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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 03:41
El Mundo, 5 de Septiembre de 2007

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Si algún periódico ha rendido ho-menaje a Alberto Lleras Camargo ha sido EL MUNDO, cuyo director, el doctor Guillermo Gaviria E., es uno de los mayores conocedores y divulgadores de la vida de este patriota liberal; por eso me ha extrañado que este diario (al igual que la mayoría de los demás medios de comunicación) haya guardado silencio ante el reciente fallecimiento de su viuda, doña Bertha Puga.

Con el deceso, en Bogotá, de esta longeva (98 años) ex primera dama, se nos ha ido uno de los mayores testigos de muchos de los hechos principales de la historia política colombiana del siglo XX.

Bertha Puga Martínez nació en Temuco, Chile, en 1909. Hija del general y diplomático Arturo Puga, quien presidió la Junta Militar que, en 1932, en un levantamiento castrense, provocó la renuncia del presidente chileno Juan E. Montero y estableció la llamada “República Socialista”, cuya figura principal fue el prócer M. Grove. Este nuevo gobierno dispuso una serie de medidas de carácter social, que hicieron que captara la simpatía popular, pese a lo cual sólo duró 100 días.

En el momento del fugaz mandato de su padre, doña Bertha llevaba ya un año de matrimonio con el prometedor líder bogotano Alberto Lleras C., a quien conoció, cuando su padre detentó la embajada chilena en Bogotá. Con la boda, ella logró apartarlo de la bohemia intelectual capitalina y lo afirmó en su vocación política y periodística.

Ella fue su soporte y su mejor consejera, en sus dos formidables gobiernos (1945 - 46, 58 - 62) y en los momentos críticos de la patria que le tocó afrontar, en épocas de la violencia partidista y de la dictadura, y fue su gran compañera y una ingente activista, en la estrategia de unidad nacional que dio como resultado la restauración del orden democrático. Podría decirse que fue coautora de muchas de las ideas y obras que convirtieron a Lleras Camargo en uno de los estadistas más significativos de nuestra nación, en toda su historia.

A pesar de su nacionalidad chilena, fue una extraordinaria embajadora de la colombianidad, cuando su esposo asumió altos destinos globales, como la Secretaría General de la OEA, y cuando debió asir la representación de la patria ante el Orbe, como cuando, por ejemplo, atendió impolutamente al presidente Kennedy y su esposa, durante su memorable visita a Bogotá.

Asumió su papel de Primera Dama, con inteligencia, sobriedad y suma discreción y seriedad y se apropió de diversos proyectos sociales, que se sumaron al impactante programa educativo de Lleras C., en tiempos de la Alianza para el Progreso.

Cuentan sus allegados que era ella quien manejaba las finanzas de la familia, para dar oportunidad a que su esposo, ajeno a los intereses monetarios personales, pudiese dedicarse plenamente al direccionamiento del desarrollo del país.

Acorde con los principios que aprendió de su padre y compartió con su excepcional marido, inculcó en sus hijos los valores del liberalismo social (pluralista y progresista), “esa vertiente del pensamiento liberal -y actitud de vida- amiga de la discusión, pero consciente de las contradicciones que deben asumirse e intentar conciliarse mediante acuerdos en el campo de la democracia, pero sin pretender someter a todos exclusivamente a los intereses de la mayoría” (como dice Clara López O., nieta de A. López Pumarejo, gran conductor de la actuación política de A. Lleras). Fue así como, fiel a estos elevados valores y a la defensa de las libertades individuales, apoyó y alentó a hijos y a nietos para que no se dejasen inhibir por los ataques de la pacata sociedad bogotana (que puso el grito en el cielo), cuando su hijo Alberto Lleras Puga contrajo matrimonio con la popular cantante Matilde Díaz; ni cuando Consuelo Lleras Puga se casó con un líder maoísta (Ricardo Samper C.) y, en el plano sociológico, asumió la defensa del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo; ni cuando el nieto preferido, Felipe Zuleta Lleras, donó sus bienes a una fundación para enfermos de VIH y viajó a Canadá, para casarse con su novio.

Según anota el nóbel García Márquez, en el prólogo de las memorias de Lleras C., en sus últimos años de matrimonio, doña Bertha y el venerable ex presidente (que murió en 1990) “Cultivaban rosas en el jardín de su finca en Chía, vigilaban sus 2 vacas lecheras, y en tardes de buen tiempo iba él solo, en bicicleta, a recoger su correo de medio mundo, en la oficina postal (...) Con frecuencia almorzaban en familia, con hijos y nietos y con amigos muy escogidos”.

En sus 17 años de viudez, nunca dejó de ser el centro de la unidad familiar, de expresar sus opiniones acerca de los problemas del país y de propagar la memoria de su esposo, a quien Colombia entera ha homenajeado, este año, en el centenario de su nacimiento. Paz en sus tumbas.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=63388&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=736

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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Comentarios

Antonio | chaise longue 11/29/2011 14:26

Aqui en españa hay tambien un periodico el mundo