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Presentación

  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:46

El Mundo,  25 de Abril de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

En estos días, en los que, con ocasión del fallecimiento del “cardenal intelectual” Alfonso López Trujillo, se han multiplicado los rumores contra su honra, que se han convertido en tema obligatorio de las conversaciones de los medellinenses, es indispensable que alguien, en pos de la justicia, enfrente el asunto y salga en defensa de la verdad, especialmente cuando el acusado ya no puede controvertir las inculpaciones que se le atribuyen.

A pesar de que, en la calle, la gente desocupada, como áspid venenoso y egoísta, no hace más que vilipendiar, en infames cuchicheos, a quien, muy probablemente, ya goza de la anhelada Paz Eterna, no puedo menos que reconocer que los medios de comunicación han actuado con toda la responsabilidad del caso, al resaltar, como es debido, el liderazgo mundial, la reciedumbre moral y las obras que deja el purpurado, y no se han dejado permear por los pasquines y libros, de diversos autores, que, durante casi 30 años, se han publicado para manchar la reputación de este pastor.

Hasta el motivo de la muerte del prelado ha sido blanco de polémica. No faltó quien, antes del deceso, enviara una carta al Romano Pontífice, en la cual, con evidencias dudosas, aseguraba que este mitrado colombiano estaba infectado con VIH y que en su cuerpo podía apreciarse claramente la impronta del Sarcoma de Kapossi, propio de quienes están en la etapa terminal de este mal (seguramente, esa misiva fue producto de aquellos que no encontraban razón en el llamado de este apóstol, para que la grey de la catolicidad, especialmente el pueblo de África, dejara de usar condones, pues, según sus investigaciones, este mecanismo no era seguro para prevenir el contagio de enfermedades de transmisión sexual).

¿Qué pudo sentir Su Eminencia, al ser objeto de tales vituperios? Mi llorado confesor, Monseñor Juan Botero R., me comentó alguna vez que el ilustre cardenal, de quien fue gran colaborador, amigo y asiduo corresponsal, en vez de entablar demandas por Injuria y Calumnia, había preferido perdonar a todos los que lo ofendieron y orar por sus difamadores (al igual que Don Bosco, quien sufrió en silencio, ante acusaciones similares). Este perdón es, sin duda, la mayor muestra de la grandeza de su espíritu, que confiaba solamente en el veredicto de la Justicia Divina y “sabía querer”, como recuerda el Pbro. Diego Uribe C. (EL MUNDO, 21 de abril).

Aquellos que conocen de cerca las dimensiones de su pastoral, no dudan en dar testimonio de la integridad de este “ministro de la familia”, como fue llamado, luego de que exhortó a los divorciados involucrados en nuevas uniones a regresar al matrimonio inicial. Uno de sus amigos y compañeros de lucha, el presidente de la República, Álvaro Uribe, ha hecho énfasis en que: “Fiel a la misión del pastor, vivió en coherencia, virtudes humanas y espirituales, que lo ubicaron como un líder religioso, valiente y piadoso. Ejemplo para las generaciones futuras” (...) “defensor de la sana doctrina cristiana, que lo llevó a advertir de los riesgos en la Teología de la Liberación” e hizo un llamado a “todos los fieles católicos a seguir las enseñanzas del cardenal López Trujillo, propias de un siervo bueno y fiel”.

En una página de internet, el activista de las minorías sexuales Manuel Bermúdez se atreve a asegurar que se habla de: “sacerdotes desaparecidos, desvinculados de la iglesia o arrinconados a parroquias muertas, por haber visto o por poner en duda las legalidades de su Monseñor (López Trujillo). Uno de ellos, reside en una humilde casa a la entrada de los grandes barrios del Sur de Medellín, pero no se atreve a entregar a la prensa el cerro de datos, mesas llenas de documentos, que recopilan las barbaries del monseñor a través de su reinado”.

Desde esta columna, lo inquiero y lo invito a que muestre a la opinión pública tales pruebas y a que, si no lo hace, rectifique y reconozca su proceder malintencionado.

Igualmente, confrontamos a todos los que, en sus comentarios y escritos, no rebajan al Cardenal de corruptor de menores, ladrón, aliado del narcotráfico, experto manipulador, encubridor, organizador de bacanales, soberbio y excluyente, entre la interminable serie de epítetos que se le adjudican “olímpicamente” y que nadie, nunca, ha podido probar, los cuales hemos mencionado, porque no nos da miedo a desafiar la falacia: “El que nada debe, nada teme”.

Esperamos que quienes se ensañaron en quitarle la paz de su profunda espiritualidad a aquel pregonador de “la verdad por la caridad” estén hoy compungidos con el remordimiento de saber que causaron tanto dolor a quien entregó su vida a la promulgación de la prístina doctrina cristiana.

Al final, siempre la verdad prevalece... ¡Bien por la objetividad de la prensa y por quienes no se dejaron meter “tanto embuchado”!

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=82844&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=970

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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:43
El Mundo, 18 de Abril de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El pasado martes se cumplieron 180 años del fallecimiento del pintor español Francisco de Goya (Fuentedetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos, Francia, 1828). De su obra inmortal, muchos destacan su faceta como retratista, mientras para otros, el mejor Goya es el pintor religioso. Unos se embelesan con sus “Majas”, mientras otros vibran con sus “Pinturas negras” y algunos se sobrecogen con las dolorosas estampas de “Los desastres de la guerra” y de sus “Fusilamientos”, invaluables testimonios históricos, que, precisamente, en este 2008, están de bicentenario (por lo cual, el Museo del Prado inauguró, el 11 de este mes, la gran exposición “Goya en tiempos de guerra”, con casi 200 obras de aquel período del artista).

Sin embargo, para este columnista, la obra con la cual el pintor de Zaragoza logra llegar más hondamente a la esencia del mundo y del ser humano, con un bellísimo feísmo, es la serie de los tenebrosos “Caprichos”, que desarrolló en el último decenio del siglo XVIII.

Goya es, sin duda, uno de los mayores artistas de la Historia (del cuarteto “de Oro” de pintores españoles que marcaron los rumbos del Arte Universal, con El Greco, Velásquez y Picasso) y puede considerársele el gran predecesor de la revolución del arte desde el sentir y ver en el cerebro (que llegaría a su máxima expresión, con las vanguardias pictóricas del siglo XX).
Son bien conocidas su negación al academicismo y su maestría, cuando pretendía pintar conforme las preceptivas del mismo.

Él, pintor de cámara de tres reyes, cuñado de Bayeu, director de la Real Academia de San Fernando, amante de la Duquesa de Alba... era el artista atormentado por los altibajos del devenir, en las posiciones y los juicios que alcanzaba en su medio. Y de su profundo “pathos” alimentado con tales vicisitudes y envenenado por el ambiente que respiraba, surgieron los sarcásticos “Caprichos”, que inicialmente se llamaron “Sueños”, haciendo alusión a Quevedo. Y es que el pintor camufla como sueños las imágenes reproducidas en estos grabados, que, bien sabemos, no son más que la asqueante realidad, vista por quien tiene el suficiente valor para enfrentarla.

Su honda lucidez para el análisis (camuflada en locura) desciende hasta lo más bajo de la presencia del hombre en la sociedad. Estos siniestros “Caprichos” (con una gran calidad en el manejo del aguafuerte y el aguatinta) muestran la corrupción y la ignorancia de nobles y plebeyos, pretenden adentrarse en el corazón frívolo de la mujer y se mueven por las distintas esferas sociales: desde las prostitutas, hasta los aristócratas (a quienes muestra como burros), los clérigos libidinosos y ladrones y las brujas y duendes malignos. Se burla de los títulos de nobleza y denuncia los crímenes de la Inquisición y el goce de la chusma.

Pintor anárquico, crítico, pesimista, exhibe las precarias condiciones de higiene en los burdeles, la lascivia, la superstición, la vanidad, el orgullo, la superficialidad y la hipocresía de la comunidad, en sus esferas varias y es el primer artista en tratar directa y profusamente el tema de la brujería.

En algunos de los grabados, puede verse a una mujer, que ha sido identificada por muchos como la Duquesa de Alba (gran amor de Goya), pero se cree que no se trata de esta y que en el único grabado en el que se alude a ella es en el intitulado “Volaverunt”, que daría pie a la película del director Luna, una de las muchas que se han producido sobre Goya.

Muy cercano al movimiento de la Ilustración, nuestro pintor se esfuerza por hacer notar que, por más que se haga, España continuaría sumida en un oscurantismo medieval. Expone las bodas por interés o por política, el duelo entre la muerte y el amor, el contrabando, el alcohol y aborda temas tan actuales como la corrupción de los empleados públicos o los abusos sexuales de los eclesiásticos.

Sin duda alguna, estas obras representaban para Goya un grave peligro, pues podía ser procesado por la Inquisición, por lo cual prefirió ser precavido y las retiró del mercado, las ocultó por algún tiempo y las obsequió al rey Carlos IV, a cambio de una pensión vitalicia para su hijo único.

Beatriz González asevera que, para ella, el mejor de los grabados es aquel de “El sueño de la razón produce monstruos”, en el cual se ve a Goya dormido, mientras a sus espaldas aletean siniestros murciélagos demoníacos. ¿Sueños?

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idedicion=963&idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=82197&imagen=070627080650sergio.jpg&vl=1&r=opinion.php

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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:42
El Mundo, 11 de Abril de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

La semana pasada, los antioqueños despedimos a uno de nuestros mayores quijotes. Es inmenso el vacío que deja el doctor Jorge Rodríguez Arbeláez.

Para que se recuerden mejor las dimensiones de este humanista integral, transcribo algunas de las precisas palabras del presidente Álvaro Uribe, cuando le impuso la cruz de la Orden de Boyacá: “A usted, ninguna parcela del conocimiento le ha sido indiferente (...) Doctor Jorge, usted decidió entregar toda su inagotable energía vital a los demás. Quirama, recinto de su filantropía y de su amor por la cultura, se convirtió en el más influyente centro de producción de pensamiento, en el faro que orientó muchos procesos de la vida nacional. Cuando los tiempos transcurran y Colombia sea íntegramente una Nación de paz y un suelo fecundo de pensamiento creador, su ejemplo de hombre bueno, generoso hasta el desprendimiento total, lleno de virtud cívica y modelo de vida cristiana, brillará como faro espléndido para las futuras generaciones. Su aporte intelectual y su gran obra social e institucional en pro de la autenticidad cultural de Colombia, serán referente obligado en la construcción de esa nación en que estamos empeñados (...) Durante mi carrera política siempre he tenido como referente la lucha de muchos de mi tierra, uno de ellos usted (...) Que su obra ilumine en la eternidad esta nación, que tanto le debe”.
***

En días pasados, la nueva directora del Teatro Pablo Tobón Uribe, Cristina Restrepo, convocó a la alta dirigencia gubernamental, empresarial y cultural de la ciudad, para un concierto del brillante pianista japonés Masahiro Saigusa, con un programa que incluyó obras de varios compositores, como Beethoven y Chopin.

La joven ejecutiva, que entra con gran brío y entusiasmo, preparó una bienvenida especial y recordó la historia del teatro y el trascendental papel que este ha tenido en la cultura de Medellín, a través de más de 5 decenios. Hizo notar, sobre todo, la necesidad esencial que tiene una ciudad de operar más de un teatro dedicado a eventos de la Alta Cultura. Y advirtió cómo una comunidad puede perder el fomento y el disfrute de distintos campos de las Artes, cuando espectáculos de excelencia viajan cerca del área geográfica, sin detenerse en la ciudad, por falta de un proscenio que pueda acogerlos.

Dentro de estas consideraciones, la nueva directora urge a los dirigentes de todos los estamentos a que recuerden las dificultades económicas que atraviesa esta institución, cuando el apoyo y los aportes monetarios faltan.

Con tan contundente y razonable llamado, sería desalentador que los invitados olvidaran esta obligación cívica y cultural, a la hora de preparar sus presupuestos.

La vehemencia de sus palabras y el ímpetu con que inicia labores Cristina Restrepo, son muestra y preludio de la dedicación y eficiencia con que sabrá dirigir este reconocido teatro, tan querido por los medellinenses, después de haberse dedicado, por muchos años, a prepararse para gerenciar una entidad cultural (ella es profesional en Comunicación Social y Periodismo, Administración de Empresas y Gestión Cultural).

Desde el hogar de sus mayores, Cristina fue estimulada por el amor a la Cultura, especialmente a la Historia, materia en la cual han descollado sus tíos Socorro Inés y Juan Guillermo Restrepo, tal vez las personas que con mayor dedicación se han consagrado al estudio y a la divulgación de la vida de “el Libertador”, en los últimos tiempos.
***

Por estos días, se está celebrando el bicentenario del natalicio del gran dibujante y activista político francés Honoré Daumier (1808 – 1879), quien también fue excelente pintor y escultor y estuvo vinculado por muchos años a publicaciones periódicas.

Este irónico artista fue perseguido y encarcelado, por la censura de prensa. Del gran poder de sus caricaturas políticas, en tiempos del rey Luis Felipe de Orleans, surgió aquella frase de que “La caricatura puede tumbar gobiernos”.

Ante la prohibición de la caricatura, en 1835, Daumier concentró su mira en la sátira a la sociedad parisina y al París cotidiano de entonces y trabajó profusamente en la realización de cientos de litografías, que fueron publicadas en periódicos, en las cuales mostraba los hábitos y costumbres de la mediana burguesía, su superficialidad, cinismo y corrupción, especialmente en las series “Tipos parisinos” y “Los buenos burgueses”, de las cuales Baudelaire, tan idóneo para estos comentarios, diría: “Son retratos actuales con trajes antiguos”.

Hizo énfasis en los sentidos, desde una perspectiva muy terrenal. Su teleobjetivo escudriñó y se burló de la familia neoburguesa, de ladrones y pícaros, magistrados y vendedores, de la situación de los militares desesperados porque acabó la guerra y se quedaron sin qué hacer... Su obra es, pues, apenas comparable con la famosa “Comedia humana”, de Balzac.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=81616&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=956

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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:39
El Mundo, 4 de Abril de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Que Colombia olvida... En 1957, la Junta Militar de Gobierno comenzó su ecuánime, eficiente y serena labor, que salvó la patria, en medio del caos.

En el 2002, cuando planeaba escribir una biografía de mi tío político el doctor José Gutiérrez Gómez, le pregunté al ilustre ex ministro Octavio Arizmendi Posada si sabía quién podría ayudarme a hacer contacto con el general Gabriel París, pues, durante su gobierno, el doctor Gutiérrez fue figura clave, como alcalde de Medellín y embajador en Washington. “¿Es que no sabes? ¡Si no queda vivo ninguno de los “quíntuples” de la Junta Militar!”, fue la respuesta del ex gobernador. Un mes después, luego de encontrarse con París, en la primera posesión presidencial de Álvaro Uribe, el doctor Arizmendi debió aceptar que estaba equivocado.

Al año siguiente, una distinguida historiadora (no estoy autorizado a publicar su nombre) hizo una llamada, desde Madrid, a unos amigos míos, para que le ayudasen a averiguar la fecha de defunción y el lugar de sepultura de los generales Gabriel París y Deogracias Fonseca, para un libro sobre Presidentes de Colombia. Cuando mis amigos se aprestaron a cumplir con la misión, me encargué de aclararles que París aún vivía. Posteriormente, cuando hablaron con un hijo del general Fonseca que vivía en Medellín, este les dijo, asombrado: “¿Cómo así que dónde está sepultado? ¡Si mi papá está vivo!”.

Luego, en el 2005, el general Gabriel París tuvo que salir personalmente a desmentir la noticia de su muerte, que habían divulgado algunos medios de comunicación.

Finalmente, el pasado 21 de marzo, los medios confirmaron la noticia de que París, el más longevo de los presidentes colombianos, había fallecido, en Girardot, a causa de una neumonía.

Este tolimense, que debió asumir las riendas del país, en uno de los momentos más críticos de la Historia Colombiana, había nacido en Ibagué, el 8 de marzo de 1910. Sus padres, Alberto París Montalvo e Isabel Gordillo Díaz.

Cuando, en 1953, se dio el golpe militar del general Gustavo Rojas Pinilla, contra el gobierno de Laureano Gómez, París, que ya ostentaba el rango de brigadier general, se desempeñaba como ministro plenipotenciario ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Luego, durante el gobierno militar, fue Comandante del Ejército y ministro de Justicia, Relaciones Exteriores y de Guerra. Cuando, el 10 de mayo de 1957, la presión popular provocó la caída del dictador, este designó una junta militar para que lo sucediera, hasta la elección del nuevo presidente, en 1958.

El general París fue seleccionado para presidir la junta, pero también se les daba el tratamiento de presidentes de la República a los restantes miembros (R. Navas, Luis E. Ordóñez, D. Fonseca y R. Piedrahita, antioqueño).

Durante su administración, se dio el plebiscito popular, que originó el Frente Nacional e hizo efectivo, por primera vez, el derecho de sufragio a la mujer, se creó el Plan Vallejo, concebido para reducir las importaciones y estimular las exportaciones. Justamente, quien lo craneó, el doctor Joaquín Vallejo, quien fue su ministro de Fomento, me comentaba que la Junta Militar era muy organizada, en su toma de decisiones. Cuando había Consejo de Ministros, los 5 presidentes se reunían antes a deliberar y, una vez reunido el Consejo, el único que hablaba, en nombre de todos, era el general París.

Acota Ignacio Arizmendi Posada que: “Al entregar el mando al poder civil, los 5 miembros de la junta reconocieron, por boca de su presidente, que no habían tenido total logro en sus empeños por devolver un país pacificado. Y llamaron la atención nacional acerca del contrabando de armas que existía en apoyo de grupos armados. El país reconoció unánimemente la tarea realizada por la Junta Militar. Cumplieron todas sus promesas de mayo de 1957 y favorecieron la reanudación democrática de la nación. Sus 5 miembros se retiraron con entera satisfacción a la vida privada”.

En el caso particular del general París, al entregar la Presidencia a Alberto Lleras, en 1958, solicitó su baja del Ejército y se dedicó a la vida del campo, en su finca de Flandes, Tolima, entre cabezas de ganado y cultivos de sorgo, trigo y maíz. Sus ratos libres los pasaba leyendo, pescando y cazando, actividades a las que pudo dedicarse, sin preocupaciones financieras, gracias a la pensión de ex presidente, que recibió, durante 50 años.

Del hogar que conformó con su sobrina Felisa Quevedo París, con quien se casó, en 1936, descienden 4 hijos, 10 nietos y 5 biznietos. Hay, además, parentela suya, en Medellín, pues su hermano “el Capi” París se casó con la antioqueña Emilita Toro y de esta unión es nieta la modelo Natalia París. Su última entrevista televisiva (la única, en muchos años) la concedió, a finales del año pasado, a Darío Montoya, con motivo de los 50 años de la fundación del SENA, creado en su gobierno.

 

 



http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=81012&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=948

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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:38
El Mundo, 28 de Marzo de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El fallecimiento de la poeta Matilde Espinosa de Pérez, el pasado 19 de marzo, me tomó por sorpresa, cuando me encontraba en Quito, culminando la serie de presentaciones de mi libro de poemas “Urdimbre bajo la piel”, por las principales capitales del Continente. Por esos días, precisamente, con nuestro diario EL MUNDO, estábamos pensando hacerle, como homenaje, una publicación especial, con sus mejores poemas.

El poder de su carisma y el brillo de su obra, que ha llegado a personas de todas las clases y vertientes sociales y culturales, se hicieron visibles, una vez más, en sus funerales, que congregaron a multitud de amigos y admiradores, desde el ex presidente Belisario Betancur, hasta el popular cantante Juanes.

Esta poeta caucana, considerada por muchos como la verdadera precursora de la Poesía Social, en nuestro país, deja a las Letras Iberoamericanas un maravilloso ramillete de 14 poemarios, entre los que descuellan “Por todos los silencios”, “Afuera las estrellas”, “Pasa el viento”, “Memoria del viento”, “Estación desconocida”, “Los héroes perdidos”, “Señales de sombra”, “La tierra oscura” y “La sombra en el muro”. El último producto de su viñedo lírico fue “¿Uno de tantos días?”, el cual lanzó, el año pasado, a los 97 años de edad.

Siendo apenas una adolescente, en 1929, contrajo matrimonio con el famoso pintor payanés Efraín Martínez, con quien vivió por años en París y tuvo dos hijos. Las decenas de obras de Martínez con la figura de Matilde (una de ellas en la Universidad del Cauca) la confirman como la mayor musa de aquel gran exponente del Arte Colombiano. En medio del proceso de su complicado y ominoso divorcio (una de las peores experiencias de su vida), en los años 30, conoció al distinguido penalista Luis Carlos Pérez, con quien estableció un feliz hogar, hasta el fallecimiento del tratadista, más de 60 años después.

Matilde acompañó a su esposo, cuando desempeñó altos cargos, como rector de la Universidad Nacional y magistrado de la Corte Suprema de Justicia, profesor de la Universidad de La Habana y de otras varias universidades, campos todos en los que siempre ocupó lugar de preeminencia. Compartió con él una férrea ideología de izquierda y un hondo sentido de la justicia social y de la libertad.

Además de gran poeta, fue un exquisito personaje de las tertulias culturales bogotanas, a lo largo de 70 años. Era infaltable en las famosas reuniones de Emilia Ayarza, a mediados de siglo, y es destacable su amistad con algunos de los más altos intelectuales de España y Latinoamérica, algunos de los cuales hospedó en su casa, cuando tuvieron que huir, durante la Guerra Civil Española.

“la poesía de Espinosa está rodeada de presagios, de misterio y de signos premonitorios heredados de una cultura cristiana en parte, pero también de lo mítico, tal vez observado desde aquella delicada sensibilidad en sus años más tempranos compartidos en una región bilingüe, como Tierradentro, Cauca, observados de una cultura milenaria, casi extinta y que lucha por su supervivencia, que guarda con celo y dignidad la sabiduría aprendida a través de los siglos por tradición oral, ágrafa, donde la palabra oral lucha por no ser alada al lado del viento, sino por dejar semilla”, es la explicación que encuentra Mary Murillo, para la sensibilidad de los presentimientos, de lo premonitorio y los presagios, en su obra magistral.

¿Quién es la mejor mujer poeta de Colombia?, se han preguntado, muchas veces, los críticos literarios colombianos. Uno de ellos solucionó el problema, al decir que, simplemente, había que tomar los nombres de Matilde Espinosa, Meira Delmar, Dora Castellanos, Maruja Vieira y Olga Elena Mattei, y sacar uno de ellos, al azar.

Para definir la trascendencia de su activismo cívico y poético, considero ideal el siguiente comentario de la también poeta Maruja Vieira: “Matilde Espinosa es una de las voces más altas, sonoras y cristalinas que haya producido en este siglo la Literatura en idioma castellano (...) Pero no es en sus libros que radica totalmente el valor de su obra. Es en el permanente influjo que ella ejerce, sobre quienes se le acercan en busca de orientación y de consejo. Su voz, hecha de música y ternura, sólo sabe de palabras de aliento, de frases de elogio para el trabajo de las otras mujeres, de amistad y de amor (...) Se le han hecho homenajes, que ella presencia, desde su hondísimo dolor por la pérdida de sus dos hijos, mientras, llena de ánimo, asume la misión de iluminar las horas arduas del bienamado compañero de su vida (Luis Carlos Pérez). Su voz, como una campana de oro, tañe y repica desde el amanecer hasta el ocaso, el ángelus de la poesía (...) Bella y sonora, su poesía está llamada a perdurar en el milenio que avanza, porque está hecha con los más puros elementos de la inteligencia, la bondad y la valentía”.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=80369&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=939

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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:36
El Mundo, 23 de Marzo de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Una de las grandes pasiones del ser humano es, sin duda, la Música. Sonidos rítmicos que alimentan el alma y acompañan al hombre, en sus distintos estados vitales, a través de las edades... Personalmente, no podría imaginar un mundo sin música...

Por eso, me pongo a pensar en aquellos que no sólo no pueden gozar del frenesí anímico de las ondas musicales, sino que tampoco pueden reconocer sonido alguno y están por siempre en un mundo de silencio.

El silencio, para mí, es prácticamente inalcanzable, pues, aunque logremos encontrarnos en un lugar en el que no podamos escuchar ningún sonido externo, siempre estará el pensamiento hablando, hablando sin parar. Si estamos despiertos, su diálogo es incesante; si dormimos, mucho peor: nos lleva a las más inusitadas situaciones del subconsciente, surrealistas, inquietantes, esas que llamamos “sueños”. Pero el cerebro nunca estará callado, por lo cual, si hay humanos cerebralmente vivos, en un lugar, no habrá silencio en el mismo. Me pregunto, entonces, si, cuando los sordos, que no conocen la oralidad, piensan, ¿sus pensamientos sonarán como palabras? ¿Piensan en onomatopeya? ¿o piensan solamente en imágenes? ¿Cómo serán sus oraciones internas? ¿El suyo será, acaso, el lenguaje de las almas?

Buscando alcanzar aprehender un significado del silencio (aunque jamás de aquel al que dicen llegar los orientales en sus meditaciones), me quedo, a las 3:00 AM., sin encender la televisión, ni escuchar mis óperas y ballets favoritos, ni digitando en el computador (por evitar el ruido de las teclas)… en fin, sin hacer ningún ruido producido por mis acciones físicas. Tratando de no prestar atención, tampoco, a los ruidos externos inevitables, como los silbidos del celador, o el tictac del reloj, o el sonido de la nevera, o el de los carros que pasan, unos lentos y otros veloces, a veces con sus equipos de sonido a altos volúmenes… Me centro, entonces, en lo más próximo al silencio exterior: leer. Tomo una antología de León de Greiff y comienzo a saborearla, y más me doy cuenta de que no es posible el silencio, pues cada una de sus palabras escritas en el papel, que no hacen ruido en el ambiente, son como campanadas melódicas para mí: la música del verso es, muchas veces, superior a la de la propia Música Interpretativa. Y me quedo, entonces, dormido, con la cadencia exquisita de: “Esta mujer es una urna/ llena de místico perfume/ como Annabel, como Ulalume/ esta mujer es una urna/ y para mi alma taciturna/ por el dolor que la consume/ esta mujer es una urna/ llena de místico perfume”.

Al saber que no puedo escapar de los sonidos, sigo pensando en los humanos que nunca podrán percibirlos. ¿Cómo será para ellos la descripción del amor, o la del dolor, o la de las lágrimas? Pero, entrando en los terrenos de la vida cotidiana, no puedo imaginar cómo pueden vivir en un mundo que, en este siglo, ha luchado por la defensa y protección de todas las minorías, pero no ha hecho gestiones suficientes por hacer más amable la vida de los discapacitados auditivos.

La Educación en nuestro país no ha diseñado los mecanismos necesarios para que nuestros niños sordos se oralicen y aprendan a leer y a escribir en Español, a leer los labios y otros sistemas, para que puedan adaptarse con menor dificultad a la convulsionada vida de las urbes. Sin un énfasis educativo especial para la mayoría de estas personas en nuestra patria, será muy difícil que logren estudiar, trabajar y contribuir a la sociedad y a su realización personal misma. Me angustia pensar en cómo aquellos sordos que no han recibido la enseñanza del Español podrían llevar a cabo las mínimas acciones necesarias para toda persona, en el día a día, desde pedir algo para comer, hasta ¡pedir auxilio!

Menos grave será para aquellos que, lentamente, se van quedando sordos, porque ya recibieron la formación integral del sistema oral... y pueden comunicarse con mayores recursos. Pero más doloroso, porque estarán siempre añorando esos sonidos que daban pulsación a la vida... Basta, apenas, con recrear la imagen del genial Beethoven, sordo, digitando en el piano, con su oído pegado a la caja de cuerdas, desesperadamente, para, por lo menos, poder sentir la vibración de las ondas... mientras en el cerebro reproduce mecánicamente los sonidos de las notas, aprendidos sistemáticamente, a lo largo de toda una vida de invención. El Padre de la Música, sin poder ser bendecido con su paz...

Pero, si pesamos en el universo interior de cada ser, y en que todas las almas tenemos un íntimo lenguaje cósmico, nos tranquiliza un poco el laureado poema “Palabras para un niño sordomudo”, de nuestra Olga Elena Mattei, que en alguna estrofa canta: “Tú puedes escuchar todo el concierto/ de los planetas/ y el sonido armonioso/ de todas las estrellas./ No te llames dolor/ y no estés triste/ porque toda canción/ y toda voz de hombre es tan amarga,/ que serás más feliz sin escucharla./ Y quizás Dios te hable/ directamente al alma/ porque tienes la gracias/ del silencio/ en tus entrañas”.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=79926&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=934

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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:33

El Mundo,  7 de Marzo de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Conozco a Rocío Vélez de Piedrahita, desde hace más de un decenio. Además de ser mi pariente (su abuelo, Camilo C. Restrepo, era hermano de dos de mis bisabuelos), fue integrante de la Academia Antioqueña de Letras, que fundé, en 1997, y dirigí, hasta el 2004.

Yo, que he sido un fervoroso propulsor de la Literatura hecha por mujeres, hago esta aclaración introductoria para que no se piense que la columna de hoy obedece a alguna animadversión contra las mujeres escritoras.

Pero, definitivamente, no podría permanecer en silencio, luego de leer la columna “¡Pobrecitos animales! ¿Cuáles?”, escrita por doña Rocío y publicada en “El Colombiano”, el pasado sábado.

Los primeros párrafos de este texto hacen pensar que el objeto del mismo es pronunciarse acerca de la indiferencia y dureza de corazón de muchos humanos, ante el sufrimiento de diversos animales; pero, al terminar, nos damos cuenta de que su intención fue la de justificar las torturas de la tauromaquia, por el hecho de que otros animales también reciben tratos crueles.

Es un argumento absurdo e inmoral pretender que, porque, a través de la Historia, se han cometido brutalidades contra los animales, por esa razón no habría de ser malvado que se cometan otras.

Las comparaciones a las que acude la autora no pueden ser menos que irreflexivas. Menciona, por ejemplo, que “No preocupa el exterminio de cucarachas, zancudos...”, a los grupos defensores de la naturaleza. Pero es muy distinto matar insectos, por razones de salubridad y “de un solo golpe”, a convertir el acto de torturar y sacrificar a un animal en toda una festividad. Estoy seguro de que si hubiera un grupo de personas que pagaran altas sumas y se reunieran para, en medio de carcajadas y vitoreos, tomar cucarachas, arrancarles las alas, enterrarles alfileres y hacerles cuanta maldad fuera posible, la comunidad mundial los vería como psicópatas y no serían pocos los que los calificarían de satánicos.

Para disculpar las torturas de la tauromaquia, doña Rocío acude a la Biblia. Dice que “Dios les dijo a Adán y Eva que ‘todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, les doy de alimento’. Con todo respeto a Yahvé y al redactor del Génesis, quedó faltando especificar si los animales eran solamente para alimento o si podían utilizarse como mascotas, en espectáculos, para compañía, divertirse, arar, arrastrar, montar, para trabajar”.

Prosigue: “¿Qué diría el Génesis si Yahvé hubiera asistido a una corrida que empezara con el himno nacional y el antioqueño a todo pulmón, hermoso desfile, César Rincón en su día, toros estupendos, buenos rejoneadores, caballos hermosos, banderillas a pie y a caballo, toro indultado, la presidencia otorgando orejas y rabos, el pueblo de Dios riendo, aplaudiendo, gritando, gozando, en paz?”.

Atreverse a insinuar que Dios disfrutaría viendo cómo se atormenta y se vulnera a los seres por Él creados es una grandísima ofensa para quienes estamos convencidos de que Dios es todo amor, compasión y luz.

Por eso, aprovecho la discusión que ha suscitado este artículo para sumarme a los movimientos antitaurinos, que han invitado a los jerarcas de las iglesias y religiones presentes en Colombia a que establezcan públicamente sus consideraciones acerca de las corridas de toros.

Con el máximo respeto, me uno a la solicitud que se ha presentado ante la Iglesia Católica, para que se abstenga de bendecir las espadas, las banderillas y a los toreros, antes de que estos pasen a torturar los animales. Así mismo, sería procedente que retiraran sus capillas y capellanes de las plazas de toros, cesaran de celebrar misas y procesiones y nunca más repartieran la comunión en estos lugares anticristianos, de origen pagano.

Es increíble que no se haya prohibido preconizar a la Virgen María y a los demás santos como patronos de las plazas de toros, porque ellos han sido ejemplos de bondad y misericordia y el hecho de asociarlos a estas crueldades constituye un grave irrespeto.

Doña Rocío imagina a Dios, gozando el espectáculo de una corrida... ¡Es imposible imaginar a la Virgen Maria en compañía de su Santísimo Hijo, aplaudiendo y emborrachándose, en una corrida de toros!

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=78658&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=920

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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:30
El Mundo, 29 de Febrero de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Esta noche, en el Teatro Metropolitano, la comunidad académica y los egresados de la Universidad Autónoma Latinoamericana (Unaula) rendirán homenaje de admiración y gratitud a su rector, el abogado Jairo Uribe Arango, quien, durante más de 38 años ha capitaneado y robustecido este centro de educación superior.

El doctor Uribe, debido a dolencias de salud que lo han afectado en los últimos meses, ha decidido retirarse de la rectoría, para que nuevas personas, con nuevos bríos, puedan continuar afirmando y vigorizando la misión humanista del ente educativo al que entregado su energía y liderazgo y ha convertido en su “proyecto de vida”, por 4 decenios.

Lógicamente, luego de la elección del nuevo rector, que se efectuará en marzo próximo, el doctor Uribe continuará siendo el principal consejero, orientador y “Maestro” de esa universidad. Algunos han sugerido que se le designe “Rector Honorario” vitalicio, nombramiento más que justo y procedente, teniendo en cuenta que Uribe Arango es: “Toda una institución de respeto y acatamiento que salvó el centro docente hace muchos años y que lo condujo con acierto, también por muchos años”, como lo ha definido el ex congresista y columnista de EL MUNDO Ramón Elejalde, egresado de la misma.

Unaula fue fundada el 16 de septiembre de 1966, en consecuencia de una huelga en la Facultad de Derecho de la Universidad de Medellín (especialmente en contra del decano). Desde entonces, ha funcionado ininterrumpidamente, siempre fiel a los principios que orientaron su fundación, nacidos del Manifiesto de Córdoba, de 1918: cogobierno de estudiantes y profesores, libre cátedra, libre aprendizaje, libre investigación científica y vinculación de la universidad a los problemas de la sociedad.

Los suscriptores del acta de fundación querían “una universidad que fuese abanico de ideas y credos, de puertas francas a todo color y que se comprometiera con el desarrollo estructural de Colombia y Latinoamérica”. Entre ellos, se encuentran personajes distinguidos de la Jurisprudencia, la Academia y la Política de nuestro país, como el ex presidente Alfonso López Michelsen y los doctores Jaime Sierra García (quien, años después, como Gobernador, le daría gran impulso), Héctor Abad Gómez (quien redactó el acta de fundación), Gilberto Martínez Rave, Helí Mejía Gómez, Álvaro Tirado Mejía y Jaime Gil Sánchez.

Aunque el doctor Uribe Arango no firmó el acta de fundación, sí estuvo, desde los inicios de la universidad, trabajando por su consolidación: primero, como profesor y decano de la Facultad de Derecho, y luego, desde 1969, como rector.

De su larga gestión, hay acuerdo en que el balance es positivo: la universidad queda con un buen patrimonio y con sus finanzas saneadas. Igualmente importante es el hecho de que haya conservado el prestigio conquistado, gracias a las calidades y cualidades de sus egresados, entre los que se han contado magistrados de las altas cortes, congresistas, ministros y embajadores, entre otros.

Y, justamente, muchos de los egresados de esta universidad se han convertido en “ahijados” del doctor Uribe Arango, quien, a lo largo de tantos lustros, siempre ha estado presto, como buen confesor, a brindarles su palabra sabia y el consejo preciso, en el momento oportuno. Precisamente, su generosa disposición para ayudar al estudiante y al egresado ha hecho que sea llamado “Papá Uribe”, como me comentó uno de los egresados fundadores, el ex ministro Armando Estrada Villa.

El ex alcalde de Medellín Sergio Naranjo Pérez, alumno fundador y ex decano de Economía de esa universidad, no vacila en destacar la gran sensibilidad social de Uribe Arango, “siempre atento a que la gente de escasos recursos pueda tener acceso a la educación superior” y hace hincapié en que es difícil encontrar un compañero de ruta “con tanta discreción y sabiduría”.

Por su parte, el ex viceministro Gustavo Adolfo Galvis, también egresado fundador de UNAULA, dice que Uribe Arango: “es un hombre correcto, honesto y decente. Le gusta mucho que el estudiante salga adelante y no fregarlo, contrario a otros líderes”.

Gracias a la conducción del equipo que ha dirigido, los estudiantes de la facultad de Derecho de esta universidad han ocupado, desde hace años, los más altos lugares en las pruebas del Ecaes y “más o menos el 60% de los funcionarios de fiscalías y juzgados en Antioquia, son egresados de esta universidad y desempeñan sus cargos con lujo de competencia”, como recuerda el doctor Ramón Elejalde.

Hoy, nos unimos a este merecido homenaje y esperamos que la universidad antioqueña pueda contar, por muchos años más, con la inteligente reflexión de este indiscutible propulsor del desarrollo intelectual de nuestra tierra.

http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=78044&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=913

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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:29
El Mundo, 22 de Febrero de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Los teóricos de la Comunicación hablan de “Agenda Setting”, que, en simple explicación, se trata de que los medios masivos de comunicación deciden y jerarquizan los temas esenciales a discutir y analizar, en un lugar, en un tiempo determinado.

A las cuestiones escogidas para integrar la “agenda” se les hará, entonces, todo el escudriñamiento, examen y difusión necesarios para que se conviertan en materias centrales de la “agenda pública”, de conversación y debate, en todos los estadios de la sociedad.

Luego del macro-escándalo de la parapolítica, en nuestro país, “la agenda” ha estado, por meses, concentrada y sumada en la urgente protesta contra el secuestro.

En los últimos días, en los que se ha publicado el polémico caso de la posición del Gobierno frente a la concesión de las tierras de Carimagua, creo que sería oportuno aprovechar la inspección que se está haciendo de ese episodio, para incluir en “la agenda” (sin dejar de lado el tema del secuestro) una incisiva reflexión acerca de una tragedia colosal y latente que afecta directamente a millones de nuestros compatriotas, como es la del desplazamiento forzado, provocado por el absurdo accionar terrorista de los grupos armados extremistas que operan en nuestro país.

Ni siquiera sabemos cuántas son las víctimas: el Gobierno asegura que hay casi 2.4 millones, mientras que CODHES, organización especializada en el estudio de este flagelo, registra que, en Colombia, viven más de 3.7 millones de desplazados. Y a esto se suma que se calcula que, cada año, este número aumenta en 200.000.

Para quienes deseen hacer un rápido, pero sobrecogedor y esclarecedor repaso por este acerbo tema, me parece conveniente recomendar el libro “La memoria decapitada”, de la historiadora del Arte Lucrecia Piedrahita Orrego, publicado recientemente (diciembre de 2007), con el apoyo del IDEA.

Este volumen sobre el espacio y la estética en los asentamientos de desplazados en la ciudad de Medellín es producto de las investigaciones que la autora ha realizado, desde el año 2001, cuando se interesó por esta ominosa realidad y escribió textos diversos, para publicaciones internacionales. Posteriormente, el Ministerio de Cultura le concedió una beca para la consolidación de este trabajo, que hoy vemos cómo se materializa, en las páginas de esta pulcra y armoniosa edición.

Y no es gratuito que Lucrecia Piedrahita pueda ostentar disposición y aptitud para sondear tan acuciosamente esta difícil temática, pues es una mujer que transpira sensibilidad y energía, especialmente para asumir la expedición de las más dolorosas tribulaciones del ser humano, siempre desde una mirada artística.

Y es que el Arte ha sido el eje orientador de su ruta. Desde muy joven demostró su talento: a los 24 años de edad (luego de sus estudios de Museología e Historia del Arte, en Florencia), fue nombrada directora del Museo de Antioquia. Y, aparte de la exquisitez de los contenidos y enfoques de sus exposiciones, su gestión de 5 años al frente del museo pasará a la Historia como la que consiguió las fantásticas mega donaciones del maestro Fernando Botero e inició el milagroso proceso de “Medellín, Ciudad Botero”.

Del museo, pasó a la dirección del Festival Internacional de Arte (la “Nueva Bienal” de Medellín) y, de ahí, a la docencia universitaria y a la dirección y diseño de algunas series maravillosas sobre Arte y Cultura, en televisión y radio.

Actualmente, es directora del Canal Universitario de Antioquia y codirige el completísimo proyecto multimedia “Ágora: historia de las ideologías políticas”, tan justamente apoyado y acogido por nuestro diario EL MUNDO.

Lucrecia define su nuevo libro como “un testimonio que narra con dignidad los hechos del dolor”. Y, además de la palabra, acude para esta narración a dramáticas imágenes que invitan a la reflexión. Las fotografías fueron tomadas por la misma Lucrecia y por el excelente Juan Fernando Ospina, quien se consolida, cada día con más méritos, como uno de los más prometedores representantes de nuestras nuevas generaciones de artistas antioqueños.

El historiador Eduardo Domínguez Gómez dice que, por medio de este libro: “El dolor colectivo de la expulsión que avergüenza a Colombia no morirá para la Historia, como no ocurrió con los transterrados o refugiados de otras partes del mundo, gracias a que las cámaras, las libretas de apuntes y la voluntad férrea de los analistas comprueban que tampoco es suficiente con ver el drama, sentir erizada la piel, indignarnos o injuriar. Hay que ir al fondo: comprender a los protagonistas en sus jornadas rutinarias por evitar el pisoteo, la exclusión y la desnaturalización”.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=77427&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=906

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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:20
El Mundo, 15 de Febrero de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Corre veloz por la pradera verde, con la que ha comulgado desde que nació. Feliz explora la naturaleza y goza con el contacto de las hojas. Los hombres han querido que sea fiero, pero su espíritu es limpio y cándido. Un día, peones sucios lo toman con lazos, golpeándolo, lo obligan a subir a un incómodo camión, y él, invadido de pánico, sufre en la oscuridad del interior. Así comienza el trayecto que lo llevará a un edificio, templo de la muerte, que evoca las antiguas edificaciones andaluzas.

Allí, lo aíslan, en un cubículo lóbrego, hasta que, días después, de pronto, abren la puerta: él corre para escapar, pero se encuentra con un círculo de graderías atestado de gente que vocifera, y con un cerco rojo, que lo tiene encerrado todavía, y aparece un hombre, disfrazado como si fuese un payaso.

El ruido lo inquieta, presiente la tribulación. Le arden los ojos, está casi enceguecido, a causa de un químico que le rociaron.

Él quiere huir y corre, corre incansablemente, cerca de las vallas rojas, buscando la salida. Pero no, cada vez que se acerca a la libertad, aquel hombre, manipulándolo, abusando de su inocencia, le entierra un punzón largo, agudo, en su espalda. Él no puede comprender el porqué de este intenso ataque que lo estremece en dolor. Sigue corriendo, anhelando la salvación. Trata de defenderse del asesino. Pero este sigue insertándole chuzos infernales, que hacen que de sus ojos salgan incontenibles lágrimas.

Cada vez que el verdugo desalmado le hace alguna tortura, la muchedumbre, feliz, grita, se retuerce de gozo, y beben manzanilla, cantando la seguidilla, como en un cuadro siniestro del cuarto acto de la Carmen de Bizet.

El destino sangriento es inapelable. Su dorso está empapado en sangre, sus ojos empañados, su mente blanca, su figura acorralada. Ya nada puede hacer.
Lucha, persiste, no se rinde su espíritu vigoroso; pero sus contrincantes (ahora son varios) se deleitan, cada vez que lo azuzan, lo flagelan, lo hieren, lo desgarran, lo vulneran. Hasta que al fin, la diabólica horda de espectadores ebrios, ansiosos de holocausto, exige la culminación del sacrificio.

Y cuando la espada, larga, fría, llega hasta su médula, él se desploma sobre la arena, lanza un gemido infinito y se retuerce de dolor. Y al ver su agonía, la muchedumbre celebra.

Este ritual satánico no está permitido en ninguno de los países realmente civilizados. Por eso, aprovecho estos días de temporada taurina para sumarme a los movimientos antitaurinos de Colombia y demás grupos defensores de la naturaleza, que, a pesar de las frecuentes prohibiciones que han gestionado poderosos empresarios para entorpecer su apostolado, no han desfallecido, ni han permitido que la mordaza ahogue su protesta.

Verdaderamente doloroso es verificar que la Ley Colombiana de Protección a los Animales (Ley 84 de 1989, que se supone debería ser la carta de salvación para los “animales no humanos” torturados y exterminados) contempla una serie de excepciones indudablemente contradictorias y discraminativas. Esta ley, que bien condena herir o lesionar a un animal por golpe, quemadura, cortada o punzada, o con arma de fuego; causar la muerte innecesaria o daño grave a un animal obrando por motivo abyecto o fútil; convertir en espectáculo público o privado el maltrato, la tortura o la muerte de animales adiestrados o sin adiestrar, incluye en su texto las siguientes excepciones inadmisibles: “Quedan exceptuados (de esta ley de protección) los animales utilizados en el rejoneo, coleo, las corridas de toros, novilladas, corralejas, becerradas y tientas, así como las riñas de gallos y los procedimientos utilizados en estos espectáculos”.

Los grupos pacifistas antitaurinos, a través de comunicaciones llenas de información de interés psicológico y sociológico, han levantado su voz, asimismo, para denunciar cómo esta fiesta macabra transgrede y atropella no sólo los derechos de los animales, sino también los de los niños. Derecho a crecer en un ambiente sin violencia, de equilibrio psíquico y emocional; a no presenciar ni participar en actos de tortura y muerte; a recibir de los mayores ejemplo de bondad...

No puede comprenderse cómo es posible que en espectáculos de bestialidad e incultura, como los “festivales” taurinos, sea recurrente la presencia de menores de edad, especialmente teniendo en cuenta el excesivo consumo de licor habitual en los concurrentes.

Es necesario continuar la lucha para que, mientras se logra una restricción sustancial a los procedimientos de tortura de estas ferias, por lo menos se prohíba a los adultos llevar niños a las plazas de toros, donde se exalta y aplaude la crueldad y se convierte el acto de torturar, matar y emborracharse en ejemplo a seguir.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=76864&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=899

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