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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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Guerra, Padura y Manet

24 mayo 2010 1 24 /05 /mayo /2010 00:33

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 21 de abril de 2010

 

La columna “El escándalo de los curas”, de Ernesto Ochoa Moreno (El Colombiano, 10 de abril) es el último colmo.   Ochoa insinúa que las incontables violaciones de sacerdotes católicos a niños (aparte de las relaciones de clérigos con personas adultas) son producto de un complot del comunismo y de la masonería, que habrían infiltrado a la Iglesia para desacreditarla.  Según el columnista, la base de estos comentarios sería un rumor que escuchó en los años 60.  ¡Y Ochoa considera que un chisme tan ridículo amerita ser considerado en una columna entera!

 

Según esta absurda tesis, algunos lectores podrían entender que miles de sacerdotes, incluyendo a numerosos obispos, a cardenales (como Darío Castrillón) y hasta al hermano del Papa y al Papa mismo, ¡serían infiltrados del comunismo y se habrían dedicado a violar niños o a encubrir a los violadores, durante decenios, con el solo propósito de hacerle daño a la Iglesia!

 

En su afán por exonerar a la Iglesia de toda responsabilidad, Ochoa Moreno, carmelita en retiro, acude al manido recurso de echarles la culpa a otros y presenta argumentos de la misma categoría de los del obispo de Tenerife, monseñor Bernardo Álvarez, quien, según el diario El Mundo, de Madrid, sugirió que los culpables de estas violaciones ¡eran los niños!

 

Las anteriores aseveraciones de Ochoa son tan inusitadas y rebuscadas, que no merecen que me extienda en controvertirlas.  Sin embargo, no puedo dejar de referirme a otras “perlas” de la mencionada columna que nos reafirman en la idea de que el señor Ochoa se quedó en el Medioevo.


El texto está plagado de expresiones homofóbicas generalizantes como hablar de "homosexuales, que corromperían la moralidad del clero", lo que equivale a decir que los homosexuales, por el hecho de serlo, son corrompidos.  El señor Ochoa se da el lujo de ignorar a la OMS y a los científicos más importantes del mundo, quienes, desde hace más de 30 años retiraron la homosexualidad de la lista de ¨trastornos mentales¨.


El columnista también habla de " conductas homosexuales, traducidas en actos carnales repudiables ".  No habla de pederastia, sino que asegura que lo que es repudiable son las "conductas homosexuales".  ¡Como si todos los homosexuales fueran pedófilos! ¡O como si los heterosexuales, por serlo, automáticamente quedaran por fuera del riesgo de ser pederastas  o violadores!

 

"Ese recibir seminaristas echados de otros seminarios por sus tendencias homosexuales y afeminamiento, acabó creando situaciones explosivas y escandalosas", dice Ochoa Moreno.  Ataca así nuevamente la tendencia homosexual, y no el delito de las violaciones, y, además, le suma a la "perversidad" el afeminamiento, ¡cómo si todos los afeminados fueran homosexuales!  !O como si todos los homosexuales fueran afeminados!  ¡O como si todos los afeminados fueran pederastas! No hay derecho a tanta ignorancia.


Por lo demás, dice que el error de los seminarios estriba en haber recibido a seminaristas homosexuales, ignorando los numerosos casos de sacerdotes heterosexuales que han violado niñas y que han sido reconocidos por tener mujeres amantes.  Sin hablar de los que mantienen esposas, sin revelarles su verdadera identidad.  Ejemplo muy representativo de esta clase de religiosos es el padre Marcial Maciel, fundador de la multimillonaria comunidad de los Legionarios de Cristo.

 

Durante su sacerdocio, Maciel tuvo simultáneamente en secreto dos “esposas” engañadas, con las cuales procreó cuatro hijos, que ignoraban también que él era sacerdote.  De estos hijos, abusó sexualmente de dos, cuando eran niños, así como abusó de numerosos seminaristas, según  ha sido divulgado por todos los noticieros del mundo.  Por lo demás, plagió el "Salterio de mis días", libro base de su comunidad, el cual copió de un sacerdote español.  Y, como si fuera poco, ¡es sospechoso de haber envenenado a su tío el obispo Rafael Guizar y Valencia!  Todo esto, sin mencionar los desfalcos de los que se habla...

 

El caso de Maciel, que siempre fue protegido por Juan Pablo II, demuestra que el problema actual del clero no es sólo de homosexualidad y que no es justo que la depravación se asocie sistemáticamente con esta preferencia sexual.
"Vaca ladrona no olvida el portillo", dice también don Ernesto, al hablar de los homosexuales en la Iglesia.  ¿Entonces, los heterosexuales, sí olvidan el portillo?  ¿Dejan de ser entes sexuales por haberse entrado a curas? ¿Las violaciones que cometen son menos graves?


Una semilla de corrupción no se extirpa tergiversando la verdad. Ese artículo no tiene justificación alguna.  Ochoa Moreno, en vez de publicar columnas que fomentan la desinformación y la intolerancia, debería unirse a la campaña de Monseñor Juan Vicente Córdoba, secretario general de la Conferencia Episcopal Colombiana, quien ha hecho un llamado para que los fieles colombianos denuncien las agresiones sexuales que hayan sido perpetradas por representantes de la Iglesia.  Este es pues el momento para responder al llamado de ese pastor y presentar ante la justicia civil los casos que han tenido lugar en nuestro país, los cuales se han mantenido en los más indignantes silencio e impunidad.

 

¿Quién en Medellín no conoce el caso de algún curita “muchachero”?  Entonces, bien haríamos todos aquellos a quienes nos consta la veracidad de la historia de uno o varios padrecitos “manoseadores”, si acogiéramos la petición de Monseñor Córdoba y acusáramos a estos religiosos a través de los medios pertinentes.  Sin duda alguna, haríamos un servicio invaluable, en pos de la depuración de nuestras diócesis.

 

 Link El Mundo

 

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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