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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

23 mayo 2010 7 23 /05 /mayo /2010 10:20

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Color en el Arte Moderno Colombiano.  Págs. 134-140

 

Germán Londoño Vélez nació en Medellín, el 12 de octubre de 1961.  Realizó estudios de Artes Plásticas en la Escuela Internacional de Arte Gráfica Il Bisonte, en Florencia, Italia.

 

Su obra ha sido presentada más de cuarenta exposiciones, entre individuales y colectivas, en Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena y Pereira, en Colombia, y en el Exterior, en  París, Nueva York, Roma, Florencia, Madrid, Lisboa, Washington, y Cuenca (Ecuador).

 

Como pintor, escultor y dibujante, ha recibido los más altos elogios, por parte de la crítica colombiana, que, en varias ocasiones, lo ha señalado como “El Botero del siglo XXI”, apelativo que él descalifica, diciendo que: “Yo no sé eso quién se lo inventó.  Yo no sé por qué la gente cree eso.  Un segundo Botero no va a haber nunca.  Marta Traba lo dijo en una entrevista, cuando le preguntaron si se repetirían los casos de Botero y de García Márquez y ella dijo que no se repetirían porque ellos son fenómenos y los fenómenos no se repiten.  Y en eso estamos de acuerdo.  Ni los fenómenos ni la gente común se repiten.  Entonces, yo lo único que puedo hacer es no ser un segundo Botero sino el primer Germán Londoño.  Eso es lo que yo soy.”.

 

¿Cómo el color ha sido el vehículo que lo ha llevado a plasmar todo su surrealismo subjetivo?

G. L Utilizándolo para enfatizar las figuras y el clima general de cada composición.  Con las imágenes, cuando comienzo a hacer los primeros bocetos dibujados, están viniendo ya los colores y esos colores tienen algo de definitivo, de fatal, en la medida en que desde el comienzo, la forma y el color están implícitamente unidos.

 

S.E.V. ¿Cómo influyeron sus estudios en Firenze, para encontrar su propio colorido?

G. L En esa época, mi colorido era muy distinto: en gamas sordas, tonos bajos, grises... Tal vez, en esa época mi colorido era más bonito que ahora, pero uno no puede quedarse en un punto determinado de color y yo, a través de los años, he ido cambiando y he ido explorando otras posibilidades, precisamente porque soy muy consciente del poder detonante del color. 

 

S.E.V. ¿Qué sería lo más relevante de la estridencia de su colorido desbordado?

G. L Mis cuadros, a primera vista, parecen muy colorinchudos, pero lo que ha sucedido es que soy muy consciente del paso del tiempo sobre el color, porque lo he visto en mis propios cuadros; entonces, yo intento poner bastante color, de manera que, pasados cien años, todavía algo ahí, que comunique algo a quien lo esté viendo.  Pienso que neutralizar excesivamente el color no sirve de nada, porque es simplemente civilizarlo y adaptarlo al colorido al que, generalmente, está acostumbrada la retina, que es el color que vemos continuamente en la realidad, que está matizado por los grises.  Entonces, mis referentes son los postimpresionistas, Van Gogh y Gauguin, concretamente, más como los veo en láminas, que como los veo en la realidad, porque en la lámina el colorido se exalta un poquito; entonces, lo que yo quiero es ese color de las láminas, donde los naranjas son realmente naranjas, los amarillos son realmente amarillos y, entonces, en ese orden, uno va construyendo un colorido intenso.  La gente, en general, es muy tímida, pacata y mesurada, respecto del color, precisamente por el poder detonante del color.   Como yo trabajo el color en áreas grandes, a veces siento que se me está yendo la mano, pero hay una vocecita que me dice que no, que antes todavía me falta mucho más, expresarme con mucha más fuerza.  Entonces, no hay que tener miedo del color.  Me vienen, ahora, ejemplos de grandes coloristas:  pienso en Francis Bacon, con sus grandes trípticos naranjas, con esos magentas, ocres y amarillos intensos... Entonces, al color hay que dejarlo ser, que exprese y que diga y, si uno mismo como pintor no intenta sacar eso adelante y desafiar un poquito la retina, entonces no sirve para nada lo que está haciendo.

 

S.E.V. ¿Cómo, usted, por medio del color, crea la forma dentro de la composición?

G. L Primero la forma y después el color.   Muchas veces, cuando yo noto que un color no encuentra cabida en un cuadro, es porque hay un problema de forma.  Es siempre la forma la que me está diciendo las cosas.

 

S.E.V. ¿Cómo en su obra, por el color, usted logra ese ritmo, tensión y simetría?

G. L En la medida en que cada uno de los colores me vaya sugiriendo cuál es el sitio donde quiere estar.  Entonces, ahí es cuando yo noto que las formas están recibiendo realmente el color que necesitan.  Y cuando noto que todos los colores están en su sitio, obviamente la armonía se está dando.  Eso es lo que yo llamo la “maduración del color”, que exige un tiempo, un proceso; en unas obras es más rápido; en otras, menos; pero, siempre hay que esperar un poquito.

 

S.E.V. ¿En su obra, las formas y los colores tienen algo que ver con ese psicoanálisis que has desarrollado por tantos años?

G. L No tiene que ver, en la medida en que yo lo esté analizando.  Precisamente, porque conozco los procesos de la mente, no analizo ni el colorido que estoy utilizando, ni las formas, desde el punto de vista psicológico, porque eso sería de pronto restringirles poder y sería racionalizar procesos que son intuitivos.  Entonces, dejo, simplemente, que sucedan y que los demás hagan el análisis.

 

S.E.V. ¿Pero, entonces, el color en su obra sí tiene alguna simbología especial?

G. L Sería inconsciente, y yo puedo analizarla, si vamos a intentar volverla palabras, pero yo me abstengo de hacerlo, porque yo soy muy respetuoso de la parte emotiva, subjetiva e intuitiva de mi trabajo y nunca estoy entrando a analizar lo que ese trabajo, a nivel de interpretación sicoanalítica o semiótica, pueda significar.  Yo simplemente miro si esa pintura, desde el punto de vista de la estética, tiene o no sentido para mí.  Lo que me interesa producir es el regocijo de la belleza estéticamente entendido, a la manera mía, sobre esa misma belleza.  Es un diálogo egocéntrico, donde yo intento reflejarme, en este caso no en un espejo, sino en un lienzo, y proyectar en él todo mi sentir y mi instinto de la forma y el color mezclados.

 

S.E.V. ¿Por qué los colores planos, sin contraste de luz y sombra, ni profundidad, ni volumen?

G. L No todos son planos.  A mí el color me gusta texturado.  Lo que pasa es que trabajo por áreas, bloques de color contrastado.   En unos períodos, como en la serie de los “Fantasmas”, mis colores han sido más planos, pero nunca completamente planos.  Yo siempre trato de crear alguna forma de factura, para que la retina se retenga en la superficie.

 

S.E.V.Háblenos de la relación entre su colorido y su pasión por el Arte Religioso.

G. L Para mí, el Arte Religioso fabricado por todas las culturas y todas las religiones es lo máximo que se ha hecho, pero, ciertamente, los grandes creadores contemporáneos, así sean totalmente irreligiosos, tienen en la unción con la que trabajan una actitud religiosa, la actitud de sacralización a través de la forma y del color, de la construcción de un mundo sagrado.  Para mí, la magia y el secreto de las grandes realizaciones contemporáneas está, precisamente, en el poder sacralizador de estos grandes artistas.

 

S.E.V. ¿Cómo el color le ha servido para dar a entender la ironía en muchas de sus obras?

G. L El color es el vehículo elemental de las sensaciones.  El color tiene una forma de sugerir sentimientos y sensaciones mucho más sutil que la forma.  Yo doy gracias a Dios, todos los días, de haber nacido con el don del color, porque el talento es solamente algo con lo que se puede nacer.  Uno lo único que hace es desarrollarlo con el trabajo, pero se nace con él y yo me he dado cuenta de que lo tengo.   Entonces, lo que yo intento es concentrarlo, en mayor o menor medida, en cada trabajo.  El color es el elemento eminentemente musical de la pintura, por tratarse de tonos y de variaciones de tonos, y sé que cuando yo quiero pintar determinado cuadro, no sé de qué manera, el subconsciente trabaja, en la medida en que cuando yo quiero pintar un cuadro o llega a mí una idea, ella ya llega con unos colores, simultáneamente, y esos colores van a remitir a determinados sentimientos.   Mi intuición me va dictando los colores y yo les meto un poco de rigor.

 

S.E.V. Háblenos del color y los ritmos oblicuos de las formas en su obra.

G. L No es posible establecer una métrica y una definición exacta de cómo la mente hace estos procesos, porque son eminentemente intuitivos.  Se trata de un proceso que exige mucha concentración y naturalidad, para que la mente vaya produciendo la respuesta para cada área de color del cuadro en cuestión.   En esos momentos, la intuición y la inteligencia instintiva están bien despiertas.  Yo, más allá de las reglas que uno encuentra en los libros, sé si un cuadro está o no bien, de manera instintiva.

 

S.E.V. ¿Por qué prefiere el óleo?

G. L Porque es mucho más poderoso y porque tiene una superficie mil veces más rica que el acrílico.  La dificultad del óleo es también mucho mayor y, entonces, como exige un proceso, ese proceso se traduce en la calidad de la superficie que uno está fabricando.  Yo ahora hablaba de color y forma, ahora tengo que hablar de otra cualidad a la cual, para mí, está ligado el color: la superficie, la textura.  Sin eso, el color, para mí, pierde una parte de su poder.  No es lo mismo el color cuando está depositado en una tela o en una determinada superficie, que cuando está simplemente plano, como en un pedazo de plástico plano.  La superficie es definitiva y lo que yo hago con mi artesanía es, simplemente, tejer superficie, como quien está tejiendo un tapiz, haciendo una trama general del color, buscando siempre la mayor unidad, sin anular los contrastes.

 

S.E.V. ¿Qué opina del colorido del maestro Fernando Botero?

G. L Él tiene, esencialmente, dos etapas coloristas: una que podríamos llamar expresionista, hasta finales de los años cincuenta, en que su color es rotundo, texturado y está confirmado por la pincelada, que se va adelgazando en líneas verticales, hasta que finalmente va desapareciendo, a principios de los sesenta, hasta desaparecer totalmente, mientras su colorido se va haciendo menos intenso, con un dominante de tipo pastel, con muchos tonos medios en una paleta muy refinada.   Yo, personalmente, me siento más conectado con el colorido de los años anteriores, porque esa cualidad y esa superficie transmiten una sensación de pasión, mucho mayor, mientras que las otras transmiten una de tranquilidad y estabilidad.  De todos modos, él es en ambos momentos un colorista completo. 

 

S.E.V. ¿Cómo se ha servido del color para la autoliberación de su estilo pictórico?

G. L Yo no me considero ni siquiera artista.  Si me invitan o no a bienales, ya no me importa.  A mí lo que me importa es la artesanía del Arte.  Entonces, lo que yo hago es amasar colores y estar mezclando color, coger un carboncillo o un palito quemado y hacer algo y mezclar a veces las técnicas.  Yo me considero un artesano de la forma y el color.

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Entrevistas
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