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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 02:28

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 30 de diciembre de 2009

 

 

Este hombrecito, desde niño, tenía un trauma físico... de fragilidad.  Su elasticidad era nula, y sus movimientos, aunque premeditados, no podían ser más lentos.  No podía bailar y en las noches tenía que taponarse los oídos para no escuchar la música atrayente que lo invitaba a aquella danza inasequible.  “Lástima –decía él- no ser como el hombre de caucho, que sin cesar divierte y se divierte con sus imponderables piruetas”.

 

Pero no. Este hombrecito de vidrio no había nacido para los aquelarres de lo físico y debía limitarse a volar en espíritu, a revolcarse en las nubes de armiño celestial y saltarlas brincando velozmente, mientras sus manos laarrrrrgas se izaban a la estrella más fulgente, que, lentamente, se derretía entre sus dedos.  Este era su sueño redivivo; día tras día lo veía, no sólo cuando estaba en el lecho, sino también cuando, queriendo evadir su fragilidad innata, su vitalidad contingente, invocaba al dios del vidrio y quedaba en éxtasis.  Sobra decir que como su transparencia congénita era absoluta – y además, odiaba los sombreros, único método para ocultar la urdimbre de sus pensamientos- casi siempre los demás se enteraban de su angustia existencial y lo despreciaban, al comprobar que su fragilidad no solo era física.

 

Una noche de Año Nuevo, al reflexionar sobre esto, tomó la decisión de salir de su depresión.   Meditó profusamente acerca de las muchas cosas buenas que tenía en su vida y, sobre todo, en las posibilidades que podía vislumbrar.  Hizo, entonces, planes generales de cómo avanzar en un camino de recuperación espiritual y además ideó algunos detalles acerca de cómo comenzar e ir avanzando en tal proceso.

Pasados algunos años, su tónica espiritual había mejorado y cambiado tanto, que tuvo disposición para ejercitarse físicamente, de manera que fue adquiriendo alguna fuerza motriz.  Cada año, mejoraba más y más, hasta que llegó a disfrutar de una vida casi normal.

 

Ojalá todos y cada uno de nosotros fuéramos capaces de planear y desarrollar un programa personal para corregir nuestras fallas y defectos y mejorar.  Terminaríamos mejorando al mundo.

En estas noches de Navidad y Año Nuevo, me propongo y les propongo aplicar todas las decisiones que creamos nos hacen falta para una mejor humanidad.

 

***


Carta a Federico García Lorca. 

Federico, en estos días en que la extrema izquierda ha querido adueñarse de tu gloria y utilizar tu muerte para justificar los imperdonables excesos de la batalla de ellos, es preciso decirte que no permitiremos que tu obra magnánima devenga en símbolo de apoyo a la censura, a la crueldad y a la tortura de algunos movimientos tiránicos.  Tus amigos Alberti y Neruda quisieron siempre mostrarte como un mártir comunista, pero tú eres ante todo un poeta, uno de los grandes de la lengua española y has pasado por lo tanto a ser de todos.

 

Recordando tu deceso, evocando tu obra, te digo que no quiero ver tu sangre filtrándose entre la tierra, ni el rictus de agonía entre tus labios, como un San Sebastián.   “Que no quiero verla”.

 

Lorca,  ¿Cómo habrán sido las estrofas que te dictaba tu numen, mientras las balas asesinas, te arrebataban del parnaso? 

 

¿Habrán pasado por tu mente aquellos resplandores taurinos de tu tierra, la fuerza refrescante del Hudson en América, y habrás vuelto a sentir en tus membranas los cambiantes sabores de esos amores marineros que las furiosas hordas medievales - actuales no pueden comprender?

 

Seguramente por tus ojos, que se mojaban de nostalgia, pasaban velozmente aquellos baños en el río con Dalí, húmedo y altivo; el azúcar de Cuba, y el salobre sabor a celuloide de Buñuel y sus noches.

 

Tanto invocaste el drama y llamaste a los dioses con tu piano, y quisiste bruñir gitanamente los mejores romances andaluces, poeta en Nueva York, que ahora se fundían tus alvéolos, para escribir los versos que harán que entre tus brazos moros se venza anonadado Ganímedes, el olvidado efebo de un poderoso dios.

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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