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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

1 agosto 2009 6 01 /08 /agosto /2009 15:23



SERGIO ESTEBAN VÉLEZ
El Mundo, 25 de mayo de 2008



El polémico escritor y ex gobernador del Valle estuvo en Medellín, conversando sobre Democracia, Descentralización y Literatura.


El pasado jueves, el comentarista estrella de “La Luciérnaga”, Gustavo Álvarez Gardeazábal (Tuluá, 31 de octubre de 1945), estuvo en Medellín, invitado por el Instituto Tecnológico Metropolitano (ITM), como panelista del Encuentro Nacional “¿Veinte años de democracia local en Colombia?”, organizado por el Centro de Estudios Ciudad de Medellín, de esa institución educativa.  Sus compañeros de pánel fueron el gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos, y el ex alcalde de Giradota Luis Fernando Ortiz.

Este controversial escritor, uno de los principales de su generación, quien, hasta hace un decenio, fue el político más popular del Valle del Cauca, se ha hecho famoso por su agudo sentido del humor y su falta de temor para sentar a los poderosos en el “banquillo de los acusados”.

Por estos días, regresa a la Literatura, con su nueva novela, “La resurrección de los malditos” (publicada inicialmente en internet), cuya edición física, de 2.000 ejemplares, sólo está distribuyendo entre sus amigos y allegados.
A pesar de que ha preferido que la lectura de esta novela (la historia de un temible narcotraficante) se reduzca, por el momento, a este estrecho ámbito, los comentarios que en ella expresa ya están “levantando ampolla”...

“Lo que más me ha interesado es que los colombianos entiendan que las realidades no son solamente las que les decretaba el periódico El Tiempo o las que ahora decretan Caracol y RCN”, expresa quien ya se siente un historiador, pues, a través de su obra literaria, ha sido el encargado de mostrar cómo la violencia, la corrupción y el narcotráfico han sacudido al Valle del Cauca y al país entero y lo “han transformado en un imperio de crimen”.


 

Hace años, usted dejó a un lado la Literatura, porque creía que esta era inútil y que lo necesario era dedicarse a luchar por la solución de los verdaderos problemas graves del país. ¿Ahora, regresa a la escritura, porque se da cuenta de que aquella lucha social también es inútil? 

No, yo no he regresado a la escritura.  Lo que he hecho es editar un libro, para vengarme de los que creyeron que yo había dejado de escribir.  Por eso, salió en edición privada, numerada y no se comercializó.

 

 “La resurrección de los malditos” es la historia de los hijos de los “Pájaros” de “Cóndores no entierran todos los días”.  ¿Cuál de las realidades descritas en estas obras es más desoladora? 

No es exactamente la de los hijos.  Es la generación de la violencia que simplemente fue incubada en otra violencia. No hemos parado.  Cuando escribí “Cóndores”, yo juraba que los colombianos iban a evitar, en las nuevas generaciones, la estupidez que nos llevó a la guerra civil del 48, pero perdí el tiempo, porque el país se buscó otro pretexto.  Y cuando ya se trató de acabar ese pretexto, se buscó otro.  Y, seguramente, cuando se acabe la guerrilla y se acaben los paras y los traquetos, se inventarán alguna forma para seguirse dando bala.

 

En su nueva novela, usted ventila sin ningún pudor las intimidades de altos personajes de nuestra vida nacional.  Han levantado polvareda sus comentarios acerca del ex presidente Gaviria. ¿De dónde estas suspicacias? 

Toda la vida las he tenido. Es que yo digo lo que pienso.  ¡Qué tal que me quedara callado!

 

También enfrenta abiertamente al presidente Uribe... 

Si lo enfrento en “La Luciérnaga”, ¿por qué no lo voy a enfrentar por escrito? Miedo no me da.

 

Usted ha dicho en varias ocasiones que cuando era más joven escribía mucho mejor, porque estaba lleno de sueños y de imaginación, pero que, con los años, las obras ya no le salen con tanto brillo.  Sin embargo, la opinión general es que en “La resurrección de los malditos”, usted ostenta el mismo vigor imaginativo y el estilo torrencial de sus mejores producciones... 

Eso dicen los críticos, pero yo sigo creyendo que se me acabó la cuerda.

 

Con “Cóndores no entierran todos los días”, usted fue pionero en la utilización de la Literatura como herramienta útil para dar testimonio y develar ante el público las barbaridades de la violencia colombiana.  Sin embargo, ahora, varios decenios después, se está presentando una avalancha de novelas sobre la candente realidad del país.  ¿Está de acuerdo con que podría hablarse de que estamos frente a un caso de oportunismo literario?  

No, porque los historiadores, una vez más, se escondieron detrás del poste, para no contar lo que tenían que contar, y nos han dejado a los novelistas la tarea de hacer la historia de Colombia.

 

Usted pasó de escribir obras, como “El Divino”, con ediciones de 50.000 ejemplares, a esta nueva novela, en edición privada, para sus allegados. ¿Cree que la situación de los niveles de lectura y de divulgación de la Literatura en nuestro país, en vez de mejorar, ha empeorado y está en estado crítico? 

Sí.  Estoy completamente convencido.  Aquí, cada vez se lee menos y se estimula menos la lectura.  Y cada vez, la Literatura es menos usada como herramienta de cambio.   Por eso, en Colombia, terminamos los novelistas siendo historiadores, y los historiadores, quedándose callados.

 

¿Cómo le ha ido con su incursión en la publicación digital de sus novelas? 

Muy mal, porque son igual de hampones los unos que los otros.

 

¿Cree que la persecución que usted sufrió cuando era Gobernador del Valle se debió a la intolerancia por su orientación sexual o al temor de sus adversarios de que hubiera una posibilidad de que usted alcanzara la Presidencia de la República? 

Yo creo que el pánico de que yo llegara a ser candidato presidencial era más que suficiente para que me atajaran.  Lo que tengo que agradecer es que estoy vivo y no me mataron.

 

Si no pesara sobre usted esa, para muchos injusta, inhabilidad perpetua para ejercer cargos, ¿todavía pensaría en ser Presidente? 

No.  Afortunadamente, la vida me propició esa condena y puedo vivir tranquilo, ayudándole más a Colombia, desde el sitio donde estoy, comentando con humor la realidad nacional.

 

Si nuestra Carta Política no contempla el establecimiento de penas perpetuas, ¿acudió a las altas cortes para la revisión de aquella sentencia? 

No, yo no acudí a las cortes, ni para mi juicio: yo fui juzgado en ausencia.  Y tampoco acudo para que revisen nada.  Yo apelo es a la opinión pública nacional, para que entienda que aquí los procesos son usados por la justicia para producir resultados y no para evitar repeticiones insensatas.

 

Muchos no saben que usted es mitad antioqueño.  Por qué no nos recuerda brevemente por qué su padre debió salir de Antioquia y cómo fue a dar al Valle del Cauca. 

Pues porque lo excomulgó monseñor Builes.  Mi padre era un “godo” de Guadalupe, pero con cédula de Carolina, y se presentó como candidato al Concejo de Carolina y simuló que tenía los 21 años de edad, cuando apenas tenía 19.  Entonces, Builes, que era dueño y señor del poder de la tierra, lo excomulgó, y se fue a trabajar a Barranca.  Allá, trabajó en las petroleras, muchos años, y, hacia el año 37, llegó al Valle, y allá murió, en el año 93.

 

Y usted después vivió en Medellín y estudió en la Universidad Pontificia Bolivariana... 

Y me echaron de la Bolivariana, con todo derecho, por haber escrito un panfleto contra monseñor Félix Henao Botero (entonces, rector), quien, en ese panfleto, que yo llamaba novela, se llamaba el “Cacique Banda Roja”.

 

Entre el proceso 8.000 y la parapolítica, ¿cuál le parece más grave? 

La “parapolítica” es una cosa absolutamente terrible.  Esto nunca se había visto en Colombia.  El proceso 8.000 es un juego de muñecas, al lado de esto.  Aquí, tenemos departamentos totalmente avasallados por el crimen, por las armas, por la impunidad.  Se tomaron el Estado, las vidas, las tierras; arrebataron las propiedades de la gente y, fuera de eso, cohonestaron política y administrativamente semejante actuación. 

 

Si no es Uribe, ¿quién? 

Probablemente Vargas Lleras, Santos, o hasta Piedad Córdoba.  Todos tienen ganas.

 

¿Se siente heredero de algún autor latinoamericano? 

No, yo soy lector de casi todos y soy fruto de lecturas buenas y malas.  No soy un fanático de ninguno.

 

Usted está en Medellín, por invitación del ITM. Hablemos un poco sobre el libro “Gardeazábal, Confesión de parte”, de Jairo Osorio, que publicó este mismo instituto, hace unos meses, acerca de sus reflexiones y consideraciones. 

Parece ser que se agotó, por cuenta de las bestialidades que dije allí.

 

Me han comentado que está muy casado... 

Con el corazón, tengo una deformación de la aorta ascendente, que me está generando demasiados problemas.  Y, como me dijo el médico: “De eso no se va a morir tan ligero”, pero, ¡ah, maluco que la estoy pasando!


HAY QUE DEJAR TESTIMONIO


En su nueva novela, el narrador Álvarez Gardeazábal explica su afán por dar testimonio de la dolorosa realidad que ha tenido que vivir:  “No hay nada más certero como bombazo que una novela sobre la historia que los demás no quieren contar. Y como de estos malditos nadie se atreverá a escribir nada porque sólo se aceptarán las versiones deformadas de las lenguas bochincheras, cualquier fusil de esos o cualquier bomba (...) no podrán jamás tener el efecto que tiene la letra escrita para que usted y todos los lectores sepan y divulguen la magnitud de todo el proceso tan mal entendido, tan mal diagnosticado y tan imbécilmente perseguido por los gringos”.


ALGUNOS DE SUS LIBROS


Piedra pintada (1965)
El gringo del cascajero (1968)
La boba y el buda (1972, Premio Ciudad de Salamanca)
Cóndores no entierran todos los días (1971, Premio Manacor)
Dabeiba (1973)
El bazar de los idiotas (1974)
El Divino (1986)
El último gamonal (1987)
Los sordos ya no hablan (1991)
Las cicatrices de don Antonio (1997)
Comandante Paraíso (1997)
La resurrección de los malditos (2007)





 

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Entrevistas
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