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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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Guerra, Padura y Manet

8 julio 2013 1 08 /07 /julio /2013 00:58

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

 

 

La semana pasada, estuve en la ciudad de Quebec, para asistir a las famosas Fêtes de la Nouvelle France (Fiestas de la Nueva Francia), que se celebran en esa ciudad, cada dos años.  En los desfiles y espectáculos de estas fiestas, la gente se viste a la usanza del siglo XVII y la ciudad entera se convierte en una escuela de evocación de su propia historia.

Quebec, declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad, fue la primera villa que fundaron los franceses, en 1608, cuando, tras las exploraciones de Jacques Cartier, en el siglo XVI, decidieron asentarse en Norteamérica y ampliar los dominios de su rey.  Québec es la capital de la provincia del mismo nombre, el principal territorio francófono de América, con casi 1.700.000 kilómetros cuadrados.

Su fundación se considera como el paso inicial definitivo de la colonización del Canadá.  Durante los siglos XVII y XVIII, fue la principal ciudad de la llamada Nueva Francia y fue escenario, en 1759 (hace 250 años) de la Batalla de los Planos de Abraham, por la cual los franceses perdieron el dominio del Canadá y viraron su ruta hacia otras tierras.

Sin embargo, a pesar de que la Madre Francia parecía haberse olvidado de sus hijos en Norteamérica, ya la herencia francesa estaba tan fuertemente arraigada en esos meridianos, que no hubo modo de que aquellos colonos y sus descendientes dejaran de hablar el francés y abandonaran la religión católica.   De ahí que, desde esos tiempos, los franco-canadienses (hoy llamados “québécois”) hayan sentido que constituyen una nación aparte del resto del Canadá.

Los habitantes de esta región (en donde se produjo la unificación lingüística en torno al francés mucho antes que en la misma Francia -donde hasta hace un siglo abundaban los dialectos –distintos patois) conservaron como suya la lengua que se hablaba en la Corte del Rey a mediados del siglo XVIII. Pero debido a la influencia inglesa y al aislamiento y desconexión total de Francia, el francés de esta tierra y el del resto de la francofonía evolucionaron de manera distinta.  En el Quebec, han sobrevivido numerosas palabras y pronunciaciones que en Francia desaparecieron, desde hace siglos, especialmente desde la Revolución Francesa, cuando, con el ascenso del pueblo al poder, se abrió la “lengua culta” a aceptar las maneras de hablar de la plebe, muy distintas a las de la corte, que eran las que habían sido exportadas a Norteamérica.   Así, las cosas cambiaron hasta el punto de que numerosos modos del lenguaje hablado en Quebec, dejaron de considerarse correctos en Francia, y el pueblo quebequense no se enteró de ello, a causa del dominio inglés que pretendió separarlos definitivamente de sus raíces.

Y con la victoria de los ingleses, llegó también la hegemonía económica de los mismos, de modo que los descendientes de los franceses (salvo una minúscula élite), al no hablar el inglés ni practicar el anglicanismo, se vieron menospreciados y condenados a la pobreza y a una educación muy precaria. Esto duró dos siglos, durante los cuales la Iglesia se convirtió en su máximo elemento de convergencia y en el ente que los impulsaría a tener muchos hijos.  Gracias a esta fecundidad, los francófonos pudieron mantenerse como gran mayoría de la población de esta provincia.

Algunos intentos de insurrección de los francófonos, como los sucedidos en 1837 y 1838, fueron fácilmente ahogados por la autoridad británica. Y a pesar de que a esta provincia se le reconoció cierta autonomía, en 1867, al conformarse la Confederación Canadiense, no fue sino hasta el decenio de 1960, cuando, bajo el grito de “Viva el Quebec Libre” (que fuera también consigna del presidente francés Charles de Gaulle), que los intelectuales franco-canadienses lograron el triunfo de la que se llamó “la Revolución Tranquila”.  Por medio de esta, el pueblo “québécois”  se dio cuenta de que a través del derecho al voto, que tenía desde hacía mucho tiempo, se podía conseguir un cambio sustancial en cuanto a la protección de sus derechos culturales (empezando por su amada lengua) y a la redención social.   Desde entonces, los “québécois” eligieron en las urnas a gobernantes que se dedicaron a trabajar para educar a la población, incrementar su bienestar social y, muy especialmente, en pos de combatir la discriminación por motivos culturales o lingüísticos.  El punto culminante de ese proceso fue la aprobación, en 1977, de la Ley 101, que acoge al francés como única lengua oficial de la provincia del Quebec e impone la supremacía de la misma, en publicidad, prensa, comercio, salud y educación, entre otros.

A pesar de haber fracasado las dos iniciativas de referéndums independentistas del Quebec (el último de ellos, en 1995, rechazado por un margen de sólo un 0.5% de los votantes), sus habitantes siguen sintiéndose más “québécois” que canadienses, teniendo en cuenta, además de su historia y su lengua, las características colectivas de su personalidad, diferentes de las de los descendientes de los ingleses.

Hoy, el pueblo del Quebec (del cual, el 80% habla el francés como lengua materna) es uno de los mejor educados del mundo y su calidad de vida se encuentra entre las mejores calificadas en todo el orbe.

 

El Mundo, 12 de agosto de 2009

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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