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Presentación

  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 02:09


SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo,  18 de noviembre de 2009

Un error en un tema histórico, sumamente grave (ya que se trata de un artículo escrito por un historiador especialmente para la revista más importante del país) fue el cometido por Fabio Zambrano en el especial sobre el Bicentenario de la Independencia, “200 años, 200 símbolos”, incluido en la revista Semana del pasado 25 de octubre.

Zambrano fue encargado de resumir en pocas páginas lo más significativo de las guerras que ha sufrido nuestra patria en estos dos siglos.  Y al referirse a la Guerra de los Supremos, que se desarrolló entre 1839 y 1842, escribe:  "El magnicidio de Antonio José de Sucre, en Berruecos, fue uno de los detonantes de la Guerra de los Supremos, la primera civil de la República".  Líneas después, añade: “El 31 de agosto de 1839 Herrán derrotó en Buesaco, cerca de Pasto, a los sublevados, con lo que creyó concluida la rebelión, pero la fatalidad llevó a que la persecución a los rebeldes se mezclara con otro hecho trágico: el asesinato del general venezolano Antonio José de Sucre, ocurrido el 4 de junio de 1839 en las montañas de Berruecos”.

Resulta inconcebible que a un historiador como Zambrano, que goza de alta reputación en la Universidad Nacional, se le haya desatado semejante confusión en el mencionado artículo:  el Mariscal Sucre (así se le conoce y no como “general”, según Zambrano –aunque sí fue general) había fallecido nueve años antes de esta guerra, en 1830, causando con su muerte gran tribulación anímica en “el Libertador”, quien al conocer la noticia exclamó: "¡Santo Dios! ¡Se ha derramado la sangre de Abel!... La bala cruel que le hirió el corazón, mató a Colombia y me quitó la vida".

No entiendo pues cómo viene Zambrano a ubicar la muerte del “Gran Mariscal de Ayacucho”, en la Guerra de los Supremos, ni mucho menos cómo semejante error no ha merecido respuesta de las miles de personas cultas que leen dicha publicación.

Y ya que mencionamos la batalla de Ayacucho, vale la pena hacer una aclaración que puede resultar interesante para muchos colombianos a quienes en primaria algún profesor mediocre y congestionado de trabajo nunca explicó en detalle:  En dicha batalla, tanto Antonio José de Sucre, como el antioqueño José María Córdova lucharon cuerpo a cuerpo. Sucre, comandante general del Ejército Unido Libertador del Perú, pasaría a la Historia como “el Gran Mariscal de Ayacucho”, y el paisa Córdova, general de primera división, sería inmortalizado como “el Héroe de Ayacucho”.  Hoy en día, sucede que unas personas piensan en Sucre, cuando se menciona la batalla de Ayacucho, mientras que otras piensan en Córdova.

- Otro error, que aparece con sorda insistencia, tanto en periódicos como en medios audiovisuales, es decir que el presidente Álvaro Uribe Vélez es oriundo de Salgar, Antioquia.  La verdad es que el mandatario nació  en Medellín y no fue sino hasta que cumplió cinco años de edad cuando su familia se trasladó a aquel municipio del Suroeste Antioqueño.  Esta aclaración la hago, para que no se extienda más esa información equivocada que vi, una vez más, hace un par de semanas, en un importante diario de la ciudad.

- Saliéndonos del tema de la Historia, pero siguiendo con los errores periodísticos, vemos cómo en el artículo "Me he permitido ejercer mi hombría como me ha dado la gana", publicado en El Tiempo, el pasado 31 de octubre, el entrevistador, luego de que indaga acerca de la abierta bisexualidad del periodista y escritor peruano Jaime Bayly, dirige su interés hacia la supuesta falta de deseo sexual que adolecería actualmente dicho personaje.  En su respuesta, el entrevistado, entre las razones que expone para confirmar tal revelación, menciona el gran número de pastillas que toma, y agrega: “y muchas de ellas disminuyen la lívido”.

El periodista, en su transcripción, incurre en un error muy común que es confundir “lívido” con “libido”.  La primera palabra, con “v”, es masculina, esdrújula y significa: “Amoratado o intensamente pálido”; mientras que la segunda, con “b”, es femenina, es palabra grave y quiere decir:  “Deseo sexual, considerado por algunos autores como impulso y raíz de las más varias manifestaciones de la actividad psíquica”.   ¡Quedamos lívidos!

 

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 02:08

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 11 de noviembre de 2009
 

Por estos días, la Academia Antioqueña de Historia está estrenando presidente.  El filósofo, historiador y especialista en Lenguas Clásicas Luis Javier Villegas Botero acaba de posesionarse, en reemplazo del diligente y culto Raúl Aguilar Rodas, quien, entre otros muchos méritos, fue uno de los fundadores de EL MUNDO.

Resulta interesante considerar que Villegas Botero es la primera persona con título universitario en Historia que llega a la presidencia de esa benemérita institución, que el próximo 3 de diciembre celebrará 106 años de invaluables servicios al departamento, con la compilación y divulgación de nuestra historia. Gracias a que su hermano Fabio Villegas, académico de la Historia y columnista de EL MUNDO, nos hizo llegar el discurso de posesión, podemos citar la explicación al respecto: “Esta aparente paradoja tiene su explicación en que solo desde unos 30 años para acá se introdujeron en el ámbito universitario antioqueño y colombiano los estudios profesionales de Historia, por lo cual la investigación, docencia y escritura de esta estuvieron en manos de profesionales de otras disciplinas (...) alcanzando logros inestimables en la construcción de una memoria viva de hechos y personajes que, de no mediar su paciente, inteligente y amorosa labor, hubieran quedado sepultados en el olvido”.

Y ahora que la Academia ha decidido dejarse conducir por un representante de la vertiente universitaria de los estudios históricos, ciertamente no se ha equivocado al escoger al doctor Villegas, quien cuenta con un curriculum sobresaliente y goza del respeto y el aprecio tanto de los historiadores “empíricos” de Antioquia, como de los rigurosos círculos de las facultades de Historia.

Villegas Botero es licenciado en Filosofía y Letras de la Pontificia Universidad Javeriana y magíster en Historia, de la Universidad Nacional. Su desempeño profesional se ha enfocado en la docencia, en las universidades Nacional (profesor honorario), de Antioquia, Pontificia Bolivariana y del Tolima.  De estas dos últimas también fue decano. Por falta de espacio, no mencionamos los títulos de sus libros, algunos de los cuales han sido premiados.   

Entre los retos que asumen el doctor Luis Javier y los miembros de la Academia se encuentra el de lograr el desarrollo del exhaustivo y ambicioso programa de análisis histórico y promoción del Bicentenario de la Independencia de Antioquia (2013) “Memoria y Horizontes”, que realiza la Academia en llave con la Gobernación.  Además, la Academia se prepara para conmemorar los 500 años de la fundación del primer asentamiento español en tierra continental americana, que se produjo a finales de 1509, precisamente en Antioquia (en Necoclí).  Algunos otros aniversarios importantes que se avecinan son el centenario del ascenso al poder del antioqueño Carlos E. Restrepo, quien fuera miembro de la Academia, y los 60 años de la fundación de la Sociedad Bolivariana de Antioquia.

Tuve una larga conversación con el eminente cartógrafo e historiador Germán Suárez Escudero, quien me comentó que la semana pasada la Academia decidió exaltar a la consagrada educadora Alicia Giraldo Gómez, como Presidente Honoraria.  Doña Alicia, quien está cumpliendo 30 años de ser miembro de la Academia, se entregó en cuerpo y alma a la institución, durante más de tres lustros, como secretaria general (ad honórem).  Con esta nueva distinción, se constituye en la primera mujer en ser enaltecida con la máxima dignidad de la corporación.  Reemplaza a Monseñor Jaime Serna Gómez, quien falleció hace un par de meses, como comentamos en esta misma columna.  Otra mujer que ha cumplido una meritoria labor en la Academia es su secretaria general, la filósofa y educadora Socorro Inés Restrepo.

El maestro Suárez Escudero nos dio además la feliz noticia de que se acaba de anunciar que el doctor Evelio Ramírez Martínez, ex vicepresidente de la institución, recibirá en el próximo aniversario de la Academia la mayor condecoración de la entidad.  Esta distinción alegra no sólo al doctor Evelio y a su familia y amigos, sino también a sus colegas de EL MUNDO, pues, como bien sabemos, el doctor Ramírez, además de haber descollado como alcalde de Medellín, congresista, embajador y prohombre del liberalismo antioqueño, es uno de los más eminentes columnistas de este diario.

Me complace mucho haberles dedicado estas líneas a tan honorable corporación y a los distinguidos académicos que he mencionado, los cuales despertaban toda mi admiración desde que yo era un niño, cuando mi padrino, Monseñor Juan Botero Restrepo, quien era el presidente honorario de la Academia, me llevaba frecuentemente a las sesiones solemnes de esa ilustre entidad. Pero me complace mucho más saber que esta centenaria institución está más activa que nunca y que, bajo la guía de un experto de la talla de Luis Javier Villegas, es seguro que sacará adelante con excelencia los importantes proyectos y programas que ha asumido últimamente.  ¡Todos debemos honores y reconocimientos a la Academia Antioqueña de Historia!

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 02:02

 

 SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

 El Mundo, 28 de octubre de 2009

 

Bogotá se consolida cada vez con más fuerza como una de las capitales culturales de América Latina.  Prueba de ello es el éxito de las versiones de las ferias internacionales de arte ArtBo y La Otra que acaban de clausurarse. 

Los conocedores aseveran que ArtBo ya está en capacidad de competir con las principales ferias de arte del Continente, y, en el caso de La Otra, cuyo enfoque se dirige hacia el arte contemporáneo, ha logrado en esta su tercera edición presentar un nutrido conjunto de exposiciones de alta categoría internacional, bajo la dirección de expertos como la curadora Ana Sokoloff, de la Casa Christie’s de Nueva York.

Una de las exhibiciones que más sobresalió en esta versión de La Otra fue “Juegos Olímpicos”, del artista antioqueño Diego de León, quien, con su originalidad, se ganó el aplauso de críticos, galeristas y artistas.  Uno de ellos, el ex presidente César Gaviria, que alterna la dirección del Partido Liberal con la de su propia galería de arte contemporáneo, apareció la semana pasada, en entrevista con RCN Televisión, emitiendo elogiosos conceptos acerca del trabajo de Diego de León.

Eduardo Serrano, considerado actualmente como el principal pontífice del arte en el país, se ha unido al coro de comentarios positivos y, a pesar de que siempre ha sido un crítico implacable, en el caso de De León sólo ha expresado palabras de admiración y felicitación.

Personalmente, he escuchado al maestro David Manzur referirse con entusiasmo a los experimentos artísticos que de León ha venido desarrollando desde hace veinte años, cuando, bajo la tutela del mismo Manzur, comenzó sus estudios de Artes Plásticas, que complementaría luego en Barcelona.

Y Manzur ha confiado tanto en las capacidades de nuestro personaje, que ha decidido trabajar con él en algunos de sus proyectos de mayor envergadura, como el mural “Astropuerto”, de 75 metros cuadrados de extensión, y el tapiz “El reino del unicornio”, que Manzur y de León llevaron a cabo, a lo largo de cuatro años.  Esta enorme obra de arte, de tres metros de alto por diez de ancho, constituye talvez la mejor evocación que se haya hecho de los tapices medievales que reposan en los “Cloisters” del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y, sin demeritar el trabajo de la admirada Olga de Amaral, creo que se ha ganado el laurel como el más exquisito tapiz que se haya elaborado artísticamente en nuestro país.

 

 

Homenaje a David Manzur

Sergio Esteban Vélez, David Manzur y Diego de León 

 

Paralelamente a su trabajo como artista, de León ha incursionado con éxito en el comercio del arte y, desde el 2001, se ha consagrado además a la invención de juegos.  De este interés, nació la compañía Kingdom of the Esthepas, “reino de juegos e ideas”, desde la cual ha creado, diseñado y construido un amplio conjunto de juegos de mesa, de salón y de campo, muy novedosos e inteligentes todos, inspirados en actividades lúdicas como el ajedrez, el fútbol y el golf.

Y precisamente este es el tema que ha querido abordar de León en la exposición a la que nos referimos hoy.  Aunque en otras ocasiones hemos tenido el privilegio de conocer, en el taller del artista, varias de las obras que comprenden la muestra de “Juegos Olímpicos”, nos fue imposible viajar a Bogotá para apreciar la exhibición en su totalidad.  Por esto y porque confiamos plenamente en el criterio de un maestro de la crítica de arte como es Eduardo Serrano, preferimos acoger la descripción de la muestra del mismo Serrano y nos permitimos transcribir algunos de los párrafos que este le ha dedicado:

“Diego de León se halla empeñado desde hace 8 años en producir obras de arte lúdico, obras de arte con las cuales el receptor pueda jugar así sea imaginariamente. Con este propósito  ha diseñado y ha hecho producir en un material denominado resina fenólica, unas esferas que recuerdan las bolas de  billar, de golf o de tenis de mesa, aunque sus dimensiones, densidad y consistencia son especiales, distintas, lo cual salta a la vista, aún sin la corroboración del tacto.

“Las esferas son de una exquisita diversidad de colores y De León las ubica en cajas que las mantienen en el orden predispuesto; un orden que obedece a combinaciones cromáticas sugerentes y que en algunos momentos recuerdan los trabajos ópticos de Vasarelly, aun cuando sean composiciones tridimensionales, que se ubican simétrica y armónicamente en el espacio. En estas cajas o vitrinas las esferas incitan a ser reacomodadas mentalmente conforme con las preferencias cromáticas del observador, o a retozar con ellas, a moverlas de acuerdo con experiencias lúdicas o con prácticas ilusorias.

“De León arraiga su producción en dos convicciones fundamentales: que no existen actividades del ser humano más creativas que otras, y que las obras de arte no tienen por qué ser unidireccionales, con un solo significado y una sola interpretación. En consecuencia, sus trabajos proponen un juego sin reglas, o mejor, un juego cuyas reglas pueden ser inventadas por cada observador, propiciando de esta manera una particular vertiente para la expresión plástica y una inesperada manera de enriquecimiento de la diversidad cultural”.

Siento gran satisfacción de enterarme de que la obra y la exhibición del artista y amigo De León hayan alcanzado tan elogiosas reseñas.

 

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 01:59

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 21 de octubre de 2009

 

En el pasado Festival Internacional de la Poesía de Trois-Rivières, tuve la grata sorpresa de descubrir la obra poética y el trabajo de gestión cultural de Giovanny Gómez, el poeta bogotano que representó a nuestro país en tan reputado evento intercontinental.

A pesar de su juventud (30 años), Gómez se está consolidando como una de las más prometedoras figuras de nuestra poesía y como un ejemplar propulsor de la cultura en la ciudad de Pereira, donde se ha ganado el respeto y la admiración de la comunidad en general.  Gómez, además de crear poesía, se dedica a divulgar la obra poética de sus “rivales” y a celebrar la de todos.

Entre sus realizaciones, podemos destacar la creación de la revista literaria Luna de Locos, la cual ha logrado convertir en una de las mejores del país, a pesar de las dificultades que implica el trabajo cultural de excelencia en un medio como el nuestro, tan hostil para el patrocinio a la poesía.  La buena calidad del contenido y de la impresión de Luna de Locos ha logrado que además de llevar ya casi veinte ediciones y de haberse hecho a la fidelidad del público culto del Eje Cafetero, algunos de los principales escritores de nuestro país hayan apostado por esta idea y hayan decidido colaborar activamente con la misma, no sólo a través de artículos, poemas y entrevistas, sino también mediante su trabajo voluntario en el consejo editorial de la revista.  Dicha junta está compuesta por autores de la categoría de William Ospina, Héctor Abad, Juan Manuel Roca, Enrique Serrano, Ramón Cote Baraibar, el crítico Luis Fernando Afanador y, por supuesto, nuestro poeta Gómez.

Al darse cuenta, a través de la acogida de Luna de Locos, de que el público pereirano tenía sed de poesía, Giovanny se dio a la quijotada de crear allí mismo un festival internacional de este arte.  Y, más allá de las tribulaciones financieras y logísticas que habrá tenido que atravesar y del desaliento que seguramente le habrá producido la indiferencia de la empresa privada ante la realización de eventos de este tipo, sobre todo en una ciudad pequeña, el poeta Gómez se ha salido nuevamente con la suya: el Festival Internacional de Poesía de Pereira ha culminado con éxito tres versiones, con la participación de algunos de los más distinguidos poetas vivos colombianos y latinoamericanos, y ya está adelantando el programa de la cuarta edición. 

Este festival, completamente autónomo e independiente del de Medellín, como nos comentó el mismo Gómez, cuenta con la particularidad de que, contrario a otros eventos de este tipo, hace énfasis especial en divulgar la belleza y grandeza de la poesía escrita en lengua española.  Y muchos aplaudimos esta acertada orientación que el poeta Gómez ha querido dar a su festival, pues, sabiendo que hay más de veinte naciones hispanohablantes llenas de buenos poetas (sin contar a aquellas en las que el español está creciendo con fuerza como segunda lengua), lo ideal es mostrar a nuestras gentes la obra de los poetas de esos países, antes que la de autores indígenas, africanos o asiáticos, etc... que, si bien gozan de prestigio en sus respectivas patrias, cuando son traducidos, no pueden transmitir en nuestro idioma (por lo menos en poesía, ya que en prosa sí es más fácil) la melodía prístina de sus poemas, ni su ritmo original, ni los ricos giros de su vocabulario, ni el sentimiento propio de las palabras en sus lenguas, y, para rematar, al ignorar el español, no pueden interactuar fácilmente con el público que los recibe y que quiere aprovechar al máximo su presencia.   Sólo en casos de absoluta necesidad de divulgación, como la de poder conocer la poesía de autores de máxima gloria universal, como Shakespeare, Baudelaire, Whitman, Byron, Schiller, Eliot, Cavafis, etc., etc., se excusa la precariedad que impone la traducción a la poesía.

El hecho de que nos hayamos extendido en comentar las valiosas ejecutorias culturales de este gestor no quiere decir que dejemos en segundo plano su obra poética, la cual ha sido exaltada por críticos y poetas de reconocido criterio. Hace tres años, su primer libro, “Casa de humo”, mereció el Premio “María Mercedes Carranza”.  El jurado, que se refirió a su obra con los más elogiosos comentarios, estuvo integrado por Juan Gustavo Cobo Borda, Jotamario Arbeláez, José Luis Díaz Granados, Hernando Cabarcas y Mario Rivero.  Este galardón hizo visible su obra a los “pontífices” de nuestras letras, que quedaron tan positivamente impresionados, que han hecho lo pertinente para que, de la mano de los entes gubernamentales, Gómez pueda fungir como embajador poético de nuestro país en numerosos eventos internacionales de importancia, en países como Francia, España, Canadá, México, Argentina, Chile y Venezuela. 

Como dijimos arriba, en esta ocasión no nos queda espacio para calificar la obra poética de Gómez, a la cual esperamos dedicar una futura columna, donde reproduciremos algunas opiniones de colegas importantes, como William Ospina, que se han ocupado de explorarla.

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 01:51

 

 SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 10 de octubre de 2009

 

En el día de hoy, quisiera retomar un tema que tenía pendiente desde hacía algún tiempo:  las dudas y dificultades gramaticales que resultan en frecuentes errores de sintaxis cometidos por nuestros comunicadores.

De las numerosas faltas lingüísticas que he detectado en nuestra prensa escrita, en las últimas semanas, me gustaría enfocarme en las siguientes tres, teniendo en cuenta el nivel de expansión de estas equivocaciones, en buena parte de nuestro continente.  Veamos:

- El Tiempo (6 de octubre) publica el artículo “Declaración de las Farc como terroristas estaría buscando debatir Rafael Correa en Unasur”.  En dicha nota, el periodista asevera que: “Así se los reveló el presidente de Ecuador a políticos colombianos que lo visitaron el pasado viernes”.

En esta oportunidad, el autor incurre en el error que algunos gramáticos han bautizado como “selosismo”, que consiste en utilizar el pronombre plural “los”, cuando el objeto directo está en singular, momento en el cual debería usarse el “lo”.   Así, en vez de decirles a varios interlocutores frases como “Se lo dije” (el secreto), “Se lo advertí” (el riesgo), o “Se lo comenté” (el problema), muchos dicen, erróneamente: “Se los dije”, “Se los advertí” o “Se los comenté”; así lo dicho, advertido o comentado sea un objeto en singular.  Y cuando el objeto es femenino, la situación es la misma; muchos dicen: “... yo ya se las había dicho” (la estrofa, a ustedes), en vez del correcto “... yo ya se la había dicho”.

En el manejo de este problema lingüístico, nos aventajan los españoles, quienes no incurren en esta alteración, pues, gracias al uso del “vosotros”, dicen: “Os lo dije, os lo advertí y os lo comenté”, sin modificar el pronombre, cuando se trata de objetos en singular.  Y cuando el objeto es plural, utilizan el “... os los dije” (los secretos), “... os los advertí” (los riesgos), “... os los comenté” (los problemas).

En relación con esto, el Diccionario Panhispánico de Dudas señala que: “En el español de muchos países de América, es frecuente, especialmente en registros populares o coloquiales, trasladar a la forma singular del pronombre átono de acusativo en función de complemento directo el rasgo de plural correspondiente al complemento indirecto, cuando este va representado por la forma invariable se: ‘¡No entienden que este es mi espacio, es mi lugar! Cuántas veces quieren que se los diga’ (sic), en lugar de ‘Cuántas veces quieren que se lo diga’. Aunque en algunos países esta transferencia indebida se ha extendido incluso entre hablantes cultos, se recomienda evitarla en el habla esmerada”.

Ya es hora de que pongamos más atención al respecto.

- Un buen columnista de El Colombiano publicó, el pasado 19 de septiembre, la columna “Dejen a Antioquia tranquila”.  En ella, cuando critica la actitud ofensiva contra nuestro departamento por parte del senador Rodrigo Lara Restrepo, comenta, entre otras cosas, que aquel "debería de pensar primero en vez de lanzar frases que buscan efectos mediáticos".

Vemos cómo el columnista confunde el verbo “deber” en su sentido imperativo (que implicaría la utilización, en este caso del verbo despojado de la preposición “de”), con su uso en sentido dubitativo (caso en el cual sí se acompaña de “de”).  Así, si decimos, por ejemplo, “(...) debe de pensar en sus hijos”, nos referimos a que suponemos que el sujeto piensa en sus hijos, pero no estamos seguros; mientras que si afirmamos que “(...) debe pensar en sus hijos”, estamos expresando que el sujeto tiene el deber de pensar en sus hijos.

- El artículo "La isla se llamó libertad" (El Mundo, 21 de septiembre), sobre el concierto de Juanes en La Habana, dice: "Los ánimos en la Plaza de la Revolución siguieron subiendo y los artistas aportaron en todo momento para que el mundo entero entienda que aunque hayan (sic) pensamientos e idiomas diferentes, la música siempre será un común denominador".

El periodista ignora que este es uno de los casos en los cuales la conjugación del verbo “haber” es invariable, por tratarse de un sujeto impersonal.  Al respecto, la Real Academia Española conceptúa: “Puesto que el sustantivo que aparece en estas construcciones es el complemento directo, el hecho de que dicho sustantivo sea plural no supone que el verbo haya de ir también en plural, ya que la concordancia con el verbo la determina el sujeto, no el complemento directo. Por consiguiente, en estos casos, lo más apropiado es que el verbo permanezca en singular, y así sucede en el uso culto mayoritario, especialmente en la lengua escrita, tanto en España como en América: ‘Había unos muchachos correteando’; ‘Hubo varios heridos graves’; ‘Habrá muchos muertos’ (...)  Paralelamente, se comete también el error de pluralizar el verbo conjugado cuando haber forma parte de una perífrasis: *‘Dice el ministro que van a haber reuniones con diferentes cancilleres’”.

Esto no quiere decir que conjugaciones como “hayan”, “habían”, “hubieron” o “habrán” no sean correctas en otras ocasiones, como cuando decimos: “Cuando hayan llegado...”, “Ellos ya habían venido dos veces”, “Cuando hubieron terminado de cenar...” o “En ese momento, ya habrán llegado...”, porque en estas alocuciones tal verbo no está en función impersonal, puesto que sí tiene sujeto, en este caso, plural.  Amén.

 

 

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 01:22

 

 

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 30 de septiembre de 2009

 

Luego de mi reflexión de la semana pasada en torno a la serie televisiva “100 empresarios 100 Historias de vida”, recibí una amable y receptiva carta de la doctora Lina Vélez de Nicholls, la activa presidente de la Cámara de Comercio de Medellín, y sostuve un par de largas conversaciones con los representantes de la empresa programadora de la serie.  Tanto la ejecutiva doctora Vélez, como los realizadores, expresaron su disposición para hacer las correcciones necesarias a los programas en los cuales ha habido imprecisiones, en pos de que estas no sigan presentándose en las repeticiones de los mismos, a través de media docena de canales locales y regionales.

He decidido, entonces, no publicar en mis próximas columnas (como lo anuncié) el material erróneo detectado, pues, en vista de la abierta acogida de mis comentarios, por parte de los implicados, me parece más correcto y conveniente para todo el mundo colaborar con ellos, entregándoles el listado de mis hallazgos, para que se logre la optimización de la serie.

Considero que cumplo así no sólo con la defensa del rigor histórico que debe primar en emisiones como estas, sino con la defensa del interés de mis lectores y de toda la comunidad paisa, que es directa beneficiaria de la existencia de proyectos de este tipo, que divulgan y enaltecen lo mejor de la antioqueñidad.   Programas como estos son los que necesitamos en nuestra televisión, la cual no ha prestado la debida importancia a la enseñanza de la historia del pueblo antioqueño.  Ojalá las empresas líderes de nuestro departamento se animaran a apoyar este proyecto, en aras de que tenga los recursos necesarios para extenderse más allá de la difusión del legado de los grandes empresarios de Antioquia y pueda emprender también la tarea de exaltar a nuestros más ilustres representantes de las artes, las letras, las ciencias, la solidaridad social y el civismo, entre otros campos del servicio a la comunidad.

A continuación, vuelvo a mi pasada columna, en la cual menciono al banquero José Manuel Restrepo Escobar, ya que un lector me ha escrito para pedirme información acerca de este personaje tan importante en la Antioquia del siglo XIX.  Para atender su petición y, de paso, “desempolvar” esta figura, quisiera hacer una breve semblanza de don José Manuel.

Nació el día viernes, 20 de noviembre de 1807, hijo de don Javier de Restrepo Isaza (sobrino de José Félix) y de doña Teresa Escobar Vélez.  Fue uno de los comerciantes y banqueros más destacados de la Antioquia de su tiempo.

El 9 de octubre de 1854, fundó, con su hermano Luciano (futuro presidente del Estado Soberano de Antioquia y uno de los mayores líderes del liberalismo antioqueño de la época) la casa de Restrepos & Cía., con el objetivo esencial de “hacer comercio de toda especie de mercancías nacionales, extranjeras, agricultura, minería, que tengan por conveniente”. 

Por ese entonces, los hermanos Restrepo Escobar ya habían incursionado en la minería, a través de la Sociedad Minera El Zancudo, de la cual fueron los mayores accionistas, después de su prima Lorenza Uribe de Amador.   Tras la venta de sus acciones de El Zancudo, en 1861, los Restrepo Escobar se convirtieron en el respaldo bancario de esa empresa y de la cabeza de la misma (el marido de su prima, Carlos Coriolano Amador). 

Los Restrepo Escobar fueron también grandes impulsores de la siembra de tabaco en el suroeste antioqueño.  Fueron propietarios de la hacienda “El Piñón”, a orillas del río Cauca, en el municipio de Concordia, la cual fue una de las más fecundas tabacaleras de Antioquia.

En 1866, don Luciano y don José Manuel fueron fundadores de la Empresa del Telégrafo Eléctrico Colombiano, en compañía con el Estado de Antioquia, la Casa Davidson, Stiles y Woolsey, de Nueva York, y de otros varios ciudadanos distinguidos.

En mayo de 1873, comenzó a realizar operaciones el Banco de Antioquia, primera institución bancaria de la región.  Don Luciano y don José Manuel fueron accionistas principales del banco, en compañía de las casas comerciales de Vicente B. Villa y Botero Arango e Hijos.

Siguiendo esta línea, en 1875, la sociedad Restrepos & Compañía (sin cerrar el almacén de mercancías importadas) fue transformada en banco.  Esta empresa sobrevivió hasta 1915 y su sede, una inmensa casa de dos pisos situada en el costado occidental de la Plaza Mayor, actual Parque de Berrío, estuvo en manos de la familia, hasta 1920.  Hoy día, en aquel espacio se levanta el Edificio Coltabaco.

Don José Manuel falleció en septiembre de 1882.  Como fue soltero y sin hijos, pudo disponer libremente de sus haberes. Aparte de algunos legados para sus sobrinos, declaró en su testamento a su hermano Luciano, como heredero universal de su fortuna.  A este le correspondió la suma $347 455 en efectivo.  Podemos darnos cuenta de las dimensiones de esta suma en aquel tiempo, si consideramos que el exquisito mobiliario de la casa de don José Manuel estaba avaluado en $2.434.

Tras repasar los logros de este personaje, nos convencemos cada vez más de que es preciso estimular a los medios y a las instituciones, cuando manifiestan el propósito de rescatar la memoria de estas figuras.

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 01:21

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ         

El Mundo, 23 de septiembre de 2009

 

“Cien empresarios, cien historias de vida” ha sido, desde el año pasado, una de las cinco series televisivas más vistas por los antioqueños.   A través de esta (que puede verse por Teleantioquia, los fines de semana) la Cámara de Comercio de Medellín ha querido divulgar la vida y los méritos de los máximos visionarios que hicieron que nuestro departamento fuera por decenios el motor de Colombia.

Como, desde hace más de un año, estoy radicado fuera del país, no tuve el gusto de apreciar desde el comienzo las emisiones de esta serie.  Fue solamente hace un par de meses cuando, al buscar en la Internet información acerca de un distinguido político antioqueño (no un empresario), descubrí que la mayoría de los videos de esta colección estaban a disposición del mundo entero, en la inmensa página de Youtube.

Comencé por ver los microprogramas en los cuales se rinde merecido homenaje a esos patriarcas ejemplares de Antioquia que han sido los doctores Adolfo Arango Montoya y Guillermo Gaviria Echeverri.   Luego, me encontré con la emisión dedicada al rico banquero y comerciante antioqueño decimonónico don José Manuel Restrepo Escobar.  En el caso de este último, me di cuenta de inmediato de que la fotografía que los realizadores seleccionaron para representar a don José Manuel, a lo largo de todo el programa, no correspondía al protagonista, sino al prócer historiador José Manuel Restrepo Vélez, de quien Restrepo Escobar era primo segundo (curiosamente, no por el Restrepo, sino por el Vélez).

Como estoy enterado de que estos programas están siendo retransmitidos por diversos canales de Antioquia y de otros departamentos, consideré pertinente conseguir el teléfono de la empresa programadora que produjo la serie y llamar a advertir acerca de la necesidad de corregir este error.  Me comuniqué, entonces (larga distancia), con el área de Producción de dicha empresa y le expuse la cuestión a la persona encargada, una señorita que me atendió con amabilidad.  Me comentó que en el caso del programa de don José Manuel, el problema había radicado justamente en la ausencia de registro fotográfico de él, en diversos archivos.  Le respondí diciéndole que, con muchísimo gusto, yo me comunicaría con mi familia en Medellín, para que le fuera prestada a la programadora una fotografía de don José Manuel, el banquero.  Así, el programa, en sus futuras repeticiones,  podría quedar corregido.  Luego de que le di dos números de teléfono a través de los cuales podría establecer contacto con los míos, la señorita me dio las gracias y me prometió que al día siguiente llamaría a mi casa.   Al día siguiente, no llamó, y este es el momento en que no lo ha hecho.

Desde hacía mucho tiempo, había pensado que nuestros canales locales debían hacer mayores esfuerzos educativos en el campo especial de la historia de Antioquia y de la exaltación de nuestros personajes de mayor valía, muchos de ellos olvidados.  Me pareció, en consecuencia, que la realización de esta serie era una ejecutoria necesaria y admirable, por lo cual me propuse ver el conjunto entero de estos microprogramas.

Pero ahora, luego de haberlos visto casi todos, mi balance es más bien de desconcierto, pues he podido constatar que el trabajo investigativo divulgado está plagado de equivocaciones.  Si fueran dos o tres, podrían, talvez, excusarse, pero el número es mayor al centenar.  Fueron muy pocos los programas en los que no encontré errores de imágenes, nombres, parentescos, realizaciones y lugares; además de omisiones imperdonables.

Como en la columna de hoy el espacio no nos alcanza para referirnos a las más graves faltas difundidas en esta serie, reservaremos la de la semana entrante para tal fin.

Sin embargo, no quisiera despedirme hoy sin comentar que todos conocemos, desde hace muchos años, a la directora de la empresa de televisión que realizó estos programas, y que siempre la hemos admirado por sus múltiples cualidades, entre las que están no sólo su capacidad de emprendimiento, su visión, su tenacidad, sino también su amplia cultura y su clara inteligencia.  Nos duele ser testigos de lo que sucede en nuestro país, cuando un director de cualquier entidad, empresa o proyecto se ve obligado a rodearse de jóvenes asistentes que salen de las universidades mal preparados y, peor aún, con carencia total de interés por cumplir una labor exhaustiva y de excelencia.  Con tal cantidad de ingente trabajo, un director no puede hacerlo todo personalmente y se ve en la necesidad de delegar funciones en estudiantes en prácticas de corta duración, que están más entusiasmados con los planes de discotecas para el fin de semana, que en la importancia y el enorme interés de las tareas que les asignan.

Lo que sí no comprendemos es que la Cámara de Comercio de Medellín, entidad eje de este proyecto, no cuente con una persona culta o un especialista en el tema que se haya sentado a revisar el material que encargaron, antes de transmitirlo.

La semana entrante, la segunda parte.

 

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 01:15

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 16 de septiembre de 2009

 

Por estos días, se celebra en Medellín la llamada “Fiesta del Libro”. Entre las actividades que ha programado este evento, vale destacar los homenajes que se han organizado para conmemorar algunos aniversarios significativos para las Letras. Las efemérides que se exaltan este año son el bicentenario del nacimiento de Poe, los 25 años del fallecimiento de Cortázar, los 160 del natalicio del poeta Candelario Obeso y los 100 del de Jorge Artel.

 
Pero sobre todo, queremos resaltar el hecho de que la presión que ejercimos, hace un par de meses, la prensa y numerosos líderes de nuestra comunidad, dio resultado, pues los directores de esa “Fiesta” sabiamente reconsideraron el absurdo, injusto y peligroso protagonismo que estaban planeando darle, en tal certamen, al cincuentenario de la dictadura comunista en Cuba. Los organizadores suavizaron su posición al respecto y enfocaron el evento preferiblemente en sujetos más positivos.

A buena hora, los directores se dieron cuenta de que era necesario cambiar el texto de los objetivos de esta celebración cultural.  Según carta de la escritora María Teresa Ramírez dirigida al Consejo Municipal de Literatura, en la programación para esta versión de la “Fiesta del Libro” decía lo siguiente: “Medellín conmemora los 50 años de la Revolución Cubana y sus aportes al desarrollo cultural y artístico en América Latina.  Exposiciones, conversaciones, presentaciones escénicas y musicales hacen parte de la programación”.

Acertaron, además, al enmendar el grave atropello que hubiera sido (contra los criterios que priman en nuestra comunidad) la utilización del nombre de “50 años de una revolución solidaria”, para referirse a eventos centrales en esta feria.   Infortunadamente, con ese repugnable primer nominativo, se alcanzó a presentar, en el principal museo de nuestra ciudad, una gran exposición del trabajo de quien fuera el fotógrafo oficial del régimen castrista, lo cual fue interpretado por muchos como un intento por mostrar un ilusorio “lado positivo” de ese gobierno tiránico que patrocinara por tantos años a los terroristas que han desangrado a Colombia.   
 
Pero volviendo a mi tema inicial de hoy (la merecida celebración de importantes efemérides de personajes de la cultura), me gustaría recordar que en este 2009 se está cumpliendo el sesquicentenario del natalicio de Juan de Dios Uribe Restrepo, más conocido como “el Indio Uribe”.  Habría sido muy conveniente, si los organizadores de la “Fiesta” hubieran aprovechado este aniversario para desarrollar alguna actividad especial, en pos de rescatar del olvido a esta figura ilustre de nuestras Letras.   Se perdió, pues, una oportunidad magnífica para exaltar el legado de quien es considerado como uno de los mayores intelectuales antioqueños del siglo XIX. Estos reconocimientos son de suprema importancia y podemos constatarlo, cuando hoy vemos, por ejemplo, cómo, gracias a los homenajes del año pasado por su sesquicentenario, Carrasquilla ha retomado vigencia en diversos círculos que lo ignoraban.

A propósito de rendir tributo a “el Indio Uribe”, anotemos que Carrasquilla lo consideraba uno de los mayores escritores en español. En relación con esto, don Tomás escribió: “!Nadie! En la, evolución contemporánea del castellano, ninguno puede comparársele como estilista, ni en las Américas ni en la Península. (...) La prosa de ‘el Indio’ es única y soberana en los dominios de la lengua hispánica,. Su corte, su estructura, su numen, aquella limpidez helénica, aquel matizar suyo, aquella variedad en la unidad son un secreto que sólo ‘el Indio’ poseyó”.

Pero, como, hasta el momento, nadie se ha interesado por este aniversario (con excepción del catedrático Hernán Botero Restrepo, quien, según me han contado, se ha propuesto realizar una compilación comentada del trabajo de Uribe), considero conveniente hacer, por lo menos, una veloz mención de las realizaciones de tan notable narrador y periodista, nacido en Andes, Antioquia, en 1859.

Colombia conoció la beligerancia de su pluma, a través de los periódicos El Sagitario, que fundara con “Ñito” Restrepo, y Los Refractarios, de la mano de José María Vargas Vila.  Fue también fundador de publicaciones como La Siesta, La Batalla, El Correo Liberal y La Actualidad. Colaboró activamente en El Espectador, de su gran amigo Fidel Cano; El Progreso y El Pichincha, del Ecuador, y La Ley, de Chile.

Entre su producción literaria, sobresalen “El octavo mandamiento”, “Sobre el yunque”, “Opúsculo” y “En la fragua”, reunidos después en “Obras completas”.  Su prólogo a las poesías originales y traducciones de Antonio José Restrepo (1899) podría ser considerado como el mejor de sus escritos.  

En su tiempo, fue reconocido como uno de los mayores batalladores del liberalismo antioqueño. Sus contundentes y demoledoras críticas contra Núñez y su gobierno le costaron el exilio. Se refugió, entonces, primero en Venezuela y luego, en Quito, donde falleció, el  11 de enero de 1900. 

Me gustaría tener algún día la comisión de desentrañar de la memoria paisa nombres de personajes nuestros merecedores de reconocimientos en eventos como éste.

 

 

 

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 01:08


SERGIO ESTEBAN VÉLEZ
El Mundo, 9 de septiembre de 2009

En medio del convulsionado panorama nacional, nada tan reconfortante como encontrar nuevos valores que se esfuercen por enriquecer nuestra cultura. Hoy, me referiré a dos de ellos:
- Por estos días, se presenta en la tradicional galería “La Oficina”, la exposición “De bichos y modas entre telas”, del artista antioqueño Aníbal Vallejo Garzón, quien regresó a nuestra ciudad, el año pasado, luego de una larga formación artística, en Europa y en los Estados Unidos.

 
La muestra comprende dibujos en gran formato, sobre lienzo.  En algunos de ellos, está presente el bordado, trazo que ha dejado en la obra de Aníbal el interés que anteriormente tuvo por el Diseño de Modas.

Me atrevería a aseverar que este artista, a pesar de su juventud, es uno de los mejores dibujantes actuales de nuestra tierra y cada vez se constituye con más fuerza en uno de nuestros más prometedores valores en las Artes.  Esto no es gratuito, pues en él se han sumado el hecho de haber nacido en una de las familias más hondamente artísticas de nuestra ciudad y el empeño y seriedad con que ha asumido la exploración de las artes, desde su adolescencia.

Aníbal, al igual que los exponentes de una importante vertiente del arte actual en Europa, ha querido retomar el dibujo y la pintura como manifestaciones máximas de las Artes Plásticas, más allá de las instalaciones y performances, tan en boga en el momento.

Su trabajo es profundamente onírico y original.  Así, logra sorprender al espectador, con figuras irreales que, al mismo tiempo, son de una perfección plástica desconcertante, cuya dificultad de ejecución es necesario resaltar, teniendo en cuenta el gran formato de las obras.  Vale la pena, sin duda, ir a ver esta exhibición.

- El corajudo trabajador de la cultura Henry Posada Losada nos ha hecho llegar su bello poemario “Pétalos de sangre”. Como su nombre lo indica, esta obra está cargada de dolor existencial. De corte muy moderno, el conjunto de los 36 poemas de este libro ha ganado merecidos aplausos. El último de ellos fue el reconocimiento que le hizo el Premio Nacional de Poesía “Carlos Héctor Trejos Reyes”, al escogerlo como uno de los cinco trabajos laureados este año.

Y no es raro que este gestor cultural paisa (oriundo de La Ceja) comience su carrera poética con una producción tan elevada, pues, desde hace años, ha hecho de la literatura la mayor de sus pasiones y ha preferido relacionarse con poetas y gente de la cultura, empezando por Estanislao Zuleta, a quien considera su maestro.

Precisamente, el trabajo de uno de sus amigos, el poeta Juan Manuel Roca, fue el objeto de su libro anterior, “Roca-bulario”.

Y como “adicto a las Letras”, se ha encargado, además, de hacer un invaluable apostolado de divulgación de las mismas. Desde Bogotá, dirige y conduce el programa “Tintos y tintas”, difundido por muchas de las principales estaciones culturales del país. En Medellín, podemos sintonizarlo a través de U.N. Radio, y en el Oriente Antioqueño, por la emisora de la Universidad de Antioquia. También puede
escucharse por Internet.

Con más de 200 emisiones acerca de los más representativos escritores, artistas plásticos y directores de Cine de Colombia (y muchas veces, con destacados invitados internacionales), Henry Posada ha hecho de “Tintos y tintas” uno de los mejores programas culturales de nuestra radio.

Anteriormente, nuestro personaje ya había ejercido el periodismo cultural, con igual eficiencia, en diversos diarios y revistas nacionales.

Y para completar, nuestro amigo Henry acaba de hacer su primera incursión en el Séptimo Arte. El joven cineasta Rubén Mendoza (reconocido especialmente por “La cerca”) lo invitó a interpretarse a sí mismo, en el papel de Santiago el poeta, en su nueva producción, “La sociedad del semáforo”, la cual se estrenará, en unos cuantos meses.

Como si fuera poco, Henry adelanta también la escritura de una novela, “Los hijos de la ira”, en la cual esperamos que estalle su inconsciente, después de ser nutrido, por tanto tiempo, con las mejores lecturas, que lo han hecho devenir en un verdadero “connaisseur”. Ya estamos ansiosos por leerla con el mismo
placer con que hemos gustado su magnífico nuevo poemario.

PUNTO APARTE: En la columna de opinión “De limosneros y pordioseros” (El Colombiano, 6 de septiembre), una distinguida columnista comienza el texto citando el Diccionario de la Real Academia Española. Sin embargo, más abajo, se le suelta la expresión “!Lo más de rico!”. Y como no la encierra entre comillas, nos quedamos sin saber si la periodista utiliza a propósito el antiguo lenguaje pueblerino o si considera que expresiones como esa puedan usarse en el lenguaje culto y en el discurso periodístico.

Según el Diccionario Panhispánico de Dudas, de la RAE, la forma correcta de este adjetivo o adverbio es “de lo más” y nunca, “lo más de”. Al respecto, tal diccionario nos dice que “de lo más”: “Equivale a muy: ‘Te encuentro de lo más bien’ Cuando lo que sigue es un adjetivo, este concuerda en género y número con el sustantivo al que se refiere: ‘La despedida fue de lo más rutinaria y amistosa’. En el español coloquial americano se suprime a veces, en estos casos, la preposición de: ‘Rosalinda está lo más bien’”.

 

 

 

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 01:02


SERGIO ESTEBAN VÉLEZ
El Mundo, 2 de septiembre de 2009

En la columna de hoy, quisiera referirme a varias personas muy apreciadas en nuestra ciudad que han emprendido el viaje definitivo, en el último mes. Sorprende que la prensa paisa haya guardado silencio ante el deceso de tan destacados miembros de su comunidad:

- Como todos sabemos, la familia Ospina Hernández es una de las más queridas de Antioquia. Sus padres, el presidente Mariano Ospina Pérez y doña Bertha Hernández de Ospina, estarán siempre en la nómina de los antioqueños de mayor relevancia. No puedo dejar de extenderle a esta familia mi más sincero saludo de condolencia y solidaridad, ante la dolorosa tragedia del súbito fallecimiento de Luis Francisco Lora Ospina, el hijo mayor de María Clara Ospina Hernández, la poeta de la familia y una de las más estructuradas columnistas del país.

No puede haber dolor igual al de una madre que pierde a un hijo, pero estoy seguro de que María Clara, con su inmensa fe, su fuerte personalidad, su reciedumbre y su gran inteligencia, podrá mantenerse a flote, en estos días, que son los más duros. Todos sus amigos la acompañamos.

- Antioquia ha perdido también, en las últimas semanas, a dos de sus plumas más agudas: monseñor Jaime Serna Gómez y Óscar Uribe Restrepo. Tuve el privilegio de ser amigo personal de ambos y de nutrirme de su inteligencia.

Monseñor Serna, más conocido por su seudónimo de “Dr. Humberto Bronx”, es considerado como el más prolífico de los autores antioqueños, con más de 120 libros publicados. Fue 7 veces presidente de la Academia Antioqueña de Historia, entidad que, tras la muerte de monseñor Juan Botero R., lo exaltó con el título de Presidente Honorario. Era miembro también de la Academia Colombiana de Historia y de otras distinguidas entidades.

Su obra abarca temas tan diversos como la Literatura, la Sicología, el Cine, la Historia de Colombia y la Historia Eclesiástica y Religiosa.

Descolló como catedrático y columnista de prensa. Muchos lo recuerdan como el “censor” del cine en Medellín, en tiempos en los cuales él era el encargado del índice de las “películas prohibidas”. A pesar de sus importantes aportes al acervo cultural de Antioquia, será recordado como un autor radical que se preciaba de ser el más conservador de nuestros historiadores, hasta el punto de que, en varios de sus libros, insistió en que ser liberal era pecado. Al morir, tenía 91 años.

Por su parte, Óscar Uribe Restrepo, quien falleció, a los 78 años de edad, fue autor de una poesía cargada de sarcasmo e ironía, en la cual, además, se puede percibir el gran vacío existencial del autor. Publicó tres poemarios, el último de ellos, el año pasado. Estudió en los Estados Unidos y vivió en París. Residió en Bogotá, la segunda mitad de su vida. Sus últimos años los dedicó a sacar adelante su fundación, “Niños de Tapartó”, con la misión de ayudar a los niños de esa región, en el municipio de Andes, que lo vio nacer. Sibarita consumado, era coleccionista de Arte (también fue marchante, en un tiempo), viajero impenitente y anfitrión exquisito. Su personaje favorito era Jean Cocteau. Era primo hermano de Alberto Uribe Sierra, padre del Presidente de la República.

- Otro fallecimiento que ha conmovido a nuestros círculos artísticos ha sido el muy reciente del arquitecto y pintor José A. Hernández. Me cuentan que estuvo muy sentido el homenaje que la Asociación por la Cultura de El Poblado y un colegio del mismo sector rindieron a su memoria, el pasado sábado.

De este artista, recuerdo especialmente la amabilidad de su conversación y su don de gentes.

Durante sus 30 años de vida artística, exhibió su obra en cerca de 80 exposiciones, 43 de ellas individuales, en más de 10 países. Recibió condecoraciones y reconocimientos, como la Orden de la Democracia y la Orden Mariscal Jorge Robledo.

Su obra queda presente en colecciones de cuatro continentes. De ella, lo enorgullecían especialmente sus 14 murales de grandes dimensiones, ubicados en universidades, edificios gubernamentales y empresas privadas. Tenía 47 años. Deja a su esposa, doña Vanessa González, y a una linda bebita de 9 meses.

Estamos con ustedes.

Me uno al dolor de los familiares.

Puntos aparte: Ofrezco disculpas a mis lectores, pues, en mi extensa entrevista de la semana pasada con el maestro Omar Rayo, “El Arte Efímero no es Arte”, publicada en este mismo diario, se lee que el maestro se refiere a su “primera instancia en Colombia”. Esto se debe a un error del “diablillo” de los computadores de los periodistas... pues Rayo se refería a su “primera estancia”, en el sentido de “estada” o “estadía”.

Y ya que hablamos de este tema, recuerdo especialmente una conversación con la valiosa dama cívica doña Helena Baraya de Ospina y con nuestro columnista el doctor José Alvear Sanín, en la cual me contaron que, cuando organizaban un importante evento, no sabían si, en una tarjeta, desearles a los participantes internacionales una feliz “estadía” o una feliz “estada” en la ciudad. Finalmente, luego de mucho consultar, ganó el término “estada”, que, a pesar de que no se utiliza mucho en Colombia, aparece en el diccionario y es el más recomendado en otras latitudes de la “Hispanofonía”.

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