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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

22 febrero 2011 2 22 /02 /febrero /2011 22:40

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 2 de febrero de 2011

 

 

En estos días, me he puesto en la tarea de organizar una serie de entrevistas que hice al maestro David Manzur, acerca de las particularidades de su lenguaje expresivo artístico.  En uno de estos diálogos, que no han sido publicados todavía, cuando lo interpelo acerca de la significación del color en su vida y en su trabajo, me encuentro con unas reflexiones suyas, sumamente profundas e interesantes.  En la columna de hoy, quisiera compartir con ustedes la transcripción que he hecho de estas consideraciones inéditas de uno de los más sagrados maestros del Arte Colombiano: 

“El ser humano está en un mundo de colores.   Se me ocurre decir que el color me identifica como individuo de este planeta.  El color, entonces, sería, la vida.

Dicen que la luz viene originada del Sol. Un haz de luz contiene la frecuencia del rojo, del azul, del verde, del amarillo, que, a su vez, se descomponen, por ejemplo, en el arcoiris, generando siete colores.  Diría uno que el concepto primario del color parte de ahí. 

Qué es para uno el color tiene una connotación casi psiquiátrica, porque el color tiene mucho que ver con el estado de ánimo.  Cuando estamos en una habitación donde hay una gran influencia del rojo, del color ladrillo, indudablemente el color crea, prepara el espacio para un diálogo, para una manera de estar, que no sería la misma si la habitación fuera azul o gris. 

El noventa por ciento de mi vida ha sido manejando colores y pintando, pero yo creo que nunca voy a saber qué es para mí el color.  Todo alrededor del color lo sé.  Por ejemplo, que la vibración entre el blanco y el negro se descompone en los colores básicos de los que ya hablé.  Hay todo un estudio que me tocó hacer, en Rochester, de cómo el ojo humano devuelve la frecuencia lumínica, ese rayo que puede proceder de la luz de día o de una fuente eléctrica. 

Si hablamos del negro y del blanco, que en realidad no son colores, diríamos que el blanco, en teoría física, es la presencia de toda la luz y el negro es la ausencia de la misma.  El ojo humano no puede ver ni el blanco absoluto, ni el negro absoluto.  El blanco que se puede generar recogiendo un rayo del sol, en el cenit, a las doce del día, de un día de verano, que es el tope máximo que existe,  si el ojo lo captara, se destruiría.  Eso ocurre, por ejemplo, cuando hay un eclipse de Sol: si tú lo miras, se produce un filamento en el cual la frecuencia, el rayo, se divide como agujas que pueden quemar la retina.  El negro absoluto tampoco lo puede ver el hombre.  Se han hecho unos experimentos en los cuales encierran a alguien en una cápsula con ausencia absoluta de luz, y aquel termina viendo su propia sangre.  El cuerpo humano emite una forma de luz y la sangre es fosforescente. 

El color es tan relativo, que existe un artista muy importante que pinta cuadros negros.  Esos cuadros los ponen en salas negras, y cuando uno llega, tiene que esperar entre cinco y diez minutos para que el ojo baje a la circunstancia ambiental de la ausencia de la luz y encuentre que esos cuadros, en vez de ser negros, lo que tienen es rojos, verdes, azules, pero mezclados con negro, a tal punto que casi entran en el campo del negro, del negro de la pintura, que no es otra cosa que un gris oscuro, para no confundirlo con el negro de laboratorio, que es la ausencia absoluta de luz, cosa que el hombre no puede detectar.  

Tal vez, la muerte sea el negro absoluto.  El color es tan anímico, que sería petulante decir qué es para mí el color.  Si yo dijera que el color puede cambiar mi estado de ánimo, como lo hace la Música, estaría mintiendo.  Si yo dijera que el color me puede producir un cambio térmico, estaría mintiendo, aunque, en teoría, el color es en cierta manera térmico, al punto de que hay ciegos, cuya sensibilidad, por la falta de la vista, es tan grande, que con la yema del dedo pueden adivinar la diferencia entre un rojo y un azul, por temperatura”.

De mis entrevistas y mis conversaciones con David Manzur, podría publicar un libro entero.  Pero, como lo más probable es que mis propias obras y mis otras temáticas como columnista no me dejen el tiempo necesario para ello, he decidido dar a conocer algunos de sus pensamientos poco a poco, como en esta ocasión.

Punto aparte: Desde estas páginas, nos unimos a las manifestaciones de condolencia ante el deceso del doctor José Tejada Sáenz.

De él, la faceta que nos tocó conocer no fue la del “gran maestro de la Ingeniería Antioqueña”, como fuera “coronado”, sino la del impenitente devoto de las Artes Plásticas y de la Música.  Recuerdo su apoyo a numerosas entidades culturales y su presencia infaltable en la mayoría de las actividades artísticas de nuestra ciudad, siempre acompañado por su dignísima esposa, doña Sonny, primera ingeniera de nuestro país.

Esta pasión del doctor José por todo lo relacionado con el Arte fue cultivada en su hogar paterno (no es gratuito que dos de sus hermanos, Hernando y Lucy Tejada, tengan puesto de honor en la nómina de los grandes artistas de Colombia).  Posteriormente, él mismo la insuflaría en sus hijos, con el feliz resultado de que todos ellos han vibrado con esta elevada emoción espiritual. Es el caso de su hija Natalia, quien ha sido una de las más meritorias trabajadoras de la promoción de la cultura en nuestro medio.

El doctor José nos dice adiós, pero su presencia sigue vigente en nuestras cotidianidades, a través del legado de su vida entera construyendo ciudad.

 

 

 

 

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31 enero 2011 1 31 /01 /enero /2011 04:53

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 20 de enero de 2011

 

Hace unos días, en estas mismas páginas, hablábamos acerca de la nieve y de lo que esta significa para los pueblos nórdicos.  Y, coincidencialmente, esta semana, leyendo la biografía “Barba-Jacob, poeta estremecido”, de monseñor Juan Botero Restrepo, encuentro que el máximo bardo antioqueño, en 1916, durante su estadía en Nueva York, escribiría que: “La nieve es blanca, como debe ser el alma de la Virgen María, pues no hay otra cosa con que compararla. Le parece a uno que es un día de Corpus”.

Esta extraña metáfora de Barba me hizo acordar de una tarde, en marzo de 1999, cuando el ex ministro Octavio Arizmendi Posada dictó una conferencia ante la asamblea de la Academia Antioqueña de Letras acerca de la confusa espiritualidad de Barba Jacob.  Según el doctor Arizmendi, este vate sentía profunda nostalgia de Dios y luchaba, sin resultados, por vencer los placeres carnales para entregarse al Señor, lo cual pudo lograr finalmente en el ocaso de su vida, cuando recuperó la fe, luego de reflexionar acerca de los vicios que lo habían obsedido y de la promiscuidad, que sólo le habían dejado miseria y enfermedad (Barba estaba infectado por la sífilis).

El ex gobernador Arizmendi, primer antioqueño en ser miembro del Opus Dei, decía que Barba, quien temía a la muerte y al Más Allá, nunca dejó de buscar a Dios y vivió por años en una batalla interna entre su famoso desenfreno carnal y mundano y el misticismo que muchos sentimos en el lamento de su obra.  Decía el doctor Octavio que, como parte de su reconciliación con la espiritualidad de sus mayores, Barba-Jacob se propuso relatar en un libro los preciosos instantes de su infancia cristiana.  Infortunadamente, la vida no le alcanzó para este trabajo, que, sin duda alguna, habría sido “maná” para nosotros, sus “devotos”.

Recuerdo que ante esas consideraciones del doctor Arizmendi, el doctor José Gutiérrez Gómez, quien también estaba presente, como miembro de la Academia, comentó que, en 1928, tuvo la oportunidad de conocer a Barba-Jacob, en un viaje en barco por el río Magdalena. Según “Don Guti”, Barba, quien viajaba con su secretario, desbordaba gracia e inteligencia, pero no descollaba por ceñirse a los cánones del lo “católicamente correcto”. 

Pero, paradójicamente, según el libro de Monseñor Botero (quien también estaba con nosotros esa tarde), Barba-Jacob trataba de exaltar entre sus admiradores las virtudes del Decálogo y hacía especial énfasis en la importancia de la castidad.  Acerca de este tema, Porfirio le escribiría a su ex discípulo Alfonso Mora Naranjo: “Sea casto, luche, sangre, fatíguese, gima, pero no se entregue jamás en los brazos de la concupiscencia. Nada hay peor, nada más feo, nada más indigno de un alma.  Sólo en la castidad están la inteligencia y la fuerza. Yo acabo de recorrer el pueblo de los yanquis y he descubierto que es un pueblo esencialmente trabajador y que todo su poderío tiene por base la castidad de los hombres y la pureza de las mujeres (...) Los alemanes son castos, por eso son uno de los pueblos más fuertes, más inteligentes y más religiosos del mundo.  El donjuanismo, condenado tan valientemente por Miguel de Unamuno; el tenorismo, la galantería, la literatura erótica, son síntomas de degeneración.  No cultive usted esas lacras morales. Ame, ame siempre con pureza y esa pureza se manifestará, aun sin usted advertirlo, en sus mejores cantos. No hay nada más grande que la pureza apasionada de un grande amor. Nada hay en los cantos de amor que supere en virtud celeste y humana a la Vita nuova del Sante”. Aunque parezca increíble, estas fueron ¡palabras epistolares de Barba-Jacob!

En su libro, Monseñor Botero describe cómo Barba-Jacob, en momentos de elevación espiritual escribiría poemas como esta “Oración”:

“Qué cantaré de noche, ni de día/ sino tus alabanzas,/ oh divino poder que me creaste,/ oh sagrada bondad que me sustentas.

Qué he de hacer con mis manos/ sino alzarlas a Ti continuamente,/ mientras la sangre cálida discurra/ por la red de mis venas.

Gracias a Ti, Señor, que me diste,/ gracias por tu milagro renovado,/ gracias por el reposo de tus valles/ y por el laberinto de tus montes.

Gracias, Señor por todo/ lo que fue ayer, lo que será mañana;/ por todo lo que es hoy agua y tierra,/ por toda ley, por todo alumbramiento”.

Y en otras múltiples ocasiones su lira se dirigiría hacia la comunión con Dios y la creación.  Su poema “Ciclo de amor”, por ejemplo, nos dice:

“El nombre del Dios puro/ de quien viene la dádiva de aquel temblor divino,/

está escrito con rosas y con yedra del muro/ y en las hojas de otoño que muellen el camino”.

En “Virtud interior”, canta:

Dulce cielo otoñal sobre los valles,/ el agua limpia, el césped, la inefable/

sencillez de las cosas,/ y yo, sin ligaduras,/ buscando el rumbo cierto/ a la sombra de Dios que me sustenta”.

Y él, que fue eterno buscador de “la esencia sagrada de las cosas”, en “Espíritu errante”,  se autorretrata:

“Espíritu errante, sin fuerzas, incierto/ que trémulo escuchas la noche callada:/ inquiere en los himnos que fluyen del huerto/ de todas las cosas la esencia sagrada”.

Convivió largamente con profundas interrogaciones teológicas. En “El pensamiento perdido”, se regocija:

“¡El suspiro de Dios, que armonizaba el viento,/ iba en mi pensamiento por el viento de abril”.

Hasta que, al hacer un balance de sus días, cumple con el  llamado que hace en Acuarimántima: “¡Bestia de los demonios poseída, oh carne, es hora ya del don eucarístico!”.  Entonces, arrepentido de los vicios que esclavizaron, decidió confesarse con el Pbro. Gabriel Méndez Plancarte.   Una semana después, expiraría.

En el país del Sagrado Corazón, este acto de contricción postrero fue suficiente para que, a pesar de la alocada vida de Porfirio, en 1983, en su centenario, el presidente Betancur  y el cardenal López Trujillo lo proclamaran ¡Ejemplo para las juventudes!

 

 

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31 enero 2011 1 31 /01 /enero /2011 04:46

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 13 de enero de 2011

 

 

Con la muerte de Agustín Jaramillo Londoño, los apasionados por la historia y las tradiciones de Antioquia estamos de luto.  Personalmente, esta noticia me entristece profundamente, pues este antioqueño inmortal ocupó siempre escaño de honor no sólo en el altar de mis personajes más admirados, sino también en la nómina de mis amigos más nobles. 

Lo conocí una tarde, hace catorce años, en uno de los supermercados Éxito.  Ese día, ambos estábamos promocionando y firmando nuestros libros, que se vendían en ese almacén.  Cuando supe que el distinguido caballero de barba blanca y facciones aristocráticas que se hallaba a mi lado era nada menos que Agustín Jaramillo, el autor del “Testamento del paisa”, lo saludé con toda la veneración del caso y le obsequié los poemarios que yo acababa de publicar.  Recuerdo que nunca me había imaginado que el gran compilador de los cuentos de arrieros y de los dichos de los campesinos de Antioquia fuera ¡todo un lord! En ese entonces, yo contaba apenas trece años de edad.  

Meses después, mi mente estaba obsesionada con la idea de que Antioquia tuviera su propia Academia de las Letras y de la Lengua, que velara debidamente por la protección y divulgación de nuestra literatura y por el perfeccionamiento del lenguaje de los antioqueños.  Invité, entonces, a Agustín a acompañarme en este sueño, y fue tal el entusiasmo que él percibió en mis palabras, que decidió apostarle al proyecto.  Durante más de cinco años, hizo parte de la junta directiva de la Academia.  Nunca faltó a las reuniones de la junta, ni a las de la asamblea, ni a las conferencias y programas de la institución. Recuerdo que con él, y con el doctor Octavio Arizmendi Posada, íbamos personalmente a casa de los nuevos miembros de la Academia a anunciarles el nombramiento y acudíamos también a los medios de comunicación para promover campañas por la depuración de nuestro “idiolecto”, el diseño de las cuales estaba a cargo de Agustín, con la creatividad propia de uno de los pioneros del arte de la publicidad en nuestra ciudad.

En ese período, tuve el privilegio y el placer de disfrutar con mucha frecuencia de la gracia, la chispa, el ingenio y la memoria prodigiosa que ostentaba siempre en su conversación.  Parecía una biblia, la “biblia paisa”.  ¡Qué lástima no haber tenido a mano una grabadora en esos momentos!   Sin embargo, ahora que lo pienso bien, me doy cuenta de que, afortunadamente, la mayor parte de ese acervo de historias que Agustín almacenaba en la cabeza no se ha perdido: él mismo las dejó a salvo, en los gruesos y deliciosos tomos que escribió.

La semana pasada, las páginas informativas de los periódicos y algunos colegas columnistas, como el maestro del periodismo Orlando Cadavid y la maravillosa Elbacé Restrepo, publicaron muy bien documentados artículos acerca de Agustín y su obra.  Como el espacio es limitado y ya mis colegas se han encargado de exaltar la producción escrita de este sabio “folclorólogo” (así le gustaba que lo llamaran),  me gustaría hacer alusión más bien a un detalle que muy pocos conocen: Agustín no se llamaba Agustín.  Su verdadero nombre era Lorenzo, Lorenzo Jaramillo Londoño, exactamente igual que su bisabuelo, el célebre acaudalado sonsoneño Lorenzo Jaramillo Jaramillo, quien, según me contaba Agustín mismo, podía ir de Sonsón a Manizales sin pisar suelo ajeno. 

Este don Lorenzo fue uno de los cinco hombres más ricos de la Colombia de fines del siglo XIX y fue estípite de una familia que ha sobresalido en numerosos campos.  Descendientes suyos, y de sus hermanos, son personajes como el ex presidente Andrés Pastrana Arango; los pintores David Manzur, Ana Mercedes Hoyos, Maripaz, Luciano y Lorenzo Jaramillo; los historiadores Jaime Jaramillo Uribe y Monseñor Juan Botero Restrepo,  los gobernadores de Antioquia Braulio Henao Mejía y Luis Alfredo Ramos Botero.

Nietos de don Lorenzo fueron los destacados hermanos Jaramillo Arango, entre ellos los tres famosos presbíteros de ese apellido, y Agustín, padre de nuestro protagonista, quien fue alcalde de Medellín a los 28 años de edad y congresista. 

Al morir don Agustín Jaramillo Arango, a los 33 años de edad, su hijo Lorenzo, de tres, dijo a su madre: “Ya no soy Lorenzo.  De ahora en adelante soy Agustín, como mi papá”.  Y de ahí el nombre con el que se convertiría en el mayor salvaguarda de las tradiciones de Antioquia La Grande.

73 años después, en 1999, estuve sentado al lado de Agustín, el día que se “reencontró” con su padre.  Fue en el Teatro Metropolitano, en la gala de reestreno de la película “Bajo el cielo antioqueño”, producida por don Gonzalo Mejía, en 1925. La cinta muda había sido restaurada por la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano y, para celebrarlo, esta había decidido presentarla en pantalla gigante, en el teatro principal de nuestra ciudad, con el maestro Francisco Zumaqué, compositor de la banda sonora, dirigiendo en vivo la Orquesta Filarmónica de Medellín.  Los protagonistas originales eran jóvenes de las familias más distinguidas de “la Bella Villa”. Uno de ellos, don Agustín Jaramillo Arango, hacía el papel de juez. 

Todavía recuerdo la expresión de emoción de Agustín hijo cuando vio a su padre moverse en la película.  Era como si, por fin, “conociera de nuevo” a su papá, más allá de los vagos recuerdos que todavía guardaba de cuando lo abrazó por última vez, en su primera infancia.

Años más tarde, en el 2004, fui partícipe de un hecho que me llenó de satisfacción. Hacía poco, Agustín había cumplido ochenta años, y, como casi siempre ocurre en nuestro medio, la efemérides pasó desapercibida.  Me pareció, entonces, necesario que los representantes de nuestra comunidad se unieran para rendir homenaje al mayor de los folclorólogos de Antioquia. En consecuencia, propuse a la junta de la Academia de las Letras hacer una solicitud a la Alcaldía de Medellín para que el Desfile de Silleteros de ese año fuera dedicado a Agustín.  Pusimos “manos a la obra” y la presidente de la junta, la poeta Olga Elena Mattei, desde las páginas de EL MUNDO, hizo pública la propuesta.  Como resultado, en el diciembre siguiente, el Desfile de Mitos y Leyendas fue realizado en su honor, y el Municipio lo exaltó con su más alta condecoración.  ¡Así, “la Patasola” y el “Hojarasquín del monte” rindieron justo tributo a quien los rescató!

Hoy, cuando Agustín nos ha dicho adiós, el máximo homenaje que podemos ofrecerle es la conservación del patrimonio inmaterial de nuestra raza paisa.

 

Reunión de la Academia Antioqueña de Letras

Agustín Jaramillo Londoño, Octavio Arizmendi Posada y Sergio Esteban Vélez. Club Unión, Medellín, 2000.

 

 

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9 enero 2011 7 09 /01 /enero /2011 20:14

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 6 de enero de 2011

 

Esta mañana, abro mi ventana, y, al igual que desde hace más de un mes, el horizonte que contemplo está ahogado en blanco.  Montreal está bañada de nieve y el panorama es perfecto para la meditación.  Ahora los árboles no están cubiertos de hojas, sino de nívea escarcha. Los tejados, también cobijados por este omnipresente regalo del cielo.

Dentro de pocas semanas, es muy posible que la nieve, que se acumula en las fachadas de las casas y en los andenes, alcance alturas superiores a la de un adulto promedio.  “Bancs de neige” (bancos de nieve) llaman acá a esos gélidos “cerros”. 

Un triste sustituto para los cantos de las aves, que migraron casi todas, es el ruido de los “déneigeurs”, los vehículos recolectores de la nieve, gracias a los cuales las vías pueden seguir siendo útiles y las gentes pueden desplazarse hasta sus destinos habituales. Salvo en algunos días de tormentas de nieve, cuando las escuelas y otros numerosos establecimientos cierran, por seguridad.  Las ciudades pueden continuar funcionando “normalmente”.  Aunque las comillas que le pongo a esta palabra no serían necesarias para los nativos de estas latitudes, para quienes pasar la mitad del año a temperaturas bajo cero es absolutamente normal.  Esa es para ellos, la lógica de la vida. Y es muy posible que el rigor del clima haya sido un factor determinante para sus antepasados, a la hora de crear naciones ricas, productivas y bien controladas:  era necesario que fueran sumamente disciplinados, organizados, que optimizaran los recursos y que trabajaran solidariamente durante los días de verano, para lograr la sobrevivencia durante los penosos inviernos.  En nuestra América Latina, por el contrario, la naturaleza exuberante nos brinda todo sin que tengamos que hacer demasiado esfuerzo... ¡Y de factores como este se van moldeando las ídiosincrasias colectivas!

La nieve, esa materia prístina tan cantada por los poetas (y a la cual se ha debido el surgimiento de decenas de palabras en las lenguas “occidentales” del Norte, y  de centenares en las lenguas indígenas del Ártico) produce cambios drásticos en la vida de los habitantes del país que me acoge. No sólo porque uno se ve obligado a usar zapatos especiales ultraincómodos y antideslizantes, sino porque, a causa del frío, hay que portar chaquetas y abrigos grosísimos, que te hacen parecer un muñeco de Navidad, y guantes, gorros, bufandas, orejeras, interiores de lana y demás prendas protectoras.  Y el ritmo diario también cambia: se incrementan las actividades en recintos internos, la gente sólo sale al aire libre cuando es indispensable... con excepción de aquellos cuasi-inmunes a los vientos gélidos, que esperan el año entero a que la nieve llegue para poder practicar jubilosamente los deportes de invierno (recuerdo que, el año pasado, cuando se vivió el invierno más “caliente” en toda la historia del Canadá, los aficionados al esquí se quejaban de que no había suficiente nieve). 

El ambiente de las casas también varía: las ventanas siempre cerradas.  A causa de la nieve, los canadienses, particularmente prácticos, han adoptado la costumbre de quitarse los zapatos al entrar a las casas. Pero, dato curioso, es que muchos de ellos conservan este hábito a lo largo del año.

El temperamento de las personas también desciende: se les nota un permanente dejo nostálgico. La energía del público es muy distinta a la que impera en días estivales, cuando la gente prácticamente “enloquece” de alegría.   Y la fuerte calefacción, que es muy costosa y reseca bastante la piel, los pone de mal humor.  Lo mismo sucede con el hecho de tener que levantarse más temprano para retirar con pala la nieve depositada que bloquea la puerta de la casa y para “desnevar” los automoviles, ya que, no sé por qué, en el Quebec son muy escasos los garajes cubiertos. 

La gente espera, resignada, a que el mundo vuelva a nacer en la primavera.  Este es el único motivo para no hundirse de depresión: saber que, cuando ya estás en el extremo del desespero, luego de seis meses de frío extremo (de noviembre a abril), la Divina Providencia envía los primeros rayos primaverales... y comienza el deshielo. 

Sin embargo, no todos tienen fuerza psíquica suficiente para sobrellevar la rudeza del invierno. Paradójicamente, este, uno de los países con mejor calidad de vida, es, a la vez, uno de los que que presentan una tasa más alta de suicidios. Y dicen las estadísticas que el mes en el que estos se presentan en mayor número es noviembre, talvez por ser el período de menos intensidad lumínica en el año.  En diciembre, aunque la noche caiga más temprano (a eso de las cuatro de la tarde, en Montreal), la luminosidad es mayor que en noviembre, ya que el reflejo de la nieve perdura y su efecto obra aún en la noche, gracias a los reflectores de la ciudad... con la potencial ayuda anímica de un factor adicional, las luces navideñas, invento de los nórdicos para compensar la penumbra de estos días del año.

Personalmente, gozo del privilegio invaluable de vivir justo “al lado” de una puerta que conduce al metro de la ciudad y a la “ville intérieure”, la más grande ciudad intramuros con intercomunicaciones subterráneas, conectada por el  metro, a través del cual uno puede ir a centros comerciales, museos, teatros, entidades educativas, centros gubernamentales y hasta a templos religiosos, sin necesidad de salir al aire libre.   Gracias a esto, puedo, por ejemplo, ¡ir todos los días a la universidad sin tener que soportar interminables minutos a –20°!

El invierno hace de las suyas y gobierna las vidas de los pueblos del Norte.  Y aunque a su paso traiga depresión y dificultades, ha sido, al mismo tiempo, la flama que ha avivado la musa de muchas almas nórdicas “saudádicas”.  ¡Qué tal, por ejemplo, la obra inmensa de los compositores rusos, empezando por Tchaikovsky!  ¡Por esto solo, habrían valido la pena todas las nieves de la Historia! 

 

Sherbrooke

Stratford

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9 enero 2011 7 09 /01 /enero /2011 20:05

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 30 de diciembre de 2010

 

En estos días de Natividad que acaban de terminar, muchos coros navideños de nuestra ciudad, como todos los años, interpretaron con dulzura el bambuco “Niño del alma”, considerado por muchos como el mejor villancico que se haya compuesto en Colombia. Esta melodía surgió de la inspiración del maestro nortesantandereano Luis Uribe Bueno, en 1953.

En este 2010, se celebraron diez años del fallecimiento de este gran maestro de la Música Andina Colombiana.  Sea pues esta la oportunidad para recordar algunas anécdotas desconocidas que el Maestro mismo me contó, en algunas de las conversaciones que solíamos sostener los sábados en su casa de dos pisos del barrio San Joaquín:

En los años cuarenta, Uribe Bueno vivía en Bogotá y hacía parte del trío “Los Norteños”, que mantenía un programa en la Radio Nacional. Contaba el Maestro que en las mesas de los cafetines próximos a la catedral, se reunían vespertinamente los músicos de la ciudad a tomar café y a escribir música. Allí fue donde Uribe conoció a un joven costeño llamado José Barros, quien le expresó que estaba muy preocupado porque diariamente estaba componiendo cinco melodías y no podía escribirlas en papel, pues no sabía nada de solfeo. El futuro maestro Luis se ofreció, entonces, a ayudarlo y comenzó a transcribir en partitura algunas obras de Barros. Le enseñó además los principios básicos del solfeo. Más tarde, José entraría a estudiar con el Padre Giovannetti.

Según el maestro Uribe Bueno, una de las composiciones de José Barros que él hubo de transcribir para que no se perdieran fue “La Piragua”, famosa hoy día en el mundo entero.

***

Años después, Uribe Bueno ya vivía en Medellín y era el exitoso director musical de la disquera Sonolux.  Anoto a continuación una historia bastante cruel que el Maestro solía contar.  Tengo el presentimiento de que mi amigo y colega columnista, el defensor de los animales Aníbal Vallejo me responderá disgustado, ¡y con toda razón! Aunque debemos recordar que en aquellos tiempos no se hablaba de tener conciencia acerca de que los animales también sufren y tienen derechos.

Aquí la anécdota. La transcribo, porque el mismo Maestro me la contó con el fin de que yo la incluyera en su biografía:

Cuando el maestro Luis estaba dirigiendo la grabación del pasillo “La gata golosa”, de Fulgencio García, no se sabe de dónde se le vino la idea de meter en una mochila durante 2 días a una gatica de su propiedad. Durante este lapso, no se le dio ningún alimento al animal.  Lógicamente, la gatica, desesperada, maullaba sin cesar. 

Uribe Bueno ubicó, entonces, la mochila (con la gatica) frente al micrófono, y comenzó a grabar, ¡hasta que consideró que los maullidos alcanzaban el tono preciso que requería el pasillo de García! 

Posteriormente, intercaló los auténticos maullidos de angustia con las intervenciones de la Estudiantina “Sonolux”.

El disco se agotó rápidamente, cuando la gente se enteró de que la gata que maullaba en el disco era de verdad.

A los ocho días de la grabación, el animalito fue envenenado, no se sabe por quién.

***

En 1957, el maestro Luis pidió a Sonolux licencia para viajar a México para investigar los nuevos métodos y equipos de grabación que se utilizaban en dicho país, que era considerado el mejor en producción fonográfica en América Latina.

En el D.F., Uribe Bueno fue recibido efusivamente por varios periodistas y por los funcionarios de la RCA Victor, la principal casa disquera de su tiempo.

Se hospedó en el  elegante "Hotel Compostela". Días después, en entrevista publicada en El Colombiano, recordaba su primer amanecer en la Ciudad de México: "Esa primera mañana fui despertado con la Orquesta Típica de Ciudad de México, con no menos de un centenar de guitarras, interpretando tan soberbiamente bien como sólo esta puede hacerlo las más hermosas páginas del folclor mexicano".

En México, permaneció durante tres meses, en los que realizó varias visitas a las instalaciones de la RCA Victor, Orfeón y otras compañías discográficas.

En los días en que don Luis visitó los estudios de la RCA Victor, conoció al joven compositor y cantante Armando Manzanero, a quien le agradaba que varios de sus amigos lo acompañaran a las grabaciones.

Y siempre que don Luis iba a esos estudios, encontraba en ellos a Agustín Lara, quien pasaba allí largas horas componiendo canciones.

Lara conversó largamente en numerosas oportunidades con Uribe Bueno, mostrándole sus nuevas composiciones y recordando siempre a su esposa, la legendaria actriz María Félix, a quien estaban dedicadas muchas de sus piezas musicales. Días más tarde, Lara presentaría a Uribe a “La Doña” Félix, ya que esta iba en las tardes al estudio de grabación a recoger a su inmortal marido.

A los pocos días, Uribe se volvió a encontrar con “La Doña”.  Fue en "La Fiesta de los Mariachis", en el estadio de la ciudad, en el que se congregaron destacadas personalidades. Allí estaba María Félix, quien llegó acompañada por el cantante Jorge Negrete. Negrete, luego de dar vuelta entera al estadio, hizo que su hermoso caballo blanco se arrodillara e hiciera venias ante la belleza de la altiva actriz.

En la Ciudad de México, Uribe Bueno también tuvo el placer de conocer a la famosa cantante Margarita Cueto, quien fuera la primera intérprete de talla internacional que cantara los bambucos y guabinas colombianos. Fueron presentados por Roberto Ayala, director artístico de XEW, y, durante su charla, recordaron bellas tonadas.

De este viaje a México, Uribe Bueno regresó a Medellín cargado de propuestas. Motivó a los directivos de Sonolux a adquirir novedosos equipos de grabación que había visto en el país de los Aztecas (que más tarde llegarían al país, gracias a la colaboración de la RCA Victor). Y convenció a los accionistas para que Sonolux, como las grandes casas discográficas mexicanas, tuviera una orquesta privada para acompañar a sus cantantes.  Para ese momento, ninguna disquera del país tenía su propia orquesta.  Poco tiempo después, se materializaría este proyecto del Maestro.

En pocos meses, cuando se cumplan los 95 años del nacimiento del maestro Uribe Bueno, espero continuar con estas anécdotas.

 

Con Luis Uribe Bueno, compositor

 Sergio Esteban Vélez y Luis Uribe Bueno. Medellín, 1999.

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30 diciembre 2010 4 30 /12 /diciembre /2010 10:03

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 22 de Diciembre de 2010

 

A través de las dos columnas anteriores, en pos de asociarnos al homenaje que el Concejo de Medellín ha rendido a la ilustre Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia, hicimos un repaso por la historia y los logros de esta radiodifusora.  En el día de hoy, para concluir esta serie, nos referiremos a la buena marcha de esta entidad en la actualidad.

Desde 1998, bajo la dirección de la comunicadora Beatriz Elena Mejía Mejía, la emisora ha visto una significativa transformación. Estos son algunos de los momentos fundamentales en los que se han hecho más notorios los cambios:

El traslado de la emisora a su lugar de origen, el edificio San Ignacio, después de que, durante la restauración del Paraninfo, la emisora tuviera como sede una  casa en el barrio Prado.  Esta mudanza comprendió también la debida adecuación de las nuevas instalaciones, estructuras, equipos, cabinas, fonoteca...
En el año  2002 se procedió a adelantar la digitalización integral de la emisora, con nuevos sistemas de cómputo, de grabación y de difusión, que mejoraron notablemente la transmisión.  Además, se cambió el lugar de los transmisores, al sector de Pajarito y, para tal efecto, se adquirieron equipos nuevos, los cuales han conseguido que la emisión sea más fiel, más pura, y, por tanto, que esta alcance un mayor cubrimiento. Para la utilización de estas nuevas tecnologías, ha sido necesaria la adecuada  capacitación del personal. 

Las facilidades que proporcionaron la digitalización de la fonoteca y la grabación digital de audios permitieron en un comienzo ampliar la programación a 24 horas en la frecuencia en FM y, posteriormente, en agosto del 2005, que se extendiera también la emisión en la frecuencia de  AM.

En el año 2005, se puso en marcha el sistema de radio educativa, con la creación de una red de 8 emisoras (dos en Medellín y otras 6 en las regiones donde la universidad tiene seccionales: Urabá, Bajo Cauca, Magdalena Medio, Suroeste, Oriente Antioqueño y Occidente, esta última inaugurada hace sólo dos semanas).  Esta red se ha dedicado a la formación y creación de grupos para producir series con enfoque de radio educativa, inicialmente como educación no formal, pero con el objetivo de que también sea llevada a lo formal, a cursos por radio académicamente validables.

La cobertura actual es departamental y su programación en la banda FM está dedicada a las ciencias y a las artes, muy especialmente a la divulgación, en el grueso de la programación, de la música clásica universal, como alternativa ante la gran mayoría de las demás emisoras, que se inclinan hacia la música popular (sin embargo, desde hace algunos años, la emisora también cuenta con franjas determinadas para música no académica). 

En la frecuencia AM, la emisora funciona como un elemento de extensión universitaria en el que las diversas facultades prestan un servicio de asesoría a la comunidad en general, en las distintas áreas del saber.  Estas labores han venido funcionando muy bien y han logrado llevar a las distintas regiones del Departamento series formativas sobre temas de Artes, Ciencias y Humanidades.

Hoy día, el buen desempeño de la emisora se debe, además del liderazgo de la directora Mejía, al equipo de trabajo que la acompaña.  La estructura esencial de esta radiodifusora comprende un área de Producción (con empleados de planta y auxiliares administrativos), otra de Programación (con fonotecario y programadores para AM y FM, responsables de armar el día a día de lo que escuchan los oyentes, aplicando las directrices a nivel programático).  Cuenta también con ingeniero de Sonido, operadores de audio (que se encargan de la parte técnica de la grabación y emisión de los programas) y algunos empleados administrativos.

La labor de divulgación cultural de la emisora se ha enriquecido, desde hace un decenio, con la creación, por parte de la Facultad de Comunicaciones, de Altair, emisora de radio en internet (la cual durante más de un lustro retransmitió su programación,  con rotación e intercambio de programas, en las distintas franjas, cubrimientos y transmisiones conjuntas) y, posteriormente, con su propio portal en Internet, el cual le ha abierto las posibilidades de que sus distintos programas sean sintonizados en cualquier lugar del mundo, como ocurría hace más de medio siglo gracias al sistema de onda corta.  Además, este sitio da también acceso al magnífico archivo sonoro de la emisora, ahora en formato digital, el cual ahora puede ser aprovechado por la comunidad en general.

Se nos acabó el espacio de hoy, y nos quedaron muchos logros y proyectos de la emisora sin comentar.  Esperamos que otros colegas se unan también al reconocimiento que en buena hora nuestro cabildo municipal ha decidido hacerle a un ente que ha sido propulsor en buena medida de los avances que en Antioquia se han dado en materia de democratización de la alta cultura.

 

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30 diciembre 2010 4 30 /12 /diciembre /2010 09:57

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 17 de diciembre de 2010

 

La semana pasada, a través de estas mismas páginas, nos unimos al homenaje con el que el Concejo de Medellín enalteció recientemente a la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia y mencionamos algunos aspectos relevantes de la vida inicial de esta ilustre radiodifusora.  Esta semana, quisiera referirme a los personajes que han hecho posible el buen desarrollo de esta empresa cultural y educativa: sus directores.

La plausible labor que ha realizado “La Voz de la Universidad” ha estado siempre marcada por la excelencia que ha hecho famosa a la alma máter misma y por haber contado con la orientación de importantes líderes antioqueños, quienes, al percatarse del aporte sustancial que la adecuada conducción de un medio de comunicación de este tipo puede dar al fomento a la cultura, han asumido con entusiasmo la dirección de la emisora.

Estos son diez de los nombres sobresalientes que han estado al frente de este esfuerzo cultural universitario:

-José J. Sierra (1902 – 1962), fundador y primer director de la emisora. Se graduó en París como técnico electricista y fue, además, meteorólogo y licenciado en Optometría y Óptica.

-Manuel Mejía Vallejo, precursor del “boom” latinoamericano (al ganar, en 1962, el Premio Nadal).  Fue ganador del Premio Rómulo Gallegos, considerado como el Nobel de América Latina.

- Jaime Sanín Echeverri, diplomático, periodista, jurista y escritor, rector de la Universidad de Antioquia y padre de las ex ministras de Estado Maristella y Noemí Sanín Posada. 

-Jorge Cárdenas Gutiérrez, dirigente gremial, quien durante tres decenios presidió la Federación Nacional de Cafeteros (Por cierto, en nuestra ciudad poco o nada se ha dicho acerca de los ochenta años de edad que acaba de cumplir este líder paisa).

-Jorge Montoya Toro, Uno de los poetas antioqueños más destacados de su generación.  Gestor cultural por excelencia.

-Julio César Arroyave de la Calle, filósofo, educador y académico de la Historia. Fundador de la Biblioteca Pública Piloto y de algunas instituciones educativas. Condecorado por el gobierno de Italia.

-Julio César García, connotado educador y escritor.  Fundador de la Universidad Gran Colombia y rector de las universidades Nacional y de Antioquia.  Representante a la Cámara y diputado.

-Abel García Valencia, abogado, parlamentario, periodista, académico de la Historia. Hermano del anterior.

-Édgar Poe Restrepo, inspirado poeta, quien, pese a su prematura muerte (a los 24 años de edad), dejó una prolija obra, entre la que se cuenta la letra del himno de la Universidad de Antioquia. 

El reconocido periodista, escritor, académico, catedrático y congresista José Jaramillo Alzate, es uno de los directores de la emisora más recordados. Su gestión fue decisiva a la hora de modernizar este ente cultural y de consolidar el alcance del mismo en la comunidad.  

Estuve conversando con el maestro Jaramillo Alzate, acerca de sus realizaciones al frente de la emisora. Sus logros fueron impresionantes. Este es el resumen de lo que me contó:

“Como director, entre 1969 y 1975, me tocó rehabilitar la emisora, luego de dos años en que estuvo fuera de servicio debido a huelgas que la inhabilitaron y destruyeron los aparatos.  Conseguí, para su reestructuración, equipos nuevos, gracias en gran parte a la ayuda de instituciones radiales y culturales diversas.  Consolidamos conexiones internacionales de excelencia  y logramos  dejarla con un itinerario de servicios bien definido. 

Antes de mi dirección, la emisora sólo emitía cuatro horas diarias de programación.  Yo conseguí que el horario se extendiera de seis de la mañana a diez de la noche,  con la colaboración de las facultades, que comenzaron, por medio de la emisora, a hacer una debida divulgación de los programas académicos y científicos de la universidad.  Una circunstancia interesante fue la interrelación con entidades internacionales de Alemania, España, Francia, Israel, Estados Unidos...  Eso nos permitió intensificar el material divulgativo cultural, científico, económico. 

Vinculé  a los estudiantes dentro de las prácticas, asignándoles programas y trabajos para realizar, consultar, confrontar y divulgar. Contamos con estudiantes como Juan José García Posada y José Samuel Arango (hoy destacados periodistas), obsesionados por que la emisora brindara un producto de excelencia.  

Organizamos el primer experimento de universidad a distancia por este medio, luego de Radio Sutatenza.   Logramos, con la Facultad de Educación una experiencia que nos resultó muy positiva.  Se ofrecieron siete áreas en el campo educativo y respondieron 21 municipios del Departamento. 

Conseguimos que la emisora tuviera cobertura en FM y AM. Formamos un equipo interdisciplinario para renovación y mantenimiento de los equipos. 

Con la ayuda de las facultades de Ingeniería, conseguimos una alta tecnificación de la emisora. Fue la reestructuración total de este medio.  

Trabajábamos hasta sábado y domingo,y en vacaciones no se tenían espacios cerrados (solo el 31 de diciembre).  Logramos una programación muy completa y la emisora adquirió la misma calidad de muchos otros medios prestigiosos.

Esas circunstancias nos permitieron darle a la emisora una dimensión que alcanzó una cobertura casi total en Antioquia”.

Para completar este homenaje a “La Voz de la Universidad”, la semana entrante nos centraremos en el trabajo que desde hace 12 años viene desarrollando la actual directora Beatriz Elena Mejía.

 

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30 diciembre 2010 4 30 /12 /diciembre /2010 09:21

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 9 de diciembre de 2010

 

En mi cotidianidad de estudiante colombiano en el Exterior, muchas veces tengo el placer de sentirme como en casa, gracias al recurso maravilloso de poder sintonizar a través de la internet la señal en vivo de la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia, “mi” estación radial de toda la vida.

Por estos días en que esta ilustre radiodifusora está cumpliendo 77 años de fundada, recibo con complacencia la noticia de que el honorable Concejo de Medellín la ha exaltado con la condecoración “Orquídea de Oro” en la categoría “Mérito Educativo y Cultural”.

Este es un justo reconocimiento a una entidad pionera (primera emisora universitaria de América) que lleva casi ocho decenios “civilizándonos” gracias a su permanente afán por propulsar la cultura en la comunidad.  Hace bien el cabildo municipal cuando exalta la labor de esta emisora que ha hecho suyos objetivos tan loables como son los de buscar la conservación y el mejoramiento de nuestros valores artísticos y humanísticos, fortalecer en nuestro medio el interés por la alta cultura,  ser bandera educativa y social del departamento de Antioquia, difundir las realizaciones y proyectos de la Alma Máter e impulsar y desarrollar la creación de un sentido nacional en lo cultural, lo social, lo científico, lo político.

Aunque fue creada con ánimo experimental, a través de estos 77 años, se ha convertido en uno de los más eficaces vehículos de extensión de la Universidad de Antioquia. Hasta hoy, ha sufrido numerosas transformaciones, y en la actualidad, ajustada a los requerimientos técnicos del momento y con la colaboración de un buen número de especialistas, trabaja ciñéndose a los principios humanistas que rigen a la Alma Máter de los antioqueños (que no “al Alma Máter”, ya que a pesar de que empiece por “a” tónica, los determinantes que preceden a este latinismo no deben tomar la forma masculina, como señala el gran lexicógrafo Martínez de Sousa).

El origen de la emisora corresponde a los estudios sobre radiodifusión verificados en 1933 en el gabinete de Física de la Universidad, impulsados por los profesores José J. Sierra y Próspero Ruiz.  En ese entonces, se reducía a un pequeño equipo de onda corta para experimentación científica.  Posteriormente, en 1938, con apoyo de la Asamblea  Departamental, fue adaptada al sistema de onda larga.   Funcionaba la emisora en el primer piso del antiguo edificio San Ignacio, el mismo inmueble en el que tiene asiento hoy en día. Sin embargo, durante años, su sede operó en Girardot x Pichincha (antigua Facultad de Derecho) y, posteriormente, en Ayacucho x Girardot (entonces Biblioteca General). 

En sus primeros años de labor, cuando sólo estaba al aire unas pocas horas en el día, el énfasis de su programación viraba hacia la enseñanza de idiomas y hacia la divulgación de la música culta.  Hoy, en sus 24 horas de transmisión diaria ofrece una completa “parrilla” educativa, informativa y musical, con cuatro conciertos diarios, audiciones especiales de música coral, barroca, de escena, Ópera, de cámara, etc.; de enseñanza sobre la música académica (aniversarios musicales, los compositores y su obra, obras maestras de la Música...); divulgación de la música folclórica y popular de Colombia y de otras latitudes y de las nuevas corrientes rítmicas mundiales; análisis de autores y de artistas, de grandes hombres..., para educar, informar y entretener. 

La emisora mantiene desde sus comienzos una continuidad en cuanto a los temas predominantes de sus espacios radiales y en cuanto a su finalidad educativa.  Su programación, netamente cultural, concibió un estilo de radio seria que ha destacado los acontecimientos artísticos que suceden en la ciudad de Medellín.  “Creó un ambiente y una necesidad en el pueblo antioqueño: el gusto por la Música Clásica”, cita Lucía Obando Cadavid, en su tesis de grado acerca de esta emisora.

No demoró mucho en llegar su alcance hasta otras ciudades del país y hasta otros países, no sólo de América, sino también de Europa, Asia, África y Oceanía, gracias a su equipo de onda corta.  En los años cuarenta, es destacable la interrelación con grupos de radioaficionados de Norteamérica, con los cuales la emisora mantenía comunicación.

Es preciso comentar que, con excepción de algunas donaciones de equipos y material fonográfico, la emisora siempre ha estado financiada por la Universidad.   De su inmensa y exquisita fonoteca, obsoleta en un buen porcentaje, es de donde se realizan programas de Música Clásica especializada, como los conciertos o los especiales de Ópera y Zarzuela.  De igual manera, hay una vasta colección de material musical folclórico de todo el mundo y de música de entretenimiento y didáctica.

En su primera etapa de funcionamiento, la emisora tuvo mucha colaboración de institutos, centros literarios, consulados y entidades culturales de la ciudad, que realizaban emisiones periódicamente.  Por estos tiempos, se empezaron a consolidar también convenios de asistencia con los principales centros de organización cultural del mundo, medios de Alemania, EE.UU., España, Francia, Canadá, URSS., Israel, Gran Bretaña, Costa Rica, Sudáfrica y de la ONU, para el suministro de material especializado, en pos de incrementar la divulgación científica, técnica y musical, campo en el cual la emisora ha podido mantenerse al día, en todos los registros del saber.   Hoy en día, la emisora continúa recibiendo colaboración de muchas de las mayores cadenas culturales del Orbe.

La semana entrante, la segunda parte.

 

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4 diciembre 2010 6 04 /12 /diciembre /2010 20:51

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 24 de noviembre de 2010

 

 

El poeta antioqueño Luis Flórez Berrío, acaba de ser enaltecido en Bogotá con el galardón “Lauro de Oro”, máximo honor que concede el Récord Nacional e Internacional de Poesía. 

En la decimoséptima versión de este evento, de seis días de duración, que convocó a poetas de Colombia, España, México, Argentina y Ecuador, se rindió homenaje al trabajo poético que Flórez Berrío ha desarrollado a lo largo de 70 años (empezó a escribir a los 13) y, en ceremonia solemne en el Hotel La Fontana, se le hizo entrega del “Lauro de Oro” 2010.  En años anteriores, este mismo honor ha sido recibido por poetas autores colombianos de la talla de Matilde Espinosa, Meira Delmar, Dora Castellanos, Silvia Lorenzo, Fernando Soto Aparicio y José Luis Díaz Granados. 

La versátil obra de Luis Flórez Berrío está compuesta por más de 2.000 poemas, la mayoría de estos conformes a la preceptiva de la poesía clásica.  Su dominio magistral de las formas líricas le ha permitido innovar en la creación de nuevos modelos poéticos.  Es así como, de sus búsquedas, son producto novedades como la poesía reversible (que puede leerse al revés), el soneto bisílabo y el verso sin sinalefas. 

Aunque de su lira son fruto poemarios de excelencia, como “Ecos”, “Al compás de la espera”, “Testigo soy”, “Incendio al fondo”, “Mientras llega la hora”, “Bajo los hongos”, “El umbral de la Paz”, “Filigranas de luz” y “Llamaradas” (además de la novela “Los hipócritas”), es conocido principalmente por ser el autor del poema “La paz cansada”, el cual no sólo es el mejor de los más de cien que ha dedicado al tema de la paz, sino también de todos los poemas que se hayan escrito al respecto en nuestro desangrado país.

La producción poética de Flórez ha merecido el elogio y la admiración de muchos de sus colegas de más prestigio.  Uno de ellos, el emblemático “Poeta de la Raza”, Jorge Robledo Ortiz, se refiere a Flórez Berrío en los términos siguientes: “En cuanto a la poesía social, humana, rebelde, desnuda, constante, metafórica, realista, brillante, hecha con el corazón y con el alma, no hubo ni habrá en el mundo un poeta tan claro y tan hondo como Luis Flórez Berrío. No le hacen justicia por egoístas y por envidiosos. Sin embargo, lleva más de 45 años haciendo cultura literaria”.

Para terminar, nada mejor que dejarlos con “La paz cansada”: “La paz no tiene paz, nació cansada,/ creció enfermiza y navegó en la sombra,/ Dios que la quiso tanto no la nombra/ y en sus milagros la dejó olvidada./ Todos la piden blanca y es morena.../ desconoce la voz de los pastores,/ no ha podido apoyarse en los amores/ ni desprenderse de su propia pena

La paz ni en los ministros parroquiales/ con su bíblico símil de paloma;/ la paz ni en la penumbra que se asoma/ callará sus lamentos desiguales./  No la tiene el poeta ni el gitano,/ ni el mago, ni el monarca, ni el coloso;/ ni siquiera la tiene el perezoso.../ o el enfermo... o el triste... o el profano./

¿Qué ha sido nuestra paz...? ¡Puerto sitiado!/ Barandal de impresión, fragmento raro,/ trapecio de crueldad, costa sin faro/ ¡y efímero capricho desvirtuado!/ La paz con su desplante de querella,/ fingiose catedral de fantasía; / y el Hombre- Dios, que de la paz venía,/ nació sin paz y falleció sin ella”.

Punto aparte: Gustavo Estrada, el pasado jueves, en su columna de El Tiempo,  “¿Promueve el idioma español el ‘yo no fui’?”, se interroga acerca de si el uso corriente de algunos modos de nuestra lengua contribuye a la evasión de la responsabilidad personal.  Estrada menciona, por ejemplo, que con frecuencia decimos "se me olvidó tu nombre", en vez de "olvidé tu nombre" y se pregunta: “¿Cuántas veces escuchamos "se me pegaron las cobijas", "se me perdieron las llaves" o "me dejó el avión" y no, como sería más apropiado, "estoy retrasado", "extravié las llaves" o "perdí el avión"?”.

Según Estrada, esta costumbre nuestra de cambiar las frases para que queden en una voz pasiva que nos libere de culpas podría tener alguna influencia en la sistemática impuntualidad o en la falta de compromiso de muchos hispanohablantes.

Cuando leí la interesante columna de Estrada, recordé que reflexiones similares han pasado por mi mente, cuando he analizado algunas estructuras propias de la lengua francesa. 

Pero la particularidad francófona radica en que ellos, en sus frases, no omiten la responsabilidad de los hechos, sino que las construyen con intenciones y resultados contrarios: inculpándose a sí mismos.  Ellos asumen indirectamente la culpa de lo que podría imputarse a otros. 

Por ejemplo, en vez de decir “On m’a volé” (me robaron), dicen: “Je me suis fait voler” (me hice robar), y cuando se refieren a una mujer que sufrió una violación, no aseveran que “elle a été violée” (fue violada), ni que “on l’a violée” (la violaron), sino que “elle s’est fait violer” (ella se hizo violar).  Y si un marido llega a la casa con la noticia de que lo echaron del trabajo, anuncia a su mujer: “Je me suis fait renvoyer” (me hice despedir). 

Es posible que esta singular forma francófona haya sido alimentada por la doctrina de algunos filósofos franceses que hacían énfasis en que el individuo debía asumir plenamente sus culpas.

Tiene razón Estrada cuando dice que el trasfondo de esta clase de formulaciones idiomáticas debería ser objeto de investigaciones acuciosas por parte de lingüistas, sociólogos y psicólogos.

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26 noviembre 2010 5 26 /11 /noviembre /2010 08:01

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

 

El Mundo, 1 de diciembre de 2010

 

 

El pasado 17 de noviembre, en los días de la celebración de los 335 años de la erección de Medellín en villa, el honorable Concejo de la ciudad enalteció al pintor antioqueño Dorian Flórez Zuleta con la Orden al Mérito “Juan del Corral”, categoría Oro.  Flórez fue exaltado con esta distinción en el marco de su cumpleaños número cincuenta, el cual festejará el próximo 11 de diciembre.  

Su obra actual es producto de más de 30 años de exploraciones artísticas.  Aunque su formación teórica se llevó a cabo, durante un decenio, en algunas de las mejores escuelas francesas de Bellas Artes (como la de Nantes o la Nacional de París), la experiencia práctica que más lo marcó y que definió su rumbo creativo fue la vivida durante los años en que fue discípulo de Luis Caballero, en la Ciudad Luz.  Caballero le inculcó la pasión por la figura humana y lo impulsó a desentrañar a través de su obra el trasfondo emotivo de los personajes representados.  

Al igual que su maestro, Flórez se ha convertido en un esmerado estudioso de la figura masculina; pero, contrario a Caballero, el énfasis de este paisa no ha estribado en el desnudo, sino en el análisis de una faceta tan importante del hombre como es la de la paternidad.

La originalidad y fecundidad con que ha desarrollado su concepto plástico de la paternidad ha sido, precisamente, uno de los factores por los cuales diversos críticos sobresalientes se han interesado en su producción: luego de que, desde el Medioevo, ha sido tradición que los artistas realicen obras referentes a la maternidad (especialmente a la más sagrada del Cristianismo) y que el manejo estético de este tema avance al mismo ritmo de la evolución del arte universal, por fin un pintor de nuestros tiempos enfoca su indagación en un sujeto de igual relevancia, pero injustamente soslayado:el vínculo afectivo entre padre e hijo, especialmente en la primera etapa de la vida de este último.

Es por esto que, a pesar de que su obra no se ha centrado solamente en esta temática, sino que descuella también en otras ramas, como la del retrato, Flórez es conocido sobre todo como “el pintor de las paternidades”.

Acerca de sus series pictóricas más recientes, que le han merecido varios reconocimientos de categoría internacional, escribe el periodista español Manolo Ferreras: “Trabaja sobre lino belga, al óleo, para construir nuevas e impresionantes simbologías de tenebrismo y escalofrío. Y es que algo trascendental, de ruptura y/o tinieblas, debe estar asaltando la obra de este colombiano (...).  Perspectiva casi de cámara oscura para dar con el enfoque de la perfección de un ‘aposento vaticano’. Rafaelino, toscano, de una carnalidad amorosa a lo Murillo, músculos de epopeya y cabellos angelicales de Rubens”.

Entre los elementos de juicio que llevaron al Concejo de Medellín a decidir condecorar a Flórez destacaron el trabajo social que ha desarrollado durante años en la comunidad del municipio de Caldas (en especial, su permanente voluntariado de “Arte-Terapia” con niños especiales) y la amplia trayectoria internacional de este artista, cuya obra está presente en 25 países y ha sido exhibida en más de 40 exposiciones en Colombia y el Exterior. 

Una de las muestras más prestigiosas en las que ha participado es la Bienal de Florencia.  En el 2003, fue uno de los seis artistas que el eminente crítico Leonel Estrada seleccionó para representar a Colombia en ese evento mundial.    Según Estrada: “Dorian Flórez, después de asimilar el arte moderno durante sus años de estadía en Europa, persiste en comunicarse con el público por medio de sus pinturas, que recrean un sentir humano y suscitan emoción con lo tradicional. Flórez, excelente dibujante y experto en formas y colorido, nos va contando historias con sus cuadros (...) Dorian Flórez es un artista destacado que atrae por su calidad pictórica y sus inesperados mensajes”.

Bien por nuestros concejales por animarse a estimular y a homenajear a nuestros artistas de más mérito.

Gazapo 1: Es increíble que, después de tantos años de cubrimiento periodístico de asuntos legales, a las corresponsales regionales de La W no les hayan enseñado que se dice “cónyuge” y no “cónyugue”.

Gazapo 2:  En esa misma emisora, escuchamos, hace diez días, a la ex senadora Piedad Córdoba decir la palabra “testiga”.  ¡Ni siquiera la feminista más radical llegaría hasta esos extremos!

 

 

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