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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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Guerra, Padura y Manet

10 agosto 2012 5 10 /08 /agosto /2012 14:30

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 1 de marzo de 2012

 

Así como Wagner, en su Parsifal dramático, nos muestra a los caballeros de la mesa redonda que buscaban el Santo Grial; o los novelistas del Romántico, que describen a los desesperados en busca del amor; o santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, que mueren porque no mueren, porque no pueden estar con su Amado; así, los inquietos "adictos al conocimiento" viven en perenne desazón por encontrar la omnisciencia. Todo lo ensayan, lo practican, lo invierten, lo reconstruyen, con tal de que cruja el madero de su ansiedad de gnoos. Sabemos que cada ser humano urde su propio camino por las sendas de la información, hacia la formación de una conceptualización propia del mundo. Pero es innegable que hay algunos que sufren mucho más por el conocimiento y la cultura (científicos, humanistas, artistas...) y que no pocas veces han enloquecido o se han apartado del mundo por esta misma búsqueda, o han terminado suicidándose, al no encontrar en la Tierra el verdadero conocimiento, o han sido profundamente infelices, por ese mismo vacío insondable de sus fueros hambrientos de respuestas.

Muestra de aquel peregrinar de muchos es un antipoema que el autor de esta columna escribiera hace unos años, decepcionado ante la conciencia de su propia e irremediable ignorancia:

"¿Es de este mundo la verdadera riqueza?/ Acércate al conocimiento/ para sumirte más en las tinieblas./ Las letras/ (camino interminable, piso de clavos)/ forman un agujero/ perenne/ en la conciencia/ un abismo en el fuero/ un vacío insondable que atormenta/ daña la digestión/ y el sueño ahuyenta./ El animal satisfecho/ come, duerme,/ logra sexo/ y defiende con las garras/ su territorio sin techo. / Lo mismo el hombre primigenio: / contento con sus raíces/ sólo les teme a las bestias./ Por eso yo te pido que comprendas/ mi excéntrica demencia/ convertida en poemas./ ¡Yo sólo soy aspirante/ a sorber/ sopa de letras!".

Burla y sarcasmo similares hacia el grito infinito del intelecto por nutrirse con las verdades finitas de la vida están plasmados, aunque con lejanamente superiores exquisitez y gracia perversa, en el poema "Psicopatía", de José Asunción Silva, o en el perversillo de la España de Oro "Cuentan de un sabio que un día..."; o en la feliz cuarteta de Nora Elena Restrepo de San Juan: "El ignorante cree que lo sabe todo", o en la archifamosa cita de Sócrates, ante el oráculo de Delphos: "Sólo sé... que nada sé". O en la cita de Erasmo, en su "Elogio de la estulticia": "Pero, si bien es innegable que no saben absolutamente ni una palabra, esto no es obstáculo para que digan que lo saben todo".

El conocimiento ha sido aproximado tanto a un "todo", que incluso hay una corriente que señala que éste es un ente divino, equivalente a los dioses de los creyentes. Bien recordamos la interesante figura de la Noosfera, de la que hablaba el jesuita Theilhard de Chardin y aquella de la Noocracia, de Vernadsky.

El amor por el conocimiento y su búsqueda han sido los orígenes de todas las disciplinas. Pero el conocimiento depende del pensamiento. "El pensamiento mío es mi yo mismo", escribe nuestra amiga Olga Elena Mattei. ¿Y cómo se aprehende el conocimiento, del que deriva el pensamiento? Por los medios de comunicación. Incluso los que dicen que han recibido el conocimiento de los dioses, encuentran allí mismo el "medio" transmisor. La vida misma, que nos enseña tantas cosas y que inscribe en nuestras células nerviosas miríadas de vivencias, que traen vibraciones y sentimientos individuales, sería el máximo medio de conocimiento o de comunicación íntima.

La manera en que opera nuestro conocimiento depende de cómo se tejen nuestras emociones, de las visiones que se forman en el cerebro al tratar cada tema, de las respuestas automáticas que nos genera cada cosa que ha tenido contacto con nuestros sentidos.

Y ahora, después de tantos cambios en la esencia misma de los seres humanos y de su forma de pensar y de comunicarse, hemos llegado a una etapa de entropía. Con la llegada de las nuevas tecnologías, estamos como ante la gran apertura de las puertas de la biblioteca del universo: todo lo conocido se puede aprehender con la mayor facilidad, en un inmensurable rizoma nunca soñado (la Internet). ¡Pero la verdad esencial seguirá siendo inexpugnable y la vida nunca nos alcanzará para asimilar ni una porción minúscula del todo!

Entonces hoy, cuando tenemos a la mano tan gloriosa capacidad de información, pero seguimos igual de desorientados en el mundo terreno, más valdría seguir el consejo oriental de "acostarnos, en posición de estrella, para encontrar adentro la dicha inefable de la omnisciencia".

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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