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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • El blog de Sergio Esteban Vélez
  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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Guerra, Padura y Manet

2 junio 2009 2 02 /06 /junio /2009 09:08
                             Sergio Esteban Vélez y Meira Delmar, en casa de la poeta Olga Elena Mattei 



 SERGIO ESTEBAN VÉLEZ
El Mundo, 29 de junio de 2008 
 
Esta semana, estuvo en Medellín, leyendo sus poemas, Olga Chams, más conocida como Meira Delmar. 
Tal vez, uno de los raros casos en los que hay consenso entre los intelectuales y amantes de la Poesía es el de Meira Delmar, pues siempre se ha respetado su lugar como la más sobresaliente figura femenina en la historia de la Poesía Colombiana.  
Durante las horas que pudimos compartir con ella, la encontramos bastante aquejada por algunas enfermedades que la han hecho padecer sobremanera, en este último decenio.  A sus 86 años, está casi ciega y tiene dificultades para caminar.  Pero el público de Medellín, con su reverente ovación, le hizo olvidar por unos momentos sus dolencias.

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ: Usted ha recibido los honores más altos a los que puede aspirar un poeta. ¿Cuál ha sido el más significativo y el que más le ha llegado al alma?

MEIRA DELMAR: He recibido muchos honores y uno que me llenó de orgullo y satisfacción fue una medalla del Congreso. El hecho de que las Cámaras hubieran pensado en una poetisa para honrarla con su mayor galardón fue, para mí, muy significativo.

 Usted fue muy allegada al Grupo de “La Cueva”, en Barranquilla.  Háblenos un poco de su amistad con ellos.

 Tuve una linda amistad con ellos: Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas, Gabriel García Márquez y algunos otros pocos.  Estos muchachos se reunían en un bar que se llamaba La Cueva.  Un escritor bogotano se refirió, alguna vez, a ellos, como “El grupo de La Cueva”, pero ellos siempre decían que no eran un grupo literario, sino un simple grupo de amigos que se reunían a “tomar trago”.  Nos veíamos, con mucha frecuencia, en las afueras de los conciertos, en conferencias, en estrenos de películas y en mi casa. 
A La Cueva yo nunca fui, en primer lugar porque, en esa época, las muchachas no iban a las cantinas.  Muy pocas.  Recuerdo que la pintora cartagenera Cecilia Porras, que era algo lanzada, sí fue alguna vez a La Cueva, pero, en general, las muchachas no íbamos.  Así, que la amistad siempre fue por fuera.  Yo vine a ir a La Cueva, ahora que la reabrieron (como museo), y ya lo que encuentro allá es el recuerdo de mis amigos.

 ¿Habla con frecuencia con su amigo Gabriel García Márquez?

 Cada vez que “Gabito” viene a Colombia, especialmente a Cartagena, viene a mi casa.  Siempre lo invito a almorzar.  Y a él le encanta la comida árabe, y, como sabe que yo soy de familia árabe, siempre me dice: “Ya sabes lo que me vas a hacer”, y tiene su comida preferida, que se la hago siempre.  Nuestra amistad permanece viva y fiel.

 ¿A qué poetas hombres colombianos admira?

 Para mencionar unos pocos, está Barba Jacob, que, para mí es uno de los más grandes poetas de Colombia, si no el más grande, y luego tenemos, más acá, a Jorge Rojas, a Eduardo Carranza y a Aurelio Arturo: tres de Piedra y Cielo, que fue un movimiento indudablemente beneficioso para la Poesía de Colombia.

 ¿Y a qué mujeres poetas?

 Acaba de morir Matilde Espinosa, gran poetisa colombiana. 
Me escapo de la pregunta comentándote lo de “poetisa” y “poeta”.  Mis colegas, en general, creen que decir “poetisa” es peyorativo.  No sé por qué piensan así, porque poetisa es, sencillamente, el femenino de poeta.  Si en nuestro idioma, que es tan rico, existe el femenino para poeta, ¿por qué no usarlo? ¿por qué forzar “la poeta”, cuando “la poetisa” suena mucho más musical y más fluido?
Y, como has visto, me escapé de la pregunta...

¿Qué opina de María Mercedes Carranza y su labor?

Creo que su labor es buena y me dolió mucho su muerte.  Yo no la recuerdo con resentimiento, pero tuve con ella la siguiente experiencia: sucedió que ella me llamó y me invitó para un recital en la Casa de Poesía Silva.  Llegué a Bogotá, un día antes de lo que estaba fijado el recital, y todo iba perfecto y yo estaba bien.  Pero, al día siguiente, al despertarme, no tenía voz.  Entonces, empecé a llorar. Yo soy muy llorona.  Llamé a María Mercedes y le conté lo que me estaba pasando, y ella me dijo “¿Y no habrá alguna amiga suya que lea los poemas, y usted hace acto de presencia?”.  Entonces, llamé a Maruja Vieira y ella me dijo que sí, que leía los poemas y yo iba.  Pero me vio el médico y me dijo que, así como yo estaba, con fiebre de 40 grados, no podía salir, de ninguna manera, de noche, en Bogotá.  ¡La angustia que yo sentí!  Volví a llamar a María Mercedes y le conté que no podía asistir. 
Pasó el tiempo, y estaba en una reunión, con Belisario Betancur, quien me dijo que si quería acompañar a un escritor invitado a conocer la Casa de Poesía Silva.  Yo dije que sí, pues vi la ocasión de hablar con María Mercedes.  Entonces, fuimos, y ella nos atendió, y, cuando estaba yo diciéndole que me parecía muy linda la casa, ella me dijo: “¿Sí le parece? Pues esta es la casa donde usted no quiso venir”.  Entonces, le dije: “¿Usted piensa, por un momento, que yo no quise venir?”, “¿No fue así?”, me dijo, y se me saltaron las lágrimas y le dije: “No fue así. ¿Cómo es posible que usted haya pensado que yo estaba mintiendo? Si yo sufrí...”.  Esa impresión de ella me dolió mucho, pero la recuerdo con dolor, porque pienso en los sufrimientos que tendría, para llegar a suicidarse. ¡Pobrecita!

Usted es, para muchos, la mujer más sobresaliente de la Poesía Colombiana.  Estando en ese escaño, ¿se puede vivir de la Poesía?

Según lo que entendamos por vivir.  Si entendemos que es sentirse un día feliz, mirar una estrella y quedarse encantado mirándola... si vivir es encontrarse con gentes amadas, hablar, reír con amigos y amigas... sí se puede vivir de la Poesía, pero, si vivir tiene carácter económico, definitivamente no se puede vivir de la Poesía, porque, en general, la gente no lee Poesía y, entonces, los libros de Poesía duran y duran en las librerías... y, si se venden 2 ó 3, el poeta se sonríe satisfecho... 
Por supuesto, no estoy hablando de los poetas que sobresalen con su fama, como Neruda, García Lorca o Barba Jacob, pero los poetas, en general, no podemos vivir de la Poesía.

Las mujeres poetas se quejan de grandes dificultades para la divulgación y consideración de su obra, mucho más, cuando, además de ser mujeres, son de provincia.  ¿Cree que con usted, que es mujer y de provincia, ha ocurrido una excepción?  ¿O piensa que, si no hubiera reunido estas dos características, habría sido mucho más famosa?

No creo.  Yo no puedo sentirme, por mujer y provinciana, menos afortunada que las colegas capitalinas o los colegas hombres.   Y hay algo que digo siempre y es que la suerte que yo no tuve en el amor, la tuve en la amistad.  Yo creo que no hay nadie con una suerte más hermosa en la amistad que la mía.  Los amigos y amigas han sido mi gran tesoro.  Yo no creo que el hecho de ser mujer y de ser de la provincia me haya perjudicado, ¡yo tengo muy buena suerte, con los amigos!

Háblenos un poco de su interminable y famosa relación con las bibliotecas...

Cuando llegó a la Gobernación del Atlántico mi amigo, Madrid Néstor, escritor y abogado, quiso nombrarme secretaria de Educación, y yo no acepté, pues no tengo ninguna licenciatura en docencia.  Entonces, me nombró directora de la Biblioteca Departamental del Atlántico.  Eso sí lo acepté, porque la biblioteca, para mí, era como mi casa.  Estuve 36 años de directora, pude hacer algo, organicé muchas cosas...  Me retiré en el año 94.

Y hoy esa gran biblioteca de Barranquilla se llama Meira Delmar...

Sí, le pusieron mi nombre.

¿Cree que la Poesía está pasando por un período de decadencia?

Está cambiando de expresión, pero no está en decadencia.  Tú lees, hoy en día, a Bécquer, y él no ha pasado de moda, ¿Y por qué? Porque el corazón no cambia de moda, siempre siente lo mismo.  Si tú te enamoras, tu corazón va a sentir lo mismo que sintieron tu papá, tu abuelo y tu bisabuelo, cuando se enamoraron.  Así que yo no creo que la Poesía esté en decadencia.

¿Alguna vez ha llevado a la Poesía los problemas que ha sufrido, en los últimos años, a causa de sus dificultades visuales?  Ese es un tema muy interesante para un poeta...

Sí, es interesante. Pero, tal vez, es tan doloroso, que no me atrevo a tocarlo.

Y, hablando de dolor, ¿ha influido en su producción reciente aquella tristeza enorme que le ha
causado la partida de sus seres queridos?

Sí.  Éramos tres: un hermano y dos hermanas, unidos en un apretado nudo de amor.  Se murieron mis hermanos, y me quedé sola.  Pero tengo unos sobrinos que son, sencillamente, adorables y viven pendientes de mí.  Eran cuatro, y me quedan tres.





                   Meira Delmar, Sergio Esteban Vélez, Leonel Estrada y María Helena Uribe de Estrada



¿Cuál cree que ha sido su aporte más significativo al desarrollo de la Poesía en español?

Sin pretensión, creo que mi propia poesía ha sido el aporte, porque he visto y he sabido que mucho de lo mío se está leyendo en otras partes, como en España. 

¿Cómo poeta, alguna vez, ha recibido algún estímulo económico de las autoridades gubernamentales del país?

Últimamente, la Gobernación del Atlántico y la Universidad del Norte acaban de publicar un compendio de todas mis obras, de prosa y poesía. 

¿Hasta dónde sus tareas literarias le han impedido cumplir con frecuencia con sus otros intereses culturales, como la Música y las Artes?

Yo estudié Música, muchos años, en la Escuela de Bellas Artes de Barranquilla, y llegué a tocar bastante bien el piano.  Me gradué en Teoría de la Música y en Solfeo.  Cuando murió mi madre, me dio una depresión, y no volví al piano.  Y luego, con esto de los libros, no volví a pensar en la Música: la Poesía me absorbió completamente.

Háblenos un poco acerca de ese amor tan grande al cual le ha escrito semejantes poemas...

¿Cómo se te ocurre preguntarme eso? Yo no voy a decir su nombre, pero, bueno, vamos a hablar algo:  Cuando estaba en el colegio, todas mis compañeras tenían su noviecito, pero para mí nunca fue fácil enamorarme de un muchacho y nunca tuve novios, aunque sí tuve enamorados, como uno, adorable, que me quiso inmensamente, pero nunca me pude enamorar de ellos.  Una vez, siendo muy “pelada”, me enamoré de los ojos de un muchacho, de unos ojos verdes; ¡pero no era del muchacho, era de los ojos!  Y yo conocí una persona, y, como el amor es un misterio, me enamoré, pero, desgraciadamente, ese amor nunca pudo ser, porque él estaba comprometido con una novia.  Él no vivía en mi ciudad, pero yo sabía que él tenía ese compromiso.  Entonces, después de que terminó su trabajo en Barranquilla, regresó a Bogotá, se casó y seguimos siendo amigos. Ese fue mi verdadero gran amor. ¿Por qué se enamora uno? Uno no sabe por qué.

¿Y ese primer amor fue el que se le quedó para siempre?

Para siempre.  Parece mentira.  Después, tal vez, tendría una que otra simpatía, pero amor - amor nunca.  Ese fue mi verdadero amor.  Él murió, no hace mucho, y toda la vida lo amé.  Es más, él también me quiso, y yo lo sabía. Él tenía su familia y sus hijos; yo fui a su casa, él iba a la mía.  Y los dos sabíamos que nos amábamos, ¡pero hasta allí! Fue un amor de esos que se llamaban amores platónicos.

Si tuviera que arrojar al fuego todos sus poemas, ¿cuál salvaría, y por qué?

Lo primero que pensé contestarte fue que no echaría ninguno al fuego, pero, si me pones de nuevo el dilema, te diré que hay un poema que se llama “HUÉSPED SIN SOMBRA”, que es una especie de autobiografía, que dice:
 
Nada deja mi paso por la Tierra.
En el momento del callado viaje,
he de llevar lo que al nacer me traje:
el rostro en paz y el corazón en guerra.
 
Ninguna voz repetirá la mía,
de nostálgico ardor y fiel asombro.
La voz estremecida con que nombro
el mar, la rosa, la melancolía.
 
No volverán mis ojos renacidos
de la noche a la vida siempre ilesa,
a beber como un vino la belleza
de los mágicos cielos encendidos.
 
Esta sangre sedienta de hermosura
por otras venas no será cobrada,
no habrá manos que tomen, de pasada,
la viva antorcha que en mis manos dura,
 
Ni frente que mi sueño mutilado
recoja y cumpla victoriosamente.
Conjuga mi existir tiempo presente,
sin futuro después de su pasado.
 
Término de mí misma, me rodeo
con el anillo cegador del canto,
vana marea de pasión y llanto,
en mí, naufraga cuando miro y creo.
 
A nadie doy mi soledad.  Conmigo
vuelve a la orilla del pavor, ignota,
mido en silencio la final derrota,
tiemblo del día, pero no lo digo.
 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Entrevistas
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