Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

Presentación

  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • El blog de Sergio Esteban Vélez
  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
  • Contacto

Visitas

contador de visitas

Búsqueda

El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

23 mayo 2010 7 23 /05 /mayo /2010 11:16

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 28 de agosto de 2009 (Enlace)

 

 

Hace tres años y medio, el reconocido artista Omar Rayo se vio al borde de la muerte, al sufrir un infarto y una seria afección renal.  En ese momento, algunos temieron que Colombia perdiera a uno de los mayores maestros del Arte Moderno en nuestro país.

 

Pero, afortunadamente, Rayo mostró, una vez más, su fuerte genética (que hace que aparente una edad mucho menor de la que tiene) y logró vencer lentamente la enfermedad.  Sin embargo,  sintió que se le apagaba la musa creadora y dejó de pintar. 

 

Ni siquiera los numerosos homenajes que le hicieron el año pasado, con motivo de la celebración de sus ochenta años de edad, ni los dos libros en edición de lujo que recientemente se han publicado sobre él y su obra, ni los actos conmemorativos de los 25 años del Museo Rayo, lo incentivaron a retomar los pinceles.  Fue solamente hace unos cuantos meses, cuando, inspirado por la alegría del precoz espíritu artístico de su pequeño nieto, Mateo, decidió crear, para deleite de este, una serie llamada “Mateo’s Toy” (“Los juguetes de Mateo”).   La muestra, de 52 pinturas, que ha recibido elogiosos comentarios y ha suscitado la alegría de sus admiradores, se presentó, hasta hace pocos días, en el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO).

 

Omar Rayo

 Omar Rayo, Sergio Esteban Vélez y María Helena Uribe de Estrada

 

¿Usted cree que el Arte Efímero va a ser efímero?

El Arte Efímero no es Arte: es otra cosa, otro mundo.  Yo he hecho Arte Efímero, pero eso no tiene razón de ser.  ¿Para que lo vea una persona una vez no más?

 

¿Y piensa que nuestros artistas jóvenes están desarrollando sus propuestas de instalaciones y performances con originalidad o genialidad?

Ellos, sencillamente, son “vivos del talento”.  Yo, hasta ahora, no he visto la gran obra de ese tipo de Arte.  Además, son nietos de Marcel Duchamp, que se aburrió de pintar, se puso a jugar ajedrez, desnudo, con una gran modelo, mandó al diablo la pintura y se puso a hacer estas cositas.  Y ahora, viene un ejército de “niños bien” de la sociedad colombiana, latinoamericana o del mundo, repitiendo esos juguetes.  Ya los artistas de Inglaterra, como leí hace poco en el New York Times han regresado a pintar, porque se aburrieron de hacer cositas y están felices de haber vuelto a pintar, porque pintar tiene esa magia, esa poesía...

 

Respecto de este mismo tema.  Usted, que es reconocido como un gran trabajador, ¿cree que los artistas jóvenes están perdiendo el sentido de la consagración oficio del artista?

Absolutamente.  Esa es una de las cosas por las cuales el Arte me preocupa: porque se está haciendo mal.

 

Pero habrá que esperar cómo evolucionan las cosas.  Dicen que el tiempo es el gran depurador...

El tiempo es el gran depurador, pero como ahora estamos en un tiempo sin tiempo, tenemos que darnos cuenta de que es lo que nos ponen frente a las orejas o en las narices, para que no nos engañen.

 

¿Considera que, en nuestro medio, quienes fungen como curadores son pseudointelectuales?

Es que esa es otra enfermedad que le nace a este tipo de Arte: que hay que tener curadores, ¡como si el arte estuviera muerto o enfermo!  Y estos son personajes raros, en el vestir y en el decir, que se inventan una cantidad de discursos que no llevan a ninguna parte.  Y están metidos en todas partes: ¡Hasta en la sopa! 

Están en todas las bienales, en todos los salones nacionales e internacionales.  Verlos, realmente, produce lágrimas, porque los salones nacionales y las bienales se convirtieron en circos de payasos.

 

¿Entonces, le parece que en Colombia no hay una crítica de Arte consistente, objetiva y sólida?

Sí hay buena crónica de Arte, y la hacen los poetas, que son, justamente, los que deberían hacer crítica de Arte.  Los poetas son los que más se acercan al Arte y a la cultura Plástica.   Yo tengo más amigos poetas que pintores.

 

Hablemos un poco de esos grandes poetas que han sido tan amigos suyos...

El primero: León de Greiff, que fue mi gran amigo, en “El Automático”, en mi primera instancia en Colombia, a finales de los años cuarenta.  Luis Vidales, el gran poeta moderno de Colombia, y toda la familia de los Nadaístas, que eran todos mis amigos.

 

Usted fue muy asiduo a las famosas tertulias poéticas de Emilia Ayarza, en los años 50...

Fui muy amigo de Emilia Ayarza.  Tengo, inclusive, en las “Ediciones Embalaje” del Museo Rayo, un libro de ella.  Su aporte fue muy importante.  Desafortunadamente, fue una poeta maldita y tuvo que exiliarse.  Yo le he hecho ya varios homenajes a Emilia Ayarza, incluso le exhibí un poema, en la sala de la biblioteca del museo.

 

¿Cuál ha sido su participación en ese movimiento maravilloso que ha gestionado y comandado, desde hace más de 20 años, su esposa, Águeda Pizarro, en pos de agrupar y exaltar a las mujeres poetas de Colombia?

Eso es un lujo en Colombia: tener un encuentro de poetas de esa categoría, aquí en Roldanillo.   Es una maravilla encontrarse en los salones escuchando la poesía de la mujer colombiana.  Los colombianos no tienen ni idea de esa mina que tienen.  Poetas viejas y jóvenes, poetas ignoradas, poetas incluso analfabetas vienen aquí a leer y es una maravilla escucharlas.  Uno se levanta como cincuenta centímetros del piso, extasiado con estos ángeles hablando español.  

 

Yo vivo sorprendido con su inteligencia para diseñar las carátulas de los cientos de libros que han publicado el Museo Rayo y el Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo...

Qué bueno que te hayas dado cuenta de eso.  Ese es uno de mis ”hobbies”.  Me ha dado mucho placer y mucha alegría hacer las portadas de los libros de las poetas.

 

Es importante que hablemos de este tema, porque hay mucha gente que no sabe que Omar Rayo todos los años se pasa una semana entera, de ocho de la mañana a once de la noche, sentado en los salones del Museo Rayo, escuchando poesía hecha por mujeres...

Es un homenaje que se les rinde a ellas y ellas, al Arte.  La verdad es que no hay en ninguna otra parte una combustión tan bella de la Poesía y la Pintura, como en estos encuentros de Poesía, en Roldanillo.   Es una sola familia, una sola belleza, una sola idea, una sola emoción.  Es muy interesante observar toda esa magia, a través de la palabra, de la palabra española.

 

Usted fue amigo de Andy Warhol y, en sus intaglios, ha llevado a la categoría de Arte toda clase de objetos de la vida cotidiana, pero no ha adoptado en ellos (aunque sí en sus óleos) el color estridente del Pop Art. ¿Cree que ha habido algún aporte del Pop en su obra?

No.  Yo fui “pre Pop”.  Yo fui antes que el Pop.  El Pop fue en el 63, en Londres, y yo estaba haciendo mis intaglios de objetos de uso cotidiano, en México, en 1961, y mi interés era sacarles la poesía y el duende a cada objeto de uso cotidiano, no era esa cosa popular de la cultura norteamericana.  Mis “Tijeras”, por ejemplo, las exhibí en Europa y tuvieron mucho éxito.  Los objetos de uso cotidiano siempre atraen mucho, por su magia y poesía, y cada quien tiene su sistema de amistad con ellos.

 

¿Qué significan para usted los nombres de Mondrian y de Jesús Rafael Soto?

Mondrian me interesa mucho.  Soto es el gran maestro de la pintura universal, y es geométrico.  Lástima que haya nacido en América Latina, porque, si no, sería uno de los grandes, grandes, si hubiera nacido en Europa.

 

También algunos podrían ver en sus tejidos y cintas alguna similitud con los laberintos y engaños ópticos de Escher, de escalinatas que suben y bajan al mismo tiempo y en las cosas que se convierten en otras y en otras, simultáneamente...

Él era un grabador holandés muy interesante.  Ese es un juego visual muy interesante, que usan mucho los surrealistas y algunos artistas geométricos, porque engañar el ojo es una de las razones de la Geometría.

 

¿Cuál fue el punto de resolución que lo llevó a inclinarse por el Arte Geométrico?

Eso va apareciendo, a medida que uno trabaja.  Uno no puede decir que va a ser surrealista o geométrico... A medida que se labora, van apareciendo objetos y cosas y, entonces, tú vas formando tu acervo.   Yo nunca quise ser un caricaturista, y lo fui y muy bueno, además. Publicaba en la revista “Semana” y en los suplementos literarios de Bogotá.  Fui un gran caricaturista y me hubiera podido quedar haciendo caricatura, y quizás, habría sido, como tal, famoso o reconocido.  Pero no era mi plan.  El plan era ser un artista.  Entonces, de ahí salté al Surrealismo y de ahí a mis viajes por América Latina, que fueron mi verdadera formación, mi universidad. 

 

¿Cómo se ha nutrido su formación artística, del período en el que se dedicó  a hacer esas caricaturas tan particulares y tan coloridas?

Mi caricatura era muy ingeniosa.  Allí el interés del color no se presentaba mucho, lo importante eran el parecido y el estilo.  Siempre me ha interesado es ser original.   Si eres original, te queda mucho más difícil ser alguien en la Literatura, en la Plástica o en la Poesía.

 

Después de Omar Rayo, ¿cuál cree que será el futuro del Op Art en nuestro país?

Yo no lo veo todavía.  Por el hecho de no estar viviendo permanentemente en Colombia, no tengo mucho contacto con artistas jóvenes del país, pero, en este momento yo no veo un artista geométrico colombiano nuevo.  Sin duda, existe, pero no lo conozco, no sé dónde está.  Yo soy un promotor de esos artistas jóvenes, a través de mi museo, pero, por ahora, no lo veo, no lo siento.   Además, para ser un artista geométrico se requiere, además, ser un filósofo y un poeta.

 

Háblenos de su gran cómplice, la sombra, para el efecto de tridimensionalidad que lo ha caracterizado.

No existe nada sin la sombra y sin la luz.  La sombra es el cómplice de la luz.  Es la misma cosa. 

 

¿Prefiere vivir en Nueva York o en Roldanillo?

Todos mis amigos artistas e intelectuales se fueron de Nueva York y regresaron a sus países, y yo me quedé un poco solo.  Ya no tengo amigos en Nueva York.  Pero yo me siento mucho mejor en América Latina y en Colombia.  Como te decía, aquí todo está por hacer.  Lo que pasa es que hay que verlo, hay que amarlo, ¡amarlo! Y aquí la gente no sabe amar su entorno.   Por eso es que va a ser muy difícil que los pintores, dentro de 50 ó 100 años,

seamos todavía reconocidos.  Aquí todo comienza a olvidarse inmediatamente.  Esa es la gran tristeza, la gran pobreza de no tener memoria. 

 

¿Cree que el hecho de haberse radicado en el exterior lo ha favorecido para alcanzar la fama internacional?

Uno no sabe realmente si uno tiene o no tiene fama.  A mí no me interesa.  Hablan mucho de Omar Rayo y en los últimos años se ha hablado mal, pero eso no quiere decir que yo sea famoso.

 

¿Cuál cree que ha sido el mayor aporte de su obra a la colorística colombiana?

Yo no creo que haya aportado nada.  Como vivo inmerso en el color, en el Trópico, yo solamente tomo y uso el entorno y para mí eso es muy fácil.

 

¿Cuál cree que es el fuerte del Arte Colombiano?

La originalidad.  Nada menos.  Y por ello somos famosos en el mundo entero.  Cada vez que un suramericano exhibe en un museo o galería del mundo, es un absoluto suceso.

 

¿En qué cree que estriba el sello que hace que su obra sea reconocida como una obra colombiana, que no puede ser de otra parte?

En Tokio o en Helsinki... en todas partes, la gente ha dicho que esto tiene que ser tropical o colombiano, porque no puede ser de otra parte del mundo.  No hay una pintura como la de Omar Rayo en el Japón, ni en China, ni en ninguna otra parte.  Cuando, en China, yo les mostraba un video del Museo Rayo, de Roldanillo, ellos me preguntaban: “¿Eso dónde queda?”, “Pues en Colombia”, y “¿Dónde queda Colombia?”, “En Suramérica” y así les iba respondiendo, hasta que ellos me dijeron sorprendidos que me estaban haciendo estas preguntas porque allá, a pesar de ser milenarios, no tienen un museo como el mío.  ¿Te das cuenta del tipo de homenaje que me estaban haciendo? ¡Por ser original!

 

Hablando de originalidad, ¿cuál cree que es el factor principal para lograr originalidad en el Arte?

Yo no sé realmente, porque solamente los pintores que triunfan son los originales.  Yo no conozco un artista que haya triunfado y no sea original, porque los copistas no pasan la barrera del éxito. 

 

Alguna vez se ha sentido atraído por pintar el color de las profundidades internas de los seres y las cosas y no el color cáscara, el de las superficies que todos vemos?

Eso lo hice yo, en los primeros pasos de mi carrera.  Yo fui un acuarelista y también pintaba con lápices de colores y crayolas.  Eso lo hice cuando tenía 9 ó 10 años. 

 

¿De dónde viene el gen artístico de usted y de su hija, también pintora?

Viene de mi abuelo, que era un fotógrafo alemán.  Mi abuela se casó con un alemán que era un fotógrafo que viajaba por toda América Latina recogiendo o coleccionando los pasos de Humboldt, y cuando llegó a la zona del Valle, se enamoró del Valle y del paisaje y de mi abuela, hasta que en un remolino en el río Cauca se ahogó, joven todavía.

 

El padre del ex presidente panameño Omar Torrijos y abuelo de Martín, quien hasta este año fue presidente de Panamá, era de Roldanillo. ¿Usted se acuerda de la familia Torrijos, en aquella vida de pueblo? ¿Tuvo relación con ellos?

El papá de Omar Torrijos, José María Torrijos, nació aquí y se formó aquí, en Roldanillo.  Él fue aquí juez y después fue profesor, en Cali.  Luego él se fue para Panamá y allá fundó su familia, y de ahí nació Omar Torrijos.  Aquí estuvo Omar Torrijos, cuando Roldanillo cumplió 400 años.

 

¿Teme por el futuro del Museo Rayo?

El futuro del Museo Rayo va a ser un milagro, porque entre los intereses y la agenda del gobierno no está el hacer algo por la cultura del país.  A veces, hacen algunas cosas pasajeras, pero no lo veo en términos generales, en términos de gobierno, realmente.  Es muy penoso esto que tengo que decir, pero así es.  Están acabando las iglesias y destruyendo las escuelas, los hospitales... están destruyendo todo.  ¿Qué va a quedar de esta civilización que se llama Trópico?

 

Y eso que muchas veces el escaso apoyo que se da a la cultura es gracias a influencias y contactos, mientras las cosas realmente importantes permanecen desconocidas, especialmente por la falta de un verdadero periodismo cultural en nuestro país.

Desgraciadamente, está pasando eso en nuestro país.  Hasta en las portadas de los periódicos se muestra es la farándula, la cultura de lo efímero.  Está bien que esta quede en una página interna, pero me parece realmente un pecado poner futbolistas y cantantes en la primera página.

 

¿Cómo cree que Roldanillo se ha vuelto un referente artístico y ha cambiado y evolucionado hacia la cultura, gracias a la fundación de su museo?

Eso se nota en el comportamiento de la gente.  Por ejemplo, recién inaugurado el museo, traje a un artista francés que se llama Yves Rosillé, que está vinculado al Valle del Cauca porque está casado con una arquitecta bugueña, entonces él trae una pintura surrealista muy brillante, interesante e intelectual y, como yo siempre pongo al público asistente a la muestra a conversar con los artistas (generalmente internacionales), puse a conversar al artista con un chico, y el chico le dijo: “Maestro, usted tiene influencia de Matta”, y el artista le responde: “No.  Yo conozco a Matta y vivimos cerca, en París, pero yo considero que no tengo influencia de él”.  Entonces, viene otro chico, y le dice:  “Usted dice, maestro, que no tiene influencia de Matta, pero, probablemente, de Lam sí tiene”.  Entonces, se quedó callado el maestro y dijo: “Me da la impresión de que ustedes saben de Arte, más que yo”.   Eso es para que te des cuenta de lo interesante que es el fenómeno cultural y formativo que se está dando, en Roldanillo.  El amor por la cultura hay que comenzarlo desde jóvenes, por eso estoy proponiendo en el museo mostrar todo lo bello del Arte y del país.

 

Todo un maestro

 

Omar Rayo Reyes nació en Roldanillo, Valle, en 1928.   Estudió Dibujo por correspondencia, en la Academia Zier, de Buenos Aires y,  años más tarde, en 1959, en México, gracias a una beca que le concedió la OEA.

De su famosa obra se han realizado exposiciones individuales en más de diez ciudades de Colombia, y en el Exterior, en París, Nueva York, Tokio, Pekín, Washington, Barcelona, Buenos Aires,  Chicago, México DF., Miami, Sao Paulo, Río de Janeiro, Brasilia, Santiago de Chile, Caracas, Maracaibo, Lima, Arequipa, Cuzco, Montevideo, Ciudad de Guatemala, Panamá, La Paz, Quito, Guayaquil, Monterrey, Guadalajara, Veracruz, San Juan de Puerto Rico  y una decena más de ciudades de los Estados Unidos. 

Asimismo, ha participado en bienales y muestras colectivas en Francia, Inglaterra, Italia, España, Noruega, Alemania, Suiza, Eslovenia, Hungría, Polonia, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda, México, Cuba, Chile y Costa Rica, entre otros países.  En total, más de 200 exposiciones.

 En 1958 obtuvo premio en Dibujo, en el XI Salón de Artistas Colombianos y en 1970, el primer premio, en el XXI Salón de Artistas Colombianos.  En 1971, obtuvo el “Premio Internacional”, en la gran Bienal de Sao Paulo.  También ganó premios en la Segunda Bienal Interamericana de México, la I Bienal de Quito, la de San Juan de Puerto Rico y en el Museo de Arte de Filadelfia. 

Ha recibido innumerables distinciones y condecoraciones y se han publicado varios libros dedicados a su obra.   Su obra está presente en numerosas colecciones sobresalientes y en más de 80 museos, en todo el mundo.

En 1981, se inauguró el Museo Rayo, en Roldanillo, que consta de ocho edificios iguales de forma octogonal y nueve metros de altura, que ocupan un área de 1.500 metros cuadrados.  Desde allí, se ha consagrado a promocionar las diversas manifestaciones artísticas y literarias en Colombia.

 

Compartir este post

Repost 0
Published by Sergio Esteban Vélez - en Entrevistas
Comenta este artículo

Comentarios