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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

23 mayo 2010 7 23 /05 /mayo /2010 10:33

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Color en el Arte Moderno Colombiano.  Págs. 102-109

 

 

Una de las artistas colombianas con mayor proyección internacional, Ana Mercedes Hoyos nació en Bogotá, el 29 de septiembre de 1942.  Realizó estudios de Artes Plásticas en la Universidad de los Andes y en la Universidad Nacional de Colombia. 

 

Ha hecho 25 exposiciones individuales de su obra, en Bogotá, Nueva York, Washington, Los Ángeles, Tokio, Ciudad de México, Buenos Aires, Santiago de Chile, Lima, Monterrey, Ciudad de Panamá, San Salvador, Cali y Barranquilla, y ha participado en numerosas exposiciones colectivas, en Colombia y en ciudades como París, Nueva York, Londres, Washington, Tokio, Pekín,  Roma, Milán, Barcelona, Ciudad de México, Monterrey, Cagnes sur mer (Francia), Sevilla, Chicago, Miami, Buenos Aires, Río de Janeiro, Sao Paulo, Québec, Vancouver, Santiago de Chile, Caracas, La Habana, San José de Costa Rica, San Salvador y Palm Beach y Bridgeport (USA).

 

Se han publicado siete libros dedicados a su obra que, además, ha ilustrado otros numerosos libros, en América Latina.  Además, se ha escrito sobre ella en publicaciones mundiales de la talla de “Newsweek”, “Time”, “Art News”, “Art in America” y “Les Lettres Francaises”.

 

Fue ganadora del primer premio en el XXVIII Salón Nacional de Artes Visuales (1978) y recibió los premios “Ciudad de Caracas” y “Pan American Life Insurance”, en otros salones nacionales de Artes, en Colombia.  Entre las innumerables distinciones que ha recibido se encuentran la Orden de la Democracia, que le concedió el Congreso de Colombia; la Maestría “Honoris Causa” en Artes Plásticas, que le otorgó la Universidad de Antioquia; la Orden al Mérito Civil, de la ciudad de Bogotá, el nombramiento de “Visitante distinguida de la ciudad”, que le dio la ciudad de Lima y una mención especial en el gran evento de “Mujeres artistas del mundo” (Nueva Delhi, 1975).   Descuellan el haber sido escogida como ponente en el Simposio Académico de la Primera Bienal Internacional de Arte de Pekín (2003) y la gran exposición de su obra en el Museo de Arte Moderno de México

 

Ana-Mercedes-Hoyos.jpg

 

S.E.V. Háblenos un poco acerca del proceso de evolución de su colorido, desde el propio del pop (que todavía se ostenta en su obra), los azules de sus ventanas y las luces multicromáticas de sus “Atmósferas”, hasta el colorido de su obra netamente colombiana, que hoy todos conocemos.

A. M. H. Hoy en día, yo no puedo hablar del color en términos de color, sino, en términos de luz.  Antes de haber hecho las “Atmósferas”, el rojo era rojo y el azul era azul, pero después todo eso se transformó en elementos para crear luces y eso me enseñó también que la luz tengo que darla, también, con la línea, que es otro elemento.

 

S.E.V. ¿Cómo definiría el “color luz”, en su obra?

A. M. H. De todos modos, estamos hablando de espacios, entonces, las “Atmósferas” se llaman “Atmósferas”, pero en realidad lo que trabajaban era el espacio espacio, y el espacio es luz, también. Y me interesa mucho no sólo la luz blanca, sino también la luz oscura, en el mismo sentido de que los instrumentos son los colores.

S.E.V. ¿Cómo influye el uso de colores casi planos, en esa armonía que usted logra en las tonalidades en su pintura?

A. M. H. En realidad, no son planos.  Son constructivos.  Yo no utilizo el color como plano, sino para construir una cosa, lo mismo que hago con la luz. Entonces, los planos no son planos, tampoco. 

 

S.E.V. Háblenos de cómo puede usted desarrollar toda su creatividad en la relación forma-color, en su obra.

A. M. H. En realidad, el color en mi obra no existe. Entonces, cuando hablamos de forma, podemos hablar de un círculo, que puede ser una patilla o una cabeza, pero el círculo mismo tiene que tener luz propia, entonces el color es un artificio que se usa o no se usa.  Cuando necesito usarlo, para resaltar la luz en alguna forma o quitar la dureza de un espacio rígido que no tenga modulación, uso el color, pero no para hablar de color, sino de luz.

 

S.E.V. Manuel Hernández y usted se han destacado por esa espiritualidad en los colores.  ¿Su intención ha sido, por medio de estos colores, la de llevar tranquilidad y paz a un país tan violento, cuyas virtudes usted ha divulgado tanto en el Exterior?

A. M. H. Pues me gustaría llevarlos más, porque yo lo que he llevado es, más bien, al Exterior, para que vean las bondades de Colombia.  Pero aquí, poco.

 

S.E.V. Usted es reconocida en todo el mundo por fijar en sus imágenes la luz y el colorido del Caribe  y convertirlo en su distintivo, como Lam, o Amelia Peláez. ¿Por qué siendo tan blanca y tan andina escoge como su símbolo la raza negra y los colores del Caribe?

A. M. H. Eso no tiene nada que ver.  Yo soy colombiana.  Es como cuando me preguntan que si he tenido problemas como mujer para ser artista, y yo digo que yo no pinto con el sexo.  La parte de la raza negra que interesa a mí es que el 28% de los colombianos son negros.  No es que haya denuncia, pero es que hay algo que como que todos los colombianos querían negar y que yo, muy conscientemente, la saqué a flote y ahora a las negritudes se les da más importancia y yo considero haber contribuido en gran parte a destacar la belleza y la bondad de la raza negra en Colombia, a través de esas imágenes, que para nada son violentas, porque muchas veces a ti te hablan de los negros como rateros, asesinos y eso es mentira, porque es una gente bondadosísima y, además, son las víctimas mayores de la pobreza colombiana.

 

S.E.V. Su nombre ha sido sinónimo de colombianidad, por eso una de sus obras fue portada del disco “Fruta fresca”, de Carlos Vives. ¿Qué opina de lo que muchos piensan, de que usted es la verdadera pintora del color colombiano?

A. M. H. ¿Tú sabes que, por fuera, no me creen, tampoco, tan colombiana?  Yo puedo ser venezolana, dominicana, mexicana.  El color de aquí tiene un gran Arte, pero una gran pobreza en su proyección artística en el Exterior.  Yo he trabajado tanto con México, que la mayoría de las veces me consideran mexicana, y si no mexicana, de cualquier otra parte, pero no tanto de Colombia. 

 

S.E.V. Háblenos de cómo sus dibujos, sin necesidad del color, tienen todo el colorido del mundo, no necesitan el color, por los personajes y cosas que representan y por lo que estos, a su vez, representan...  Cómo en su obra está el color sin el color. 

A. M. H. Otra vez el cuento del espacio y la luz.  Una línea que cierra un espacio está creando una luz específica.  Aparte de todo, la línea es potentísima.   Para mí, una línea es mil veces más potente que un color.  Y la línea se puede modular.  Yo ahora estoy haciendo una línea que es como “rellenando línea”, es una línea grande como inspirada en el Arte Oriental.

 

S.E.V. ¿Qué ha sido para usted el azul? Ese azul que usted sublimiza en su serie de las “Ventanas” y que después plasma con tanta intensidad en los cielos y mares de nuestro trópico.

A. M. H. Realmente, en el cielo y el mar es donde el espacio es más claro y yo he tenido muchas ganas de profundizar más en el puro paisaje, pero tengo tanto que hacer, que no sé para cuando lo voy a dejar.  A mí me interesa mucho el concepto del espacio y me parece que el espacio y la luz es la conjunción de donde resulta el color.

 

S.E.V. ¿Qué es para usted el color negro?

A. M. H. El mayor color.  Y el negro no es negro, tiene muchísimos matices.  Ese color me interesa más que los otros.  Y la luz negra es lindísima.

 

S.E.V. Por su manejo del color, es muy fácil llevar sus obras a la serigrafía

A. M. H. Es mucho mejor la litografía.  Hay mucha más calidad de color en la “lito”. 

 

S.E.V. A su colorido lo relacionan mucho con Albers.  ¿Qué significa ese nombre para usted?

A. M. H. Fue un período.  Yo nunca me pude graduar de la universidad, y en realidad no me interesó mucho, pero tenía que graduarme en la universidad de la vida; entonces, decidí estudiar por mi cuenta, y digamos que uno de los capítulos de mi trabajo fue Joseph Albers, que, en un momento dado, me sirvió de tema de estudio, pero mi trabajo fue evolucionando y eso se quedó atrás, hace rato.

 

¿Cree que hay algún parentesco entre sus colores y los de Hernando del Villar?

A. M. H. El “Mono” y yo tuvimos la amistad más grande del mundo.  Fuimos íntimos del alma.  Y vivimos tanto tiempo juntos Manolo Vellojín, “el Mono” y yo, que tiene que haber muchas cosas en común entre los tres.   

 

S.E.V. Si usted pintara no los colores del trópico, sino los del Interior, ¿qué pintaría?

A. M. H. Yo ya pinté montañas: verde, verde...  Y me parece muy limitante.  Incluso, el espacio de Bogotá me frustra un poco: es una ciudad muy desarticulada.   Yo por eso me subí a pintar el cielo, las atmósferas.  Aquí es muy bonito, pero no me inspira tanto.  Acabo de estar, por ejemplo, en el País Vasco, en San Sebastián, y allí me di cuenta de la importancia del espacio y de la luz.

 

S.E.V. Háblenos de la estética en color de la serie de sus “Atmósferas” y de geometría en sus “Ventanas”, en un tiempo en el que estaba tan de moda este estilo en nuestro país.

A. M. H. Las “Atmósferas” no tenían mucho asidero geométrico.  Las “Atmósferas” son, tal vez, lo más expresionista, en toda la obra mía, porque, la referencia que había, en el mejor de los casos, era un cuadrado que enmarcaba el cielo, pero había muchos que no tenían ni eso.  Eran mucho más orgánicas que otras obras.  Las “Ventanas” sí fueron geométricas, pero yo me aburrí de eso, porque me pareció muy rígido, entonces yo pasé a hacer cuadros redondos, que son supremamente difíciles, porque cuando tú pintas esos ángulos son referencias fuertísimas y cuando tú los pierdes, quedas loco.  Yo tengo un par de lagunas, que son extraordinarias.

 

S.E.V. Lo que vemos ahora de una Ana Mercedes Hoyos, pletórica de colorido, es fruto de una acuciosa investigación de muchos años. ¿Cuál fue el punto de resolución para que usted encontrara su propio colorido?

A. M. H. Eso hace rato.  Cuando tú llegas al blanco blanco, entre comillas, te das cuenta de que de ahí para adelante no hay para dónde seguir.  Lo que yo hice después de que llegué al blanco blanco fue recoger, otra vez, el color concreto pintando arco iris; entonces, hice una serie de arco iris, que se fueron volviendo cada vez más concretos, hasta que llegué, otra vez, al amarillo, al azul...  y ya, otra vez con los pies en la Tierra, empecé a hacer unos paisajes en los que había atmósfera y había piso duro, y, de ahí en adelante, los paisajes fueron un poco insuficientes, les faltaba algo, entonces empecé a construir y a estudiar los ejemplos del Cubismo en la Historia del Arte, hasta que llegué a Caravaggio,  y en un viaje a Cartagena, vi toda esa problemática constructiva en los platones de unas señoras que eran de mi país y, entrando por ese platón, encontré una cultura importantísima.   Yo después empecé a hacer investigación y llegué a tener un punto de partida, que fue el Descubrimiento de América, y empecé a incursionar en África. 

 

S.E.V. Háblenos del color en la obra de su hija, Ana Mosseri.

A. M. H. A mí no me gusta mucho mezclar la obra de ella y la mía, y a ella tampoco le gusta que uno se mezcle mucho con su trabajo.  Imagínese lo difícil que es.  Una vez, hicimos una exposición en el mismo tiempo y casi nos enloquecen, haciéndonos reportajes a las dos juntas.  Entonces, decidimos no mezclar.  Yo apoyo a Ana en todo su trabajo y cuando necesita cualquier asesoría de mi parte, ahí estoy, pero ella es muy muy independiente.

 

S.E.V. ¿Cree que el color ha sido el fuerte en el Arte Colombiano?

A. M. H. No.  Y, además, se perdió el norte del Arte Colombiano.  Yo creo que la generación mía fue la última que tuvo una orientación clara.  Y ahí va mi respeto por Eduardo Serrano, porque él logró retomar lo que dejó Marta Traba y construir cosas nuevas, a partir de eso. 

 

S.E.V. En usted han influido el Pop, el postimpresionismo, el arte afroamericano, el nuestro latinoamericano, ¿cuál es el más relevante en sus determinaciones colorísticas?

A. M. H. A mí me interesó mucho el Pop Art y lo trabajé muy de cerca; incluso, trabajé un par de cosas en el taller de Andy Warhol y de Rupert, en Nueva York.  Los conocí a todos, y después se murieron.  Fue una época desafortunada, porque dos años después de que se murió Andy Warhol, se murió Rupert.

 

S.E.V. Usted  asumió en un tiempo las temáticas urbanas (avisos comerciales, buses, chimeneas y autopistas) y de denuncia del consumo del Pop Art.  Ahora, se ha alejado de ellas,  pero conserva su esplendoroso colorido.  ¿Qué herencia cree haber conservado del Pop, en el color de su obra?

A. M. H. El color norteamericano es muy enlatado.  Yo creo tener, en el color mismo, mucha más influencia latinoamericana y, tal vez, de cierta época europea.  Yo, desde, el principio estaba mirando acá, pero, a medida que uno va ampliando la técnica, se le amplía el universo también, y, hoy por hoy, yo creo que una de las cosas más importantes para un artista es el oficio, en cualquiera de las disciplinas:  yo no soy muy arraigada a la pintura o al dibujo: me parece interesante el video, pero me parece que una de las fallas del tal Arte Contemporáneo, (con el cual han estado tan frenéticos los críticos y los curadores, descartando la pintura) es que descuidaron el oficio.  Todas las manifestaciones culturales demandan oficio, por encima de todo.

 

S.E.V. ¿Cómo lograr plasmar con tanta perfección la temperatura por el color?

A. M. H. Porque yo trabajo con los conceptos del espacio y de la luz.  Es que si no, no se podría.   Es como cuando uno aprende las letras: ya tú no tienes que construir una palabra pensando en qué letras son, sino que la escribes.  Por eso, Monet podía pintar tan fabuloso, estando ciego, o Beethoven podía componer siendo sordo.  El aprendizaje queda en la cabeza. 

 

S.E.V. ¿Cómo es eso de que “la sombra no existe”?

A. M. H. Existe, pero como la luz oscura.

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Entrevistas
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