Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

Presentación

  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • El blog de Sergio Esteban Vélez
  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
  • Contacto

Visitas

contador de visitas

Búsqueda

El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

27 septiembre 2012 4 27 /09 /septiembre /2012 10:38

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

 

En estos días en que el Congreso de Colombia ha aprobado una más que dudosa "reforma a la justicia", he aprovechado para repasar la lectura de algunos textos fundamentales sobre el "deber ser" y el acatamiento a la ley: el "Critón o el deber del ciudadano", de Platón, citando a Sócrates, y "Sobre la desobediencia civil", de Henry David Thoreau. Bien conocemos la trascendencia de estos pensadores, y muy especialmente de Platón y Sócrates, en el desarrollo de nuestra conceptualización de la moral y la ética en Occidente. Es innegable que el pensamiento platónico influyó decisivamente en la visión de San Agustín y, a través de este, en todo el curso de las consideraciones de la Iglesia Católica, que, innegablemente, ha sido conductora y protagonista del pensamiento en Europa y el Nuevo Mundo.

Es siempre placentero encontrarse con las disquisiciones de los mayores maestros de la Filosofía Clásica, y mucho más cuando, a continuación, sus tesis contundentes se ven enfrentadas a otras igualmente fundadas, como las que manifiesta Thoreau.

En "Critón", es clara la posición socrática del acatamiento incondicional a la Ley, como fuerza suprapersonal y centro del perfeccionamiento de la vida social armónica. Ante la posibilidad de salvar su vida, pero con la condición implícita de convertirse en un corruptor de las leyes, el gran maestro ateniense reafirma (no obstante la contingencia de su propia vida) su directriz de obedecer la ley que lo protegió, que logró que su vida pudiese desarrollarse en paz con la comunidad y que, como él mismo lo menciona, sería la causante de su propia concepción, por aquel mandato helénico de que todo ateniense debía casarse y tener hijos. ¿Después de haber consentido vivir tanto tiempo al amparo de las leyes, había de negarse a someterse a ellas, había de violar los compromisos con ellas contraídos? Su conclusión fue que los principios de acatamiento a la ley que siempre había defendido debían, ahora con mayor fuerza, continuar rigiendo su destino... Sócrates considera que las elucubraciones diversas de violación a la ley por "conveniencias obvias" son propias de la gente vulgar, del pueblo, la cual no es autoridad moral ni ética, y no han de tenerse en cuenta, a la hora de determinar la conducta a seguir. Su observancia a la ley lleva implícita la reflexión acerca de que es difícil que subsista el Estado "cuando las sentencias que se dan no tienen fuerza alguna y son violadas y anuladas por simples particulares", y se afirma en la cavilación de que huir y violar la ley es matar la patria misma, es el peor deshonor para quien se ha consagrado al culto a la Virtud y a la Justicia. Y hace énfasis, además, en que ninguna ley obliga a un individuo a habitar en un Estado, pero que, si su decisión ha sido la de fijar su residencia en él, esta determinación misma lleva tácita la aceptación de hacer cuanto le ordene ese Estado, en un pacto y compromiso innato de vivir bajo el régimen establecido en tal lugar.

Las consideraciones positivistas de Sócrates combinan bien y se matizan con las netamente naturalistas de Thoreau, quien hace un llamado a vivir sólo según aquellos sagrados principios que hay grabados en el corazón de cada hombre y a rechazar la ley que atente contra estos altos valores. En su caso específico, su desprecio es contra un Estado que aprueba el vil comercio de seres humanos. "¿Debe por un momento el ciudadano, en el grado más mínimo, rendir su conciencia al legislador?", es el eje de su discusión. "Me cuesta menos, en todo sentido, incurrir en la pena de la desobediencia al Estado, de lo que me costaría obedecer. En ese caso, me sentiría que valgo menos", es su sentencia ante la situación de tener que verse enfrentado a observar leyes injustas, contrarias a los principios fundamentales de la ética.

En ocasiones como esta, al hallar posiciones tan alejadas como bien sustentadas, vale la pena evocar la figura del dios romano Jano, individuo bifronte, con dos caras en sentido contrario. Y así, como Jano, con dos caras opuestas, es el mundo, es la vida, es el hombre, "cosa vana, vaga y ondeante", como decía Montaigne.

En nuestro medio, no ha sido posible llegar a un punto de equilibrio entre las dos mencionadas posiciones sobre el acatamiento a las leyes del Estado. El paso hacia lo ideal, que es que la ley sea acorde a los altos principios del bien y la justicia que están grabados en la naturaleza misma de todo ser seguirá siendo, por ahora, una utopía. Esperamos que lentamente, se vaya logrando, gracias a una decidida y valerosa lucha político-jurídica. Afortunadamente, dadas las nuevas reformas legislativas, la comunidad ha despertado y ha comenzado a manifestarse a través de una entusiasta campaña de recolección de firmas que demandan la revocación de leyes que atentan contra la moralidad.

 

  El Mundo, 28 de junio de 2012

 

Compartir este post

Repost 0
Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
Comenta este artículo

Comentarios