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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

18 mayo 2012 5 18 /05 /mayo /2012 04:53

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 28 de diciembre de 2011

 

 

En este 2011 que termina, el poeta Víctor Cardona Rojas está celebrando sus 90 años de edad.  Los cumple lleno de vigor espiritual, de lucidez mental y fortaleza física, aunque entristecido por una dolencia ocular que le ha impedido últimamente dar rienda suelta a sus dos grandes pasiones: la lectura y la escritura.

Cardona Rojas es uno de los casos más interesantes en cuanto a creadores poéticos antioqueños.  Nacido en Amalfi, en 1921, siendo muy joven se trasladó a Medellín, donde desempeñó toda suerte de oficios para sobrevivir: desde mesero en un café en el que don Pablo Tobón Uribe le dejaba propinas equivalentes al triple de lo que había consumido, hasta operario textil en Coltejer, empleo que ocupó durante 36 años y que le permitió sacar adelante a su familia.

Durante ese lapso, su visión no se limitaba a los confines de aquella ilustre industria de los paisas, sino que se acrecentaba cada día con la lectura de los grandes maestros de la literatura, especialmente de los franceses y de los clásicos de la lengua española.  Y un día, la acumulación de imágenes poéticas leídas y vividas estalló en una interminable caravana de creaciones propias, que Cardona Rojas guardó para sí mismo.  Pero, mientras su fecunda lira poética permanecía inédita, su producción ensayística era divulgada con frecuencia en periódicos y revistas, especialmente en el suplemento cultural de El Colombiano, en el cual colaboró durante muchos años.  Pocos lectores habrían podido imaginar que el autor de tan eruditos textos era un modesto operario de Coltejer y un esforzadísimo padre de familia sin relación alguna con la élite intelectual de nuestra Bella Villa.

Pasaron lps decenios y, finalmente, nuestro protagonista tuvo derecho a jubilarse.  En esos días, cuando su inspiración lírica vibraba con toda intensidad, se sentó, por curiosidad, a revisar su obra poética… ¡y se llevó la sorpresa de que tenía escritos catorce libros!  Desde entonces, se propuso publicarlos y vivir a plenitud su comunión con la musa Polimnia. 

Llegaron así las ediciones de sus primeros volúmenes, entre los que resaltan Testimonio (de poesía social, que le mereció el sentido elogio de Su Santidad Juan Pablo II), Las flores del bien (contradiciendo el eterno pesimismo de los “Poetas malditos”), Etapas de angustia y soledad (que le surgió tras el duelo del fallecimiento de su esposa) y Mosaico poético, extensa colección de sonetos publicada por el Congreso de la República.  Este último fue el primer libro que conocí del maestro Cardona Rojas.   Me lo obsequió cuando yo tenía 12 años de edad y era conocido en nuestra comunidad como “el Niño Poeta”.  Quedé, entonces, sumamente admirado por la maestría con que Cardona daba vida a sonetos de todas las estirpes, dedicados no solo a los más encumbrados sujetos poéticos, sino también a los más cotidianos objetos de nuestra vida. 

Comencé a ver a Cardona Rojas con gran frecuencia, ya que ambos acudíamos a los mismos grupos de debate literario, especialmente el Centro Literario Antioquia y la Tertulia del Cuarto Piso. Poco después, fue uno de los poetas que me acompañaron cuando tuve la idea de fundar la Academia Antioqueña de Letras.

Pero, hace ya más de un decenio, cuando me di cuenta de que la vida eran no sólo recitales poéticos y discusiones sobre grandes autores y de que tenía que dedicarme a sacar adelante mi carrera universitaria, Cardona Rojas se me perdió de vista y no volví a saber de él. 

Hoy, tantos años después, me entero de que su apostolado del verso siguió fulgiendo con la misma potencia, de que ganó premios de poesía en Chile y en Colombia (el Premio Nacional “Marco Fidel Suárez”, nada menos), de que continuó dando vida a libros (hoy tiene seis publicados y veinte inéditos) y de que la comunidad de Envigado, donde ha residido la mayor parte de su vida, ha sabido reconocer sus innegables méritos y lo ha exaltado como “Decano de los Poetas” y “Envigadeño Ejemplar”.

Cómo me alegra recibir tan felices noticias y saber que, a sus 90 años, sigue tan vivo el torrente de su poesía.  Los dejo con una bella muestra de la misma:

“¡Oh, sultana romántica y hermosa!/ Medellín, Medellín, notable villa./ Heredaste la gracia de Castilla,/ tienes la arquitectura de la rosa.

Del vergel antioqueño eres la diosa/ y de toda Colombia, maravilla:/ eres aristocrática y sencilla,/ activa, progresista y valerosa.

Tierra de arte, decoro y poesía,/ eres hospitalaria, noble y pía,/ tierra que con orgullo te levantas.

Por eso, emocionado, yo te evoco/ y, con temor, tus sacras galas toco/ y me inclino, sumiso, ante tus plantas”.

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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Comentarios

veronica Medina Cardona 10/14/2012 02:20

Hola Sergio, TE AGRADESCO POR LA ADMIRACION Y CARIÑO QUE LE TIENES A MI ABUELO VICTOR CARDONA ROJAS, PERO TENGO QUE COMUNICARLE ALGO MUY TRISTE Y ES QUE MI ABUELITO FALLECIÓ EL 11 DE OCTUBRE DE
ESTE 2012, DESPUES DE ESTAR 17 DIAS HOSPITALIZADO.