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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

23 mayo 2010 7 23 /05 /mayo /2010 10:17

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Color en el Arte Moderno Colombiano.  Págs. 80-87

 

Referencia mundial en la técnica artística de los Textiles, Olga de Amaral nació en Bogotá, en 1932.  Estudió Diseño Arquitectónico en el Colegio Mayor de Cundinamarca, en Bogotá, y Textiles y Diseño en Cranbrook Academy of Art, Bloomfield Hills, Michigan, Estados Unidos.

 

Ha sido directora para Latinoamérica, ante el World Crafts Council y directora del taller de textiles en Haystack Mountain School of Crafts, en Maine y el de Penland School of Crafts, en Carolina del Norte.  Fundó en 1965, y dirgió el Departamento de Textiles de la Universidad de los Andes, en Bogotá.  Fue profesora, además, en la California College of Arts & Crafts y en la Universidad de California. 

 

Fue ganadora de la beca Guggenheim Fellowship, en 1973 y ganó el primer premio en la Tercera Bienal de Arte de Coltejer, en Medellín, en 1972, y el primer premio en el XXII Salón de Artistas Nacionales, en Bogotá.  Ha recibido, además, numerosos homenajes en Colombia, Estados Unidos y Costa Rica.

 

Su obra se ha presentado en más de setenta exposiciones individuales en Colombia y en ciudades como París y Angers (Francia); Nueva York, Washington, San Francisco, Miami, Chicago, Kansas City, Cleveland, Albuquerque, Michigan, Indianápolis, Fresno y Santa Fe (USA); Tokio (Japón); Melbourne y Sidney (Australia); Venecia (Italia); Lausana (Suiza); Dormagen y Heidelberg (Alemania); Belén (Portugal) Caracas y Carabobo (Venezuela); Lima (Perú); Quito y Guayaquil (Ecuador); y en más de ochenta muestras colectivas en Colombia, Estados Unidos, Francia, Alemania, Dinamarca, Italia, Suiza, Holanda,  Noruega, Polonia, Nueva Zelanda, Japón y Venezuela.

 

Ha sido ponente y conferencista en importantes escenarios del mundo.  Seguros Bolívar publicó el libro “Olga de Amaral: El manto de la memoria”, acerca de sus creaciones artísticas, y también se han impreso muchas publicaciones nacionales e internacionales sobre las mismas.  Su obra está presente en más de ochenta colecciones públicas y museos, en todo el mundo.

 

Ella nos dijo que: “El color es vida, es, realmente, el tesoro que se me dio.  Cuando yo empecé a estudiar tejidos, en los Estados Unidos, tuve la percepción, la gran rebelación, de sentir que el color era mi vida, no de que estaba descubriendo algo, sino de que estaba reconociendo una cosa, que era casi como mi vocabulario.  Entonces, tuve la epifanía de que el color era la vida para mí, de que yo vivía el color.  Esa experiencia, no intelectual, sino emotiva, significó para mí la alegría de encontrar esa vía de comunicación con Jim, que es el color, aunque nosotros tenemos una percepción del color totalmente distinta, pero es un idioma común para nosotros y se lo transmitimos a los hijos.  Nosotros siempre estamos muy conscientes de lo que estamos viendo, en el sentido del color.  El color es lo más cierto que hay para mí, es el camino más seguro, es como la guía de todo lo mío y, con vivir tanto el color, siento que pienso con el idioma del color.  Para mí el color es una pasión que no se me ha disminuido a esta edad.  El color para mí es como respirar, es la vida misma”. 

 

S.E.V. En su obra son famosos sus intensos azules y fucsias y el verde de los cerros cundiboyacenses, ¿cómo definiría lo que para sus creaciones han sido estos colores?

O. A. Yo soy hija de antioqueños, y para el antioqueño la naturaleza es importantísima.  Una vez vino a Bogotá, hace como 30 años, el director de un museo de Nueva York y se estuvo como diez días con nosotros, y, un día, él me dijo: “Olga, yo nunca entendí su color, pero ahora que he estado aquí, me he dado cuenta de qué es”.  Si yo vivo el color, es porque es mi vida.   

 

S.E.V. Hablemos del papel de la luz en su obra

O. A. La luz y el color son inseparables.  Yo pienso que el color y la luz, en mi vida, tienen relación con la maternidad, con todo lo que uno ama profundamente, de lo que no habla.  Es algo inviolable, que nadie me lo puede quitar.  El color es el tesoro más importante que yo tengo.

 

S.E.V. Usted es de los Ceballos de Andes, Antioquia.  ¿Cómo los colores del Suroeste Antioqueño,  que se quedaron en su memoria, despiertan luego en sus tapices?

O. A. Una vez me puse a leer un libro de Teoría del Color, que era muy intelectual, pero no me decía a mí nada.  Es que si yo veo algo, tengo la sensación de percibir un color, que se me queda en la mente y se vuelve un hilo conductor para mi trabajo.  El color vive en mi mente y en mi corazón.

 

S.E.V. Háblenos de la relación en su obra entre el  color y el manejo del espacio.

O. A. Es que eso para mí es una sola cosa.  El espacio define el color y el color define el espacio.     

 

S.E.V. ¿Sintió como un verdadero sello de color de colombianidad para su obra esa bandera extraordinaria que hizo para la Casa de Nariño?

O. A. Tus preguntas son tan reales, y yo siento que lo que hago es tan irreal...   Yo manejo el color, la fibra y la estructura sin pensar mucho en lo que simbolizan las cosas; sin embargo, para hacer la bandera, me metí en lo que siento por mi país.   Hice con mis tejedoras 365 banderas, de tres metros.  En ese movimiento de construcción en el tejido, tú te entras en una abstracción y el resultado puede ser algo absolutamente mecánico, pero cuando tú tienes la percepción de que conoces el sistema, ya empieza la necesidad de expresar cierto color.  Yo recuerdo que pensaba en los mares azules, en las montañas verdes, en la sangre de los héroes, porque eso nos lo enseñaron desde niños.  Yo pensaba que estas siete tejedoras cuando hacían estas banderas estaban entregadas en una especie de amor de patria.   Ese fue un proceso como de seis meses, tejiendo banderas y banderas y cada una era distinta.   Hay muchas gamas de colores y allí pude desarrollar una forma de investigar los amarillos, los azules y los rojos.  Fue increíble.

 

S.E.V. Los materiales, indudablemente, son  la fortaleza de su color. ¿Cuál de los materiales que usted utiliza cree usted que ha sido el más significativo en el color de su obra: la hojilla de oro, la lana, la crin de caballo, el yeso?

O. A. El oro.  Cuando yo fui la primera vez a Europa, alguien me dijo que tenía que conocer una ceramista maravillosa que había en Inglaterra, que se llamaba Lucy Reed, que ahora es considerada como el paradigma de la Cerámica en Inglaterra.  Alguien me consiguió una cita con ella y pude ver que tenía su casa llena de su cerámica y nos pusimos a conversar toda la tarde y, cuando pasé a escoger una de sus obras para comprar, elegí una pero estaba rota, y ella me dijo que para ella las cosas rotas, cuando las remendaba las consideraba supremamente especiales y que las remendaba con oro, porque los japoneses, en su cerámica extraordinaria, tenían la tradición de que era tanto el respeto y el amor por la obra, que ellos la remendaban con oro.  A mí me pareció tan impresionante esa idea misma, que fui y compré hoja de oro y me puse a experimentar con el oro, con mucha timidez, hasta que soñé con una exposición toda de oro, y empezó la gran búsqueda, que no me ha llevado a terminar de descubrir el oro, porque uno nunca termina de descubrirlo.  Tengo una mujer aquí, que lleva 25 años conmigo, ocho horas diarias, poniendo oro.  Ni ella ni yo nos cansamos, ni nos agotamos, ni nos aburrimos.  Todavía lo miro y sigue siendo un misterio para mí.  Solamente el hecho de verlo, de sentir su magia, lo hace a uno reflexionar en lo que ha sido el oro para todas las civilizaciones.  Y para mí adorar el oro es como adorar la luz.

 

S.E.V. Su obra figura en algunas de las colecciones más importantes del mundo, como en las del New York Metropolitan Museum of Arts y en el MOMA.  Buscándola en la Internet, uno encuentra muchas más páginas acerca de usted en otros idiomas, que en español.  Usted se ha convertido en una gran embajadora de Colombia.  Sus tapices son altamente demandados en el exterior.  ¿Cómo plasma en ellos una verdadera impronta de color de colombianidad, que se esparza por el mundo entero?

O. A. Realmente, yo funciono más afuera, que aquí.  Yo tuve una exposición, en el año 73, en la Place Saint Sulpuce, en Paris, y fue impresionante, porque nada más ajeno a nosotros que Francia.  El antioqueño y el francés son dos cosas totalmente opuestas, y yo recuerdo que cuando me preguntaban que si yo sentía que esta obra era colombiana, yo respondía: “Es que no puede ser de otra parte”.  No era mi intención que fuera colombiana, porque yo no trabajo con ese sentido de hacer colombianidad, pero mi obra es colombiana, porque mi obra representa todo lo que yo soy y yo soy colombiana.   Y si hablamos de color, yo nunca he pensado que el oro sea un color, pero es un color.  Mis sueños han sido el color y la construcción.  Es que yo vengo de una familia de ingenieros.  Entonces, la construcción está muy cerca de lo creativo mío.  Lo que me mantuvo dentro de mi proceso en el tejido fue el color, porque yo respeto mucho la pintura, pero me parece muy complicada.  Yo tengo más sentimiento por la Escultura y la Arquitectura, por la luz, que van conformando diferentes rumbos.

 

S.E.V. La relación en su obra entre el color y la textura de lo matérico

O. A. Lo de la textura viene del ejercicio del tejido.  Desde el comienzo de mi relación con el material del tejido y con la estructura, siempre lo más importante fue el color, y después, la construcción, que se forma de la textura,  que ha sido una parte muy inherente de lo que yo construyo.  Tampoco es algo consciente, es algo que yo no puedo negar.  Lo único que ha negado un poquito la textura, en un cierto sentido, es el oro, porque con el oro yo alisaba los elementos.  

 

S.E.V. Hablemos de sus mecanismos para llevar el color a sus tapices

O. A. Yo tenía una atracción grande con la pintura, pero, como tengo tanto respeto por la forma, por el color y los espacios, yo me di cuenta de que sería otra vida para dedicarle.  Originalmente, el tejido se teñía en la tintorería, y teñir y pintar son dos ejercicios totalmente distintos, en los que el color funciona distinto y la mente y las manos, también.  Cuando yo empecé a tejer, por unos 20 años, llevé el color a mis obras, a base de tintorería, es decir, sólo teñía.  Hacía experimentos con alambres, con vidrio y con todo material que se pueda construir, pero el color era con tintorería.   Y cuando yo me sentí frustrada porque el color no correspondía a lo que yo quería y el material absorbía el color y yo no lo podía manipular, fue cuando empecé a usar pintura sobre el hilo, y, desde hace veinte años, yo no tiño: yo pinto.  Si quiero un rojo, yo preparo mi paleta, como si fuera un pintor y hago experimentos y todo.  Entonces, ahora, el color yo lo manejo con una forma de pintor, pero siempre sobre mi base segura, que es el tejido, que son los primeros pasos que yo tengo que dar siempre.

 

S.E.V. Usted ha rescatado algo muy soslayado que es el color de nuestra geología. Háblenos acerca de esto.

O. A. No hay maestro igual a la tierra, a la naturaleza.  Ahora el mundo tiene tantas cajas en donde meterse uno... y la que yo escogí es vivir con mi tierra.  Mi papá y mi mamá, que era Vélez Botero, de Yarumal, eran finqueros, en su forma de amar el país;  entonces, nosotros siempre estábamos en las montañas, en los ríos... Yo me crié en el campo, en una Colombia rural. 

 

S.E.V. Defina lo que han sido las palabras “Oro” y “Tierra”, en su color y en su obra misma.

O. A. Justamente, tengo unos tapices que se llaman “Tierra y oro”.  La tierra es también el barro, el adobe, que, para mí, tiene tanta riqueza como el oro, en su color y en lo que significa.  Tú, que eres poeta, entenderás que para los que no somos poetas es difícil explicar cosas que son Poesía, porque para mí el barro y el oro son Poesía:  unirlos, entenderlos, construir con los dos.  El barro para mí significa espacio; el oro, luz.  Es decir, te estás metiendo en mi mundo interno.

 

S.E.V. ¿Qué debe hacer un artista para lograr originalidad en el color?

O. A. Para mí, la originalidad no existe.  No es un objetivo mío.  La originalidad sucede.  Yo creo que todo ser humano es original, es una sola persona.  Cada individuo es completamente diferente y, si logra expresar su centro, su mente, si logra ser verdadero consigo mismo, si percibe ondas diferentes y las logra expresar, puede que sea original.

 

S.E.V. ¿Tiene el pintor en Colombia libertad para actuar con el color, si es el público comprador el que decide lo que se compra?

O. A. No soporto la idea de la parte comercial, ni creo que se deba aplicar.  Es importante que uno tenga una aceptación de su trabajo, en el sentido de que es un estímulo, un reconocimiento de seres que se comunican con uno.  Hay unos con los que la comunicación es falseada por la parte comercial, de fama, tele... pero, yo, por ejemplo, encuentro una comunicación maravillosa con mis seres queridos, por el color.  Yo veo un rojo y aunque yo no esté pensando en que sea adaptable a lo que estoy usando, es la sensación de que estoy descubriendo una cosa, como serían las palabras para los poetas. 

 

S.E.V. ¿Cómo, por la variedad de sus colores, en las distintas etapas de su obra, usted ha manifestado su emotividad?

O. A. Yo siento que el color es mi verdad, que con él no puedo engañar.  En mis diseños y en los de Jim, nunca el manejo del color ha permitido concesiones de tipo moda.  Yo no creo que sea tan fácil hablar de la mente, que está muy llena de vericuetos.  A cada rato, tú te encuentras con sorpresas, que son las que lo guían a uno.  Por ejemplo, hay un azul que es muy mío.  El azul que yo vivo es un azul eléctrico, es un azul que usaban los campesinos mucho en las casas.  Yo no puedo ser intelectual con mi forma de utilizar el color, eso sería como preguntarle a una mamá por el amor por su bebé.  Esa no es una cosa explicable, eso es algo que parte de uno.

 

S.E.V. ¿Qué comentario acerca del color de su obra es el que le ha parecido más interesante o le ha llegado más hondamente al alma?

O. A. Un poeta colombiano, en una revista, tituló un artículo con que yo habitaba el color.  Eso me pareció que decía mucho.

 

S.E.V. ¿Qué nos puede decir acerca del color en la obra de su esposo, Jim Amaral?

O. A. Para mí, Jim es un asombro permanente.  La mente de él es un caudal de creatividad impresionante, sobre todo en el color.   Y no es el asombro de ver una cosa bonita, sino de ver la mente de una persona.  Y como yo siento tan profundamente el color, es una especie de sendero nuevo para mí.  No es que me inspire nada, es casi, a veces una sensación de envidia, por esa facilidad, por ese amor que él le tiene a lo que hace.

 

S.E.V. ¿Cuando vivió en el Francia y en los Estados Unidos, los colores de ese país influenciaron su obra?

O. A. No.  Cuando vivimos en París,  tuve una sensación mental consciente de sus grises y de sus cielos perlados, pero esa no es mi vida, aunque tampoco te voy a decir que mi vida son los colores rechinantes. 


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Published by Sergio Esteban Vélez - en Entrevistas
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