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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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Guerra, Padura y Manet

22 marzo 2010 1 22 /03 /marzo /2010 02:16

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ         


El Mundo, 2 de diciembre de 2009

 

Hace pocos días, mi querida amiga la señora Ester Piedrahíta de Toro celebró sus 101 años de vida.  La llamé por teléfono para felicitarla, y con gran placer me enteré de que se conserva prodigiosamente.   Los médicos le dicen que en todo el Valle de Aburrá no hay ni una persona mayor de noventa años que tenga un estado físico y mental igual al suyo:  lee, camina, come de todo, vive sola, maneja sus cuentas...  Suscrita a cuatro revistas, está al tanto de todos los intríngulis de nuestra actualidad, sobre los cuales discute con sus amigas (todas mucho menores), en las deliciosas tertulias vespertinas que suele organizar.

La entristece, sin embargo, haber tenido que dejar de ir al gimnasio, hace unos cuantos meses, y que no la dejen viajar sola desde hace un par de años.   Recuerdo que hasta hace un lustro, antes de que sufriera una fractura de fémur (de la cual se recuperó prontamente), caminaba decenas de cuadras todos los días y subía y bajaba escalas, en tacones, mucho más rápido que yo.

En los años veinte, se casó con el abogado Pedro José Toro Escobar, el amor de su vida, con quien no tuvo “ni un sí ni un no”, durante los tres decenios que duró su matrimonio.  La mayor parte de esos felices años los pasó en el Exterior, pues su esposo era diplomático de carrera.  Estercita lo acompañó, haciendo siempre actividades cívicas y sociales, cuando él representó al país como cónsul en Ecuador, Venezuela, Perú, Brasil y Costa Rica, hasta su fallecimiento, a causa de un infarto.  Fue entonces cuando, viuda y sin hijos, decidió empezar de nuevo en los Estados Unidos.  Allí vivió durante casi cuarenta años y se hizo ciudadana estadounidense.  Trabajó hasta sus 85, momento en el cual acababa de ser elegida como la Empleada del Año por la empresa en la que laboraba.   Regresó a su patria a los 87, y, una vez en Medellín, se instaló durante varios años en una habitación del Gran Hotel.  Más tarde, se mudaría a un apartamento, que maneja con lujo de competencia.  Para la época de su retorno a Medellín, ya le había dado la vuelta al mundo.  No hubo ni un solo continente que no explorara, en los interesantes viajes que hacía todos los septiembres. 

Pero, más allá de su salud y de su extraordinaria memoria, lo más cautivador de ella es su calidad humana.  Aparte de que siempre se ha caracterizado por su gentileza y generosidad, es un ejemplo de integridad, constancia, cumplimiento y de raciocinio a la hora de tomar decisiones.  Con admiración por tu vitalidad y por la maravillosa manera en que has sabido conducir tu vida, rodeada de amistades que te quieren, ¡Te felicitamos en tu cumpleaños! 

Y a todos ustedes, mis lectores, aquí les van los consejos de la “eterna juventud” de esta amiga:  comer muy poco, tomar vitamina E y calcio, no fumar ni beber y tener las cuentas al día.

-Hoy la Universidad Nacional, en el Claustro de San Agustín, en Bogotá, inaugura la exposición “La memoria decapitada. Estéticas del desarraigo”.   Esta exhibición de excelencia es fruto del proyecto curatorial de una de las mujeres más eficientemente artísticas de nuestra tierra, la museóloga Lucrecia Piedrahíta Orrego.

Esta interesante exhibición, que estará abierta al público hasta marzo del año entrante, es resultado de la exhaustiva investigación que Lucrecia ha desarrollado, desde hace un decenio, acerca de los asentamientos de desplazados en la ciudad de Medellín vistos desde el trasfondo estético.

Y, a pesar de que se ha visto con exceso de trabajo, los efectos de esta exposición son admirables.  Así lo confirman diversas personalidades nacionales e internacionales que exaltan esta exposición-investigación, en el bello catálogo que la Universidad Nacional ha impreso.

La analítica Lucrecia describe del modo siguiente la esencia de este nuevo trabajo artístico y social: “Documentar una historia de vida de las comunidades desplazadas en Colombia permite hilar un relato de las interpretaciones del trasiego de personas que buscan siempre otras orillas, otros diques por donde moverse, planificar rutas diariamente en medio de hostilidades y entornos inciertos para pertenecer a nuevas geografías. Miembros de una sociedad civil tratando de buscar salidas para que se les respeten las leyes.  La Memoria decapitada es un formato investigativo de exposición que da cuenta de los múltiples sentidos de la casa  para el desplazado y una restitución de imágenes acumuladas en el horizonte de la memoria”.

A la ejecutiva Lucrecia, quien a comienzos de este año se retiró de una decanatura de Artes para dedicarse de lleno a la conducción de esta muestra, su eficiencia en el manejo del tiempo le permitió no obstante aceptar hace pocos meses la beca del LIPAC, que le concedió la Universidad de Buenos Aires.  Anteriormente, ya había realizado proyectos con distinguidas universidades europeas.  De las nuevas investigaciones que han surgido de su reciente trabajo con la universidad más prestigiosa de la Argentina nos ocuparemos en columnas posteriores.  Por el momento, sólo nos resta extender una cordial invitación a nuestros lectores de la Capital y a los paisas que han de viajar a Bogotá, para que se acerquen al Claustro de San Agustín y aprovechen para dar una mirada a la tragedia nacional, desde un punto de vista inédito y revelador.

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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