su realización personal misma. Me angustia pensar en cómo aquellos sordos que no han recibido la enseñanza del Español podrían llevar a cabo las mínimas acciones necesarias para toda persona, en el día a día, desde pedir algo para comer, hasta ¡pedir auxilio!

Menos grave será para aquellos que, lentamente, se van quedando sordos, porque ya recibieron la formación integral del sistema oral... y pueden comunicarse con mayores recursos. Pero más doloroso, porque estarán siempre añorando esos sonidos que daban pulsación a la vida... Basta, apenas, con recrear la imagen del genial Beethoven, sordo, digitando en el piano, con su oído pegado a la caja de cuerdas, desesperadamente, para, por lo menos, poder sentir la vibración de las ondas... mientras en el cerebro reproduce mecánicamente los sonidos de las notas, aprendidos sistemáticamente, a lo largo de toda una vida de invención. El Padre de la Música, sin poder ser bendecido con su paz...

Pero, si pesamos en el universo interior de cada ser, y en que todas las almas tenemos un íntimo lenguaje cósmico, nos tranquiliza un poco el laureado poema “Palabras para un niño sordomudo”, de nuestra Olga Elena Mattei, que en alguna estrofa canta: “Tú puedes escuchar todo el concierto/ de los planetas/ y el sonido armonioso/ de todas las estrellas./ No te llames dolor/ y no estés triste/ porque toda canción/ y toda voz de hombre es tan amarga,/ que serás más feliz sin escucharla./ Y quizás Dios te hable/ directamente al alma/ porque tienes la gracias/ del silencio/ en tus entrañas”.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=79926&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=934

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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