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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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10 agosto 2012 5 10 /08 /agosto /2012 14:51

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 21 de marzo de 2012

 

Mucho me ha entristecido la noticia del fallecimiento de ese gran patriarca antioqueño que fue don Luis Mejía Arango. Desde hace algunos años, perdí el contacto con él, pero nunca dejé de recordarlo con simpatía y amistad.

Para mí, don Luis será siempre sinónimo de gallardía, caballerosidad y gentileza. De distinguida presencia, era también humilde y sabio. Siempre amable con todo el mundo, sin importar clases sociales.

Tuvo el privilegio de ser hijo de don Gonzalo Mejía, "Don Gonzalo de Antioquia", quien fuera el símbolo del antioqueño progresista y visionario de la primera mitad del siglo XX.

Todavía guardo como un tesoro una biografía de "Don Gonzalo" que don Luis me regaló en una de mis fiestas de cumpleaños. Al leerla, comprendí las dimensiones del trabajo de ese titán. Don Gonzalo, el pionero de la aviación comercial en Colombia, el constructor de los imperdonablemente demolidos Teatro Junín y Hotel Europa, el creador de los modernos "aerodeslizadores" del río Magdalena, el forjador de la primera gran empresa de taxis de nuestra ciudad, el padre del aeropuerto Olaya Herrrera y, sobre todo, el alma de la ejecución de la Carretera al Mar (que hoy lleva su nombre), la cual hizo realidad el sueño paisa de llegar al océano y facilitó sobremanera la "colonización" y desarrollo de nuestro Urabá.

Una hermana de don Gonzalo, doña Ana Mejía, se había casado con un hermano de mi bisabuelo, Camilo C. Restrepo, quien, cuando, en 1930 (como vicepresidente de la República) había de asumir el poder ejecutivo, prefirió abstenerse de aceptarlo, por no crear una crisis nacional. Precisamente, ese fue el tema de mi primera conversación con don Luis, cuando yo era todavía un adolescente.

Por ese entonces, don Luis ya se había desligado, desde hacía muchos años, de los novedosos y arriesgados negocios que emprendió a lo largo de su vida, y podría decirse que, además de su familia (a la que adoraba), el centro de su vida era el Club Unión, la misma institución que ha venerado desde siempre la figura de don Gonzalo Mejía y que ha bautizado en su honor uno de sus salones.

Recuerdo que, todas las mañanas, mientras el exministro Joaquín Vallejo leía la prensa nacional entera en el corredor de la fuente del club (muy cerca del retrato al óleo de don Gonzalo), don Luis se reunía en el bar con un variado y locuaz grupo de contertulios, casi todos liberales, que discutían deliciosamente sobre la política de entonces, las noticias más importantes de la villa y, sobre todo, recordaban los tiempos de oro de ese Club Unión añorado. Todos los anteriormente mencionados (incluyendo a este columnista, que se entrometía de vez en cuando en tal tertulia) sólo tomábamos tinto, que era gratis, lo cual despertaba la ojeriza de un gerente malaleche. En el resto del inmenso edificio, era casi siempre nula la presencia del ser humano (con excepción, por supuesto, del personal).

Pero, contrario a sus amigos, que podían ser 10, 20 ó 30 años menores que él, los cuales al mediodía se iban a almorzar a sus casas, don Luis se quedaba en el club, nadando. ¡Nadaba dos horas diarias, a los noventa y tantos años (su padre lo hizo, hasta después de los 80)! No he conocido a nadie de su edad con tanta resistencia a la hora de practicar deportes. Esas mismas fuerza y longevidad han caracterizado también a sus hermanos, todos los cuales han superado la barrera de los 90 años de edad.

Cuando la sede del club fue vendida y convertida en centro comercial, a don Luis le fue arrebatado un pedazo del alma, de los recuerdos de toda una vida en ese que fuera por más de un siglo el recinto sagrado de la dirigencia antioqueña. Ya sin el Club Unión, no valía tampoco la pena conservar su cómodo apartamento de siempre, en Caracas x Sucre, y se unió al club dominante de aquellos que hubieron de privarse del placer de vivir en los maravillosos edificios construidos en el centro de nuestra ciudad hace medio siglo. Afortunadamente, este cambio no le quitó a don Luis las ganas de vivir, y siguió nadando todos los días, bajo el potente sol del mediodía, en un hotel de lujo vecino a su nuevo apartamento, en el sector de El Poblado. Ignoro qué tanto habrá aprovechado la nueva sede del Unión, inaugurada ya hace cinco años.

Una de las cosas que con más cariño recuerdo de don Luis es su permanente buen sentido del humor hasta para reírse de sí mismo. Decía, por ejemplo, que nunca tuvo "nombre ni apellido", porque: "Nací siendo ‘el hijo de don Gonzalo’ y terminé como ‘el papá de María Emma’". Jocosamente, afirmaba: "Mi papá le dio su fortuna entera a Antioquia, especialmente a la Carretera al Mar. Si no lo hubiera hecho, yo sería rico, de los del Sindicato (Grupo Empresarial Antioqueño)".

Siendo el hijo de don Gonzalo, don Luis tuvo la oportunidad de conocer a la mayoría de los colombianos importantes de la primera mitad del siglo XX. Tenía una memoria prodigiosa. Recordaba las particularidades y las razones de notabilidad de cada uno de los personajes sobresalientes de la Medellín de su época. Con la partida de don Luis Mejía Arango, se va no sólo uno de los últimos verdaderos "gentlemen" de Antioquia, sino también una biblia de recuerdos del Medellín de aquellos tiempos. Paz en su tumba.

Apostilla: No podía creerlo cuando, leyendo el comunicado de una agencia de noticias (United Press International) sobre el fallecimiento del padre de la secretaria general de Unasur, María Emma Mejía, al referirse a don Luis Mejía Arango, ¡copiaron entera la biografía del exministro paisa Juan Luis Mejía Arango! La información, con tamaño error, fue reproducida por numerosos medios, especialmente del Paraguay.

 

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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