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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

31 octubre 2015 6 31 /10 /octubre /2015 08:47

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Montreal, 31 de octubre de 2012

 

En este 2012, hemos tenido la oportunidad excepcional de conversar con tres de los más significativos representantes de la literatura cubana actual: Eduardo Manet, escritor en el exilio, y Leonardo Padura y Wendy Guerra, que se niegan a abandonar la isla. 

Estos reconocidos autores aceptaron hablar con nosotros sobre temas controversiales de la cultura y de la historia de su país.

En las siguientes páginas, estos reputados autores se ocupan no sólo de sus inquietudes sobre la literatura y la vida en general, sino también de sus opiniones y vivencias sobre el acontecer literario de la Isla y sobre la situación actual de la cultura y el arte en Cuba.  Abordan las dificultades que deben enfrentar los intelectuales en ese país, todo ligado siempre a la política, indisoluble de cualquier aspecto de la vida en esa nación.  Nos encontramos, entonces, frente a las consideraciones de tres escritores cubanos de prestigio que hacen parte de tres generaciones distintas y ven la vida desde tres ángulos políticos diferentes: el del castrismo, el del anticastrismo y de un posible “punto intermedio”.   Con interés educativo,  en cada una de estas entrevistas, se hace referencia a personajes y hechos relevantes de la historia cultural de Cuba. 

Para la realización de este trabajo, hubimos de desarrollar profusas investigaciones sobre literatura y arte cubanos (muy especialmente sobre la obra de los autores entrevistados), con la intención de insuflar en la comunidad el interés por la cultura de ese país, que casi siempre es mostrada en nuestros medios de comunicación no en el marco de la “alta cultura”, sino en su faceta más popular.

Primera visión

Leonardo Padura: “La situación actual de la prensa en Cuba es terrible”

 Padura--Leonardo-Ivan-Gimenez.jpg    

Leonardo Padura nace en La Habana, en 1955.  Graduado en Literatura Latinoamericana, de la Universidad de La Habana.  Se inicia en el periodismo escribiendo en la revista literaria “El Caimán Barbudo” y en el periódico “Juventud Rebelde”.  Su trabajo periodístico de entonces le permitió abordar temáticas reales a la manera literaria.

En los años ochenta, escribe su primera novela. Años más tarde, crea el personaje del teniente Mario Conde, protagonista de sus novelas de mayor éxito, con el cual ganará reputación internacional y se convertirá en uno de los principales referentes de la novela policíaca actual.

Entre sus novelas, traducidas a una decena de lenguas, se encuentran “Fiebre de caballos” (1983), “Pasado perfecto” (1991), “Vientos de cuaresma” (1994), “Máscaras” (1997), “Paisaje de otoño” (1998), “Adiós Hemingway” (2001), “La novela de mi vida” (2002, sobre el poeta José María Heredia), “La neblina del ayer” (2003) y “El hombre que amaba a los perros” (2009), novela basada en la historia de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, quien terminó sus días en Cuba.

Como ensayista, ha publicado: “Con la espada y con la pluma” (1984, sobre el Inca Garcilaso de la Vega), “Colón, Carpentier, la mano, el arpa y la sombra” (1987), “Lo real maravilloso, creación y realidad” (1989), “Alejo Carpentier y la narrativa de lo real maravilloso” (1995) y “Modernidad, posmodernidad y novela policial” (2000).

Entre sus volúmenes de textos periodísticos, se destacan: “El alma en el terreno” (1989, entrevistas a grandes figuras del béisbol), “El viaje más largo” (1994, reportajes), “Los rostros de la salsa” (1997, entrevistas) y “La cultura y la Revolución Cubana” (2005).

En cuanto a otros géneros literarios, es autor de “Según pasan los años” (1989, relatos), “El submarino amarillo” (1993, antología de narrativa cubana), “La puerta de Alcalá y otras cacerías” (1997, cuentos), “La cola de la serpiente” (relato, 1998), “La isla en la luz” (2001, sobre la cultura cubana), “Nueve noches con Amada Luna” (2006, cuentos), entre otros textos de gran divulgación.

Ha sido ganador de más de veinte premios literarios de prestigio internacional.

 En esta entrevista, Leonardo Padura, reconocido defensor de la Revolución, contradice a aquellos que afirman que en la Cuba de Castro se difunde más la cultura que en el resto del continente

 

- ¿Un escritor en Cuba puede acceder con facilidad a los recursos necesarios para el buen desarrollo de su trabajo como escritor?

 “Depende de qué recursos se esté hablando. Tener un ordenador en Cuba no es fácil, cuesta un dinero que el escritor no suele ganar; poder publicar un libro se ha vuelto complicado, porque no hay suficiente papel en las editoriales; encontrar información en las bibliotecas es muy difícil, porque las bibliotecas están muy desactualizadas, algunas incluso cerradas, y, si quieres obtener información en Internet, es muy complejo, porque el acceso a Internet está muy restringido”. 

- ¿Cómo la Revolución Cubana está promoviendo actualmente la literatura?

“Creo que muy mal. Creo que el sistema de promoción literaria que existe en Cuba no funciona. Yo lo he criticado públicamente y he escrito sobre el tema.  Creo que hay una confusión de valores y una falta de capacidad de promoción de la literatura, que es muy grave”.

- En muchos países, los jóvenes ignoran los nombres de sus escritores más importantes. ¿Qué tanto se enseña en las escuelas cubanas la obra de los principales escritores nacionales?

“Muy mal. Porque siempre la academia va detrás de la realidad. Incluso a nivel universitario, pero mucho más en las escuelas primarias, secundarias y preuniversitarias.  Eso es un problema universal y Cuba no escapa de eso”. 

- ¿Pero el gobierno o la institucionalidad exaltan, por lo menos, a estos autores bautizando con su nombre bibliotecas o centros educativos?

“En el caso, sobre todo, de autores que han muerto, sí”.

- ¿Escritores cubanos fallecidos de renombre mundial, como Cabrera Infante y Reinaldo Arenas (vehementes anticastristas), se encuentran entre esos autores homenajeados?

 “No.  Ni Cabrera Infante ni Reinaldo Arenas”. 

- Usted ha clamado por una apertura para que los autores que se fueron de Cuba puedan ser publicados en la isla.  ¿Cree que por qué esos mismos autores han reaccionado en su contra, a raíz de esa propuesta?

“El problema es que hay de todo. Incluso hay intereses económicos. Y, muchas veces, cuando las personas sienten que se les pueden afectar esos intereses, la razón deja de existir”.

- ¿En la Cuba de hoy se están haciendo esfuerzos para promover el uso correcto de la lengua castellana?

“Siempre se han hecho. Y a veces esos esfuerzos no dan los mejores resultados”.

- Algunos conocedores dicen que el Premio Casa de las Américas ha perdido el prestigio y el peso que tuvo en otro tiempo.  ¿A qué cree que esto se deba? 

“Sobre todo ha perdido el peso por razones económicas y de circulación. Es un premio que paga tres mil dólares, mientras en España hay premios que pagan medio millón.  Por lo tanto, es muy difícil competir con el sistema actual de premios que existe en España”.

- ¿Cómo ve la situación actual de la prensa en Cuba?

“Terrible, a pesar de que se le ha pedido a la prensa que emprenda cambios.  Pero es muy difícil cambiar el periodismo con los mismos periódicos, los mismos directores y los mismos periodistas”. 

El oficio

- ¿Cuál ha sido la más osada de sus publicaciones?

 “Talvez, ‘El hombre que amaba a los perros’, o alguna de mis primeras críticas en ‘El caimán barbudo’”.

- En “El hombre que amaba a los perros”, usted se muestra muy crítico frente a la figura de Stalin.  ¿Qué reacciones ha habido frente a esta desmitificación de uno de los mayores ídolos del comunismo?

“Con respecto a la novela, la reacción ha sido, en general, de gratitud, por parte de los lectores cubanos.  He recibido muchas llamadas, correos electrónicos y personas con las que me he encontrado que me han agradecido que haya escrito esa novela, en la cual han tenido la posibilidad de aprender muchas cosas que ocurrieron en la historia del siglo XX y que ellos desconocían”.

- Usted alguna vez dijo que nunca había visto bloqueada su libertad como escritor, pero sí como periodista.  ¿Podría profundizar sobre esto?

“Yo he podido hacer prácticamente todo el periodismo que he querido, tanto cuando trabajé para periódicos cubanos, como ahora, que colaboro con agencias de prensa o con periódicos de otros países. Pero no es que haya sentido coartada mi libertad.  He tratado, fundamentalmente, los temas que he querido y me he dedicado a hacerlo con la mayor sinceridad y objetividad posibles”.

Cuestión de gustos…

- Hablemos de su fascinación por el poeta José María Heredia...

“Heredia es como la génesis: está al principio de todo. Fue el hombre que, sin que existiera Cuba, empezó a hablar de la patria cubana. En Heredia están prácticamente dibujados todos los grandes conflictos que hemos vivido los escritores cubanos a lo largo de doscientos años”.

- ¿Qué piensa de la literatura experimental de su compatriota Severo Sarduy?

 “La literatura de Severo no me dice nada.  Es la verdad”.

- La lengua española ha conseguido recientemente algunos logros universales.  El más notable de ellos es el Nobel para Mario Vargas Llosa (vehemente anticastrista).  ¿Le gusta Vargas Llosa?

 “Por supuesto, es uno de mis escritores de cabecera. Absolutamente”.

- Otro escritor premiado recientemente es el chileno Jorge Edwards (Premio Cervantes 1999, declarado “persona non grata” en Cuba y obligado a abandonar ese país).  ¿Qué piensa de él?

“De Jorge Edwards, desde hace tiempo no leo nada. Estoy bastante desactualizado de su literatura y me costaría trabajo emitir un juicio”.

- ¿La literatura comprometida tiene todavía sentido o valor en Cuba?

“Yo creo que tiene sentido y valor en todo el mundo.  La literatura tiene que comprometerse con algo, con una finalidad, con un tiempo, con un pensamiento.  Sí creo en la literatura comprometida”. 

Un dilema

 - ¿Cuál es la oferta más tentadora que le han hecho para que deje a Cuba?

“Ninguna. Ojalá me hubiera pasado como a alguno de esos jugadores de béisbol, que les ofrecen 36 millones por ir a jugar pelota.  Pero nunca me la han hecho, entre otras razones porque no lo haría”. 

- El año pasado, los Estados Unidos abrieron por primera vez en mucho tiempo la puerta a la cultura cubana residente en la isla. El Ballet Nacional de Cuba, por ejemplo, fue autorizado a realizar varias funciones en ese país. En esa misma gira, cinco bailarines de dicha compañía, incluyendo una de las estrellas de la misma, demandaron asilo político aquí, en el Canadá.  ¿Qué piensa de esto último?

“Me parece que es normal.  Hay personas que prefieren trabajar en un lugar, y otras que prefieren hacerlo en otro. Hay razones políticas, económicas, familiares, personales que pueden influir en esa decisión, y yo creo que cada cual debe vivir o bailar donde desee”.

- ¿Alguna vez se ha sentido prisionero?

“Creo que sí, pero no ha sido la sensación más frecuente en mi vida.  Tengo un sueño recurrente en el cual estoy como encerrado en algún lugar, y eso me da mucha angustia”.

Identidad

- Algunos dicen que usted es fruto de los buenos resultados de la Revolución Cubana.  ¿Está de acuerdo con esto?

“Creo que soy prueba de los buenos resultados de mis esfuerzos.  Soy una persona que trabaja mucho y lo que tengo lo debo, fundamentalmente, a mi trabajo”. 

- ¿Cómo ha logrado, en sus novelas, meterse dentro de la piel de un policía de manera realista?

“No creo que sea realista, sino muy literaria.  Mario Conde es un personaje inverosímil en la realidad y sólo es verosímil literariamente, y, como policía, tiene características bastante inusuales y singulares. Y por eso es que creo haber podido tener cierta cercanía con el personaje”.

- Algunos lo ven casi como aquellos grandes del Boom Latinoamericano que, en países gobernados por regímenes autoritarios, hubieron de desarrollar toda clase de recursos y sutilezas para hacer denuncias al gobierno.  ¿Cree que estas personas están en lo cierto?

“Yo no creo que yo esté haciendo denuncias al gobierno.  Yo estoy escribiendo sobre mi realidad, sobre la vida en Cuba, sobre lo que yo pienso, sobre lo que he vivido, lo que tiene que ver con mi memoria.  Yo creo que las denuncias se hacen en los juzgados, y la literatura está para mostrar la vida y para reflexionar sobre la vida.  Y si alguna vez me consideran como alguno de los grandes del ‘Boom’, estaría muy agradecido por eso”.

 

 

Wendy Guerra: “Que no me comparen con Yoani Sánchez”

 

Wendy-Guerra.jpg     

Wendy Guerra, escritora en la clave de Anaïs Nin, nació en La Habana, en 1970, en una familia de intelectuales. 

Su primer poemario, “Platea a oscuras”, le mereció un premio de la Universidad de La Habana, cuando apenas contaba 17 años de edad. Para ese momento, ya se había iniciado en la actuación.

Ingresó luego al Instituto Superior de Arte, de La Habana, donde se graduaría en Estudios Cinematográficos. Comenzó, entonces, carrera como presentadora de televisión.

Acostumbrada desde muy joven a llevar un diario personal, utilizó ese material como base de su primera novela, “Todos se van”, ganadora, en España, del Premio Bruguera, en el 2006. Ese mismo año, el diario El País, de Madrid, calificó esta obra como la mejor novela publicada ese año en España.  Tres años más tarde, traducida al francés con el título de “Tout le monde s’en va”, resultó vencedora en el Premio Carbet des Lycéens.

Su segunda novela, “Nunca fui primera dama”, fue publicada en Barcelona (2008) y en París (2009), ciudad donde fue condecorada por el gobierno francés con la Orden de las Artes y las Letras.

Vendría luego “Posar desnuda en La Habana. Diario apócrifo de Anaïs Nin”, editado por Alfaguara, el año pasado.

Además del libro de poemas mencionado, ha publicado también los poemarios “Cabeza rapada” (1996), “Ropa interior” (2008) y “Una jaula en el cuerpo” (2011) y los libros de cuentos “Merci Moscú” (2007), “Absolut Wendy” (2008) y “Blumers” (2011).

Parte de su trabajo literario lo ha desarrollado como becaria de prestigiosas instituciones de Estados Unidos y Francia.

Ha sido amiga personal y discípula de Gabriel García Márquez.

Vive en La Habana.

El de Wendy Guerra es un caso singular.  Mientras muchos castristas la ven como uno de los suyos; muchos anticastristas, también. Pero, al mismo tiempo, muchos anticastristas la llaman castrista, y muchos castristas la ven como “peligrosa”.  ¿Posición intermedia?

- ¿Hoy, después de tanto éxito internacional, ha logrado que, por fin, su obra esté en las librerías de La Habana?

 “No”.

 - ¿Cree que si no hubiera crecido en la Cuba de Castro, la tristeza de su pluma habría sido igual?

 “El hubiera no existe”.

- Usted se ha quejado de que en Cuba, con tantas restricciones estatales, no puede sentirse como una adulta...

 “Hay un texto de Antonio José Ponte que se llama ‘Tener veinte años para siempre’ y habla de la manera de librarse de determinadas estructuras sociales y económicas, siendo como un mozuelo.  Y yo creo que, en la medida en que envejeces, ya tienes que ocupar posiciones personales muy serias.  Pero creo que, en Cuba, los jóvenes en el momento en que lo tienen que hacer, se van”.

- ¿El hecho de ser ciudadana francesa le facilita la vida en la isla?

 “No, en Cuba yo soy cubana. En Cuba no permiten doble nacionalidad”.

Todos se van...

- En “Nunca fui primera dama” y en “Todos se van”, usted indirectamente critica las cortapisas para que los cubanos salgan de la isla.  ¿Cree que esas medidas podrían ser derogadas prontamente?

 “Me imagino que en un país ideal, sí.  En el país ideal que tiene cada cubano”. 

- Explíquenos esa idea suya de que algunos se van hacia afuera y otros, hacia adentro...

 “Sí, yo creo que hay mucha gente que hace un viaje al revés, un viaje interno, al centro de su vida, a su memoria, al centro del país, y ellos se van a buscar cosas que nunca encuentran.  Hay personas que viven en París y parece que nunca salieron de Cuba, y otras que escriben en Cuba, como si vivieran en París. Son viajes interminables hacia adentro y hacia afuera”. 

- Usted dice: “Cuba es un país instruido. ¿Y ahora, qué hacer con toda esa instrucción?”  Le hago la misma pregunta.

 “Yo espero que no se fugue toda esa instrucción, que no se vaya al exilio, porque sería lamentable haber invertido tantos años en tantos talentos perdidos.  Espero que no se pierda, que hagamos un modelo económico y social que nos permita reinvertir en talento”.

- En alguna columna, usted hablaba de “un refugio democrático, ese lugar al que uno se va para decidir escuchar o ver a quien prefiera, sin recibir agresiones, ofensas, amenazas o insultos”.  ¿Alguna vez se le ha pasado por la mente la idea de buscar ese refugio?

 “Sí, pero el problema es que estoy tratando de ver en dónde está, porque cada vez hay más problemas y menos sitios neutrales en este mundo”.   

¿Tomar partido?

 

- Hace pocos días, gracias a una confesión del general Videla, se confirmó que los temores de las Madres de la Plaza de Mayo sobre el asesinato de sus hijos eran ciertos.  ¿Qué piensa de este grupo de mujeres?

 “Pienso que tienen la misión de no dejar morir lo que nace de sus entrañas y la búsqueda incesante del hijo.  Es una labor casi shakespeareana, casi eterna, de la reconstrucción de una vida extirpada.  Una gran labor”.

- ¿Y qué piensa de las Damas de Blanco?

 “Las veo por la calle y me imagino que son personas que están tratando de buscar su espacio, al lado de sus esposos.  Espero que algún día esas marchas sean tranquilas”. 

- En la red, registraron que usted dijo que: “Nada que venga de Estados Unidos puede ayudar a Cuba”. ¿Cómo es eso?

 “Eso está sacado de contexto.  Siempre, desde niña, vivía con ese miedo a lo que viniera de Estados Unidos. Pero cuando viajas a los Estados Unidos y conoces al pueblo norteamericano, lo ves de otra manera”.

- ¿Cuando la literatura se pone al servicio de una causa política pierde valor? 

 “Depende.  El “Guernica” es pura literatura de la imagen.  Balzac... Depende de cómo y quién la escriba, hay buena y mala literatura. Da igual la política”.

De autores cubanos en ambos lados...

- Usted se ha manifestado partidaria de que en Cuba pueda masificarse la lectura de autores cubanos en el exilio o de otros escritores todavía prohibidos... ¿Ha habido algún avance a este respecto, en los últimos años?

“Sí, publicaron la novela de Eliseo Alberto* ‘Esther en alguna parte’ y se ha publicado un libro acerca de Cabrera Infante*.  Me imagino que llegará un momento en que se publique todo lo pendiente, hasta llegar a mí, ya como último recurso”. 

- ¿Su abierta contradictora Zoé Valdés es conocida en Cuba? 

“No sé si por las nuevas generaciones.  Ella era una poeta cubana, una novelista que publicó y dirigió la revista (Cine Cubano) y una diplomática cubana, y luego hizo su carrera en el exterior.  No sé si tenga lectores en Cuba.  No tengo ni idea”. 

 

- ¿Cree que a la bloguera Yoani Sánchez  le convendría quedarse en Cuba? (El gobierno cubano le niega el permiso para ir a recibir algunos de los premios de periodismo más importantes del mundo, en Europa y en Estados Unidos)

 “Habría que preguntárselo a Yoani Sánchez”.

- ¿Por qué cree que usted tiene libertad para salir, con oportunidad de representar a su país en el exterior, pero a Yoani Sánchez no se la conceden?

 “Yo no me considero una persona comparable con Yoani Sánchez, por muchas razones, y no voy a permitir que se me compare ni con Yoani Sánchez, ni con ningún bloguero, ni con ningún otro autor. Yo no tengo más que lo que he conquistado. Cada cual tiene que conquistar su espacio en el mundo”.

- ¿Qué piensa de Roberto Fernández Retamar y de Miguel Barnet?

 “Miguel Barnet es un etnólogo y un gran escritor y Roberto Fernández Retamar es un gran poeta cubano y ambos ocupan en Cuba cargos ministeriales, u oficiales, porque lo quisieron”. 

 

Tercera visión

 

Eduardo Manet: “La democracia es mi única verdad íntima”

 

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Novelista y dramaturgo cubano, Eduardo Manet nació en Santiago de Cuba, en 1930.  De madre de origen judío y padre español (director y propietario de un periódico y ministro de Educación de Cuba).

Sus piezas teatrales, traducidas a 23 lenguas, han sido representadas en el mundo más que las de cualquier otro dramaturgo de su país.

A los 18 años de edad, obtiene su primer galardón, el Premio Prometeo, por su primera obra de teatro.

Estudia en la Universidad de La Habana de 1946 a 1951, donde se vincula al activo ambiente cultural e intelectual cubano y trabaja al lado de Raúl Castro. 

Viaja luego a París, para estudiar Humanidades. Allí, es uno de los actores de la compañía del célebre maestro de la pantomima Jacques Lecoq.

Tras la caída del dictador Batista y el triunfo de la Revolución Cubana, regresa a Cuba, en 1960,  con su esposa francesa y su pequeño hijo, y se desempeña como director del Centro Nacional de Artes Dramáticas.  En esos tiempos, produce varios filmes y documentales, que incluyen ‘Un día en el solar’, la primera comedia musical cubana en tecnicolor para cine.

Decepcionado del gobierno de Castro y temiendo por su propia libertad de expresión, se exilia en París, donde reside desde 1968 y continúa con su fecunda carrera como escritor.

La mayoría de su obra ha sido escrita originalmente en francés. 

Entre sus novelas, publicadas por editoriales como Gallimard, Flammarion y Julliard, sobresalen “L’Île du lézard  vert” (“La isla de la lagartija verde”, 1992),  “Rhapsodie  cubaine”  (“Rapsodia cubana”, 1996), “D’amour et d’exil” (“De amor y de exilio”, 1999) “Un cubain à Paris”  (“Un cubano en París”, 2009) “Les trois  frères  Castro” (“Los tres hermanos Castro”, 2010) y “Le  fifre” (“El pífano”, 2011), en la cual se refiere a su antepasado el pintor impresionista Édouard Manet.

 La más conocida de sus 26 obras de teatro es “Les nonnes” (“Las monjas”, 1968).

Amén de las principales condecoraciones del gobierno de Francia (país del que es ciudadano desde 1979), ha obtenido galardones de prestigio en el ámbito de los países francófonos, como el Premio Bertrand de Jouvenel (Academia Francesa, 1982), el Premio René-Praile (Festival de Avignon, 1985), el Premio Lugné-Poe (1989), el Premio Goncourt des lycéens (1992), el Premio Interallié (1996) y el Premio del Roman  d’Évasion (1999).

Ha sido presidente de honor de la Feria del Libro de Limoges, presidente del Premio Les Deux  Océans, destinado a escritores de América Latina,  y actualmente es el presidente del Consejo Permanente de Escritores de Francia.

Aunque hoy en día su anticastrismo es menos beligerante que en otros tiempos, Eduardo Manet no deja de denunciar los abusos del autoritarismo que les tocó sufrir a él y a otros grandes autores que tuvieron que partir

- Uno no puede conversar con usted sin preguntarle por sus grandes amigos...

“En literatura, lo fue especialmente Alejo Carpentier, que era como un hermano espiritual.  Nicolás Guillén, el poeta negro de “Songoro cosongo”. Álvaro Mutis, de Colombia, a quien adoro. No sé cómo esté él ahora, ni su compañero”.

- ¿Cuál compañero?

 “Gabo”.

- A propósito de García Márquez, ¿qué piensa de él?

“Pienso de verdad que es un gran escritor. Nadie se lo puede quitar.  Se benefició mucho de su amistad con Fidel.  En un momento dado, Fidel dijo, borracho, en una comida, que Gabriel García Márquez le debía a él el Nobel.  Es cierto que en ese momento los jurados del Nobel eran demasiado de izquierda, pero eso no quita que Gabo sea un gran escritor”. 

- ¿Si usted era tan de izquierda, por qué dejó la Cuba de Castro?

“Yo volví de mis estudios en Francia, en el sesenta, y me lo dieron todo.  Dirigir el Teatro Nacional, hacer cine, tenía radio y televisión.  Pero yo veía que Fidel iba cada vez más hacia la Unión Soviética, y cuando él aceptó la llegada de tanques rusos a Praga, yo decidí que no podía quedarme más en el país y callarme la boca.  Y abrir la boca era terminar en prisión, como le pasó, un poco más tarde, al poeta Padilla.

 

- En esa época, usted era buen amigo de Alicia Alonso. Incluso, como cineasta, realizó una película sobre ella...

“Sí, se llamaba ‘Alicia’ y era un homenaje a ella. Cuando me fui de Cuba, le quitaron mi nombre. Y cuando eso fue denunciado por un periodista del New York Times, entonces recortaron la película y la convirtieron en documentos de Alicia Alonso bailando.

- ¿Fue amigo de Lezama Lima?

“Por supuesto. Yo era muy joven. Y Lezama Lima, entre otras cosas, adoraba a los jóvenes. El gran maestro, que era abogado, cuando terminaba su trabajo, iba a una librería donde él tenía una especie de ‘asiento real’, y ahí recibía a los jóvenes que venían a arrodillarse delante del maestro, con poemitas”.

- ¿Alguna vez fue cortejado por Lezama?

“Él prefería a mi amigo, que éramos como hermanos, Tomás Gutiérrez Alea, que era bellísimo.  ¡En Cuba, un rubio de ojos azules! Lezama Lima, encantado, ¡le decía que sus poemas eran tan buenos como los de Rimbaud!”.

 - ¿Y qué recuerda de Virgilio Piñera?

“Virgilio era otra cosa: un gran angustiado.  Tuvo la mala fortuna de ser mal traducido al francés.  Los críticos franceses decían que él era un imitador de Ionesco, ¡pero él empezó antes que Ionesco!

Virgilio vivía muy angustiado y en un momento pensó dejar a Cuba, cuando hubo una gran persecución a los homosexuales contra la cual luchó hasta el supermacho de Nicolás Guillén. 

Un médico militar checo que se hizo muy amigo de los médicos militares cubanos me dijo que él había creado en Checoslovaquia unos campos de trabajo para los homosexuales y los ladrones, para que se convirtieran en ‘hombres de bien’, y que lo mismo hicieron en Cuba.  Pero se cerró y  las cosas cambiaron.

- ¿Alguna vez en Cuba le tocó ser testigo de brutalidad o abusos de los agentes del Estado contra intelectuales o artistas por el hecho de ser homosexuales?

“Yo tenía un joven actor buenísimo que era revolucionario, pero reconoció ser ‘maricón’.  ¿Sabes lo que le hicieron?  Lo enterraron hasta el cuello, para que los insectos lo devoraran.  Eso le hicieron, durante toda una noche, y eso que era revolucionario.  Cuando regresó, se fue. 

A Reinaldo Arenas* lo metieron a la cárcel. 

El compañero del pintor (René) Portocarrero*, que era otro gran pintor (Raúl Milián), tenía tanto miedo, que ellos dos no salían de la casa.

(...) Cuando yo dirigía el teatro, si a las siete y media de la noche un actor joven no estaba, había que correr a las comisarías, y lo encontrábamos allí.  Si tenía el pelo largo o la voz delicada, iría seguro allí. 

(...) Y esas son las cosas sobre las cuales ahora Fidel Castro dice que cometió algunos errores. Enormes errores”.

- ¿Alguna vez ha recibido alguna condecoración del gobierno de su país?

“¿De Cuba? Jamás. Si yo regresara a Cuba diciendo ‘mi amigo Raúl’, yo tendría todas las medallas. Pero no. En cambio, en Francia, soy oficial de la Orden del Mérito Nacional y Caballero de la Orden de las Artes y las Letras”.  

- Usted es uno de los pocos que tienen la autoridad suficiente para criticar el autoritarismo, venga de donde venga.  Usted no quiso regresar a la Cuba del derechista dictador Batista y, más tarde, se fue de la Cuba izquierdista de Castro...

“La democracia es mi única verdad íntima.  Yo creo firmemente, en que, como decía Winston Churchill, el mejor sistema es el democrático, con todos sus defectos.  Y eso lo he probado con mi vida”.

- Fidel Castro subió al poder diciendo que iba a impedir que Cuba siguiera siendo “el burdel de los Estados Unidos”.  ¿Ahora, medio siglo después, cuál es el resultado?

“Ahora no es el burdel de los Estados Unidos: es el burdel del mundo entero.  Yo publiqué un artículo en la revista Polka, de París, sobre un fotógrafo italiano que estuvo en Cuba y fotografió la Cuba de noche, de la gente pobre de Cuba.  Cuando vi esas fotos, quedé aterrorizado, porque se ve que es gente que ha pasado hambre.  Entonces, en mi artículo, dije que cuando Raúl Castro y yo éramos jóvenes veíamos la miseria de esa gente y teníamos la idea de que, precisamente, había que hacer una revolución. 53 años más tarde, la prueba fotográfica dice que la miseria es la misma o peor que antes. 

- ¿Hay todavía en Cuba, a pesar de las peticiones firmadas en todo el mundo, intelectuales presos por no ser afectos al régimen?

“Sí, los hay.  Por supuesto que los hay, y hay uno que está en muy mal estado.  Pero, de los 80, ya dejaron partir a más de 75, así que hay una mejoría.  Ahora ya lo que se hace es que no los toman presos, sino que, por ejemplo, a una señora de las Damas de Blanco, la toman durante dos días, pero no la mandan a la cárcel.  Y eso ya es un buen síntoma”.

- En el conjunto de su obra se nota una profunda nostalgia de Cuba.  ¿Ha pensado en regresar?

 “En el 2001, el director de la revista de Teatro Cubano, a quien conocí en Berlín, publicó mi obra ‘Las monjas’.  (…)

  Pero, en el 2003, Fidel Castro se levantó de mal humor y puso ochenta personas en prisión, a lo que muchos intelectuales franceses se opusieron.  Entonces, a partir de ese momento, yo, que tenía la idea de darme una vuelta por Cuba, decidí no hacerlo. Pero siempre tengo esa idea y a lo mejor un día de estos hago un viaje de turista, nada oficial, para ver a mis amigos”. 

 

 

 

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Published by Sergio Esteban Vélez
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