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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • El blog de Sergio Esteban Vélez
  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

2 agosto 2009 7 02 /08 /agosto /2009 13:21

 

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El Mundo, 18 de agosto de 2008

 

En el marco de la celebración de sus 75 años de edad, estuvimos conversando con el artista colombo-estadounidense Jim Amaral, reconocido por su creatividad, versatilidad y profundidad conceptual.


A pesar de no haber nacido en Colombia, Jim Amaral (California, 1933) ha sido adoptado por nuestra patria como uno de sus mejores y más innovadores artistas.   Y, de ser un joven estadounidense que llegó al país tras una bella y talentosa colombiana: Olga Ceballos Vélez (la posteriormente laureada “tejedora” Olga de Amaral), pasó a convertirse en uno de los mayores embajadores del Arte Colombiano ante el mundo. 

Su obra ha merecido el aplauso de algunos de los críticos y publicaciones más importantes del mundo y ha sido presentada en algunas de las principales salas de exhibición de ciudades como París, Roma, Madrid, Bruselas, Hamburgo, Milán, Venecia, Ginebra, Estocolmo, Nueva York, San Francisco, Miami, Chicago, Toronto, Buenos Aires, Sao Paulo, Río de Janeiro, Caracas y Bogotá, donde reside, desde que formó su hogar, hace 50 años.

 

Nuestros artistas, para conseguir fama y reconocimiento, se radican fuera del país; en su caso, es al revés. ¿Usted cree que sería más conocido si se hubiera quedado en los Estados Unidos? 

No, tal vez no habría podido lograr ni decir mucho de lo que he dicho viviendo aquí.  Aunque yo viva en Colombia, no estoy aislado del mundo: aquí hay toda clase de revistas y de televisión, a veces buena y a veces mala.  Uno está expuesto al mundo entero, tal vez en otro grado.  Hay gente que también pueda estarlo, pero sin ver ni sentir nada.  No digo nombres, porque no me parece prudente.  Hay unos que pintan temas que parecen tropicales y otros que pintan cosas políticas...

 

¿En Colombia, encontró los colores que estaba buscando para su obra? 

Claro.  Yo vivo en Colombia desde hace 50 años.  Yo me formé en los Estados Unidos, pero, luego de prestar mi servicio militar, mi expresionismo fue como poner gasolina en un tanque.  El color de Bogotá ha influido mucho en mi obra.  Su nostalgia, su tristeza son afines con mi personalidad.  Mi papá nació  en las Azores, que tienen un clima como Bogotá, aunque están al nivel del mar, y, aunque mi papá nunca habló de Portugal, uno no sabe si eso me traería esos conocimientos acumulados en las células, de los que habla el psicoanálisis.  Bogotá es una ciudad nostálgica, no en el sentido romántico, sino por el clima, más que todo.

 

¿Por qué decidió hacerse colombiano? 

Yo no lo decidí.  Fue un cuento accidental de una persona importante que vino y vio mi obra y la admiró y se extrañó porque yo no me hubiera hecho colombiano, y yo le respondí que volverse colombiano en Colombia, con las leyes que piden a un extranjero, exigen que uno sepa más de Colombia que los colombianos mismos.  A raíz de eso, me ofrecieron conseguirme la ciudadanía.  Yo no la solicité. 

 

¿Qué piensa de la obra de su esposa, Olga de Amaral? 

Olga está al borde de ser genio, en lo que ella hace.  En el contexto mundial, Olga es número uno en Tapicería.

 

Hablemos del simbolismo de algunas de sus series más dramáticas, como aquella de “Íncubos y súcubos”... 

Yo empecé los “Íncubos y súcubos”, cuando volvimos de París, a comienzos de los 80.  A finales de los 70, yo había expuesto mucho en París y en Bélgica, Italia, Suiza, Suecia... y, de pronto, empecé a hacer mis obras grisáceas de “Frutos de duelo”.  La obra “De profundis”, de Oscar Wilde, es muy aburridora y lenta, pero tiene unos puntos que son de verdadera iluminación, que describen a Bossie, ese joven que dañó la vida de Wilde, pero, que, a su vez, lo hizo más rico.  Wilde le escribe a Bossie que ha descubierto que el sentimiento más grande y más profundo es la tristeza.

 

Y ya que menciona su serie de frutos en degradación.  Háblenos de su visión de la descomposición... 

Toda esa serie es como de silencio, quietud, tristeza, nostalgia.  Después de 10 años en Francia, volvimos, y supimos que Francia era un capítulo del pasado.  Eso coincidió con la muerte de mi papá, y a raíz de eso, comenzó esa etapa de colores grises y oscuros.

 

Y hay una serie suya muy famosa, “El hombre y el caballo”, con colores de honda hermenéutica… 

Ese color es básicamente inspirado en los colores que tienen las zonas erógenas.  Si hay algo que muestre más la sexualidad, es un caballo, que nadie debe mirar, supuestamente.

 

¿De dónde esa compulsión suya por pintar las zonas erógenas del cuerpo? 

Viene, básicamente, porque yo estaba haciendo el psicoanálisis, y esto me había interesado mucho desde el bachillerato.  Según Freud, el mundo camina con la sexualidad, y, si tú la rechazas, haces una reafirmación de esto.  A mí me parece muy importante quitar este misticismo sobre el sexo.  Todo el mundo sabe qué son un pene y una vagina, pero nadie quiere saber, y sí quieren saber. Ese es el dilema.

 

La revista “Arts Letters” alguna vez dijo que usted era “el pintor de lo bisexual”. ¿Pretende usted lograr una androginia o confusión de los sexos? 

Yo no quiero formar eso.  Yo estoy exponiendo lo que existe.  Yo sólo quiero aclarar un retrato del comportamiento abierto y escondido de la gente.  La ambigüedad del sexo del ser humano, o su ausencia, depende de cada persona.  Cada uno tiene unos filamentos en la cabeza.

 

¿Cómo guardar la distancia entre el Arte y la pornografía? 

Por un medio escrito, se puede explicar mucho más lo que uno quiere,  pero en el momento en que en un dibujo tú muestras un ano, por ejemplo, no tiene la misma aceptación. 

 

¿Usted ha sentido el rechazo de nuestra sociedad y de la Iglesia, por el erotismo explícito y controversial de sus obras? 

Yo no creo que la Iglesia Católica me dé tanta importancia, y en París, mucho menos.  La gente piensa en sexo todo el día, pero no como algo tan prohibido.  Si se está pensando en sexo todo el tiempo, qué más se puede hacer.

 

¿Qué nos puede hablar del por usted tan mencionado “problema literario de lo visual”? 

¿Por qué es un problema?   

 

Influencias literarias en su obra 

Samuel Becket, Oscar Wilde, Gertrude Stein...

 

¿Qué siente cuando la gente asocia a su obra el apelativo de “fálica”? 

Si tú pones un falo en una obra, la gente no ve nada más.  En el cine, muestran mujeres desnudas, pero muy muestran muy pocos hombres, y cómo será la fuerza, la magia, el misterio que representa un pene, que en muchas civilizaciones, en la mayoría, lo muestran menos. 

 

Usted fue uno de los primeros en trabajar con una nueva visión de la figura humana: le encuentra la belleza y el arte a cada parte del cuerpo y la pinta de un color distinto. ¿Cuál es su objetivo, con esta nueva estética? 

En mi escultura, la estilización de la figura, es la simplificación de la misma.  No tiene caras, porque si tú pones una cara en una escultura, la limitas.  Yo quiero que represente más al hombre universal, al ser humano, no al de ojos grandes o chiquitos...  “Menos es más”, dicen en los Estados Unidos. La gente se fascina por la belleza del cuerpo y yo no quiero que la gente mire eso en mi obra, eso es una distracción.  Yo quiero que la gente vea lo que es el espacio en el universo que es el ser humano, no por su físico bonito.  Mi escultura siguió a la época de mis pinturas grises y yo con la escultura buscaba el silencio de los colores.

 

El famoso autor del “Boom Latinoamercano” José Donoso dice que usted viene del surrealismo más genuino.  ¿Cómo se ha servido del color, para que en su obra estalle ese depósito de imágenes fijadas en su subconsciente? 

Nosotros vivimos, en todos los momentos en que tenemos los ojos abiertos, en un mundo de color.  Todo lo creemos en color.  Tal vez uno pueda empezar, como el cine, en blanco y negro, pero para llegar al máximo de expresión que uno busca, es importante el color.   El color es lo que yo uso, sobre todo, en la escultura.  Es mucho más, en vez de soplar, inhalar.  Es algo más suave.

 

Usted estuvo  en Chile, participando en el famoso evento artístico de “Los cuerpos pintados”, organizado por Roberto Edwards, y con su obra se publicó un bello libro.  Háblenos acerca de la particular estética que usted escogió para este experimento. 

A mí, desde pequeño, desde que vi “El mago de Oz”, me fascinan los enanos, entonces, decidí hacer mi trabajo con enanos como modelos.  Yo hice 4 viajes a Chile, y en cada viaje, uno se sentía más cómodo.  Tuve que utilizar enanos hombres, porque fue muy difícil encontrar enanas, porque se sentían incómodas, pues tenían que andar desnudas, delante de 20 personas. 

 

Hablemos de la relación pintura-escultura, en su obra, de cómo usted aligera los materiales, tan pesados, que se vuelven livianos, por el color que les aplica. 

Es interesante la pregunta.   Había un escultor de California, bastante conocido allá, Steven Steiner, y resulta que, durante uno de mis viajes a California, para visitar a mi familia, él estaba exponiendo en una galería en San Francisco, y vi cómo él utilizaba mucho color en sus bronces, lo cual admiré mucho.  Él hacía, además, pintura directa sobre bronce, con una pintura especial para bronce, y yo vi eso, y cuando empecé a hacer mi escultura, vi que él lograba los colores que quería y quise llevar a la escultura los colores de mis pinturas. 

 

¿Para ser pintor hay que usar pinturas? 

Es una pregunta demasiado intelectual.  No sé.  En el mundo de afuera, de la gente que siente el derecho de criticar como oficio, los que están enredados en el tema conceptual, de pronto ellos dirían que no.  Uno puede hacer pintura y no ser artista.  Uno puede conocer muy bien el oficio y la técnica, la artesanía de pintar, pero eso no quiere decir que uno tenga un idioma o un alfabeto que exprese algo especial.  

 

¿Cómo con el color se puede crear poesía, como con las palabras? 

Como Rimbaud, que decía: “Yo inventé el color de las vocales”, pero yo no soy tan genial como Rimbaud: yo soy un pobre pintor portugués que pinta paisajes por poca plata, para poder pasear por París.

 

Cada objeto tiene una función determinada en nuestra vida cotidiana. ¿Cómo en su obra, el objeto pierde su función y se transforma en una obra de Arte? 

Tú estás tomando por hecho que lo que yo hago es Arte.  Yo no sé si se pueda poner eso en cuestión.  Yo simplemente hago mi trabajo, que es muy íntimo.  Yo no lo hago para un mercado.  Yo no he hecho mi trabajo para el público, sobre todo en el de los años 60 y 70, que explicaba visualmente el sexo, cuando eso no se hacía.

 

Eduardo Serrano dice que usted, después de haberse dedicado a la escultura, ha regresado a la pintura “con colores sombríos, mustios, aplicados con cuidado y suavidad”.  ¿Qué opina de esta aseveración? 

Pues habría que preguntarle a él. 

 

¿Por qué ha optado por la escogencia del color mate en su obra? ¿Qué resalta con los colores mates? 

En mi escultura, contrario a los artistas tradicionales, que no asocian casi el color con la escultura, se usa el color en cantidades, para expresar una manera de ver y de vivir mía propia.  Yo busco una paz, soledad, melancolía, nostalgia, por ellos.  Sin embargo, en mi pintura, la idea es otra: es como tener otro armario en la cabeza.  Yo he ido abriendo y cerrando armarios en mi cabeza, y unos tienen necesidad de decir una cosa, y otros, otra. 

 

¿Piensa que  el vanguardismo que, desde los años 80, ha aparecido, en nuestros salones y universidades es vacío, o sin sentido? 

Eso es más por moda, que por cualquier otra cosa.  El hombre siempre será el hombre y ahora se quiere presentar al artista como a un ser raro o diferente, lo cual ayuda al mercadeo del Arte, a la publicidad. 

 

 

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Entrevistas
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