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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 03:35
El Mundo, 28 de Agosto de 2007

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

He recibido diversos comentarios de adhesión a las preocupaciones que manifesté en mi pasada columna, por los contratos que firmó la Alcaldía, por más de 70.000 millones, para la erección de los esperpentos que resultaron ser los masivos búnkeres que han llamado Parques Bibliotecas, que no tienen ni árboles ni libros ni apropiación por parte de la comunidad y de los que nadie puede comprender por qué eran necesarios tan excesivos volúmenes en costoso concreto (el metro cuadrado salió más oneroso que en cualquiera de los lujosos edificios de la Milla de Oro).

Muchas personas no habían caído en la cuenta de la manipulación mediática que en torno a estas edificaciones se ha gestado, la cual ha hecho que sean vistas como la gran maravilla de la “nueva ciudad” (según Fajardo, antes de su administración, en la guía de Medellín sólo había corrupción, ruindad y suciedad).

Sin embargo, mis interlocutores han coincidido en que, una vez despilfarrado tanto dinero en estas obras, es necesario encontrar soluciones para darles a estas un verdadero dinamismo de propulsión cultural, que justifique los millones del costo inicial y el mantenimiento mensual. Creemos que hay que empezar por suplir las dos grandes falencias que presentan: patrimonio ambiental y bibliográfico.

Es necesario que en los predios de estos “parques” se siembren cientos de árboles (no chamizos) que los hagan más amables para la comunidad y descontaminen el ambiente. Para este efecto, bien podría trasladarse a estos prados una parte de los miles de árboles que el Alcalde ha ordenado retirar de las avenidas 33, 30, Regional, 80, 45... y todos los demás lugares por donde ha pasado su motosierra.

Con urgencia, debe convocarse a un grupo de distinguidos humanistas, a una junta que se encargue de cranear estrategias para nutrir de libros estas bibliotecas, de lograr donaciones de entes internacionales y coleccionistas y empresas privadas y de, teniendo en cuenta que el espacio de las actuales salas de lectura es mínimo, asignarles esta función a los inmensos corredores que se han dejado como “no lugares”.

Lógicamente, las personas que comanden este proceso deben ser competentes para capitanear el tema de la calidad de las adquisiciones, pues mucho se ha hablado de cómo en algunas bibliotecas se han comprado los libros “al estilo mafioso”.

Por hacer una simple insinuación sobre la junta, antioqueños son dos de los mayores expertos latinoamericanos en proyección de megabibliotecas: Darío Jaramillo Agudelo y Jorge Orlando Melo. Asimismo, serían muy valiosos los aportes de Óscar Hernández y Alberto Aguirre, por el antecedente que, a continuación, presentaré.

A finales de los 50, cuando flotaba la idea de las casas de la cultura del ministro francés André Malraux; un grupo de entusiastas intelectuales nuestros, entre los que destacan M. Mejía Vallejo, C. Castro Saavedra, José Horacio Betancur, Luis Martel (fallecidos) y Alberto Aguirre y Óscar Hernández, fundó en Medellín la “Casa de la Cultura”, que funcionó en un local, en Perú con Bolívar. Como no tenían ningún respaldo económico externo, el alquiler del local debía ser pagado por los socios, de sus propios sueldos de periodistas y empleados.

Aquellos jóvenes cultores se dedicaron, entonces, al ambicioso cometido de crear bibliotecas populares en todos los barrios de la ciudad y, para tal efecto, establecieron comités en las diversas comunas y organizaron reinados, eventos culturales y pequeños festivales (con venta de empanadas), para recoger fondos para el incipiente proyecto. Simultáneamente, hicieron una gran campaña para incentivar la donación de libros (con premios especiales, por ejemplo, para la cuadra que más donara) y acudieron a personas claves en los barrios, para que prestaran salones de sus casas, para el funcionamiento de las bibliotecas.

Al final, habían logrado fundar casi 30 bibliotecas, con las uñas, sin un centavo y no sólo sin el apoyo del gobierno, sino pese a la persecución del mismo, que los consideraba “intelectuales de izquierda”. Como podría esperarse, pasados unos años, tuvieron que dejar de un lado tan nobles ideales y dedicarse a sostener a sus familias.

¿Qué no habrían hecho estos titanes, con los 70.000 millones del presupuesto de los búnker-bibliotecas?

Otro ejemplo deslumbrante es el del maestro Luis Uribe Bueno, quien, en los años 70, como director de Extensión Cultural de la Gobernación y con un precario presupuesto, creó más de 80 bibliotecas en municipios antioqueños y prestó ayuda técnica a otras 68 (sin contar las 56 bandas musicales que creó y los 40 himnos que compuso para los municipios) ¡Y así el Alcalde dice que aquí, antes de él, sólo había líderes pestilentes! ¿Qué opinan ustedes?

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=62672&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=727

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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Comentarios

Antonio | sofas 11/29/2011 14:25

Grandes propuestas, suerte en la lucha