En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
LUCILA GONZÁLEZ DE CHAVES
El Colombiano, 10 de enero de 1999
Uno se queda desconcertado. Tiene trece años y en Medellín lo llaman (y a él le gusta) “el niño poeta”. Pero ese “niño” se ha esfumado, porque en Sergio Esteban Vélez Peláez el lenguaje -corporal, gestual y verbal- es el de un adulto maduro, señor de lo que piensa y siente. Los temas que aborda para “conversar” son altamente conceptuales, dogmáticos, esquemáticos y teórico-poéticos. (...)
Este adolescente crece en cordialidad, pulcritud de modales, amor por el arte y, sobre todo, en vocación y aptitud para la poesía.
Espigando en su primer libro de versos “Destellos Nocturnos”, encuentro reflexiones que sorprenden por la adultez de la conceptualidad:
a) La muerte es una sombra/ que se convierte en vida./ ¡Vivir eternamente/ qué cansancio sería!
b) Toda la noche en vela,/ callado y pensativo/ como un guardia que vela,/ como un pez del olvido,/ hasta que del cansancio/ me he quedado dormido.
c) Me encanta tu carácter/ eres como una fiera/ y sólo cuando te amo/ te entregas toda entera.
d) Y la vida se encarga/ de corregir los males,/ puliendo a los humanos/ cual si fuesen cristales (...). Sólo somos un bulto/ de huesos malolientes./ Sólo nos afanamos/ por cepillar los dientes.
Su segundo libro “Entre el Fuego” es más maduro que el anterior. Transcribo su poema Albricias:
Más allá del ocaso del ensueño/ aparecen tus fúlgidas miradas/ y surgen diamantinas las estrellas/ en el azul recóndito del alma./
En el viento se inspiran las auroras,/ mientras yo, embelesado, contemplaba/ la vaga plenitud de tus sonrisas,/ como rayos de lumbre adelzagada.
Frente al magno silencio del crepúsculo,/ la penumbra me cubre con sus alas./ Los sueños se estremecen lentamente/ en el umbral del llanto de las hadas.