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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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14 abril 2012 6 14 /04 /abril /2012 04:33

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 3 de noviembre de 2011

 

Desde hace algunas semanas, comentaristas diversos han venido exponiendo sus argumentos en pro y en contra del proyecto de “Código de Paternidad y Maternidad Responsable”, que está impulsando la senadora Gilma Jiménez. Tal proyecto legislativo busca que los progenitores que no reconozcan a sus hijos y aquellos que no velen por ellos económicamente, sean sancionados social y penalmente.

Y justamente en medio de esta lluvia de opiniones sobre una temática tan controversial, un lector de mi columna me ha enviado un extenso mensaje que me ha conmovido sobremanera.  En él, el remitente me cuenta las angustias que ha enfrentado, en su búsqueda por ser reconocido por su padre, un ilustre exministro antioqueño. Mientras la leía, no podía creer que el sujeto imperdonablemente irresponsable del que habla la misiva sea el mismo líder encantador y exquisito, admirado y respetado por todos en nuestra comunidad.

Aunque no estoy autorizado para revelar los nombres de los protagonistas de esta historia, quisiera compartir con ustedes un resumen que hice de la carta. Estos son los fragmentos más dicientes:
“Nací un 21 de diciembre, el mismo día que nació el mejor amigo del exministro. Nací con labio y paladar hendido. Mi mamá se casó con otro hombre, sin amarlo, para cubrir su desliz ante la sociedad. Mi mamá trabajaba en un hotel. Supongo que, como ella dice, se fijó en el exministro por su arrogancia y su sonrisa. Al parecer, ella le contó que estaba embarazada y el hombre decidió borrarse del mapa.

“Yo crecí sin saber quién era el exministro hasta que cumplí 14 años. Mi mamá se separó del hombre con el cual se había casado y decidió contarme la verdad. Al principio, pensé que estaba loca, pero luego vi en sus ojos la mirada de quien cuenta algo que pesa en lo profundo de su ser. En ese momento, entendí por qué yo no era igual a mis hermanos, por qué era más alto, más delgado, mi tipo de cabello... Y también comprendí por qué en el álbum familiar existía una foto de un señor de apellido XXX.

“Mi mamá empezó a sugerirme que lo buscará. Yo siempre le respondí que si él no quiso saber de mí cuando no había nacido, qué iba a querer saber de mí ahora.

“Luego apareció Internet, y con él se abrieron las puertas para conocer un poco más del ex inistro. Entonces, en mi mundo de fantasías esperaba que algún día él apareciera queriendo conocerme y a lo mejor queriendo corregirme los defectos físicos de nacimiento y una cicatriz que tengo en el rostro debido a un intento de robo que sufrí. Así pasaron los años y nunca tuve noticia del ministro, mas mis cicatrices y mis problemas de comunicación permanecieron. Las cirugías plásticas son costosas y mi mamá no podía pagarlas. Así que quedé con problemas para comunicarme oralmente con las personas.

“Con el tiempo, me enteré de que el exministro poseía una fundación por la niñez desamparada, y pensé que qué irónico es el mundo: ¡él tiene una fundación para niños abandonados y ni siquiera respondió por el suyo! 

“Al principio sentí rabia, pero luego pensé en darle la oportunidad de comunicarse conmigo, así que le escribí a la fundación. 

(…) Hace unos años otro buen hombre me colaboró redirigiéndole un correo mío. A diferencia de usted, a este buen hombre no le expresé que yo era el hijo no reconocido del doctor XXX. El exministro muy amablemente me respondió, y me indicó a qué correo electrónico me podía dirigir.

“Yo al instante, lleno de alegría, de felicidad, decidí escribirle contándole quien era yo. No recibí respuesta alguna. Durante 2 meses le seguí escribiendo, pero nunca obtuve una nueva respuesta, hasta que me llegó otro mensaje de una señora diciéndome que no volviese a escribirle al exministro. 

“(...) Como le dije, mi interés no es de cobrar venganza, ni de saldar viejas cuentas, sino simplemente poder conocerlo, darle la oportunidad de escucharlo, de que me cuente su versión de la historia.

“Usted me ha hecho entender que estoy más cerca que nunca de él (...) Pero, estoy buscando a un desconocido y no sé si el desconocido esté esperando noticias mías”.

Ojalá que al exministro, que es lector de esta columna, se le mueva por fin el corazón, y que la iniciativa de la senadora Gilma Jiménez tenga un respaldo arrollador.

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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