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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • El blog de Sergio Esteban Vélez
  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

2 agosto 2009 7 02 /08 /agosto /2009 14:50

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ
El Color en el Arte Moderno Colombiano
Págs. 88 - 95



                                               Sergio Esteban Vélez y Juan Cárdenas
 

Juan Cárdenas nació en Popayán, en 1939.  Estudió Dibujo y Pintura en Rhode Island School of Design.  Luego de vivir muchos años en los Estados Unidos, regresó a Colombia, en 1965, cuando se dedicó a hacer caricatura para importantes períodicos y a la docencia, que ejerció en la Universidad de los Andes y, posteriormente, en importantes escuelas de los Estados Unidos.

Se han realizado numerosas exposiciones de su obra en Bogotá, Cali, Barranquilla, Popayán, en Colombia, y en importantes salas de ciudades como París, Nueva York, Madrid, Bruselas, Washington, Chicago, Basilea (Suiza), Miami, Santiago de Chile, Caracas y La Habana.  Entre estas, descuellan sus múltiples exposiciones individuales en París.

En 1974, ganó el primer premio en el XXV Salón Nacional de Artistas y en 1986 fue nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, por el Ministerio de Cultura de Francia

En 1991, Seguros Bolívar publica un libro dedicado a su obra, con textos de Juan Gustavo Cobo Borda.  En el 2007, Villegas Editores publicó un gran libro con sus producciones artísticas.

 

 

S.E.V. Minucioso en el uso del color.  Usted es reconocido por sus colores elegantes, su buen gusto, por no traicionar la tradición de las grandes escuelas que lo han influenciado.  ¿En qué consiste para usted la elegancia en la combinación y aplicación del color?

J. C. Por un lado, está todo el bagaje cultural que heredamos de los europeos, que es muy elegante, como los retratos en grises y negros de Rembrandt, o la gama restringida de Velásquez, que es muy linda; pero igual de elegante puede ser un Van Gogh: esos amarillos fuertes... Es que el color puede ser muy refinado o muy vulgar.  Y yo creo que cuando el color es menos elegante es cuando se usa con lo que llamamos “buen gusto”...  ciertas combinaciones de color que se repiten y se repiten... 

 

S.E.V. Dalí, de Chirico soñaban con hacer escultura y, al sentirse incapaces, buscaron quienes hicieran sus cuadros en escultura.  ¿Ha anhelado usted lo mismo, que sus obras puedan tocarse, en tercera dimensión? Si las ejecutara en tridimensionalidad, ¿les aplicaría también color?

J. C. Yo he hecho intentos de hacer escultura, pero no he llegado muy lejos, porque he tenido tanto que decir en la pintura, que no he tenido tiempo.  He hecho un poco en piedra y en madera, sobre todo.  Si les pondría color es algo que no le puedo contestar, sin haberlo hecho, porque, uno a medida que lo hace, va tomando esas decisiones.  En el caso mío sería muy prematuro ponerme a pensar, hipotéticamente, qué hubiera hecho yo en escultura.

 

S.E.V. Tanto para usted, como para su hermano Santiago, la sombra ha sido fundamental en el manejo de sus obras.  Háblenos de lo que ha sido la sombra en su obra.

J. C. Por haber sido educado y haber vivido tanto tiempo en los Estados Unidos, yo vine a Colombia acostumbrado a la luz del Hemisferio Norte, que tiene que pasar por una capa atmosférica mucho más gruesa, por la inclinación del sol con el globo terráqueo, mientras que aquí, en el Trópico, el sol es mucho más directo y la capa atmosférica a atravesar es mucho más pequeña, entonces las sombras son mucho más fuertes y la diferencia entre luz y sombra es tremenda.  Usted va a Francia, y se da cuenta de que allí es más ténue, más difusa, y es lo que me encantaba de los impresionistas, esa luz difusa que nunca hemos visto en esta parte de América.  Entonces, a mí me salen esas sombras tan fuertes, porque es algo muy americano que a mí me impacta mucho, y, entonces, el sol, en mi obra, va indicando la hora del día.


S.E.V. En su obra confluyen herencias de muchos estilos, como las geometrías abstractas, el cubismo, el abstraccionismo, los paisajistas europeos del siglo XX y los sabaneros, de comienzos del XX. Hablemos de lo que usted ha ido seleccionando de lo más grande de la historia del Arte para enriquecer el color en su obra.

J. C. Muchísimos estilos.  Por un lado, están los de la gran tradición europea.  Hablamos de Velásquez, Vermeer... todo ese grupo, que usó el color de una manera muy objetiva, observarndo el mundo; pero está luego el otro lado, que es fascinante, de cómo Van Gogh utilizó el color de una manera casi sintética o de Picasso.  Ahí le he nombrado cuatro, de unas tendencias totalmente diferentes, que han tenido en mí una influencia tremenda.   Ahora, yo no quisiera usar el color de Picasso, ni tampoco el de Van Gogh.


S.E.V. Su obra es altamente psicológica.  Háblenos de lo que ha sido el color para el logro de esta calidad analítica.

J. C. Todo eso no se puede explicar en palabras.  Hay cosas que son muy íntimas en el Arte, que son muy difíciles de explicar.  Los colores del Trópico han tenido una gran influencia en mi obra: el color de la sabana, los paisajes, son las vivencias de uno, que ha participado en eso.  Yo pinto lo que es parte de mi vida.  Lo que a la posteridad le va a interesar, pienso yo, es lo que usted tuvo que decir de su paso por este mundo, de sus vivencias personales y no las ideas que usted encontró en revistas o absorbió de otros artistas.   Las que hacen a un artista interesante son sus propias vivencias, cómo usted vio el mundo.   El color es parte de eso.

 

S.E.V. ¿En qué ha influido su pasión por las Ciencias Exactas en el desarrollo y enriquecimiento de su obra y de su colorido?

J. C. A mí, la Ciencia me ha influenciado muchísimo.  Entre otras cosas, sin extenderme, porque esto puede dar para un libro, la idea de que la pintura tradicional es ilusoria y de que la pintura modernista era plana es una completa falacia.  El color es ilusorio, no hay colores, solamente es una onda incolora que llega al cerebro por medio del aparato visual, y uno tiene la sensación de ver el color rojo, pero es una ilusión, y lo mismo le puedo decir de todas las características de la pintura modernista.  El plano bidimensional no existe. Si usted mira con un microscopio electrónico, son átomos flotando en un espacio.  Entonces no existe ese plano bidimensional.  La pintura modernista es tan ilusoria como un paisaje renacentista, lo que pasa es que esa ilusión es tan sutil que hace pensar que es verdadero, que es real, pero no hay realidad en la pintura.   Y estamos hablando únicamente del espectro que los humanos podemos ver, pero hay una onda electromagnética más allá del ultravioleta y más abajo del infrarrojo, percibida por muchos animales y organismos en el globo terráqueo, colores que no podemos ver.  Qué tal que nuestro cerebro pudiera registrar un poquito más allá del ultravioleta, ¿qué colores podríamos ver, que las moscas o las abejas sí pueden ver?

 

S.E.V. En usted es impresionante la profundidad que logra en sus imágenes.  ¿Cómo ha logrado que el color se convierta en su gran aliado para los efectos que usted pretende conseguir en sus obras?

J. C. Yo he tenido, toda la vida, una lucha interna artística con el color, porque, por un lado, me encanta utilizarlo como se presenta en la naturaleza, es decir, el color aliado a las formas que uno ve, pero la otra cosa que me fascina es utilizar el color de una manera netamente abstracta, y no me interesa mucho utilizarlo con esa manera agradable y de buen gusto con que utilizaban el color Picasso o Van Gogh.  A mí me intrigan mucho obras en que, como yo pretendo usarlo, el color se manifiesta de una manera científica.   Haga esto:  usted coja un papel amarillo grande, con una luz intensa, mírelo fijamente por unos 30 segundos.  La retina del ojo se le va a cansar tanto, que cuando usted, inmediatamente, a continuación, mira una pared blanca,  va a ver, no el color amarillo, sino el color opuesto, en este caso un rosadito.  Es porque los conos del ojo se cansaron y dejaron de funcionar y entran a funcionar los conos de la retina, que reciben al color opuesto.  Entonces, si usted coge el color amarillo y el rosadito y los pone en un cuadro juntos, obtiene una reacción fosforescente tremenda, usted puede obtener una especie de luz y fosforescencia real y física, por la interacción de esos colores, que no existe en la naturaleza.  Ese tipo de cosas me intrigan mucho. Ese tipo de uso del color me parece fascinante, porque nadie lo hace, ni Picasso, ni Van Gogh.

 

S.E.V. El verdadero artista, cuando llega a un determinado tema y se da cuenta de que ese es el suyo, ahí debe quedarse.  ¿Cuál fue el punto determinante para  decidir que los temas y los colores que lo han hecho famoso serían el objeto de su pintura? ¿Qué fue  lo definitivo para que usted encontrara su propia estética, su propio color?

J. C. Yo he tenido varias vertientes, que no son etapas, porque siempre estoy volviendo a ellas.  Está, por un lado, lo histórico; por el otro, lo abstracto; otros, interiores del taller; las figuras humanas; muchas cosas... Hay muchos aspectos diferentes en el mundo mío como artista, a los cuales vuelvo contínuamente, según el estado de ánimo de cada día.  Uno no se despierta igual todos los días.  Entonces, uno se despierta un día, y le interesa mucho el paisaje, y a la semana siguiente, le interesa más la cosa abstracta... Es curiosidad intelectual en la vida.  Yo creo que eso lo han tenido todos los pintores.

 

S.E.V. ¿Cuál es su mayor meta en cuanto al uso del color en su obra?

J. C. Lo que más me preocupa y me gustaría abarcar con seriedad es el del uso del color como he querido (que no lo he logrado todavía), o sea el color como idea abstracta, casi científica, no romántica.

 

S.E.V. Háblenos de su obra en blanco, negro y gris.

J. C. La mayoría de lo que yo hago es en blanco y negro, aunque también he trabajado en pastel, pero aún el color del lápiz de grafito o del carboncillo mismo sobre papeles que son muy diferentes (blanco nieve, blanco no se qué...) varían muchísimo, y cuando uno se vuelve muy sensible a esos blancos, esos grises y esos negros, es todo un mundo de color:   Es fascinante.  Es que el color no tiene que ser amarillo, azul y rojo.  La delicadeza de valores que uno ve en la gama de los blancos es absolutamente fascinante. 

 

S.E.V. ¿Hacia dónde cree que irá el color en el Arte, en los próximos años?

J. C. Especular es difícil.  Yo tengo mi manera de pensar en el color, no sé cuál será la que habrá en Nueva York.  Pero todo eso está muy ligado a la Pintura, porque, si usted no pinta, olvídese del color, porque es muy difícil usar color si usted no está pintando.  El uso del color en las instalaciones, construcciones y performances está muy restringido.  Donde menos restricciones tiene, es en la Pintura, donde usted puede usar el color en todas sus gamas y en todo su esplendor. 

 

S.E.V. Grandes coloristas colombianos.

J. C. Ha habido muy buenos coloristas, pero ¿cómo los podemos comparar con Van Gogh? Obregón fue estupendo “pisco”, gran pintor, le tengo mucho aprecio, lindo color.  Pero en la Historia, ha habido unos cuatro grandes coloristas, es que es muy difícil y yo creo que ya los hemos nombrado: Picasso, Van Gogh, Gaughin, tal vez Monet y otros dos. 

 

S.E.V. ¿Entonces, el fuerte, en la Pintura Colombiana, no ha sido el color?

J. C. Yo diría que no hemos producido grandes coloristas, a la altura de los que he mencionado.  Es muy difícil.

 

S.E.V. ¿Usted cree que un artista debe salir de su país, para lograr una integralidad en su concepto del color?

J. C. Yo sí creo.  A menos que se den casos rarísimos o esótericos, como el de Rousseau, que nunca salió de Francia y que tuvo un color muy especial; pero son casos raros.  Especialmente, hoy en día, si usted no está al tanto de lo que está pasando en el Arte y no ha visto los museos y no ha andado por Europa y los Estados Unidos y no ha tenido acceso a las grandes obras de Arte, no es nada fácil hacer una contribución importante.  Es como ser un gran escritor y no haber leído nada. 

 

S.E.V. ¿Un pintor tiene que cononcer la Teoría del Color, para ser un buen colorista?

J. C. No.  Ayuda cantidades, pero, en el fondo, como el color es algo intuitivo, a la hora en que usted pone manos sobre la obra, ahí toda la teoría deja de importar.  Todas las artes son intuitivas, e incluso los científicos reconocen que uno nunca sabe cómo o en qué momento surgió una idea del subconsciente.  Einstein tuvo grandes ideas, pero él nunca supo de dónde salieron esas ideas.  Estamos hablando de un hombre muy racional y muy científico, pero en el que la esencia de todo su aporte salió del mismo rincón del cerebro de donde les salen las ideas a los artistas.


S.E.V. Háblenos de la intencionalidad suya que muchas veces vemos por juntar colores que no combinan en la Teoría del Color.

J. C. Sí.  En gran parte es cuestión de acostumbrarse a esas reacciones de color, que en un momento dado le pueden parecer desagradables a una persona, como ciertos sonidos que, al principio del siglo XIX, parecían chocantes, como los que usó Beethoven, y mucho más en el siglo XX (con los sonidos atonales y dodecafónicos), pero uno se va a acostumbrando, y lo mismo en los colores.  Todos hemos heredado 40.000 ideas y la sociedad tiene que acostumbrarse a ideas nuevas, como a eso que hablábamos del rosadito con amarillo, o del rojo con ciertos verdes, que también son complementarios, que cuando se juntan producen una linda fosforescencia, aunque a la mayoría de la gente le parezca chocante.


S.E.V. Hablemos de la relación en su obra de pintura y Arquitectura y qué le aportan los colores a esta

J. C. El paisaje que yo he venido haciendo lo he concebido casi como una cosa cinematográfica o de desarrollo histórico.  He pintado paisajes de reconstrucción histórica desde la época de la Colonia, pasando por el siglo XX, la sabana del siglo XX y la sabana de hoy en día.  Entonces, si uno pudiera ver una serie de mis paisajes, en orden cronológico, uno casi podría ver cinematográficamente un desarrollo histórico muy curioso y muy interesante de Colombia.  El color influye muchísimo.  Para darle un solo ejemplo, aquí tenemos mucho ladrillo y se construye con ladrillo, y en el resto del mundo no hay el color de cuando el sol le pega a ese ladrillo rojizo.  En Nueva York o en Chicago es otro rojo, un rojo profundo, morado... pero no es este que tenemos en Colombia.  Y yo lo pinto en mis cuadros, como color y como reacción psicológica ante una experiencia visual y emotiva.  Y el verde ni se diga.

 

S.E.V. ¿Cuál es el período que usted prefiere, en cuanto al uso del color, en la obra de su hermano, Santiago Cárdenas?

J. C. Me encantan esos espejos que él pintaba sobre los muros y me encantan los tableros.  Usted me dirá que esos no tienen mucho color, pero lograr ese gris de la pizarra que consigue Santiago es algo muy dificil y muy refinado.

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Entrevistas
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