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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

1 agosto 2009 6 01 /08 /agosto /2009 15:09

 

 “Strata – Meridiano” es la nueva exposición de la reconocida “tejedora” Olga de Amaral.  La muestra estará abierta al público, en Bogotá, hasta la primera semana de diciembre.

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ
El Mundo, 14 de noviembre de 2008  

 

En la inmensa nueva sede de la galería “ La Cometa ”, de Bogotá, se presenta la exposición «Strata – Meridiano», en la cual se reúnen, por primera vez, la obra del artista colombo-estadounidense Jim Amaral y  la de su esposa, Olga de Amaral.  Ella no exponía en Colombia, desde hace casi un decenio. 

Estuvimos conversando con esta importante mujer del Arte Colombiano, que, a pesar de ser referencia mundial en la técnica artística de los Textiles, es más reconocida en el Exterior, que en nuestro país.


Para ser contemporáneo, ¿hay que dejar de pintar?


Para nada.  Yo creo que, para ser contemporáneo, uno tiene que, primero, conocer verdaderamente el material que uno trabaja, sea pintura, cerámica, tejido, fotografía... Fuera de la técnica misma, que es un conocimiento importantísimo, uno tiene que querer mucho su material y saber qué es lo que pasa con el mismo.  Para ser un gran creador, uno debe entender que sus manos y su cabeza deben funcionar dentro de un mundo muy particular.


¿Cómo es eso de que el brillo del oro en sus obras es un homenaje a los altares de las iglesias latinoamericanas?


Yo no siento que le haga homenaje a nada, porque yo no pienso en esas cosas.  Pero cuando yo me eduqué, en Bogotá, fue muy bajo la religión católica.  Mamá y papá eran muy devotos.  Íbamos a misa en iglesias coloniales del Centro y, seguramente, ese temor religioso, de oración, tomó mucha parte de mi inconsciente y esas veladoras prendidas y el oro iluminado y el encuentro con Dios, en mi infancia, me marcaron profundamente. 


En su obra, usted ha sublimado nuestra tradición ancestral, pero la ha fundido con el brillo de la cultura que ha acopiado a lo largo de muchos años de investigación. ¿Cuál ha sido su clave para lograr esa fusión evolucionada de los antiguos tapices medievales, con los gobelinos franceses renacentistas y los tejidos de los Incas?


Ante todo, yo no soy una investigadora, ni una estudiosa.  Yo no investigo: a mí me cuentan las cosas y ahí quedan. Mi hijo Diego, que sí es un intelectual, me contaba que los Incas se comunicaban con los nudos en los hilos.  Era una forma de comunicación matemática.  Era una forma de llevar la administración, a punta de hilos y nudos.  Todo eso me gusta, por lo que yo creo que significa el textil.  Para mí, lo más extraordinario es la expresión del tejido en el mundo, pero yo no lo estudio, lo siento, me comunico con eso.  Soy una admiradora profunda del tejido, no con la mente, sino con el corazón.  Además, me doy cuenta del trabajo envuelto en las manos de los seres humanos que han construido un gobelino, que tarda 2 ó 3 años en construcción, con ese amor por el hilo, por el color, por la fibra.  Pero no me interesa desarrollar esa parte intelectual.


¿Qué piensa de los tejidos y tapices de los indígenas peruanos, tan famosos por su creatividad en el color y en las formas?


Como los tejidos peruanos precolombinos, no hay igual en el mundo.  No conozco mucho el tejido contemporáneo en general y criticarlo sería absurdo, porque no lo he seguido mucho.  Yo siento que tengo influencia precolombina.  Cuando yo era estudiante en los Estados Unidos, viendo un libro de tejido precolombino, lo que más me impresionó fue su inventiva en la construcción del tejido.  Entonces, de pronto, yo descubrí que el tejido no era sentarse en un telar y tejer y tejer, sino que había toda clase de posibilidades de invención y que uno se podía liberar completamente del telar.  Ya un nudo en el aire es un tejido.  Eso me estimuló y me instruyó.  Los precolombinos cultivaban el algodón de colores: nacía verde, carmelito...  Eso es un gran misterio. 

 

Después de Olga de Amaral, ¿qué va a pasar con el arte del Tejido, en Colombia?


Ni idea, y no me preocupa mucho.  El que vaya a ser creativo en el tejido, luchará por eso.  También tengo que pensar que el camino de los otros, de pronto, tal vez es el mismo camino mío, sólo que ahora, con un Arte de tantas formas, de tantos aspectos, la gente tiene que tener una formación totalmente distinta, porque todos los parámetros del conocimiento del mundo son muy distintos.  Tal vez, resulte algo maravilloso, en la parte de construcción que es el tejido.

 

Háblenos de su gran colección de tejidos...


Yo tengo muchas ganas de que alguien forme un museo con eso.   Así como los pintores compran pinturas, cuando yo descubro algo, lo quiero poseer y siempre en mis viajes yo compraba textiles que me emocionaban, hasta que llegó un momento en que logré acopiar una enorme colección de cosas fantásticas, de distintas civilizaciones, que conseguí, no porque quisiera tener una colección que valiera, sino por la comunicación que yo lograba con estas piezas.  Un día la colgué y quise formar un museo textil, hace como 25 años, pero para eso uno tiene que dedicarse a hacer estudios e investigación, eso es una cosa inmensa. 

 

¿Y por qué no pensar seriamente en la construcción de un museo, no sólo con su colección de tejidos, sino también con su obra?


Alguien podría hacer eso, pero no voy a ser yo.  Yo lo único que quiero hacer es mi trabajo, aunque me gustaría ver que esas telas tan maravillosas tradicionales y antiguas que tengo cayeran en buenas manos y se pudieran ver.  Son alrededor de 800 textiles, entre los que puedo asegurar que hay unos 50 que son increíbles.

 

¿Alguna vez ha tomado a algún artista como referencia para su obra?


Nunca, y no es lo considere malo, sino que nunca he tenido la sensación de necesitarlo.  Aunque sí me identifico mucho con el Arte Japonés y con su creatividad, porque para ellos el gran arte es el de la cerámica y los tejidos, con todo lo que no es tanto pintura.

 

Grandes tejedores del mundo...

En el año 72, el MOMA, de New York, hizo una exposición, recogiendo el movimiento textil contemporáneo.  Éramos 17 personas del mundo entero, seleccionados por el museo y prácticamente la mitad eran realmente admirables y muy originales.  Era un movimiento nuevo, de salir del tapiz normal de cartón, para la construcción.  Magdalena Abakanowicz, polaca, más escultora que tejedora, es una gran artista.  Y creo que ahora hay muchas buenas tejedoras contemporáneas.

 

¿En su casa tejían? ¿Le tocó ver a su madre tejiendo?


A mamá la vi mucho bordando y cosiendo.  Era una mujer increíble.  Era inventora.  Yo también podría decir que soy como inventora.  Me gusta el invento, más que la originalidad.  Me gustan los puentes, las grandes construcciones, los aviones, lo que sucede.

 

Usted viene de una familia de ingenieros. ¿Alguno de sus antepasados tuvo que ver con ese movimiento textil de comienzos del siglo XX, que le dio tanta gloria a Antioquia?


No creo, aunque tuve unos tíos, Fabio y Pablo Vélez, que fueron los fundadores de Umco y fundaron también una fábrica de textiles que recuerdo mucho, porque tenían telares manuales, en los años 40.  Pero papá, que era egresado de la Escuela de Minas, fue, más bien, industrial. Él tenía una gran visión y tuvo mucho que ver más con el Túnel de la Quiebra , con la fábrica de Cementos Diamante, con Paz del Río.  Él se vino a Bogotá, a comienzos de los 30, por eso yo nací aquí (Bogotá). 

 

Usted ha tenido honores apenas comparables, en Colombia, con los que ha alcanzado Fernando Botero, ¿cuál ha sido el que más la ha estimulado y que la ha hecho sentir que ha valido la pena tanto esfuerzo?


Eso no va conmigo.  A mí no me creen que yo caí en el mundo de mi trabajo, porque me dio mucha felicidad cada paso de avance que yo daba, y además tenía la suerte de que tenía un entusiasmo constante.  Entonces, yo entré en eso, contenta, segura, tranquila.  De eso vivimos y alimentamos a nuestros hijos.  Con eso los educamos, con eso viajamos. Nunca nos ha decepcionado nuestra labor.  Pero a medida que pasa el tiempo, uno profundiza y la cosa se vuelve mucho más compleja.  La verdad es que sí he tenido reconocimientos increíbles, pero esa no es mi vitalidad, que para mí es hacer lo que quiero hacer. 

 

¿A qué mujeres admira, en el Arte Colombiano?


Yo no admiro a la persona, admiro al trabajo.  Yo respeto mucho a Beatriz González, no somos muy amigas, pero me gusta lo que hace.  Me gusta mucho lo que percibo en Doris Salcedo.  Ana Mercedes me cuesta más trabajo, tiene mucho estudio de color, pero me cuesta trabajo el sistema que usa, aunque es totalmente respetable eso de fotografiar y después proyectar, pero me gusta más cuando las cosas salen del fondo.  En María de la Paz , me han gustado épocas, pero no todas.  Freda Sargent me gusta mucho y me parece que no le ha ayudado el ser una extranjera solitaria, a la sombra de Obregón, no sólo como artista sino como personaje.  Queremos mucho a Mónica Meira.  

 

¿Cree que, siendo mujer y de su generación, le ha traído más libertad o independencia para desarrollarse como artista el haberse casado con un extranjero?


No tanto como extranjero, sino como Jim.  Es que Jim es especial.  Él, desde el principio creyó en mí y siempre me ha estimulado.  Por ejemplo, cuando me invitaron a exponer en el Japón, yo no quería ir, porque no me gusta volar, pero él me montó en un avión y me dio todo el ánimo.  A Jim y a mí, además del amor, nos unió la honestidad de cada cual en su búsqueda artística.

 

¿Cómo cree que va el rumbo actual del Arte Colombiano? ¿Cree, como muchos de sus contemporáneos, que el Arte está enfrentando una verdadera entropía?


Todo lo que yo digo son sensaciones, más que estudios y conceptos.  Pero, en mi humilde opinión, cuando uno ve mucha pintura, parece como si fuera un juego, un juego fácil, banal, decorativo.  Pero yo siento que hay una cosa estupenda en eso de ser pintor, que es que así como es exigente, puede que no lo sea para nada.  Tú te puedes mover en el mundo del Arte muy en serio o muy como en un juego.  Lo único importante es el resultado.  El arte conceptual, que cuando es bueno es poesía, también es como muy de diseño. Una persona creativa, con una idea de forma y de diseño, puede armar algo conceptual, con gran facilidad.   El arte conceptual es difícil, por lo fácil.

 

UNA GRAN EMBAJADORA DEL PAÎS

 

De padres antioqueños, Olga Ceballos Vélez (posteriormente, de Amaral) nació en Bogotá, en 1932.  Estudió Diseño Arquitectónico en el Colegio Mayor de Cundinamarca, en Bogotá, y Textiles y Diseño en Cranbrook Academy of Art, Bloomfield Hills, Michigan, Estados Unidos.

Ha sido directora para Latinoamérica, ante el World Crafts Council y directora del taller de textiles en Haystack Mountain School of Crafts, en Maine y el de Penland School of Crafts, en Carolina del Norte.  Fundó en 1965, y dirigió el Departamento de Textiles de la Universidad de los Andes, en Bogotá.  Fue profesora, además, en el California College of Arts & Crafts y en la Universidad de California. 

Fue ganadora de la beca Guggenheim Fellowship, en 1973, y ganó el primer premio en la III Bienal de Arte de Coltejer, en Medellín, en 1972, y el primer premio en el XXII Salón de Artistas Nacionales, en Bogotá.  Ha recibido, además, numerosos homenajes en Colombia, Estados Unidos y Costa Rica.

Su obra se ha presentado en más de 70 exposiciones individuales en Colombia y en ciudades como París y Angers (Francia); Nueva York, Washington, San Francisco, Miami, Chicago, Kansas City, Cleveland, Albuquerque, Michigan, Indianápolis, Fresno y Santa Fe (USA); Tokio (Japón); Melbourne y Sidney (Australia); Venecia (Italia); Lausana (Suiza); Dormagen y Heidelberg (Alemania); Belén (Portugal) Caracas y Carabobo (Venezuela); Lima (Perú); Quito y Guayaquil (Ecuador); y en más de 80 muestras colectivas en Colombia, Estados Unidos, Francia, Alemania, Dinamarca, Italia, Suiza, Holanda,  Noruega, Polonia, Nueva Zelanda, Japón y Venezuela.

Ha sido ponente y conferencista en importantes escenarios del mundo.  Seguros Bolívar publicó el libro “Olga de Amaral: El manto de la memoria”, acerca de sus creaciones artísticas, y también se han impreso muchas publicaciones nacionales e internacionales sobre las mismas.  Su obra está presente en más de 80 colecciones públicas y museos, en todo el mundo.

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Entrevistas
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