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Presentación

  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:50
El Mundo, 23 de Diciembre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

En este 2008 que termina, celebramos los 90 años de la publicación de Ulises, la obra maestra de James Joyce, que, en el 2000, fue escogida como la novela del Milenio. Escritores y críticos se han dedicado, durante decenios, a tratar de desentrañar el sentido de este monólogo inconmensurable. Centenares de debates, foros y discusiones en periódicos y universidades se han desarrollado desde 1918, a finales de la Primera Guerra, cuando la revista estadounidense “Little Review” empezó a publicar “Ulises” por fragmentos. Fue tal la controversia, en cuanto a esta obra de este irreverente, inestable y asocial escritor, que, en 1920, su publicación fue suspendida, ante la protesta de un grupo de laicos que no podían tolerar un texto tan “obsceno, lúbrico, lascivo, innoble, indecente y repugnante”. Ya anteriormente, en 1912, Joyce había sufrido la persecución del veto, cuando se quemaron todos los ejemplares de sus “Cuentos dublineses”.

Ahora, cuando no hay individuo que quiera llamarse intelectual que no lea “Ulises”, vemos que el tiempo se ha encargado de perdonarle a Joyce todos sus arrebatos inconformistas y sus locuras de ebriedad, que lo harían indeseable ante la ultracatólica sociedad irlandesa decimonónica, barnizada aún con el puritanismo absorbente de la reina Victoria, que destruiría la vida del más grande irlandés de todos los tiempos: Oscar Wilde.

Trataremos de hacer un veloz recorrido por la vida del autor de la “novela del milenio”. Esta alma, que no cabía en el cuerpo, nació en el frío suelo de Irlanda, el 2 de febrero de 1882, en un hogar tan pobre como casi todos los del Dublín de entonces. Fue educado con esmero por los jesuitas, grandes intelectuales, quienes impregnaron en su esencia el afán por encontrar la verdad... Y, cuando creyó hallarla, rompió definitivamente con la Iglesia y se dedicó a buscarse a sí mismo. Para entonces, ya terminaba su licenciatura en Letras.

Cuando apenas salía de la adolescencia, ya se hacía notoria su inclinación por la bohemia. Fue así como se convirtió en un gran catador de licores y materializó en la cama todos los paraísos eróticos indecibles que creaba en su cerebro. Tal vez por su salvaje instinto de buscar olvidar lo que sabía, las mujeres que amó no fueron ni exquisitas ni cultas, y terminó viviendo con Norah Barnacle, una camarera que fue musa de las más desaforadas escenas de sus obras. Joyce nunca dejó de tratar a su mujer como a una cualquiera, lo cual comprueba su correspondencia íntima, que podría inspirar las más escatológicas películas pornográficas.

En 1904, Joyce y Norah, posteriormente inmortalizada como Molly, dejaron Dublín y comenzaron una viandanza por Europa, que los llevaría a vivir inicialmente en Roma y Trieste, donde Joyce trabajó como empleado bancario y como profesor de Idiomas. Los ingresos familiares se complementaban, además, con las escasas regalías de sus escritos y con la ayuda de su hermano Stanislaus. En estas ciudades que conocieron su genio, nacieron sus hijos: Giorgio y Lucía.

En 1907, comenzó a padecer de iritis, grave enfermedad óptica, que casi lo lleva a la ceguera y que haría que fuera sometido a más de 10 operaciones en los ojos. Tal vez, esta parcial ceguera fue lo que lo hizo vibrar en la misma onda del ciego Homero, cuya “La Odisea” se considera como la fuente inspiradora de “Ulises”.

En 1916, toma vida su primera novela, “Retrato de un artista adolescente”. Para entonces, ya había publicado su libro de poemas “Música de Cámara” y sus “Cuentos Dublineses”. Haciendo alusión al título de su poemario, podemos decir que Joyce fue un gran conocedor de la Música y de todas las artes: hizo avezados estudios musicales; poseía una soberbia voz de tenor, que hizo pública en varias presentaciones; se esmeró por que en su obra sobresaliera la cadencia e impulsó el entonces naciente arte del Cine.

Estas obras fueron publicadas con la ayuda de Ezra Pound, quien se convertiría en su agente y en el de T. S. Eliot. Pound fue uno de los primeros poetas norteamericanos verdaderamente sobresalientes que contribuyeron a que, a partir de 1920, el mundo pusiera su mirada en la literatura estadounidense, hasta entonces ignorada y menospreciada en Europa.

Luego de escribir su pieza teatral “Exiliados”, Joyce y su familia se trasladaron a París, donde residieron durante los decenios de 1920 y 30. Allí, se sumergió en la bohemia intelectual y fueron sus amigos Hemingway, Faulkner y diversos representantes del Cubismo y el Fauvismo, cobijados con el manto protector de Gertrude Stein. En París fue donde, en 1922, se pudo llevar a cabo la publicación definitiva de “Ulises”, obra iniciadora del monólogo interior, que lo llevaría al estandarte de la gloria y le daría fama universal.

Allí, escribió otros poemarios y concluyó, en 1939, su última obra, “Finnegans Wake”, que trata de encarnar en la ficción una teoría cíclica de la historia. La novela es una secuencia de sueños ininterrumpidos de un personaje principal. Esta obra es la cumbre de su camino de experimentación: en ella mezcla palabras en varios idiomas e interactúan la ficción y la realidad. La obra de Joyce combina las tradiciones literarias del realismo, el naturalismo y el simbolismo, logrando consolidar un estilo único y fácilmente reconocible, lo cual es pues la finalidad de todo creador.

En 1931, se casa con Norah Barnacle y se consagra a apoyar a su hija Lucía, quien se hundía en la locura, según dicen, por el desamor del dramaturgo, también irlandés, Samuel Beckett (Nobel de Literatura 1969).

Al comenzar los ataques de los alemanes a Francia en 1940, Joyce y los suyos se trasladan a Zurich, ciudad que lo ve morir, el 13 de enero de 1941.

 

 



http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=104003&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1219 
 
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:49
El Mundo, 16 de Diciembre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

La semana pasada, el Museo de Arte Moderno de Medellín rindió un sentido homenaje a la memoria de la pintora Ethel Gilmour (norteamericana pero “antioqueñísima”), quien falleció el pasado mes de septiembre. El acto fue aprovechado para inaugurar el mural de Ethel “La Virgen de Giotto en Medellín”, terminado 15 días antes de su deceso. Además de un proceso gráfico que venía adelantando, este mural es su última obra.

Esta creación hace parte de un programa de intervención espacial efímera que ha implementado recientemente el MAMM y que ha bautizado con el nombre de “El Muro”. De acuerdo con las directrices de esta actividad, los murales participantes sólo pueden estar expuestos durante 3 meses, luego de los cuales deberán ser borrados, para dar paso a nuevas “experiencias artísticas” sobre el mismo muro.

Según me comenta el curador del Museo, el también artista Óscar Roldán, la nueva “Virgen paisa” de Ethel, de 2.5 x 3.8 metros, fue diseñada a partir de una obra suya un formato medio que lleva el mismo nombre, lo que la convierte en una versión ampliada y, claramente, en un nuevo original. La ejecución la hizo el taller de Libardo Ruiz, el cual ya había acompañado a Ethel en varios proyectos, como la magnífica “María Auxiliadora” de la Estación Itagüí del Metro (tema con el que se apasionó esta artista y cuyas obras escogió Fernando Vallejo para la carátula de “La Virgen de los Sicarios” –por cierto, Ethel fue una de las pocas personas a quienes visitó Vallejo, cuando regresó a Medellín, el pasado mayo).

Volviendo al mural, la idea de esta producción entusiasmaba tanto a nuestra artista, que, a pesar de las dolencias propias del cáncer que la aquejaba, decidió ponerse al frente de la dirección de la misma, con minucioso control e intervención en todos los detalles, hasta su finalización.

Esto nos lleva a pensar que, a pesar de que, aunque Ethel había aceptado que el mural se suprimiera posteriormente, el Museo debería contemplar seriamente el conservar la obra.

Cuando le manifesté esta reflexión al curador Roldán, me respondió que el Museo haría una excepción en este caso y dejaría “vivir” la obra, durante 6 meses, pero que, ineluctablemente, al cabo de este lapso, sería eliminada.

El curador expresó, además, que: “Cabe aclarar que la obra será registrada profesionalmente para poder replicarla en cualquier momento, además de quedar consignada en la memoria del MAMM y poder ser editada en los recuentos periódicos proyectados”.

¿Para qué reproducirla ulteriormente, si la comunidad ya cuenta con esta obra, en formato gigante, dirigida y supervisada por la artista en persona?
La importancia de que el MAMM haga lo pertinente para que esta obra permanezca entre el patrimonio cultural de los medellinenses se hace mayor, al considerar que esta artista fue cofundadora de ese mismo museo y que, como comentábamos, se trata de la última obra de quien bien puede compartir con Débora Arango y Dora Ramírez, el título de la principal mujer en las Artes de Antioquia.

Hay que considerar, además que el MAMM, que está próximo a estrenar una amplísima nueva sede, podría encontrar allí un espacio para continuar con el proyecto de ”El Muro”, por lo cual la conservación de la obra de Ethel tampoco perjudicaría el desarrollo de esa iniciativa, que, por cierto no está tan consolidada como para pensar que el muro actual es el único que puede intervenirse, pues antes de Ethel, el único artista que había participado fue Aníbal Vallejo G., con su “ Myne name is Lubbertd Das”.

Ethel sentía un enorme afecto por el MAMM. Recuerdo que, una tarde en su museo-apartamento en el Parque de Bolívar, comiendo palitos de queso con su inseparable esposo, Jorge Uribe, y con el doctor Jorge Rodríguez Arbeláez, manifestó que, para ella, la principal de sus exposiciones fue la que hizo en ese museo, en 1997 (que incluyó el lanzamiento del bellísimo libro sobre su obra, publicado por Eafit). Para entonces, Ethel, que era master nada menos que del Pratt Institute de Nueva York, había presentado su obra en más de un centenar de muestras en Colombia, Estados Unidos, Inglaterra, Holanda, Grecia, Bélgica, Chile y otros países.

Su última aparición en público fue en agosto, cuando la vimos invitar a la gente a “no perder la poesía”, en el lanzamiento del libro “Nosotros, Vosotros, Ellos”, en el cual Félix Ángel se encarga de describir la importancia de la generación de artistas antioqueños de los años 70, de la cual ella fue figura excepcional. Días después, poco antes de su viaje definitivo, estuve en su casa para entregarle mi libro “El Color en el Arte Colombiano”, en el cual la exalto como una de las más atrevidas e innovadoras coloristas de nuestra patria.

Ethel se nos fue, pero, además del gratísimo recuerdo que nos deja, nos queda su obra, valiosísima, que debemos preservar y proteger como merece.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=103449&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1210
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:47
El Mundo, 9 de Diciembre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Acerca de la reciente tragedia de Alto Verde, uno de los columnistas más importantes de la ciudad me escribió, la semana pasada: “Tú fuiste el primero en denunciar en la prensa la conducta de los señores Fajardo (…) ahora que las viviendas más lujosas empiezan a ser enterradas por los derrumbes”.

Ese distinguido analista evoca mi columna “Delitos e inconsecuencias”, de octubre del año pasado, en la cual describo el proceso de cómo la Sala Penal  del Tribunal Superior de Medellín condenó al señor Andrés Fajardo Valderrama, a un año de privación de la libertad y a la inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo período, como autor responsable del delito de Contaminación Ambiental, a causa de su acción depredadora, durante la construcción de uno de los multimillonarios proyectos arquitectónicos de “Fajardo Moreno”, en un sector campestre, cercano al de la mencionada tragedia.

En ese juicio, se le imputó a Fajardo la destrucción de humedales, la construcción de vías sin la debida licencia ambiental, la contaminación de las aguas de toda una comunidad, la desestabilización del terreno y la facilitación de la erosión “movido tan sólo por el interés económico, en desmedro de las condiciones de salud de los habitantes de esa comarca”. Se hizo visible cómo arrasó con todo un hábitat y desplazó una cantidad de especies de fauna y flora de la zona, con pleno conocimiento de sus actos y sin autorización de las autoridades pertinentes…  Este es el caso al que se refiere mi amigo el doctor Raúl Tamayo, en la apostilla final de su pasada columna en El Colombiano.

Es increíble la “angurria” de los señores Fajardo, quienes, contrario a algunos otros constructores que hacen esfuerzos por contribuir al desarrollo sostenible, no han visto inconveniente en  llevar a cabo, como demuestra la sentencia penal 048 – 2006, del Tribunal Superior de Medellín, la tala indiscriminada de bosque natural primario y secundario, en una zona considerada como pulmón de la ciudad. 
Nada los detiene… Pareciera que no se dieran cuenta de la responsabilidad que implica el ser la familia de quien condujera los destinos de la ciudad. 

Acerca del período de prosperidad que vivieron los constructores, durante la alcaldía de Fajardo, podríamos citar a El Espectador (30 de noviembre) cuando, en medio del cubrimiento de la catástrofe de Alto Verde, publicó: “Entre los años 2002 y 2007, se otorgaron 437 licencias de construcción para El Poblado, un total de 9037 viviendas”, de las cuales 1.136 fueron construidas por Fajardo Moreno, según concluye el mismo diario, basado en datos provenientes de la Curaduría Primera.

La calamidad de “Alto Verde” y la próxima inauguración de la “Vía Distribuidora”, en el lugar donde había un parque con más de 1.600 árboles, nos hace lamentar, una vez más, el crecimiento “insostenible” y desenfrenado de la ciudad (que se hizo mucho más notorio durante la pasada alcaldía), que mereció la abierta crítica del arquitecto Rogelio Salmona.

Tiene razón mi amiga Nora López, cuando bromea: “Fajardo quiere tanto los árboles, que les dio entierro de Faraón: ¡los sepultó en pirámides!”.

Durante su administración, Sergio Fajardo, fiel al afán de “desarrollismo” y a la devoción por el cemento y el concreto que aprendió en el hogar paterno, se convirtió en el mayor alcalde arboricida en la historia de la ciudad (récord difícil, considerando las ‘realizaciones” de algunos de sus antecesores).  Y ahora, luego de sus hipermediáticas “gestiones de progreso”, que despojaron a la ciudad de varios de sus últimos pulmones,  estudios de la mayor seriedad catalogan a Medellín como una de las urbes más contaminadas del Continente.

Según la Organización Mundial de la Salud, en Medellín el PM10 es de 93 partículas por metro cúbico, ¡mientras, en la ya “irrespirable” Santiago  de Chile, es de 74, y en Bogotá, de 66!

En los últimos 25 años, en nuestra ciudad, el cáncer de pulmón ha crecido de 11,8 a 20,6.

Nuestra gente padece un 160% más de congestión nasal y un 81% más de ardor en los ojos. 

La más contaminada... y ahora, sin cifras maquilladas, la de mayor criminalidad...  ¿Es esta “La Medellín que soñamos”?

***

La audiencia preparatoria del juicio al ex fiscal Guillermo León Valencia Cossio ha sido suspendida, hasta enero próximo.  Acerca de este caso, un ilustre ex congresista conservador exclamó, hace poco, en una reunión privada: “¡Es triste que para las nuevas generaciones, que no conocen la historia de Colombia, el nombre de Guillermo León Valencia estará siempre asociado al senior Valencia Cossio!”

***

Y hablando del tema Guillermo León,  ¿por qué, cuando se habla de las conductas dudosas del ex secretario de Gobierno Gustavo Villegas, nunca se hace referencia a su cercanía con el ex alcalde Fajardo, de quien fue la mano derecha?

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=102850&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1203
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:46
El Mundo, 2 de Diciembre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

A raíz de mi columna “Un nominativo que es un improperio”, en la que protesto por el hecho de que el teatro de la Universidad de Antioquia lleve el nombre de un guerrillero del ELN, he recibido diversas comunicaciones de lectores que preguntan mi opinión acerca de cuál debería ser el nuevo nombre de ese importante auditorio.

Como dije en la citada columna, lo más lógico sería que la Universidad bautizara su teatro en honor a uno de sus distinguidos egresados. ¿Por qué habría de homenajear, a través de Camilo Torres, a los grupos guerrilleros que han sumido a nuestra patria en la tragedia, cuando del Alma Máter han surgido figuras nacionales e internacionales que han dado lustre a Colombia, desde todas las posiciones ideológicas y sociológicas… desde el presidente Álvaro Uribe V., hasta el polémico escritor Fernando Vallejo? Además de los 2 ilustres antioqueños que acabo de mencionar, me atrevería a presentar algunos otros nombres de hijos de la U de A que bien merecerían el nombre de un auditorio: Mariano Ospina P.: Presidente de la República.

Realizó sus estudios de Ingeniería, cuando la Escuela de Minas pertenecía a la Universidad de Antioquia. Tomás Carrasquilla: escritor. Estudió Derecho, en la Universidad, pero tuvo que retirarse, en 1877, a causa de la guerra civil. Fernando González: escritor, filósofo y diplomático. César Uribe Piedrahíta: científico y escritor. Rafael Uribe Uribe: militar y político liberal. Marceliano Vélez: militar y político, 5 veces gobernador de Antioquia. Candidato conservador a la Presidencia de la República. Fidel Cano: periodista y político. Fundador de El Espectador. Antonio José Uribe G.: político, diplomático y jurisconsulto. Tres veces ministro de Estado. Francisco de Paula Pérez: político, intelectual, periodista. Ministro de Estado.

Fundador de El Colombiano. Fernando Vélez B.: distinguido jurisconsulto y tratadista de Derecho Civil. Gilberto Alzate Avendaño: abogado, político y periodista conservador. Hernán Toro A.: abogado y político. Ministro de Estado. Hernando Agudelo V.: político e ideólogo liberal. Ministro de Estado. Gabriel Betancur M.: dos veces ministro de Educación, subdirector mundial de la Unesco. Emilio Yunis: médico genetista. Álvaro Tirado M.: historiador. Jorge Cárdenas G.: gerente, por decenios, de la Federación de Cafeteros. Francisco Luis Jiménez: padre del Cooperativismo en Colombia. Esteban Jaramillo: el mayor economista colombiano de la primera mitad del siglo XX. Gobernador de Antioquia y 6 veces ministro de Estado. Octavio Arizmendi P.: ministro de Educación, gobernador de Antioquia. Fundador de Colcultura, Coldeportes, Colciencias, el Icfes, el Convenio Andrés Bello y la Universidad de la Sabana. Si siguiéramos con la lista de gobernadores de Antioquia y de alcaldes de Medellín y de ex ministros paisas hijos de la Universidad, tendríamos que escribir varias columnas. En cuanto a mujeres sobresalientes, están, por ejemplo: Bertha Zapata C., primera mujer magistrada del país; Sofía Medina de L., única alcaldesa de Medellín; Helena Herrán de M., única gobernadora de Antioquia; Rosita Turizo de T., activista de los derechos de las mujeres, y Teresita Gómez, pianista. En caso de que una fracción del estudiantado insistiera en la idea de rendir tributo a un hombre de izquierda, podrían incluirse en la lista, en representación de ese pensamiento, figuras como Estanislao Zuleta, Héctor Abad G., Jesús María Valle J. y Carlos Gaviria D. Habría que descartar a Gerardo Molina, pues ya lleva su nombre el auditorio de la Universidad Nacional de Medellín (igualmente ocurre con el egresado de Derecho José Gutiérrez G., cuyo nombre lleva el Teatro Metropolitano). ¿Y qué tal el gobernador de Antioquia y alcalde de Medellín Ignacio Vélez E., quien, como rector de la Universidad, fue el más entusiasta artífice de la Ciudad Universitaria? Pero, si de rectores de la Universidad de Antioquia hablamos, la nómina no es menos luminosa. Están, por ejemplo, los presidentes de la República Liborio Mejía, Francisco A. Obregón, Mariano Ospina R. y Carlos E. Restrepo, y los ciudadanos ejemplares José Félix de Restrepo, Pedro Justo Berrío, Tulio Ospina, Emilio Robledo, Clodomiro Ramírez, Julio C. García, Gil J. Gil, Alfonso Uribe Misas, Ricardo Uribe E., Eduardo Uribe B., Gonzalo Restrepo J., Jaime Sanín E., entre otros. Y no se nos puede olvidar que Francisco José de Caldas fue profesor de la Universidad, en 1813. ¡Ni hablar de los insignes fundadores de cada una de las facultades! Y estos son sólo unos cuantos, entre los innumerables científicos, intelectuales y hombres cívicos que se han formado en la Universidad (no resisto la tentación de mencionar al médico y dos veces ministro Luis López de Mesa, quien, aunque egresó de la Nacional, le donó su inmensa biblioteca y sus archivos a la U de A). ¿Les parece entonces admisible que el teatro siga llevando el nombre de un guerrillero, que ni siquiera era antioqueño ni hijo del Alma Máter?

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=102269&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1196
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:45
El Mundo,  24 de Noviembre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

La semana pasada, estuvo en Medellín Francisco de Roux S.J., hablando sobre el perdón. El sacerdote de Roux expuso la mirada de la Iglesia acerca de este complejo sentimiento del ser humano y lo ubicó en el ámbito de la Colombia actual, sumida en el dolor de una guerra absurda, donde, como predica este hombre de paz, se hace indispensable el perdón de las víctimas, para lograr la reconciliación y el cese de la violencia.

El padre De Roux se ha distinguido por sus esfuerzos para lograr un entendimiento nacional, en pos de la fraternidad y la justicia social. Su meritorio trabajo al frente del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, que promueve una cultura de paz basada en el diálogo, lo ha constituido, sin duda, en todo un líder nacional.

Este sacerdote, de mente abierta y constructiva, se posesionó, hace pocas semanas, como nuevo Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia. Su ascenso a esta posición, que implica la dirección del destino de más de 280 jesuitas, sintoniza a la comunidad ignaciana colombiana en la onda general de renovación de “la Compañía” que fomenta el nuevo Superior General, el español Adolfo Nicolás.

Me sorprendió el hecho de que, cuando, a comienzos de este año, el padre Nicolás asumió el Generalato, la prensa colombiana en general no divulgó la noticia. Extraña omisión, teniendo en cuenta no sólo la importancia de las instituciones ignacianas en nuestro país (de Educación y Banca, especialmente), sino también el halo de poder en la Iglesia que siempre se ha adjudicado al Superior General de los Jesuitas (no es gratuito que, tradicionalmente, reciba el apelativo de “El Papa Negro”).

La elección del padre Nicolás es sólo un paso más en el camino de la consolidación del espíritu progresista y altamente teológico de “la Compañía”, que tuvo momentos cumbre en el siglo XX, gracias al trabajo de figuras intelectuales y espirituales de la talla del gran teólogo, filósofo y paleontólogo Teilhard de Chardin S.J. (famoso por su tesis de la no-oposición entre la fe y la ciencia) y el padre Ricardo Lombardi S.J., llamado “el Micrófono de Dios”, quien fue el gestor y fundador de la Democracia Cristiana en Europa, de la cual surgieron líderes de la talla de Konrad Adenauer, canciller de la Alemania de la Postguerra y De Gasperi, forjador de la nueva república italiana.

Como es bien sabido, la Compañía de Jesús lleva más de 400 años de apostolado en el Asia. Sin embargo, como me recordó, hace poco, mi amigo Antonio Cuartas, los últimos 4 decenios han sido los más representativos en el viraje de la visión ignaciana hacia el Oriente, pues los 3 últimos superiores se han impregnado del saber, la vida y el sentir del Asia (Arrupe y Nicolás, del Japón, y Kolwenbach, del Medio Oriente).

Algunos consideran que el gobierno del padre Nicolás podría ser una especie de prolongación del del antiguo superior Pedro Arrupe, no sólo por el hecho de que los dos vinieran del Japón, sino porque, desde su primera alocución como superior (en el templo de Il Gesú, de Roma), Nicolás ha manifestado su decisión de fortalecer el compromiso ignaciano de servir a los desplazados, oprimidos y necesitados, que fue, precisamente la orientación propuesta en su momento por Arrupe. Este enfoque social y de “liberación” provocó conflictos entre esta comunidad y El Vaticano, al grado de que algunos dicen que Juan Pablo II consideró la posibilidad de disolver la Compañía o de nombrarle un superior general no jesuita.

Al momento de ser electo “General”, Nicolás, de 73 años de edad, era Superprovincial del Asia.

El presbítero Luis Javier Palacio S.J., fiel lector de esta columna, me ha enviado un correo electrónico con sus consideraciones acerca de su amigo el nuevo Superior, quien fuera su profesor y director espiritual, en el Japón. Transcribo algunos apartes: “De Adolfo Nicolás pueden decirse muchas cosas buenas y ninguna mala.

Austero, devoto, de mente abierta, con sentido social, sufrió incluso la incomprensión de algunos jesuitas y jerarcas en el mismo Japón.

Esto lo llevó a evitar conflictos expatriándose en Filipinas, donde su brillante desempeño atrajo las ansias de la Provincia Japonesa de repatriarlo. Volvió triunfante y desempeñó todos los puestos importantes de la Provincia, viviendo siempre en pequeñas comunidades, en el sector pobre de Tokio, llamado Adachi. Su apostolado, además del académico, era el servicio a los trabajadores migrantes e ilegales y a los japoneses Hiyatoi (…) De un gran respeto por la libertad y autonomía de las personas, ejercía su superiorato con ‘mapas mentales’ ‘para que tú decidas’ (…) Se cree que su generalato marcará pautas para una correcta aproximación a Oriente y al desafío de su evangelización: inculturación, diálogo con el Budismo, el Hinduismo, los musulmanes, el neocapitalismo de los tigres asiáticos y sin lugar a dudas la lucha por la justicia que la fe entraña”.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=101594&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1188
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:43
El Mundo, 16 de Noviembre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Este 2008 es un año significativo para los "cortazarómanos", pues se celebran 70 años de la publicación de "Presencia", el primer libro de Julio Cortázar, y los 45 de "Rayuela", su inmortal obra maestra. Además, su vanguardista "Libro de Manuel" y su "Nicaragua, tan violentamente dulce" (fruto de su acelerado interés por los aspectos políticos y sociales de la realidad latinoamericana) también están de aniversario, por estar cumpliendo, respectivamente, 35 y 25 años de publicadas.

Me place, entonces, asociarme a quienes han aprovechado estas efemérides para estudiar y exaltar a esta figura cimera de las Letras Latinoamericanas.

Como el espacio es limitado, nos alcanza apenas para una brevísima semblanza.

A pesar de haber nacido en Bruselas (1914) y de haber vivido gran parte de su vida en París, Cortázar fue por sangre latinoamericano y vivió y se sintió como tal. Su corazón nunca pudo alejarse de aquel Buenos Aires que lo vio crecer y de aquel ambiente de intelectuales lunfardos que lo llevaría a optar por estudiar Pedagogía, Lingüística y Literatura y a consagrarse definitivamente a estas disciplinas, desde la creación y la docencia. Ese Buenos Aires afrancesado y exquisito en que le tocó vivir fue la incubadora perfecta para este cerebro que tanto regocijaría y pondría a pensar a millones de lectores en el mundo.

En 1951 (cuando era un férreo opositor del gobierno de Perón), consiguió una beca para estudiar en París y ese mismo año se vinculó a la Unesco como traductor, y, como uno de los buenos, desempeñaría este papel hasta que se jubiló. París fue el centro cultural que vería nacer sus más grandes producciones: "Bestiario" (1951), "Final del Juego" (1956), "Las armas secretas" (1959), "Los premios" (1960), "Historia de cronopios y famas" (1962), "Todos los fuegos el fuego" (1966), "La vuelta al día en ochenta mundos" (1967) y su archifamosa y ultrainnovadora "Rayuela", su obra cumbre. Esta novela sin orden, que puede leerse como a bien considere experimentar el lector, ha sido objeto de infinidad de discusiones y análisis eruditos sobre sus influencias y sus aportes a la novelística mundial. Los discursos literarios, filosóficos, políticos y hasta eróticos que se insertan en ella corresponden en gran medida a cuestiones heredadas de la literatura del absurdo, concretamente de autores como Kafka y Camus. Se trata de representar el caos y el problema existencial mediante una técnica nueva.

Cortázar pretende echar abajo las formas usuales de la novela para crear una narración basada en una especie de combinación infinita, por la cual se generan las múltiples lecturas capaces de articular la trama, la intriga, los personajes, el desdoblamiento autor-narrador y hasta la reconstrucción de la cronología.

Como estaba de moda en los románticos años 60, nuestro escritor no podía pasar por desalmado, y se comprometió con el proyecto de igualdad social en América Latina, inclinado hacia la izquierda, pero con visión objetiva acerca de los delitos del comunismo, razón que lo alejó un poco de su amigo Fidel Castro, quien lo "excomulgó", en 1971, por pedir información sobre el arresto del poeta Heberto Padilla.

En 1984, fallecería, en París. Aunque la enfermedad que lo llevó a la muerte fue la leucemia, paralelamente el escritor era víctima del Sida.

De su vida amorosa mucho se ha hablado. Sus seguidores y estudiosos nunca se ponen de acuerdo. Unos dicen que Cortázar fue tan heterodoxo como la mayoría de los grandes escritores y se dejan llevar por el íntimo mensaje tácito de su inmejorable traducción de las "Memorias de Adriano", de Marguerite Yourcenar. Otros consideran que sus grandes amores fueron sus dos esposas.

Su misma vida fue ese laberinto fantasmal del que el ser humano trata de escapar, ese retrato surrealista del mundo exterior que plasma en sus novelas. Esa mezcla sublime entre París y Buenos Aires lo llevaría a formarse una conceptualización exquisita del mundo y a amasar un acervo intelectual impresionante por lo vasto, el cual podemos apreciar en su obra, originalísima y renovadora, que lo llevaría a ser uno de los grandes artífices del Boom latinoamericano, un autor famoso universalmente, en decenas de idiomas.

Viajero impenitente, su ansia de conocimiento lo llevó a conocer los más espléndidos lugares del mundo y esta viandanza tan fructífera terminó con su definitivo viaje al Cosmos en 1984.

Cortázar es, sin duda, con Alejo Carpentier, la mayor manifestación de la encantadora fusión de América Latina con Europa, y del aporte que ha hecho nuestra región latinoamericana al desarrollo de las letras universales.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=100924&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1180
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:42
El Mundo, 9 de Noviembre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Desde el pasado mes de septiembre, gracias a las denuncias de la senadora Gina Parody, columnista de EL MUNDO, se ha incluido en la agenda de los medios de comunicación el importantísimo problema de la infiltración de los grupos terroristas en las principales universidades públicas del país.

  Así, la comunidad en general ha podido vislumbrar de mejor manera ese fenómeno que ha atormentado a nuestras universidades a través de decenios.

Hemos podido ver también, en las últimas semanas, la indignación nacional, ante la iniciativa de un grupo de pro-subversivos venezolanos que inauguraron, en el vecino país, una plazoleta con el nombre del criminal ‘Manuel Marulanda’, presidida por una estatua del monstruo que por casi medio siglo sembró el terror en nuestra patria.  El Comité de Asuntos Exteriores del Senado no dudó en señalar el hecho como “apología internacional del delito”.

Este es, entonces, el momento para protestar también por el hecho de que uno de los teatros más importantes de Medellín rinda homenaje a un guerrillero. ¿Cómo es posible que no se haya actuado eficazmente en pos de que el gran Teatro Universitario (con capacidad para más de 1.500 espectadores) no sea identificado como “el Camilo Torres”?

Aunque oficialmente el Consejo Superior de la Universidad no ha bautizado el Teatro con el nombre del fallecido subversivo, este puede leerse en un inmenso letrero, a la entrada del edificio y en una placa conmemorativa estratégicamente situada. Además, en los programas, tarjetas y circulares de los eventos y congresos que se realizan en este auditorio y en las publicaciones en prensa referentes al Teatro casi siempre se le señala con el nombre del guerrillero.  Varias publicaciones oficiales y la página web de la misma universidad también caen en este error. Todo esto ha llevado a que en la memoria colectiva de nuestra comunidad inmediatamente se asocie ese teatro al nombre de Camilo Torres Restrepo (que no Camilo Torres Tenorio, prócer de la Independencia ).

La gente de la Universidad de Antioquia se ha acostumbrado a encapuchados con armas de fuego que intimidan a estudiantes y empleados, dañan y hurtan equipos, asaltan cajeros, quiebran vidrios y lanzan bombas.  De esas «protestas», han resultado varios estudiantes muertos y múltiples heridos entre los agentes de la Fuerza Pública.

Todo esto debería alentar al Consejo Superior a reaccionar, aprovechando que en estos momentos el país entero se ha unido para marchar contra las barbaries de la guerrilla, contra ese accionar violento que eligió Torres como forma de vida.  No podemos olvidar que aquel sacerdote que traicionó los más elementales principios cristianos murió cuando intervenía en una emboscada, con otros 34 guerrilleros del ELN, contra un destacamento del Ejército Nacional.  En aquel atentado contra las fuerzas legítimas y democráticas, aunque Torres y los demás delincuentes lograron aniquilar las tropas del Estado, un militar herido pudo defenderse y dio de baja a Torres, que se había apresurado a ir a recoger las armas de los soldados que habían asesinado.  Ese combate se produjo el 15 de febrero de 1966, un mes antes de las elecciones presidenciales de ese cuatrienio, frente a las cuales Torres Restrepo predicó una abstención “activa, beligerante y revolucionaria”, entendiendo por “revolucionaria” la idea de tomar las armas y desestabilizar al país, más allá de que en esos comicios se daba por seguro ganador a Carlos Lleras Restrepo, primo de su madre y hombre que evidentemente reunía un perfil integral de estadista.

En pos de que no haya confusión y quede claro que el Alma Máter no hace ninguna invitación ni apología al terrorismo, sería necesario que se escogiera, lo más pronto posible, un nombre para el “Teatro Universitario” y que se hiciera el pertinente despliegue mediático.

¿Por qué adjudicarle al Teatro el nombre de este personaje, que ni siquiera es antioqueño ni hijo de la Universidad de Antioquia, cuando del Alma Máter han salido figuras realmente importantes, que han dado gloria al país, desde todas las vertientes ideológicas y políticas?

El otro gran teatro de la ciudad, el Metropolitano, lleva el nombre de un pacífico y progresista egresado de la U de A: José Gutiérrez Gómez, quien, contrario a ser un ícono inspirador de los terroristas, fue un prohombre que entregó su vida a la causa del desarrollo y de la justicia social y que dejó a nuestra comunidad obras tan importantes como Comfama, el Sena, la Andi, la Clínica Cardiovascular , Eafit y el mismo Teatro Metropolitano.  ¡Ni punto de comparación!

Si los representantes de la fracción comunista del estudiantado se impusieran en su deseo de exaltar a un líder de izquierda, bien se podría emular a la Universidad Nacional de Medellín, que bautizó su auditorio con el nombre de Gerardo Molina, representante de una izquierda inteligente y con argumentos.  Pero, mucho mejor, ¿por qué  no imitar a la Nacional de Bogotá, que ha enaltecido su bello auditorio al darle el nombre de un poeta, León de Greiff?  ¡No a las balas, sí a la palabra!

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=100336&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1173
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:40
El Mundo,  2 de Noviembre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Entre los mensajes que recibí, acerca de mi pasada columna, “Iglesia vs. nazismo”, se encuentra uno del Pbro. Carlos Andrés Muñoz, sacerdote de la Arquidiócesis de Medellín, quien exalta el hecho de que sean los laicos quienes expongan los argumentos que confirman que la Iglesia Católica, en vez de apoyar al nazismo (como se ha pregonado por decenios), hizo una valerosa labor de denuncia y de protección a las víctimas potenciales del mismo.

En su mensaje, el Padre Carlos Andrés me exhorta a escribir acerca de los mártires católicos del Holocausto, que, como él mismo dice, “son prueba de que la Iglesia también sufrió en carne propia ese tiempo de terror”.

A pesar de que no es mi costumbre escribir varias columnas sobre un mismo tema, considero pertinente atender la cordial invitación de este sacerdote, teniendo en cuenta que no podemos ahorrar esfuerzos por concienciar acerca de los peligros del nazismo, en estos días en que siguen surgiendo en el mundo grupos neonazis y de “Cabezas Rapadas”. Todos sabemos que el nazismo y la xenofobia son deplorables desde cualquier punto de vista ideológico respetable; por eso, conociendo la gravedad de las acusaciones que se han hecho contra la Iglesia, es necesario continuar aclarando hasta dónde llegó el compromiso de sus jerarcas, en contra de las siniestras políticas de Hitler.

Y, más allá de las consideraciones que presentamos en días pasados, está, como comenta el P. Carlos Andrés, la historia de centenares de sacerdotes y religiosas que se consagraron en esos años a esconder y a defender a los judíos, a pesar de que con ello se estaban jugando la vida.

Como el espacio es limitado, nos centraremos en dos casos: Maximiliano Kolbe y Edith Stein.

Maximiliano Kolbe (hoy canonizado) fue un sacerdote franciscano, quien durante la II Guerra fue apresado por los nazis y confinado en el campo de concentración de Auschwitz. En una ocasión, un preso se fugó de dicho campo. La ley de los nazis preestablecía que por cada preso que huyera debían morir 10 de sus compañeros. Hicieron el sorteo de los que debían perecer, y uno de ellos imploró piedad, pues tenía esposa e hijos. Entonces Fray Maximiliano se ofreció a ocupar el lugar del condenado, a sabiendas de que esto representaba tener que morir de hambre, en un sótano. El oficial aceptó el intercambio y Fray Maximiliano fue encerrado con sus 9 compañeros. Durante los días en aquel lugar, se entregó a la oración y brindó ayuda espiritual a los otros, que fueron muriendo de hambre. Días después, el único que quedaba vivo era él; entonces, los nazis, que necesitaban el lugar para la muerte de otros presos, acabaron con la vida del franciscano, aplicándole una inyección de cianuro, en agosto de 1941.

Edith Stein fue una judía de Breslau (ciudad natal de Hitler), que después de graduarse como filósofa y de una intensa crisis religiosa, se convirtió al catolicismo, sirvió en el magisterio e ingresó a la vida religiosa como Carmelita, con el nombre de Hermana Teresa Benedicta de la Cruz. En medio de la II Guerra, fue trasladada a un convento en Holanda para proteger su vida de los hitlerianos, pero tras la invasión alemana a ese país, en 1942, ella y su hermana, también carmelita, fueron capturadas por los agentes de Hitler y llevadas a los campos de concentración de Amesfort y Westerbork, en compañía de otros 15 religiosos católicos.

Luego fueron conducidas a Auschwitz, donde murieron, en la cámara de gas. Fue beatificada por Juan Pablo II, en 1987, y canonizada, en 1998.

¡Y ellos son sólo dos, entre la multitud de religiosos católicos que perecieron mártires de las crueldades del nazismo! Vale decir, además, que, contrario a lo que han divulgado algunos seudo periodistas y seudo historiadores, no son los sacerdotes católicos, sino los pastores protestantes de la época, quienes pueden ser sospechosos de alianzas con los Nazis. Investigaciones serias han concluido que fue significativa la colaboración de diversos grupos evangélicos con Adolfo Hitler. Refiriéndose a esto, Paul Johnson, en su “Historia del Cristianismo”, escribe: “De un total de 17.000 pastores evangélicos, nunca hubo más de 50 que cumpliesen penas prolongadas (por no apoyar a Hitler)” (…) “Susannha Heschel, profesora de Estudios Judaicos, descubrió algunos documentos que demuestran que el clero luterano, evangélico, deseaba y ansiaba apoyar a Hitler. Según ella, los líderes clericales (protestantes) rogaron que se les concediera el privilegio de desplegar la esvástica hitleriana en sus iglesias. La abrumadora mayoría de los eclesiásticos no fueron colaboradores obligados, como lo revelan las pruebas, sino apoyadores fervorosos de Hitler y sus ideales arios”.

Pero la que pasó a la Historia como “la mala” fue la Iglesia Católica...

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=100186&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1166

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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:39
El Mundo, 24 de Octubre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Estimulado por los muchos correos que me llegaron sobre la columna “¿El Papa de Hitler?”, que escribí con motivo del cincuentenario del fallecimiento de SS. Pío XII, he preparado esta segunda nota sobre el polémico tema de “Iglesia versus Nazismo”.

En esta oportunidad, quisiera hablar sobre otro pontífice, SS. Pío XI, quien denunció las atrocidades de Hitler, con más valor que cualquier presidente de cualquier nación de aquel momento o de cualquier entidad internacional, como la ONU o la Cruz Roja, que nunca hicieron pronunciamiento alguno (¡Y esos mismos son los que critican a la Iglesia, por la actuación prudente de Pío XII, en plena Guerra Mundial!).

Pío XI, al darse cuenta de las ominosas intenciones del nacionalsocialismo, publicó, en 1937, la encíclica “Mit Brennender Sorge”, dirigida a los alemanes, en la que declara la radical oposición de la Iglesia a la discriminación racial del nazismo y a la persecución de este contra los cristianos.
 
La carta habla sobre la igualdad de los humanos ante Dios y critica fuertemente la xenofobia. “Dios ha dado sus mandamientos de un modo soberano, mandamientos independientes del tiempo y del espacio, de regiones y de razas. Como el Sol de Dios brilla indistintamente sobre todo el linaje humano, así también su ley no reconoce privilegios ni excepciones” (num.

11). “Solamente espíritus superficiales pueden caer en el error de hablar de un dios nacional y de una religión nacional e intentar la loca empresa de aprisionar en los límites de un solo pueblo y en la estrechez de una sola raza a Dios, Creador del mundo, rey y legislador de los pueblos, ante cuya grandeza las naciones son pequeñas como gotas de agua en un arcaduz”.
 
Refiriéndose a la persecución que padecían abundantes alemanes católicos, en el num. 9 escribe que: “Nos dirigimos a los fieles católicos de Alemania, que como todos los hijos que sufren y son perseguidos, están muy cerca del corazón del Padre común”. Luego, en el numeral 14, expresa: “Nos agradecemos, Venerables Hermanos, a Vosotros y a vuestros sacerdotes y a todos los fieles que en defensa de los derechos de la divina Majestad frente a un neopaganismo provocador, desgraciadamente apoyado a menudo por personas de influencia, habéis cumplido y cumplís vuestros deberes de cristianos. Este muy cordial agradecimiento va unido a una muy merecida admiración hacia todos los que en el cumplimiento de este su deber se han hecho dignos de soportar dolores y sacrificios por la causa de Dios”.

Se ha criticado a Pío XI, pues, durante su papado, en 1933, la Iglesia firmó un concordato con Alemania (donde era nuncio el Cardenal Pacelli, futuro Pío XII), pero se ignora que en ese año todavía no se percibían claramente los siniestros proyectos de los nazis y que la Iglesia concibe como deber estar en todos los Estados en pos de la evangelización.

Respecto de esto, aquel Papa, en la encíclica citada, escribe: “Cuando Nos, Venerables Hermanos, en el verano de 1933, a pedido del Gobierno del Reich, aceptamos reasumir las deliberaciones para un Concordato, fundado en un proyecto elaborado varios años antes, y llegamos de este modo a un solemne acuerdo que fue satisfactorio para todos vosotros, estuvimos inspirados por la indispensable solicitud de tutelar la libertad de la misión salvadora de la Iglesia en Alemania y de asegurar la salvación de las almas a Ella confiadas, y al mismo tiempo por un leal deseo de prestar un servicio de capital interés al desenvolvimiento pacífico y al bienestar del pueblo alemán”.
 
Continúa: “Si el árbol de la paz, plantado por Nos en tierra alemana con intención pura, no ha producido los frutos que Nos esperábamos en interés de vuestro pueblo, no habrá nadie que tenga ojos para ver y oídos para oír que pueda decir que la culpa es de la Iglesia y de su Supremo Jerarca. La experiencia de los años transcurridos pone en evidencia las responsabilidades y descubre maquinaciones que desde un principio sólo se propusieron una lucha hasta el aniquilamiento. En los surcos en que Nos hemos esforzado en arrojar la semilla de la verdadera paz, otros arrojaron –como en el inimicus homo de la Sagrada Escritura- la cizaña de la desconfianza, de la discordia, del odio, de la difamación y de una aversión profunda, oculta o manifiesta, contra Jesucristo y su Iglesia, desencadenando una lucha que se alimentó en mil diversas fuentes y se sirvió de todos los medios. Sobre ellos y solamente sobre ellos y sus protectores ocultos o manifiestos recae la responsabilidad de que sobre el horizonte de Alemania no aparezca el arco iris de la paz, sino el oscuro nubarrón precursor de destructivas luchas religiosas”.

Tras conocer la doctrina de Pío XI, ¿alguien puede seguir insistiendo que la Iglesia era pro-nazi?

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=98951&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1157
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:36
El Mundo, 17 de Octubre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

La semana pasada, EL MUNDO nos entrevistó: a la Primera Dama de la Nación, al Rector de Eafit, a la poeta Olga E. Mattei, a la directora Cecilia Espinosa y a este columnista, entre otros, para hablar acerca de la significación de Rocío Vélez de Piedrahita en el panorama de nuestra región, con motivo de la publicación de su nueva novela y del homenaje que se le rindió en la “Fiesta del Libro”, en el cual, el Alcalde de Medellín la condecoró con la Medalla “Porfirio Barba Jacob”, Categoría Plata (¿Qué le costaba darle la de Oro?).

En su entrevista, el ex ministro Juan Luis Mejía asegura que las novelas de doña Rocío “son muy importantes, pero han sido muy poco leídas”. 

¿Y cuáles son los motivos por los cuales su obra ha sido ignorada sistemáticamente, a través de los decenios?

Según escuché a la propia novelista, en un foro, en el 2004, los grandes obstáculos para la divulgación de sus producciones han sido “Ser mujer y ser burguesa”.

Sin embargo, es posible que estas razones no hayan sido los mayores inconvenientes para alcanzar reputación internacional como novelista.

El 90% de las principales mujeres de nuestras Artes han provenido de familias aristocráticas y eso no ha sido limitante para ascender a altos escaños.  En el campo de la Escritura, están, por ejemplo, Soledad Acosta de Samper, Sofía Ospina de Navarro, Isabel Lleras de Ospina (las dos anteriores hermanas de presidentes de Colombia) y Meira Delmar.  Incluso Laura Restrepo, a pesar de haber optado por la extrema izquierda, es una rica heredera.

Alguna vez, alguien me dijo que Ana Mercedes Hoyos y Maripaz Jaramillo habían logrado la gloria como pintoras, gracias al poder de sus millonarias familias... Pero, por más contactos y riqueza que se tengan, si no hay talento y calidad, no se puede llegar “a las altas ligas”.  Y ellas son las mayores mujeres de nuestra Plástica... 
 
En el caso de Vélez de Piedrahita, siempre tuvo todas las herramientas para el triunfo: además de su eterna pasión por la cultura, de su dedicación y fecundidad, de su personalidad segura y extrovertida y de su don de mando, el hecho de hacer parte de una de las familias más ricas y poderosas de Antioquia más que perjudicarla, podía haber sido de gran beneficio. 

Su abuelo paterno, Lucrecio Vélez, era de Bello, donde comenzó a cosechar una fortuna que sería muy grande.  Su abuela materna, Ana Mejía, en 1942, cuando ya era viuda y el patrimonio familiar se había dividido, aparecía como la tercera persona más rica de Medellín.  Sus tías se casaron todas con millonarios, dueños de las mayores textileras y haciendas del país, y con ministros, embajadores, alcaldes de Medellín…
Ha contado además con la simpatía del Conservatismo Antioqueño.  Su marido fue senador laureanista, y, si sabemos que doña Rocío tiene puesto de honor en los afectos del ex presidente Belisario Betancur, todopoderoso jefe de la Cultura en Colombia, ¿por qué esto no se ha traducido en un empujón para la propulsión de su obra literaria?  No podemos olvidar que Betancur la nombró ¡Comisionada de Paz!  

Hace casi 50 años, cuando se le pronosticaba un fulgurante futuro literario, publicó su primer libro, con sus propios medios. Posteriormente, fue apoyada por la Editorial Bedout, de la cual eran copropietarios los primos de su marido. Pero, a pesar de tantos contactos y de que en su obra pueden apreciarse altas dosis de ingenio, de fina humorística y de investigación, sus libros nunca han sido impresos por las grandes editoriales de Iberoamérica y no se han dado a conocer en otros países, donde no cuenta para nada el poder económico y social que un autor pueda tener en Colombia. 

En una ocasión, un venerable profesor de la Universidad de Antioquia, refiriéndose a este caso, aseveró: “Es que la gente prefiere leer al Carrasquilla original”.
   
Aunque una de sus novelas fue finalista en el premio Nadal de España, nunca se publicó en ese país.  Ningún esfuerzo ha valido para que su obra pueda ser considerada como más que un valor local y trascienda más allá del círculo medellinense.  Las ediciones de sus últimos libros no han pasado de los 500 ó 1.000 ejemplares. ¿Habrá que achacarle esto al centralismo bogotano?

Nadie podrá decir que, por ser mujer y por ser “de alta sociedad” no pudo ser reconocida en el exterior, ya que otra escritora antioqueña de su generación, Olga Elena Mattei, sí lo alcanzó, pues además de su decena de premios en Colombia y de publicar libros con ediciones de hasta 50.000 ejemplares, su obra ha tenido amplia divulgación internacional: premios en España, Centroamérica y Estados Unidos; condecoraciones y publicaciones en París y en Nueva York; inclusión en innumerables diccionarios internacionales; presentaciones y ponencias en las principales salas y en las ferias del libro de ciudades como Madrid, Berlín, Frankfurt, Hamburgo, Edimburgo, Washington, Chicago, Toronto, Ottawa, San Francisco, Los Ángeles, México y otras 20 ciudades de América Latina…
¿Alguien conoce, entonces, el motivo de la mala suerte de la obra de doña Rocío?

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=98274&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1150
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