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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

26 mayo 2010 3 26 /05 /mayo /2010 22:51

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 26 de mayo de 2010

 

En esta serie sobre “Los candidatos, en serio”, el turno de hoy es para los aspirantes por el Conservatismo y por Cambio Radical:

 

 

Noemi.jpg

 

 

Noemí Sanín: No puedo ser muy imparcial cuando hablo de esta candidata, ya que, desde que yo era un niño, siempre he querido verla en la Presidencia de la República.   Recuerdo especialmente que yo tenía siete años de edad cuando ella se posesionó en la Cancillería.  En ese momento, desarrollé una suerte de amor platónico por Noemí y mi orgullo de patria vibraba con cada uno de los logros de su gestión, una de las mejores que ha tenido el Ministerio de Relaciones Exteriores en toda su historia.  Colombia vivía uno de sus períodos más difíciles: estábamos en plena guerra contra los sangrientos carteles de la droga y el terrorismo estaba en su apogeo.   Ni estos factores, ni ninguno de los demás que han destruido la reputación de Colombia, fueron obstáculo para que la capacidad diplomática de Noemí consolidara a nuestro país en un liderazgo internacional que no conocíamos desde los años cuarenta.  Así, Colombia ganó la presidencia de los países No-Alineados, la del Grupo de Río, la del Grupo de los 77,  la Secretaría General de la OEA y fue escogida para hacer parte del Consejo de Seguridad de la ONU. 

 

Y similares han sido los éxitos de Noemí en cada una de las posiciones que ha ocupado, en todas las cuales ha dejado impronta de excelencia.  Sus gestiones más destacadas en el sector público (además de la Cancillería que acabamos de mencionar), son las que realizó en el Ministerio de Comunicaciones y en las importantes embajadas en las cuales nos ha representado.   Y en la empresa privada demostró ser toda una experta en Economía: fue la primera mujer latinoamericana en ser presidente de una entidad financiera (Colmena) y salvó de la quiebra a Corficolombiana (por algo, tiene dos doctorados honoris causa).

 

La extensa lista de sus realizaciones, sumada a su calidez humana y al deseo que muchos hemos tenido de ver a una mujer en la presidencia de Colombia, consiguieron que me convirtiera en un decidido “fan” de esta extraordinaria ejecutora.  Le hice campaña con energía y hasta llegué a componerle un soneto, que publiqué en mi segundo libro, a los 14 años de edad.

 

Actualmente, sigo admirándola sinceramente y considero que Colombia necesita de su inteligencia y de su “savoir faire”.  Sin embargo, en esta última campaña le ha tocado competir con una nómina de candidatos de lujo, en comparación de algunos de los cuales ella podría parecer menos adecuada para dirigir el país. 

 

En mi concepto, lo ideal sería que el próximo Presidente le encargara lo que ella mejor sabe hacer: la conducción de las Relaciones Internacionales de Colombia.  Estoy seguro de que su olfato diplomático nos traería muchas buenas noticias en el plano internacional: contribuiría notablemente a mejorar la imagen de Colombia en el mundo, lograría aumentar la cooperación y la inversión extranjeras y sabría guiar con tacto las relaciones con nuestros vecinos más conflictivos.   Con esos nuevos logros, Noemí acumularía réditos suficientes para recuperar la simpatía y el entusiasmo de los colombianos, que, hace doce años, casi la llevamos a Palacio.    

 

En vista, pues, de la situación del entorno, la alternativa sería que la próxima Canciller de la República fuera Noemí Sanín.  Resultaría muy desagradable si, como se pronostica, un hipotético gobierno de Mockus nombrara en la Cancillería a Julio Londoño, para quien la dictadura cubana, con todos sus crímenes y represiones, constituye “una democracia de bienestar”.

 

Germán Vargas Lleras:  Votaría por él, si en la contienda actual no estuviera presente una dupla integral como la de Rafael Pardo y Aníbal Gaviria. Vargas Lleras se da el lujo de ostentar un programa de gobierno que presenta soluciones viables, sumamente bien estructuradas, para la gran mayoría de las dificultades del país.  Tal programa es fruto de numerosos años de análisis de la problemática colombiana, que él conoce como pocos.  Demuestra que el país le cabe en la cabeza.

 

Para muchos, Vargas Lleras heredó el talante de estadista, la lucidez y el carácter de su abuelo materno, Carlos Lleras Restrepo.  No en vano el presidente Lleras jugó un papel protagónico en la crianza y formación de Germán, cuando este, a los trece años de edad, se vio huérfano de madre.

 

Vargas Lleras se revela como el nuevo representante del ala “moderada” del Liberalismo, esa que vio sus mayores éxitos durante los gobiernos de Eduardo Santos y Carlos Lleras Restrepo.  El ideal de esta vertiente es el de garantizar las libertades individuales y los derechos fundamentales, sin descuidar el principio de autoridad y la búsqueda del bienestar de los nacionales a través de la seguridad. 

 

En este punto en particular, creo que Vargas Lleras es quien mejor se proyecta para materializar a largo plazo los objetivos del uribismo.  Y estoy seguro de que, si el “guiño presidencial” hubiera tenido mira en este candidato, los seguidores de Uribe Vélez no estarían en la incertidumbre actual.

 

Si fuera Vargas Lleras y no Santos quien hubiera tomado las banderas del uribismo, las encuestas serían muy distintas y los debates, mejor evaluados.  En ellos, se haría mucho más evidente cómo Vargas, a través de su oratoria firme, de su mente clara y de su proyecto articulado, le da “sopa y seco” al etéreo, confuso y mal preparado candidato verde.

 

Pero la situación actual es distinta. Ya le tocará el turno a Vargas Lleras.

 

Ahora, después de analizar a cada uno de los candidatos, me convenzo más y más de la conveniencia de la fórmula de Pardo y Aníbal a la Presidencia.

 

 Link El Mundo

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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Comentarios

jose 05/27/2010 19:49


el cuando de noemi fue entonces, ya pa'que. eso de esperar turno es muy conservador pero no funciona. Lleras, que miedo tenerlo de mi lado, puede uno salir mal cuando empiece la lanzar puñaladas a
quienes le rodean, que es su costumbre.