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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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24 mayo 2010 1 24 /05 /mayo /2010 01:31

 

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 19 de mayo de 2010

 

 

 

Planeaba continuar, en esta semana, mi “Serie sobre los candidatos, en serio”.  Sin embargo, me veo obligado a hacer un paréntesis para aclarar los errores de interpretación de un lector de mi columna anterior.  En ella, hablé sobre el candidato de la U, Juan Manuel Santos, y mencioné las críticas que algunos adversarios le hacen: ellos dicen, sobre todo, que hay que rechazar a este candidato porque pertenece a una familia muy poderosa. 

 

No estoy de acuerdo con que se prejuzgue a una persona por el simple hecho de provenir de una determinada estirpe.  Esa fue una de las razones (entre otras muy importantes) por las que procedí a analizar la genealogía de los actuales aspirantes a la Presidencia y Vicepresidencia de la República.  La conclusión fue que todos los partidos cuentan con candidatos que hacen parte de familias muy influyentes. Así, si el criterio de votación fuera movido por el odio de clases y proscribiera a cuentos vengan de familias encumbradas, no podríamos votar por ninguna colectividad.

 

Sin embargo, aunque creí haber sido muy claro, personas, como el señor Carlos Arboleda, no entendieron y pensaron que en realidad lo que yo estaba haciendo era discriminar a un candidato por tener determinados orígenes. 

 

El señor Arboleda se refiere a mis comentarios sobre Antanas Mockus.  A fin de que no haya confusiones, me permito transcribir el párrafo en cuestión: “Y el aspirante Mockus, a pesar de que no sigue criterios religiosos, es leal a sus nexos raciales con la archipoderosa hermandad universal de los judíos, cuyos miembros se sienten como parte de una sola gran familia, y, como tal, se apoyan y se patrocinan, en pos de llegar a las más altas posiciones.  Esta gran familia le ha dado a Mockus el respaldo necesario, y él, por su parte, siempre la ha tenido en cuenta, a la hora de gobernar.  No podemos olvidar que cuando renunció irresponsablemente a la alcaldía de Bogotá hizo que nombraran en su reemplazo a Paul Bromberg, ni que su secretario de Hacienda era Israel Fainboim Yaker; su gerente de ETB, Sergio Regueros Swonkin, y mano derecha de sus dos administraciones fue John Sudarsky (hoy senador electo, en representación de este ex alcalde).  Y desde ahora se prevé que Mockus, de llegar al poder, seguirá gobernando con sus “hermanos”.  Los conocedores pronostican, por ejemplo, que su ministro de Hacienda sería Salomón Kalmanovitz”.

 

Al señor Arboleda le pareció que mis comentarios eran antisemitas, xenófobos y racistas.

 

Creo, entonces,  que es de la mayor importancia aclarar que yo no hablo en contra de razas, ni de religiones, ni de naciones.  Hablo contra favoritismos y “roscas”.  No critico el origen de ningún candidato, sino el hecho de que el andamiaje de su camarilla esté basado en la preferencia hacia los de su misma filiación original.  No puedo estar de acuerdo con que las acciones de un gobierno se apoyen en una red de nepotismo.

 

Por otra parte, me preocupa que los lectores tergiversen lo que los columnistas decimos.  ¡Hay que leer con atención! 

 

En estas elecciones, no son los seguidores de Santos, sino los de Mockus quienes han basado sus ataques en la casta de otro candidato.  Y yo, personalmente, no puedo estar de acuerdo con que, por ejemplo, digamos que Santos es mejor persona por el hecho de que su familia haya jugado un papel heroico de defensa de la libertad de prensa y haya sido perseguida por la dictadura, por la violencia partidista y por el narcotráfico.  Y el hecho de que los Santos hayan fundado la Radio Nacional, el Instituto de Crédito Territorial, el Instituto de Fomento Industrial y la Fundación “País Libre”, y el de que hubieran establecido en Colombia el descanso remunerado en domingos y feriados tampoco son motivos para decir que el doctor Juan Manuel sea mejor que los demás candidatos.

 

Pero, siguiendo esta misma línea, tampoco podríamos juzgar a los líderes Verdes por las acciones que hayan cometido sus familiares.  ¿Qué culpa tiene Sergio Fajardo de que su hermano haya sido condenado a un año por delitos contra el agua y contra el medio ambiente? ¿Y el hipotético futuro ministro de Defensa Enrique Peñalosa, deberá pagar por el hecho de que su padre, el ex ministro del mismo nombre, protagonizara el escándalo de “Fadul y Peñalosa”, que en su época fuera el caso de corrupción más sonado de Colombia?

 

Sin embargo, a pesar de lo injusto que resulte, el destino de Colombia se ha decidido en diferentes oportunidades con base en la genealogía de los candidatos.  ¿Se nos olvida que a pesar de que Alfonso López Michelsen brillaba con luz propia, en su votación influyó significativamente el cariño que el pueblo liberal guardaba hacia su padre? Para la gente, ser hijo del gran Alfonso López Pumarejo era garantía de competencia y de vocación de servicio a los más pobres.

 

¿Y quién podrá negar que la elección de Guillermo León Valencia, constituyó, en cierto modo, un acto de desagravio hacia su padre, a quien los conservadores nunca lograron llevar al poder?

 

Ni hablar de una eminencia de la talla de Álvaro Gómez Hurtado, quien nunca pudo llegar a la Presidencia de la República, pues no le perdonaron el ser hijo de Laureano Gómez.  Recuerdo que mi amiga Margot Ramírez de Díez me comentaba que, en una ocasión, en casa de su padre (el doctor José Ramírez Johns), Laureano le dijo a su hijo: “Álvaro, tú nunca vas a ser presidente de Colombia, porque la gente no me quiere”.  ¿Ocurrirá lo mismo en estas elecciones?

 

Link El Mundo

 

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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