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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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Guerra, Padura y Manet

14 abril 2012 6 14 /04 /abril /2012 04:42

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ
El Mundo, 21 de noviembre de 2011

 

¿Cuánto capta el cerebro de un niño en su primer año de vida?  ¿Cuánto recibe y guarda su corazón? Y si pudiéramos hacer un cálculo sumando conocimientos, experiencias y recuerdos, sabiduría y asombros, ¿cuánto almacena en su mente una persona de 50 años? ¿Cuántas alegrías, tristezas, dolor, y también amor, quedan para siempre impresos en su corazón, a esa millonaria edad?  Es difícil hacer una evaluación y, por esto, es todavía más sobrecogedor tratar de figurarse cuál será el acopio, el tesoro que reúne un ser humano que alcanza a cumplir los cien años, especialmente si se trata de una persona con las cualidades que la han hecho merecedora del cariño, la admiración y el respeto del grueso de sus conciudadanos.

La semana pasada, la distinguida matrona antioqueña doña María Eugenia (Maruja) Botero de Santa María llegó a la feliz cumbre de los cien años de edad.  Como era de esperarse, su familia entera se congregó para festejar semejante aniversario. En Santa Fe de Antioquia, lugar escogido para la celebración, se reunieron casi todos sus descendientes, incluyendo algunos que vinieron desde tierras tan lejanas como el Japón (es el caso de su nieta, la embajadora Patricia Cárdenas Santa María) o de otros, más numerosos, que llegaron desde otras ciudades del país (entre ellos, su nieto Mauricio, actual ministro de Minas).

Según me cuentan, aunque doña Maruja, que todavía tiene su cabeza muy bien puesta, llegó a la fiesta un tanto prevenida, pues creía que la iban a tratar “como animal raro”, por tratarse de la primera centenaria de la familia, terminó por disfrutar plenamente ese que será, sin duda, un momento inolvidable para todos los suyos.

Esta mujer corajuda (de quien Google nada dice) encontró siempre los medios para poder combinar su trabajo como madre y esposa con sus aficiones personales y el servicio a la comunidad. Así, por ejemplo, mientras daba rienda suelta a su pasión por la jardinería (fue fundadora y presidente del Club de Jardinería de nuestra ciudad) era, al mismo tiempo, una de las más activas colaboradoras de entidades como la Clínica Noel y hacía parte del grupo de damas que, dirigido por doña Luz Castro de Gutiérrez, recogían fondos y organizaban eventos para apoyar iniciativas diversas de beneficencia. En tal cofradía, no se dejó “achantar” por ser la única conservadora.

Con su prima Sofía Ospina de Navarro, fundaría la Sociedad Benéfica Santa Ana, la primera institución antioqueña enfocada al auxilio a los llamados “pobres vergonzantes”.  Hoy, 50 años después, Santa Ana sigue adelante con su laudabilísima misión (a la que esperamos poder referirnos con más detenimiento, en una de las próximas columnas).

Con la política en la sangre (su padre, Julio E. Botero, fue gobernador de Antioquia, y su bisabuelo, Mariano Ospina R., su tío abuelo, Pedro Nel Ospina, y su primo Mariano Ospina P., presidentes de la República), incursionó con éxito en la gestión pública. Como diputada a la Asamblea de Antioquia y como concejal de Medellín, cargo que ejerció sin remuneración económica alguna, sacó adelante proyectos para beneficiar a la familia y a la infancia desprotegida. Destaca la creación del Almacén Escolar, para proporcionar calzado digno a nuestros niños más pobres. 

Al ver el buen balance de las realizaciones de doña Maruja, su amigo J. Emilio Valderrama le propuso candidatizarla por su movimiento político a la Cámara de Representantes, pero ella, considerando que ese alto cargo significaría un desplazamiento permanente a Bogotá, prefirió quedarse en Medellín, con su esposo, el eminente ingeniero Peter Santa María (alma de la Facultad de Minas y cofundador de Eafit, de la EIA y del IDEA) y con sus hijos, que heredaron su vocación de asistencia a los más necesitados (Silvia trabaja con la mencionada Sociedad Santa Ana, y Cecilia, dirige desde hace lustros el capítulo colombiano de la Asociación Nuevo Futuro, que comanda en España la Infanta Pilar de Borbón. Desde allí, organiza el famoso Rastrillo y recoge aportes para sus varios albergues para niños sin hogar).

¡Pocos pueden, como doña Maruja, estar tan tranquilos y satisfechos ante el balance de sus días!

Por mi parte, con un gusto especial por el hecho de que, al conocerla, tal vez alcancé a formar parte minúscula del acopio de memorias en su alma, me alegro, además de ser una de las numerosas personas que ahora la saludan con entusiasmo con motivo de su extraordinario cumpleaños.

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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