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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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9 mayo 2011 1 09 /05 /mayo /2011 16:33

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 27 de abril de 2011

 

El pasado Viernes Santo, entregó el alma nuestro amigo Francisco Javier Ospina Ospina, quien, con el apodo de “el Mono Procesión”, se convertiría en personaje de gran popularidad en la Medellín de los años 50 y 60.  “El Mono” Ospina hacía parte de ese grupo de figuras de su tiempo cuyos sobrenombres tenían tal resonancia, que sus nombres de pila se olvidaron, mientras ellos, personajes de gran actividad cívica o social, se hicieron extensamente conocidos por sus motes, los cuales recordaban rasgos  físicos, psicológicos o sociales: “el Loco” Jaramillo, “el Negro” Pérez Romero, “el Caratejo” Vélez, “el Tuerto” López...

En el caso específico de “el Mono Procesión”, su apodo alude a su pelo rojo y a que, durante muchos años, fue él quien se encargó del orden y de la logística de las famosas procesiones del Sagrado Corazón de Jesús, que eran el gran evento anual de la pequeña y pueblerina Medellín.  Se trataba de procesiones gigantescas y multitudinarias.  Todos los colegios salían a desfilar, en escuadrones de estudiantes en uniformes de gala encabezados por bandas de música.   

A los colegios se sumaban los grupos devotos, como la Acción Católica y la Legión de María, y los de actividades cívicas, como las voluntarias de la Cruz Roja y las damas de la caridad, de mantilla, rosario y vestido negro...  Y los señores principales de la ciudad, detrás del Gobernador, el Alcalde, los generales y, por supuesto, del señor Arzobispo y de todos los monseñores. 

También estaban el carro de los bomberos y el de la policía y había coros y abanderados y muchachos elegantes que cargaban andas.

Mientras tanto, todas las aceras del recorrido estaban atestadas de gente mirando.

En definitiva, la ciudad entera se movilizaba para esta procesión. De ahí el cariño de la gente hacia su coordinador, “el Mono Procesión”.

“El Mono” fue también uno de los miembros más activos de los Scouts de nuestra ciudad.  Perteneció durante más de 60 años a ese movimiento, el cual, en el 2008, lo condecoró con la Orden de San Jorge, su máxima distinción.

Según recordaba “el Mono”, fue en los Scouts donde convenció de “meterse a cura” al joven Darío Castrillón Hoyos...

Su vida giró en torno al fervor religioso.  Esta piedad la heredó de su madre, doña Helena Ospina de Ospina (única hija mujer del presidente Pedro Nel Ospina y nieta del también presidente Mariano Ospina Rodríguez), quien fuera reina de los Estudiantes, en Bogotá, y prometida de su primo hermano Mariano Ospina Pérez, hasta que se atravesó Doña Bertha...  Doña Helena terminó casándose con otro primo, Bernardo Ospina Villa, quien fuera el principal artífice de la llamada “colonización antioqueña” en el departamento de Córdoba. También fue escritora, como su cuñada Isabel Lleras de Ospina y su prima hermana Sofía Ospina de Navarro. Tras heredar una de las fortunas más grandes de Colombia, doña Helena hizo “voto de pobreza” y se dedicó a rezar. 

Los valores cristianos condujeron la crianza de nuestro amigo “el Mono” y sus hermanos: Pepita, monseñor Santiago y Alfonso, senador de la República vilmente secuestrado y asesinado por grupos terroristas. 

Recuerdo la excesiva austeridad de la vida cotidiana de “el Mono”, mientras era inmensamente generoso con las obras sociales de la Iglesia.

Distinguido miembro y benefactor de la Congregación Mariana, era amigo personal de un número enorme de sacerdotes y obispos.  Recuerdo que, en una ocasión, en una misa pontifical en la Catedral, cuando el Nuncio Apostólico de Su Santidad iba subiendo entre los fieles por el centro de la nave hacia el altar, se detuvo a abrazar a “el Mono”.  Cuando el Nuncio siguió su paso, mi amigo Antonio Cuartas exaltó este gesto efusivo del mitrado, ante lo cual “el Mono” respondió: “No me estaba abrazando a mí, sino a las cien hectáreas que le acabo de donar”.

Otro día, en una de mis fiestas de cumpleaños, a las cuales “el Mono” asistía siempre, le dije a un ex ministro de Estado que nos tomáramos una foto con “el Mono”.  El político respondió: “¡Cómo crees que me voy a dejar retratar con ese!” .  Yo repliqué: “Pues ‘ese’ ha financiado la construcción de más de 50 parroquias y es padrino y protector de 4 seminarios”.  El muy católico ex ministro posó sonriente junto a “el Mono”. 

¡Qué feliz regalo de la Providencia para “el Mono” el hecho de que su viaje a la Gloria haya sido un Viernes Santo!

 

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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