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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

23 mayo 2010 7 23 /05 /mayo /2010 22:41

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 3 de febrero de 2010

 

Hace pocos días, tuve el gusto de conocer la versión electrónica del inédito “Almanaque Ideal del año 30 de Cristo”.   Su autor, mi admirado amigo el historiador Germán Suárez Escudero, lo llama "ideal", porque es un salvataje, el mejor que podría hacerse, del caos cronológico de la Antigüedad, con las mejores ideas que se han podido conceptualizar en la investigación de esta problemática.

 

Nos cuenta este ilustre académico que tan riguroso trabajo es resultado de su vocación por el estudio de la cronología, mantenido por más de medio siglo, alimentado por medio de documentos bíblicos y profanos, y por toda clase de almanaques y de cuadros sinópticos hechos por él mismo, que le permiten presentar, en el término de minutos, cualquier calendario de la Era Cristiana, y aún desde el año 44 a de C.

 

Este original registro cronológico nos proporciona una sustancial cantidad de informaciones significativas acerca de la distribución del año en los tiempos de Cristo.  Nos aclara, por ejemplo, lo relacionado con la reforma gregoriana, que corrigió la cuenta de la duración del año, y los cambios estructurales que han sufrido algunos meses.

Y ya que nos referimos a este nuevo producto intelectual del profesor Suárez, sea esta la ocasión para hacerle un reconocimiento a la vasta trayectoria de este estudioso que, paradójicamente, es más conocido en otras latitudes, que en su propia comunidad paisa. 

 

Este frontineño pura cepa se graduó en Administración de Negocios, en la Universidad de Columbia.  Sin embargo, a pesar de que bien habría podido dedicarse a las gestiones financieras, decidió consagrarse a la Historia, a la Geografía y a la Cartografía, materia esta última en la cual se especializó con empeño y excelencia tales, que llegó a convertirse en máxima autoridad de nuestro departamento.

 

Su trabajo empezó a darse a conocer en los años cincuenta, cuando la Editorial Bedout y la Comunidad Lasallista comenzaron a publicar sus mapas, láminas escolares y libros como “Todo Mapas”,  “Medellín, su historia y su geografía”,  “Valle del Cauca” y  “Caldas”.  Por esos mismos tiempos, cuando proveía de tan interesante material a la Federación Nacional de Cafeteros y al Colombia Information Service, se produjo el relevante fenómeno de que ¡sus mapas llegaron a venderse más en Nueva York que en Bogotá!

 

Nos cuenta el doctor Suárez que, poco después, en 1964, calificó para trabajar en la Nasa, pero con la condición de renunciar a la ciudadanía colombiana, requisito que lo llevó a declinar tan provocativa oferta.  De la misma categoría fue la invitación que recibió, por parte de la Secretary Air Force Office Information, para viajar, junto a un importante grupo de profesores de distintos países, al remoto Campamento Centuria, en Tule, Groenlandia.

 

Y al mismo tiempo que desarrollaba sus investigaciones con proyección internacional, nuestro protagonista continuaba instalando sus grandes mapas de Colombia en Relieve, de escala 1: 750.000, en muchos colegios y universidades del país.  En relación con estos mapas magistrales, el poeta Jorge Robledo Ortiz diría que: “Para Germán, el cuerpo de Colombia no tiene ningún secreto. Lo ha sentido totalmente desnudo, palpitante, prisionero en la red de sus ríos, en la resolana de sus valles y en la frescura de sus montes donde se encharca la sombra”.

 

Entre sus magníficamente bien documentados estudios históricos, vale la pena mencionar el libro “Medellín, estampas y brochazos”, publicado por el Concejo de la ciudad, y su “Diario de Colón”, recogido en un libro, luego de ser publicado durante 72 días consecutivos, en 1992, por El Colombiano, uno de los periódicos de los que ha sido colaborador.

 

Entre otras de sus más interesantes creaciones están, por ejemplo, una rara y funcional presentación del globo terráqueo, y un Planisferio Afrocéntrico, por medio del cual pretende apuntalar su demostración de que el meridiano de Greenwich no es el genuino primer meridiano.  Ojalá pudiera publicarse este planisferio, pues, sin duda, contribuiría notablemente al posicionamiento de Colombia en el campo de la Cartografía.

 

Gracias a  su extenso trabajo académico y científico, nuestro amigo Germán ha sido llamado para ser miembro de asociaciones internacionales de la talla de la National Geographic Society y de la American Geographical Society, además de instituciones locales, como la Academia Antioqueña de Historia, la Sociedad Bolivariana de Antioquia y el Club de Geografía de la Universidad de Antioquia.    Sin embargo, para él, el verdadero homenaje no ha surgido de las instituciones de su gremio, sino de la gente común a la que ha podido ayudar a través de sus realizaciones.  Recuerda, por ejemplo, a un estudiante del Japón, que le escribió: “¡Por favor!, mándeme su último mapa de Colombia. Como no puedo incluir dinero en la carta, le pago con estampillas de correo”. 

 

Volviendo a su almanaque, esperamos que algún empresario se interese por tan atractivo producto, para que muy pronto esté en la Web, compitiendo con los más acuciosos estudios que se han hecho sobre la muerte de Cristo, y para que sea publicado y pueda llegar a las bibliotecas, donde, estoy seguro, sobresaldrá como una de las publicaciones más sorprendentes.

 

(link El Mundo)

 

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23 mayo 2010 7 23 /05 /mayo /2010 08:28

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 27 de enero de 2010

 

Recientemene, recibí la noticia del fallecimiento del poeta antioqueño Mauricio Correa Restrepo. Como era de esperarse, el suceso fue automáticamente ignorado por la prensa medellinense, para la cual la cultura se confunde con la farándula.   

 

Correa Restrepo nos deja una obra rica, diversa y sobresaliente por su calidad.  Cultivó ambos, el verso tradicional y la poesía libre.  Fue un enamorado del soneto, con el cual jugó como un mago, evocando especialmente a los centenaristas.  Su última invención fue el “soneto monosílabo”, que consiste en que cada uno de los catorce versos del poema comprende sólo una palabra monosílaba.  Como podrán ver en los ejemplos inéditos que a continuación transcribo, se trata de una modalidad extremadamente ingeniosa y difícil:

 

 “Fiel/ a/ la/ flor,/ va/ tras/ la/ miel/ por/ la/ luz,/ cual/ un/ dios”.

 “La/ faz/ de/ hiel./ A/ ras/ de/ piel:/ lo/ cruel, / la/ coz, /la /hez ”

“El /sol /es /gong. /De /par /en /par /la /luz /-za- /fir /sin /tul”.

 

Mauricio, de exquisita cultura, fue un gran conocedor de la Música Clásica y de la Ópera.  Además de la creación poética, practicaba el dibujo y tocaba piano.  Como abogado, fue por decenios juez civil de circuito y se desempeñó también como magistrado auxiliar del Tribunal Superior de Medellín.  Y hasta en su carrera de jurista se hizo presente su trabajo con las letras, pues escribió diversos ensayos sobre temas de Derecho, entre los cuales resalta el libro “Algunos aspectos del salario”.

 

De su estro poético quedan publicados los poemarios “Libro de horas”, “La escalinata de cristal”,  “Vuelo sin ruido”, “Oficio parvo” y “Orbe poético”.

 

El siguiente soneto de Mauricio, también inédito, hace parte de un tríptico a la rosa:

 

“Rosa ardiendo en concéntricas espiras/ el dolor de la espina es tu corona. / Mientras en una sola pierna giras /la luz en el espejo te aprisiona. /Recamada con perlas de mentiras, /giras contra el reloj por clara zona, /giras hasta morir, y, si suspiras, /es tu alma de flor que te abandona. /Pues tus lívidos pétalos resecos /al abismo rodaron con los ecos /que tienen al caer las mariposas, / congratúlate: ya por siempre ilesa/ se alzará en la memoria tu belleza /como arquetipo eterno de las rosas”.

 

Este poeta, quien en su conversación siempre dejaba sentir una abundante dosis de melancolía, realizó también una bella serie de haikus y de otros tipos de versos cortos, tan exquisitos como este:

 

“Mi madre:/ su ausencia/ meciéndose en la silla”.

 

Y de su voluminoso conjunto de magistrales cuartetas, la siguiente, inédita:

 

“El tren, con son de riel, fumando en paz/ un humo cual crin gris en espiral,/ como un ciempiés por el cañal se va/ bajo el fuego del sol ecuatorial”.

 

 Esperamos que algún día los  libros de este autor sean más conocidos y valorados.  Mientras tanto, sólo nos resta lamentar su deceso.

 

Gazapo 1:  El diario El Colombiano, el pasado dos de enero, publicó en primera plana el siguiente titular:  “Falleció Alfonso Cano, ex director de El Espectador”.  Otros medios como El Tiempo, El País, La W, Yahoo Noticias, Terra, el periódico español ABC, y hasta el sitio Web de la Presidencia de la República publicaron también ese día artículos en los que afirmaban que Cano había sido director de El Espectador. 

 

Pero la verdad es que don Alfonso Cano Isaza nunca fue director, sino gerente de ese diario.   Por tanto, a pesar de que en las páginas interiores, algunos medios mencionaron el verdadero cargo que desempeñó don Alfonso, los numerosos lectores que hojean rápidamente el periódico o aquellos transeúntes que sólo miran la portada quedaron en la memoria con la información inexacta de los titulares al respecto. 

 

Es el colmo que los mismos periodistas se equivoquen acerca de las figuras más sobresalientes de su propio gremio.  Definitivamente, en este país, los profesionales son ignorantes ¡hasta sobre los hitos de su propia profesión!

Gazapo 2:  La revista Jet-Set en su pasada edición publica en el artículo "Las coronas más fastuosas del mundo".  En este, se refieren a la reina "Victoria Eugenia de Montijo".  Pero la última emperatriz de Francia, no se llamaba "Victoria Eugenia", ni nunca se le ha conocido con tal apelativo.  Su nombre completo era "María Eugenia Ignacia Augustina de Palafox Portocarrero de Guzmán y Kirkpatrick".  Talvez, el periodista, dado que estaba hablando de antiguas reinas, se embrolló y confundió a la emperatriz Eugenia de Montijo con Victoria Eugenia de Battenberg, la nieta de la reina Victoria que llegó a ser reina de Espana y es la abuela paterna del rey Juan Carlos. 

 

Gazapo 3: “Miles Frechet asegura que le consultaron sobre golpe de Estado a Ernesto Samper”, es uno de los titulares de El Espectador (de ayer, martes).   Pero el apellido del ex embajador estadounidense es Frechette, y no “Frechet”.  Y los ex presidentes chilenos se apellidan Frei,  y no “Frey”, como escribe María Isabel Rueda, el lunes, en su entrevista en El Tiempo.

 

¡Hace falta prestar más atención! 

 

Enlace original El Mundo

 

 

 

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23 mayo 2010 7 23 /05 /mayo /2010 08:02

 

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 20 de enero de 2010

 

El grupo cementero Argos celebró sus 75 años con la reforma de su sede en Cartagena, convertida en una megaplanta.  La construcción de las nuevas instalaciones, con tecnología de punta y una inversión superior a los 400 millones de dólares, es, sin duda, de uno de los mayores proyectos que ha ejecutado la empresa privada colombiana en toda su historia.   En las efemérides mencionadas, se exaltó la memoria de los fundadores de la compañía, encabezados por don Claudino Arango Jaramillo y su hijo el doctor Jorge Arango Carrasquilla y se ha hecho énfasis en la gestión trascendental que desarrolló el hijo de este último, el doctor Adolfo Arango Montoya, durante los 36 años en los que condujo la empresa con lujo de competencia y la llevó al liderazgo continental del que hoy goza.

 

 

adolfo arago1

 Adolfo Arango Montoya y Sergio Esteban Vélez

 

Esta es, entonces, la oportunidad para referirme a tan destacado personaje, sin cuyos aportes, esa empresa, que es orgullo de los antioqueños, no sería la principal cementera del país, la cuarta mayor de América Latina y sexta en los Estados Unidos.

 

Adolfo Arango, el más discreto de los “cacaos” que salvaron la industria de nuestra región mediante la conformación del llamado “Sindicato Antioqueño”, ha sido un empresario que, además de interesarse y de hacer grandes contribuciones, como muchos de sus colegas, en el sector de la solidaridad social, ha enfocado su mira, desde hace muchos años, en el campo de la cultura, que durante tanto tiempo fue ignorada sistemáticamente por nuestros más poderosos industriales.  La apuesta del doctor Arango para apoyar el arte y la cultura (sumada a la de otros dirigentes paisas, como José Gutiérrez Gómez, Rodrigo Uribe Echavarría y Jorge Rodríguez Arbeláez) incentivó a numerosos empresarios a financiar actividades de este tipo con mucho más empuje, y gracias a eso podemos apreciar que el respaldo a las manifestaciones culturales se ha convertido en política de abundantes compañías de prestigio. 

 

Y esa voluntad por servir al arte le viene al doctor Adolfo desde la pila bautismal, en la que fue cargado por su tío abuelo, el inmortal don Tomás Carrasquilla. 

 

Su interés por aumentar la oferta cultural en nuestra comunidad se debe seguramente a que, como asiduo amante de la música culta, ansiaba que sus coterráneos pudieran disfrutar de espectáculos de categoría internacional, como los que se presentan en otras latitudes.  De ahí el papel fundamental que jugó en la consolidación de Medellín Cultural y del Teatro Metropolitano, en cuya junta directiva ha brillado su nombre a modo casi vitalicio. 

 

En alguna ocasión, en el intermedio de un concierto en dicho teatro, alguien me manifestó estar sorprendido al ver que un empresario tan ocupado como el doctor Adolfo asistiera con su esposa (la inteligente y espiritual María Cristina Uribe), a todos los conciertos y actos culturales de esa sala.  Mi respuesta fue:  “!Y no sólo es admirable que asista, sino que sea él, a través de sus gestiones y donaciones, uno de los mecenas de la mayoría de esas mismos eventos!”.

 

Aparte del trabajo cultural del que hemos hablado, es importante también hacer alusión a la significativa labor de estímulo a la educación que ha realizado el doctor Arango, a través de su participación en juntas como las de la Escuela de Ingeniería de Antioquia, Quirama e Incolda, y de cómo se ha beneficiado la comunidad medellinense del trabajo voluntario que ha llevado a cabo en entidades tan apreciadas por todos como son el Hospital Pablo Tobón Uribe, Proantioquia y el Metro de Medellín.

 

Pero si hablamos de Adolfo Arango, es imposible no hacer mención de sus realizaciones empresariales.  Mas, como nos queda poco espacio, deberemos contentarnos con un rápido resumen:

 

De activa filiación liberal, este ingeniero civil de la Universidad Nacional, con máster en la Universidad de Michigan, ocupó de 1963 a 1999 la gerencia general y la presidencia de Cementos Argos, empresa que conoció desde su infancia.  De su administración, son destacables, entre otras innumerables ejecutorias, la construcción de Cementos Rioclaro, en plena selva del Magdalena Medio, y el comienzo del proceso de internacionalización de la compañía mediante la adquisición de plantas en otros países.

 

Con Adolfo Arango Montoya y María Cristina Uribe de Arango

Adolfo Arango Montoya, María Cristina Uribe de Arango y Sergio Esteban Vélez 

 

Durante decenios, su nombre fue fundamental en las juntas directivas, no sólo de las 9 grandes cementeras subsidiarias de Argos, sino de casi todas las empresas principales del Grupo Empresarial Antioqueño, como Suramericana de Seguros y Tejicóndor (las cuales presidió por años).  En el plano nacional, fue también miembro de juntas tan importantes como la de Ecopetrol y la de la Andi (de la cual su padre fue uno de los fundadores).

 

Llegó a ser “el más duro del Sindicato Antioqueño”, como lo aseguraba el ex ministro Joaquín Vallejo Arbeláez.

 

Adolfo Arango Montoya ha sido un líder de excelencia que no solamente ha aportado notablemente al desarrollo de la economía de nuestro país, sino también al de la cultura y la educación y al pago de la deuda social.  Antioquia nunca tendrá cómo retribuirle a este cultísimo empresario todas las realizaciones admirables que ha conducido o apoyado a lo largo de medio siglo de trayectoria ejemplar.  Y, como su trabajo es invaluable, creo que la mejor manera de reconocer sus méritos sería a través de un gran homenaje nacional con Cruz de Boyacá incluida. Pocos lo merecen tanto como él.  Ojalá el presidente Uribe tomara nota de esta idea.

 

Enlace original El Mundo

 

 

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23 mayo 2010 7 23 /05 /mayo /2010 07:57

 

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 13 de enero de 2010

 

Por fin se me llega el día de dedicarle una columna al esclarecido periodista, historiador y hombre cívico antioqueño José Jaramillo Alzate.  La buena nueva por la cual yo esperaba una oportunidad de espacio para poderla comentar es el galardón “Fuera de concurso” que recientemente le fue otorgado a nuestro amigo José, en el Premio “Mariano Ospina Pérez”, de la prestigiosa fundación del mismo nombre, presidida por el doctor Mariano Ospina Hernández.

 

Jaramillo Alzate se hizo a tal distinción con su libro “Agua y vida: un derecho humano y un bien público”, el cual fue considerado como “de interés nacional” por el jurado, integrado por destacadas personalidades colombianas.

 

Es de comentar que el 2009 que acaba de terminar fue un año especial de reconocimientos para este hombre de letras, pues, además del galardón que acabamos de mencionar, recibió un homenaje del Congreso de la República, a través del representante a la Cámara Carlos Alberto Zuluaga, y fue exaltado con el Premio Cecorp “Toda una vida”, que otorga esa distinguida asociación de comunicadores y relacionistas públicos.

 

Y bien merecidos tiene nuestro personaje tales homenajes, pues su figura ha sido ejemplo de excelencia en los diversos campos de su trabajo activo en la comunidad.

 

Jaramillo Alzate es periodista con estudios en la Universidad Javeriana y en la Universidad de Antioquia, especializado en la Cepal (Quito) y en renombradas instituciones educativas de España y Alemania. 

Su labor periodística la ha desarrollado no solamente desde las páginas informativas, sino también en las de opinión, en las cuales ha dejado impronta en importantes diarios; además fue durante más de un lustro director de la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia, y, durante varios decenios, profesor de Periodismo en algunas de las mejores universidades de nuestra ciudad.  Fue uno de los fundadores del Círculo de Periodistas de Antioquia (CIPA).

 

En el sector público, se ha desempeñado como concejal de Medellín, diputado a la Asamblea Departamental y representante a la Cámara.  Actualmente, es uno de los directivos de Asexda, la Asociación de ex Diputados y ex Gobernadores de Antioquia.

 

Intelectual consumado, es miembro de numerosas academias y entidades culturales, como la Academia Antioqueña de Historia, la Sociedad Nariñista y lo fue también de la Academia Antioqueña de Letras, donde lo conocí, hace ya más de diez años.

 

Nos complace saber que este antioqueño ilustre esté recibiendo los homenajes a los que se ha hecho acreedor gracias a más de medio siglo de invaluable trabajo en las comunicaciones, la docencia, la cultura y la política.

 

Punto aparte:  Magnífica la columna “Las anécdotas políticas” (El Mundo, 10 de enero), en la cual nuestro colega columnista el doctor Ramón Elejalde Arbeláez se refiere a la persecución que el controvertido obispo de Santa Rosa de Osos Miguel Ángel Builes emprendió durante su casi medio siglo de vida episcopal contra el que el llamaba “el pecado del liberalismo”.  El doctor Elejalde menciona en esas líneas la fuerte polémica que por ese mismo motivo sostuvo monseñor Builes con el famoso columnista de El Tiempo Calibán, hermano del presidente liberal Eduardo Santos. 

 

Acerca de tal disputa entre aquellos dos destacados personajes de la vida nacional de su época, me gustaría recordar una curiosa anécdota muy repetida en otros tiempos:  se cuenta que en uno de sus embates, monseñor Builes cito a Calibán “ante el Tribunal de Dios”, para que respondiera por sus ataques.  Y, caso increíble, el 29 de septiembre de 1971, el “Obispo azul” entregó el alma al Señor, y esa misma tarde, ¡el popular columnista liberal también fallecería! 

 

Para terminar, con todo el respeto que le debo al doctor Elejalde, es conveniente que en aras de la generalización de la información pública le haga la siguiente aclaración a la columna en mención: el obispo de Pasto Ezequiel Moreno no está “ad-portas de los altares”, sino que ya fue canonizado, hace 18 años, por S.S. Juan Pablo II.

 

Enlace original El Mundo

 

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23 mayo 2010 7 23 /05 /mayo /2010 07:50

  

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 6 de enero de 2010

 

 

Lo que no se ha dicho, lo que falta por reconocerle al doctor José Gutiérrez Gómez es su participación fundamental y fundacional en las ideas y los pasos iniciales que dieron origen al Hospital Pablo Tobón Uribe, una de las mejores instituciones de salud de toda América Latina.

 

Estoy dándome cuenta de esto, al leer la detallada e informada columna “Salud con alma”, a través de la cual nuestro amigo el columnista de EL MUNDO Luis Fernando Múnera recuerda los significativos méritos científicos del Hospital Pablo Tobón Uribe y repasa someramente la historia de esa entidad que es orgullo de los medellinenses. Estimulado por el resumen del apreciado columnista Múnera, consulté la reseña histórica que aparece en el sitio Web del Hospital y las referencias sobre el mismo en Wikipedia.  Me sorprendió comprobar que en ninguna parte se menciona el nombre de José Gutiérrez Gómez.

 

Como a nuestro admirado amigo Luis Fernando no le alcanzó el espacio para referirse en profundidad al proceso inicial de creación de esa institución hospitalaria, quisiera aprovechar (con su aquiescencia) para abordar el tema, mencionando el aporte que al mismo hiciera un personaje tan decisivo en el desarrollo de la Antioquia de la segunda mitad del siglo XX como fue José Gutiérrez Gómez, el inolvidable “Don Guti”. 

 

La mayoría de la gente, cuando habla del origen del Hospital se refiere principalmente a la figura del millonario antioqueño Pablo Tobón Uribe.  Pero son muy pocos los que recuerdan el papel decisivo de “Don Guti”, como fundador de esa ilustre entidad.  A continuación, rememoro la historia original de ese distinguido hospital, tal como me la contó mi tío abuelo político el doctor Gutiérrez Gómez:

 

En 1946, el doctor Gutiérrez, quien había asumido la presidencia de la recientemente fundada Asociación Nacional de Industriales -Andi-  se dio cuenta de que en Medellín hacía falta una gran clínica privada para atender especialmente a los trabajadores de las empresas afiliadas a ese gremio empresarial (y a sus familias),  y decidió construir la que se llamaría Clínica Andi.  Adquirió los terrenos en Robledo, envió al Exterior al arquitecto Gonzalo Vélez Pérez para que planeara los diseños... y comenzó a levantar la obra.  La primera piedra fue colocada en 1949.  Cuando ya estaban listas las bases y se había construido la primera etapa del edificio, la Andi se dio cuenta de que los fondos escaseaban y hubo de detener la construcción.  En esto también influyó el hecho de que la ciudad estaba inaugurando la Clínica del Seguro Social, la cual colmaría buena parte de las expectativas que motivaron inicialmente el proyecto del cual hablamos.

 

Fue entonces cuando “Don Guti” pensó en don Pablo Tobón Uribe, de quien había sido vecino y a quien había acompañado siempre en sus labores filantrópicas, no sólo cuando participó de la primera junta de construcción y administración del futuro Teatro Pablo Tobón Uribe, sino también cuando convenció al magnate de donar las lámparas de la Catedral Metropolitana (por cierto, según me contó el doctor Gutiérrez, él formuló la propuesta de viajar personalmente a Europa para adquirir unas lámparas en cristal de Baccarat para la basílica, pero don Pablo sólo autorizó las actuales de cobre).  

 

Don Pablo, que antes de su muerte, en 1954, había desarrollado las gestiones necesarias para dejar su nombre vinculado a su capital para siempre, había dispuesto que buena parte de su fortuna se destinara a la construcción de un hospital que lo inmortalizara.  Sin embargo el dinero que don Pablo destinó a tal fin no alcanzaba para la construcción de un hospital.  Entonces, “Don Guti”, quien todavía presidía la Andi, abogó por la conjugación de ambos proyectos hospitalarios, y para tal fusión se comprometió a cederle al proyecto a nombre de don Pablo los terrenos que estaban a nombre de la Andi, los diseños, lo que se había adelantado de la construcción y todos los haberes destinados a la misma.  En mayo de 1957, la fusión se llevó a cabo.

 

El legado de don Pablo al hospital estaba constituido principalmente por un gran paquete de acciones de Coltabaco.  El doctor Gutiérrez Gómez, quien hacía parte de la junta administradora, con su olfato de economista indicó que las acciones debían venderse, pues en ese período habían alcanzado un alto precio. Sin embargo la junta tuvo la misma visión.  Tiempo después, cuando las vendieron, las acciones ya habían bajado mucho de precio, de modo que la junta hubo de acudir al gobierno y a otros aportantes para terminar la erección y acondicionamiento del Hospital.  El resto de la historia ya hace parte de lo  que todos sabemos y todos debemos agradecer, tanto a los donadores iniciales como a cuantos dedicaron sus esfuerzos a desarrollar el proyecto y a convertirlo en una realidad. 

 

Vale mencionar aquí que, además del Hospital Pablo Tobón Uribe, el doctor Gutiérrez Gómez también tuvo importante papel en la fundación de otra significativa entidad hospitalaria, la Clínica Cardiovascular Santa María. Y estas dos clínicas son solo dos de las obras  que le deben su existencia al dinamismo que siempre desplegó este prohombre paisa.  Las otras, muy numerosas, no las mencionamos aquí, porque el tema de hoy es el de aclarar cómo se originó el Hospital y no la trayectoria completa de “Don Guti”.

 

Enlace original El Mundo

 

 

 

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 02:28

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 30 de diciembre de 2009

 

 

Este hombrecito, desde niño, tenía un trauma físico... de fragilidad.  Su elasticidad era nula, y sus movimientos, aunque premeditados, no podían ser más lentos.  No podía bailar y en las noches tenía que taponarse los oídos para no escuchar la música atrayente que lo invitaba a aquella danza inasequible.  “Lástima –decía él- no ser como el hombre de caucho, que sin cesar divierte y se divierte con sus imponderables piruetas”.

 

Pero no. Este hombrecito de vidrio no había nacido para los aquelarres de lo físico y debía limitarse a volar en espíritu, a revolcarse en las nubes de armiño celestial y saltarlas brincando velozmente, mientras sus manos laarrrrrgas se izaban a la estrella más fulgente, que, lentamente, se derretía entre sus dedos.  Este era su sueño redivivo; día tras día lo veía, no sólo cuando estaba en el lecho, sino también cuando, queriendo evadir su fragilidad innata, su vitalidad contingente, invocaba al dios del vidrio y quedaba en éxtasis.  Sobra decir que como su transparencia congénita era absoluta – y además, odiaba los sombreros, único método para ocultar la urdimbre de sus pensamientos- casi siempre los demás se enteraban de su angustia existencial y lo despreciaban, al comprobar que su fragilidad no solo era física.

 

Una noche de Año Nuevo, al reflexionar sobre esto, tomó la decisión de salir de su depresión.   Meditó profusamente acerca de las muchas cosas buenas que tenía en su vida y, sobre todo, en las posibilidades que podía vislumbrar.  Hizo, entonces, planes generales de cómo avanzar en un camino de recuperación espiritual y además ideó algunos detalles acerca de cómo comenzar e ir avanzando en tal proceso.

Pasados algunos años, su tónica espiritual había mejorado y cambiado tanto, que tuvo disposición para ejercitarse físicamente, de manera que fue adquiriendo alguna fuerza motriz.  Cada año, mejoraba más y más, hasta que llegó a disfrutar de una vida casi normal.

 

Ojalá todos y cada uno de nosotros fuéramos capaces de planear y desarrollar un programa personal para corregir nuestras fallas y defectos y mejorar.  Terminaríamos mejorando al mundo.

En estas noches de Navidad y Año Nuevo, me propongo y les propongo aplicar todas las decisiones que creamos nos hacen falta para una mejor humanidad.

 

***


Carta a Federico García Lorca. 

Federico, en estos días en que la extrema izquierda ha querido adueñarse de tu gloria y utilizar tu muerte para justificar los imperdonables excesos de la batalla de ellos, es preciso decirte que no permitiremos que tu obra magnánima devenga en símbolo de apoyo a la censura, a la crueldad y a la tortura de algunos movimientos tiránicos.  Tus amigos Alberti y Neruda quisieron siempre mostrarte como un mártir comunista, pero tú eres ante todo un poeta, uno de los grandes de la lengua española y has pasado por lo tanto a ser de todos.

 

Recordando tu deceso, evocando tu obra, te digo que no quiero ver tu sangre filtrándose entre la tierra, ni el rictus de agonía entre tus labios, como un San Sebastián.   “Que no quiero verla”.

 

Lorca,  ¿Cómo habrán sido las estrofas que te dictaba tu numen, mientras las balas asesinas, te arrebataban del parnaso? 

 

¿Habrán pasado por tu mente aquellos resplandores taurinos de tu tierra, la fuerza refrescante del Hudson en América, y habrás vuelto a sentir en tus membranas los cambiantes sabores de esos amores marineros que las furiosas hordas medievales - actuales no pueden comprender?

 

Seguramente por tus ojos, que se mojaban de nostalgia, pasaban velozmente aquellos baños en el río con Dalí, húmedo y altivo; el azúcar de Cuba, y el salobre sabor a celuloide de Buñuel y sus noches.

 

Tanto invocaste el drama y llamaste a los dioses con tu piano, y quisiste bruñir gitanamente los mejores romances andaluces, poeta en Nueva York, que ahora se fundían tus alvéolos, para escribir los versos que harán que entre tus brazos moros se venza anonadado Ganímedes, el olvidado efebo de un poderoso dios.

 

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 02:26


SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 23 de diciembre de 2009

 

Esta semana, es imposible no hacer mención del completo informe que acaba de entregar la Comisión de la Verdad acerca de lo sucedido en la toma y retoma del Palacio de Justicia hace ya casi un cuarto de siglo.

Entre la numerosa información publicada al respecto, encontré que El Tiempo, cuando se refiere al informe, el pasado jueves, en el artículo “Que Belisario acepte responsabilidad por tragedia del Palacio de Justicia: Comisión de la Verdad”, dice: "En la investigación, la comisión logró establecer que el presidente Betancur delegó en un miembro de la Fuerza Pública, el Director de la Policía, general Carlos Delgado Mallarino, la misión de dialogar con los guerrilleros del M-19 para tratar de salvar la vida de los rehenes".

Se equivoca El Tiempo cuando anota el nombre del general Delgado Mallarino, pues este valeroso policía se llama Víctor Alberto y no Carlos.  ¡Esperamos que el resto del informe no esté plagado de errores como este!

El mencionado general Delgado Mallarino es uno de los máximos representantes actuales del llamado “lado culto” de nuestras fuerzas armadas, en el cual comparte sitio de honor con otros eminentes generales, como Álvaro Valencia Tovar y Manuel José Bonnet.

Tuve la oportunidad de acercarme a este “lado culto” desde el año 2002, cuando el coronel Adolfo Gómez Parada (en tiempos de la comandancia de mi amigo el abruptamente vilipendiado general Leonardo Gallego) me propuso como miembro honorario del capítulo antioqueño de la Academia Colombiana de Historia Policial.

Allí, en las sesiones solemnes de la Academia, fue donde conocí al general Víctor Delgado Mallarino.   En esa ocasión, lo primero que noté fue su gran parecido físico con Gabriel García Márquez.  Más tarde, a través de su conversación, exquisita y multitemática, pude darme cuenta de su altura intelectual. 

Recuerdo especialmente una tarde tomando chocolate santafereño en su apartamento en Bogotá.  Ese día, el general me sorprendió al enseñarme su inmensa colección de grabaciones de Ópera y de Música Clásica y me deleitó al narrarme interesantes anécdotas de sus correrías por los principales teatros europeos. Admiré, además, su vasta y bien seleccionada biblioteca.

Entre los temas sobre los que conversé más profusamente con el general, las veces que lo vi, se encuentran la Historia y la Genealogía, materias de las cuales ambos hemos sido estudiosos.  En el caso del general, él es un gran conocedor de la historia de egregias familias del Cauca y del Valle del Cauca, especialmente de las que él proviene.  Vale la pena, por ejemplo, mencionar a su bisabuelo el presidente Manuel María Mallarino.

Huérfano de madre cuando era un niño, Delgado Mallarino quiso ser médico en su juventud.  Sin embargo, a raíz de una muestra de rebeldía ante su padre, decidió renunciar a la protección del hogar paterno y terminó enfilándose en la Policía, sin apoyo económico alguno de su ilustre familia.  Y su disciplina y reciedumbre fueron tales, que llegó a ser uno de los mejores policías que ha dado nuestra patria, a la altura de sus nobles antepasados (fue el primer general de tres estrellas que tuvo la Policía Nacional). Aparte de la formación castrense, se graduó como abogado  y se especializó en Criminología.  Entre los destacados cargos que ocupó se encuentran los de embajador en un par de países europeos y Director General de la Policía Nacional.

Y precisamente cuando estaba al mando de la Policía, fue cuando desarrolló importante papel en las acciones que salvaron la democracia colombiana ante la toma terrorista del M-19 al Palacio de Justicia   Si no hubiera sido por la actuación de nuestras fuerzas armadas, los guerrilleros, financiados por Pablo Escobar, muy posiblemente habrían tenido éxito en su plan de llevar a cabo un golpe de Estado, con juicio al Presidente de la República y paredón incluido, en pos de que el país se convirtiera en una dictadura comunista.

Pero, paradójicamente, los héroes que salvaron entonces la patria están hoy en el banquillo de los acusados, mientras los forajidos terroristas y secuestradores, aliados del narcotráfico, fungen como ejemplos de moralidad, desde el Congreso de la República y desde ciertos medios de comunicación.

Ojalá algún día podamos conocer la versión precisa del general Delgado Mallarino acerca del ataque contra el Palacio de Justicia.  Según me he enterado, él ha escrito un documento especial al respecto que sólo podrá ser publicado luego de su fallecimiento.

Punto aparte.  A mis queridos lectores, les pido que reciban mis mayores augurios de alegría en estos tiempos de buenas nuevas.  ¡Feliz Navidad!

 

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 02:22

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 17 de diciembre de 2009

 

Siempre hemos escuchado a las mujeres quejándose de que por tradición el mundo ha sido de los hombres y a las mujeres nunca se les da ni importancia, ni oportunidades, ni la palabra, ni el reconocimiento, en nada, especialmente cuando se trata de quienes se destacan en la alta cultura.

La verdad es que ellas últimamente están reconociendo que ahora sí hay sectores y personas que están tratando de hacerles justicia.  Por ejemplo, un caso inusitado y único en Medellín fue el magnífico gesto que el Concejo Municipal tuvo hace poco al proponerle a la Alcaldía que se llevara a cabo un homenaje a algunas mujeres que se hubiesen destacado por su dedicación y su labor cultural en nuestra ciudad.   Para ello, se asignó alta suma de dinero y se le entregó a la Alcaldía la misión de desarrollar un evento a tal fin.  La Alcaldía comisionó entonces a la Secretaría de las Mujeres (entonces a cargo de la doctora Rocío Pineda), y esta a su vez delegó la organización en un grupo de damas que se había fundado en esos meses, la Red de Mujeres Artistas (REMART).  En esta corporación, configurada por distinguidas representantes de las varias ramas de la cultura, han estado colaborando personas reconocidas en nuestra comunidad, como por ejemplo Claudia Ivonne Giraldo (fundadora del grupo y activa editora y promotora literaria), Nora López (fundadora del Ballet Metropolitano de Medellín), Ángela Penagos (poeta y presidente de la Corporación de Mujeres Poetas de Antioquia), María Teresa Ramírez Uribe (escritora laureada) y la mezzosoprano Martha Senn, tan activa en la ciudad desde que asumió la conducción del Centro Cultural - Biblioteca de la Universidad Eafit.

Después de varios meses de desarrollo de las ideas iniciales para el homenaje, sucedió el abrupto cambio de la dirección de la Secretaría de las Mujeres, precisamente poco antes de la fecha separada en el Teatro Metropolitano para dicho evento. Por ese motivo, hubo un vacío temporal en el proceso y cuando la eficiente doctora Margarita Rosa Trujillo Turizo se posesionó, faltaban tan pocos días para la fecha, que la nueva secretaria (que lleva la defensa de las mujeres en la sangre, por herencia de su madre, la consagrada dirigente de la Unión de Ciudadanas de Colombia doña Rosita Turizo de Trujillo) hubo de recurrir a un cambio drástico de entidad para que los requisitos legales de manejo de fondos pudieran procesarse vertiginosamente. Así la dirección logística pasó a manos de personal de la Universidad de Antioquia (Facultad de Artes), la cual, según regulaciones es el ente que puede hacer la operación de estos dineros.

En cinco días hábiles, los funcionarios de la Universidad convocaron a diversas entidades culturales de la ciudad para que postularan candidatas y nombraron un jurado que debió trabajar sobre la documentación curricular para elegir por concurso los nombres de tres homenajeadas representantes de la alta cultura y de dos mujeres meritorias de las comunas de Medellín.

El pasado 3 de diciembre, se llevó a cabo el gran evento, en el Teatro Metropolitano, en el cual fueron entregadas las resoluciones y las placas de bronce a las elegidas.  Un coro juvenil, la Banda Sinfónica de la Universidad de Antioquia, promisorias alumnas de Ballet de Andrea Wolff y la destacada cantante lírica Daisy Janeth Estrada, entre otros artistas, fueron los encargados de desarrollar el programa, ante un auditorio sorprendentemente lleno (dado el mutismo de la prensa).

Nos complace saber que entre las tres artistas escogidas se encuentran dos Olgas, nuestras admiradas amigas  la poeta antioqueña Olga Elena Mattei y la excelente escultora Olga Inés Arango. Después de que me he ocupado de elogiar numerosas veces a personajes que no conozco personalmente, hoy, con mayor placer por tratarse de tan sobresalientes amigas, quise expresar mi entusiasmo por tan merecidos homenajes.  Además he decidido dedicarles esta columna, en vista de lo paradójico que resulta ser que nuestros medios se hayan empeñado en ignorar totalmente un evento que, fueran quienes fueran las elegidas, debió desplegarse con algún énfasis en los segmentos culturales.  De cualquier manera que se mire, tiene suficiente importancia ante la comunidad el hecho de que se premie y se estimule a las mujeres que han dedicado su vida a aportar obras valiosas a nuestro medio.  Mucho más, cuando se trata de la primera vez que entidades como el Concejo y la Alcaldía de Medellín se han motivado para homenajear a las mujeres en la cultura. 

 

Espinosa y Villa

Cecilia Espinosa Arango, Olga Elena Mattei, Carlos Villa y Sergio Esteban Vélez

 

Punto aparte:  Mi agradecimiento personal público al famoso intelectual y disidente cubano Raúl Rivero por su larga mención en su columna en el diario El Mundo, de Madrid, sobre el artículo que publiqué recientemente en El Mundo, de Medellín, sobre la serie de poemas a la paz del autor antioqueño Luis Flórez Berrío. Gran satisfacción nos produce comprobar que la divulgación de nuestros valores dé frutos en plazas tan lejanas y tan importantes como Madrid.

 

 

 

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 02:16

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ         


El Mundo, 2 de diciembre de 2009

 

Hace pocos días, mi querida amiga la señora Ester Piedrahíta de Toro celebró sus 101 años de vida.  La llamé por teléfono para felicitarla, y con gran placer me enteré de que se conserva prodigiosamente.   Los médicos le dicen que en todo el Valle de Aburrá no hay ni una persona mayor de noventa años que tenga un estado físico y mental igual al suyo:  lee, camina, come de todo, vive sola, maneja sus cuentas...  Suscrita a cuatro revistas, está al tanto de todos los intríngulis de nuestra actualidad, sobre los cuales discute con sus amigas (todas mucho menores), en las deliciosas tertulias vespertinas que suele organizar.

La entristece, sin embargo, haber tenido que dejar de ir al gimnasio, hace unos cuantos meses, y que no la dejen viajar sola desde hace un par de años.   Recuerdo que hasta hace un lustro, antes de que sufriera una fractura de fémur (de la cual se recuperó prontamente), caminaba decenas de cuadras todos los días y subía y bajaba escalas, en tacones, mucho más rápido que yo.

En los años veinte, se casó con el abogado Pedro José Toro Escobar, el amor de su vida, con quien no tuvo “ni un sí ni un no”, durante los tres decenios que duró su matrimonio.  La mayor parte de esos felices años los pasó en el Exterior, pues su esposo era diplomático de carrera.  Estercita lo acompañó, haciendo siempre actividades cívicas y sociales, cuando él representó al país como cónsul en Ecuador, Venezuela, Perú, Brasil y Costa Rica, hasta su fallecimiento, a causa de un infarto.  Fue entonces cuando, viuda y sin hijos, decidió empezar de nuevo en los Estados Unidos.  Allí vivió durante casi cuarenta años y se hizo ciudadana estadounidense.  Trabajó hasta sus 85, momento en el cual acababa de ser elegida como la Empleada del Año por la empresa en la que laboraba.   Regresó a su patria a los 87, y, una vez en Medellín, se instaló durante varios años en una habitación del Gran Hotel.  Más tarde, se mudaría a un apartamento, que maneja con lujo de competencia.  Para la época de su retorno a Medellín, ya le había dado la vuelta al mundo.  No hubo ni un solo continente que no explorara, en los interesantes viajes que hacía todos los septiembres. 

Pero, más allá de su salud y de su extraordinaria memoria, lo más cautivador de ella es su calidad humana.  Aparte de que siempre se ha caracterizado por su gentileza y generosidad, es un ejemplo de integridad, constancia, cumplimiento y de raciocinio a la hora de tomar decisiones.  Con admiración por tu vitalidad y por la maravillosa manera en que has sabido conducir tu vida, rodeada de amistades que te quieren, ¡Te felicitamos en tu cumpleaños! 

Y a todos ustedes, mis lectores, aquí les van los consejos de la “eterna juventud” de esta amiga:  comer muy poco, tomar vitamina E y calcio, no fumar ni beber y tener las cuentas al día.

-Hoy la Universidad Nacional, en el Claustro de San Agustín, en Bogotá, inaugura la exposición “La memoria decapitada. Estéticas del desarraigo”.   Esta exhibición de excelencia es fruto del proyecto curatorial de una de las mujeres más eficientemente artísticas de nuestra tierra, la museóloga Lucrecia Piedrahíta Orrego.

Esta interesante exhibición, que estará abierta al público hasta marzo del año entrante, es resultado de la exhaustiva investigación que Lucrecia ha desarrollado, desde hace un decenio, acerca de los asentamientos de desplazados en la ciudad de Medellín vistos desde el trasfondo estético.

Y, a pesar de que se ha visto con exceso de trabajo, los efectos de esta exposición son admirables.  Así lo confirman diversas personalidades nacionales e internacionales que exaltan esta exposición-investigación, en el bello catálogo que la Universidad Nacional ha impreso.

La analítica Lucrecia describe del modo siguiente la esencia de este nuevo trabajo artístico y social: “Documentar una historia de vida de las comunidades desplazadas en Colombia permite hilar un relato de las interpretaciones del trasiego de personas que buscan siempre otras orillas, otros diques por donde moverse, planificar rutas diariamente en medio de hostilidades y entornos inciertos para pertenecer a nuevas geografías. Miembros de una sociedad civil tratando de buscar salidas para que se les respeten las leyes.  La Memoria decapitada es un formato investigativo de exposición que da cuenta de los múltiples sentidos de la casa  para el desplazado y una restitución de imágenes acumuladas en el horizonte de la memoria”.

A la ejecutiva Lucrecia, quien a comienzos de este año se retiró de una decanatura de Artes para dedicarse de lleno a la conducción de esta muestra, su eficiencia en el manejo del tiempo le permitió no obstante aceptar hace pocos meses la beca del LIPAC, que le concedió la Universidad de Buenos Aires.  Anteriormente, ya había realizado proyectos con distinguidas universidades europeas.  De las nuevas investigaciones que han surgido de su reciente trabajo con la universidad más prestigiosa de la Argentina nos ocuparemos en columnas posteriores.  Por el momento, sólo nos resta extender una cordial invitación a nuestros lectores de la Capital y a los paisas que han de viajar a Bogotá, para que se acerquen al Claustro de San Agustín y aprovechen para dar una mirada a la tragedia nacional, desde un punto de vista inédito y revelador.

 

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22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 02:13

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 25 de noviembre de 2009

El distinguido galeno antioqueño Humberto Martínez Vásquez fue honrado el pasado lunes con la medalla “Juan del Corral”, que otorga el honorable Concejo de Medellín. El doctor Martínez ha sido el ángel de la guarda de miles de pacientes que han podido beneficiarse de su sapiencia y de su generosidad. Cardiólogo e internista de la Universidad de Philadelphia, ha sido profesor de la Universidad de Antioquia y fundó la primera unidad de Cuidado Intensivo de nuestra ciudad. Caso poco común en el medio, el doctor Martínez ha sido un médico que también ha descollado en el campo empresarial, especialmente en el sector de la construcción. Asimismo, incursionó con éxito en la política y llegó a ser concejal de Medellín, precandidato a la alcaldía de esta ciudad y senador de la República.

Ha sido miembro de importantes juntas directivas, como la de nuestro diario colega El Colombiano, la cual ha presidido en varios períodos.  

Tanto en su trabajo en la ciencia médica, como en sus otras facetas, se ha distinguido siempre por su ética y su honorabilidad.

Desde acá, le enviamos las mayores congratulaciones por este justo homenaje, extendidas a su esposa, Enoris Restrepo de Martínez, una de las mejores columnistas de la ciudad, y a sus hijos, todos profesionales sobresalientes y reconocidos en nuestra comunidad.

- Sea esta la ocasión para felicitar también a nuestra amiga la poeta antioqueña Guiomar Cuesta Escobar, quien el pasado 4 de noviembre se posesionó como miembro de la Academia de Historia de Bogotá.  Para exaltarla a tal dignidad, la Academia organizó un agradable almuerzo en el Jockey Club de Bogotá. En esta oportunidad, la activísima Guiomar, quien ya había sido enaltecida como miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, hizo una presentación de su nuevo libro “Bogotá, valle de los Alcázares”, mediante el cual recrea, a través del verso, la historia de la Capital.  ¡Enhorabuena, Guiomar!

 

Plaza San Martin

 Sergio Esteban Vélez, Guiomar Cuesta y Alfredo Ocampo Zamorano.  Lima, 2005

 

- Otra escritora que se ha dejado insuflar con la pasión por la Historia a través de la Literatura es María Cristina Restrepo, quien, en el pasado mes de octubre, se posesionó como miembro correspondiente de la Academia Antioqueña de Historia.

- Qué orgullo inmenso sentí la semana pasada, cuando, al caminar por una céntrica calle de Montreal, se me atravesó en la mirada una grúa de la cual pendía una escultura monumental de nuestro maestro Fernando Botero. La grúa estaba ubicada en frente de uno de los hoteles más elegantes de esa metrópolis norteamericana y varios técnicos expertos ejecutaban un minucioso y largo trabajo para instalarla al aire libre en el frontis del hotel. Según las directivas de ese establecimiento hotelero, la obra ha entrado a la colección permanente del mismo y será expuesta allí indefinidamente. Permanecí en el lugar durante más de media hora, observando el proceso, con el alma henchida de amor patrio. 

Lo único que lamenté fue no haber portado en ese momento una cámara fotográfica.  ¡Gracias, maestro Botero, por hacernos quedar siempre tan bien!

- Los apreciados columnistas y amigos Eunice Díaz González y José Alvear Sanín nos hacen caer en la cuenta de una “perla” publicada el pasado miércoles en un diario de la ciudad. El periodista autor del artículo (cuyo nombre omitimos, pues, como dice la Iglesia, hay que rechazar el pecado pero no al pecador) escribe: “Las secuelas de haber pisado una mina antipersona, que le destrozó su pie y mano izquierda y le laceró el colon, llevaron aquel hombre forajido y montaraz, ser trasladado al Hospital San Vicente de Paúl, residir más de un mes y medio en el centro hospitalario, someterse a cuantiosas cirugías”.  Cuando comenta que la mina “le destrozó su pie y mano izquierda”, habría sido mejor si hubiera dicho: “le destrozó la mano y el pie izquierdos”.  Cuando habla de “forajido”, debió haber dicho más bien “fornido”, pues este no es el caso de un criminal ni de un fugitivo. Luego, en vez de escribir “llevaron aquel hombre”,  ha debido decir: “llevaron a aquel hombre” y el mismo error se comete con los infinitivos siguientes que también implican la preposición “a”: “lo llevaron a ser trasladado al Hospital, a residir más de un mes y medio en el centro hospitalario y a someterse a cuantiosas cirugías”. Por otra parte, los tres infinitivos que van en hilera en seguida del acusativo no son de buen estilo.

¿Hasta qué fondo está cayendo la elegancia de la redacción en nuestra prensa?

- Normalmente, paso de largo los frecuentes pequeños errores que comete la prensa bogotana cuando publica los nombres de algunos antioqueños de renombre.  Este es el caso, por ejemplo, de Semana, que, en su edición del pasado 26 de octubre, al doctor Jorge Cárdenas Gutiérrez lo llamó “Jorge Cárdenas Santamaría” (confundidos talvez por los apellidos de sus hijos, los Cárdenas Santa María, que no “Santamaría” junto, como lo escribieron). Sin embargo, a la revista Diners de este mes se le fue la mano, cuando en el especial “Medellín y Antioquia, unidos para el desarrollo”, se refiere en todo momento a Federico Restrepo Posada, gerente general de EPM, como “Federico Estrada”, y este es el nombre que también utilizan para el pie de la foto de casi media página que publican de Restrepo.  ¡No hay derecho!

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