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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

1 agosto 2009 6 01 /08 /agosto /2009 14:50

La nueva serie de David Manzur



El periodista y el artista entrevistado.  Casa de David Manzur, Mosquera, 2007


SERGIO ESTEBAN VÉLEZ
El Mundo, 12 de mayo de 2008



“Las ciudades oxidadas” es el título que ha dado David Manzur a la nueva etapa de su producción, en la que está trabajando, desde el año 2004.    


Según David Manzur, esta nueva fisonomía de su obra es la que mejor refleja su trasfondo vital existencial y con la que más se identifica.
Barcos oxidados, en ciudades desiertas y abandonadas; potros briosos, bestiales, que se convierten en máquinas, y se funden con figuras humanas sin rasgos definidos, de expresión desesperada y ojos desorbitados... son los objetos centrales del nuevo canto manzuriano. 
Hay también algunas obras, sobrecogedoras, que aluden al genocidio nazi y que tienen fundamento no sólo en la afinidad que siente Manzur con los hijos de la raza de Leví (su abuela paterna era judía-rusa), sino también en los recuerdos de sus años de estadía, durante la II Guerra Mundial, en un internado en Canarias, en el que le tocó tratar con frecuencia con soldados nazis que regalaban chocolates a los niños y, alguna vez, fue retratado, con su grupo escolar, en compañía de
Rommel, el perverso mariscal hitleriano.
“Las líneas de fuga escapan a la geometría y su paleta se abre.  Ya los jinetes no son jinetes, porque sólo una parte se sugiere, para que el espectador complete la figura.  Son los juegos visuales de Manzur, el artista insular, el genio, el oficioso, el inquieto, el diverso, el niño solitario que hoy sabe pintar como ninguno su propia soledad”, escribe sobre este trabajo Margarita Vidal.
Para el planteamiento conceptual de esta nueva serie, Manzur se ha inspirado en las vivencias de su infancia en África y en los recientes viajes que ha hecho a la India y a la Antártida.  Sobre esta travesía al Continente Blanco, de la cual llegó, hace un mes, Manzur se estremece cuando narra que, en la península Antártica, encontró una “ciudad oxidada”, muerta y desabrigada, tal como las que su imaginación ha ido recreando, desde hace años. 
Esa hecatombe de memoria y de recuerdos mezclados y desdibujados es lo que hace que los personajes de tantas de sus obras actuales no tengan rasgos definidos y tengan fisonomías apenas sugeridas.
Gracias al apoyo del CODI de la Universidad de Antioquia, pudimos conversar con este alto representante de la generación de los grandes maestros de la Modernidad en Colombia, en su estudio, en las afueras de Bogotá, en el marco de las actividades del proyecto “El lenguaje expresivo del maestro David Manzur, en sus propias palabras”.


Primero, el Cubismo; después, la Geometría, el Abstraccionismo y el Constructivismo; luego, ese Surrealismo medieval metafísico... Ahora, las “ciudades oxidadas”, que están enfocadas a la explosión de su trasfondo existencial.  ¿De dónde este paso?


Yo siempre le he dado rienda suelta al flash back de la vida.  Una palabra que vengo usando mucho, últimamente, cuando me toca hablar es la de lo que es el trasfondo en un artista.  Todo ser humano tiene un trasfondo que no está en lo que él ejecuta, sino en lo que lo provoca a ejecutar. 
Ese trasfondo no es otra cosa que lo que le pasa al hombre en la vida, pero para no pensar en términos poéticos o sobrenaturales o metafísicos o siquiátricos, simplemente la vida es tan simple como que el calor es parte de ese trasfondo; el frío, la alegría, la tristeza, la soledad, la rabia... todos estos elementos que son aparentemente abstractos van creando una necesidad de expresarlos, en alguna manera, y esto une a poetas,  a músicos, a escritores, si es en el campo de las Artes, pero puede unir a economistas, a políticos, a científicos. 
Es ese motor que impulsa al tipo a buscar y a descubrir.  Si Einstein no tuviera trasfondo, no le habría importado buscar nada...  y llegó hasta la bomba atómica. 


¿Y cómo se traduce su trasfondo en “Las ciudades oxidadas”?


El trasfondo se traduce en manifestaciones, y ahí es cuando yo digo que el trasfondo me ha ido permitiendo empujar imágenes que vienen mezcladas de todo ese retazo de recuerdos de muchos años, que no tienen coherencia unos con otros:  que yo soy un niño que juega en un barco hundido... que hay un concepto abstracto extraño de la luz del sol con la herrumbre del cuadro, tal vez eso tenga que ver todavía con el concepto cromático que tengo en la obra mía, pero me tengo que remontar a Neira, con Hernando Giraldo, cuando hacíamos procesiones, a los cuatro años, ¡y la impresión que me causaban esos santos vestidos enormes, acompañados de música!
Estuve en el África: que los negros, que el kínder, que las monjas...  Luego me mandan a un colegio donde todo era o la iglesia o el hambre, es en tiempo de guerra... No se sabía qué iba a pasar y había días en que no había colegio, porque había un problema y había que bajar al refugio.  ¡Se van acumulando cosas!
El tiempo vuelve pedazos todo eso, y es el paso siguiente que voy a dar. 



                                                  Sergio Esteban Vélez, David Manzur y Belisario Betancur


¿Y cuál fue el momento, después de tantos años de incubación, en el que se decidió a dejar que brotara esta nueva etapa, tan expresionista?


La exposición que hice en la Galería Mundo, en el 2004, en que presenté el último San Sebastián, la llamé el “punto cero”, queriendo decir con ello que hasta ahí llegaba al concepto de la proporción y cierto formalismo en la ejecución, el naturalismo en elementos locales, pero el absurdo en la combinación de los elementos. 
Llegué al punto cero, y el trasfondo sigue siendo ese colchón de retazos tremendo.  Hay un presente siempre, posiblemente una emoción de momento más fuerte, y el presente siempre trata de borrar esos recuerdos, pero no se borran.  Tal vez lo que uno hace es una mínima parte de lo que hay en el cerebro, pero el paso que viene no es otra cosa que, con esos pedazos, construir las nuevas formas. 
Entonces, aparecen esas ciudades oxidadas, esas figuras imposibles, esos recuerdos, mis amigos judíos que murieron en campos de concentración...
No se necesita hacer cambios muy grandes: un San Sebastián evocando esa época renacentista se cambia por cualquiera de esos mártires en los campos de Aushwitz, y sigue siendo un San Sebastián.


¿Y Por qué romper la proporción, en esta etapa de su obra?


Porque se libera uno, y esa libertad es un paso adelante.  A pesar de la edad que tengo, tengo, tal vez, más ganas, más inquietud, más curiosidad, más rebeldía, que cuando tenía veinte años.  



                                                               David Manzur y Sergio Esteban Vélez


¿Cómo definir ese trasegar incesante suyo por estilos tan diversos, hasta, después de tantas exploraciones, llegar a estas “Ciudades oxidadas”?


Uno es el mismo, de todas maneras, pero uno, si analiza todo lo que ha hecho, llega a un punto, sube a otro, baja, explora aquí y allá.  La contemporaneidad sí tiene eso: una informática tan simultánea, que ese cuento del estilo como repetición de un sistema es la mentira más grande que ha habido. 
Empecemos por Picasso: él nunca se comprometió con un estilo.  Todo lo de él lo unifica, pero hay que ver las diferencias de sus propuestas, y lo mismo le pasa a cualquier artista contemporáneo.  Yo no soy ajeno a millones de circunstancias, anímicas y visuales, que hacen que yo tenga la necesidad de expresarme cambiando a cada rato.    A mí, me parece que sería grave que, en homenaje a un estilo, lo que encontrara fuera una especie de fórmula o sistema, para que Manzur fuera una determinada cosa y no se pudiera salir de ahí. 
No.  Yo rompo. Y, en este momento, es impredecible lo que pueda venir.


Siento, además, que, ahora más que nunca, está representando las cosas como son por dentro...


Ojalá lo lograra así, en el sentido de que llegara, no a la dimensión visual, sino a la esencia de todas las circunstancias, que, en cierta manera, serían el fruto de lo que lleva uno por dentro, en el trasfondo.


¿Qué es lo más significativo, en su trabajo actual, en el cambio en el espacio compositivo, los puntos de fuga y la escala de los elementos?


“Las ciudades oxidadas”, por encima de esos detalles técnicos relacionados con la perspectiva, es un concepto de algo que se destruye, y a veces no necesita los apoyos de los elementos básicos de una perspectiva. 
Yo tengo,  por ejemplo, unos dibujos en los que el fondo está limpio, no hay nada, y allí no hay problema... Pero generalmente, cuando hablo de Ciudades Oxidadas son sugerencias de ciudades que se combinan con barcos hundidos, pues a mí se me quedó grabado de por vida, cuando yo jugaba en “El Antoñico”, que era un barco encallado en Guinea Ecuatorial, el color del óxido bañado por la luz del sol de la tarde, que marcaba un efecto tal, que no solamente era visual sino anímico.  Entonces, vienen estas imágenes, y el recuerdo viene a hacer un papel muy importante, fundiendo ideas: ciudades oxidadas con barcos hundidos; colores de óxido iluminados con luz de sol; espuma de mar blanca, contra el azul que golpea contra el óxido... la alegría, la soledad, el sentirme dueño del barco, el miedo a que la marea suba y me coja... Es como si fuera una regresión.  Y eso, justamente, me da trabajo, porque estas condiciones no siempre afloran, y, si no afloran, no las siento...


¿Por qué, en los fondos de “Las ciudades oxidadas”, continúa esa insistencia tuya por pintar las atmósferas crepusculares?


En los últimos cuadros, he buscado unos cielos que se acomodan más a esa imagen que tengo en la mente grabada, de un lugar donde el cielo no tiene crepúsculo, sino que va degradando en luz... algo ambarino o nebuloso, donde todo es oxidado, como en esos talleres de hierro y de chatarras.  Sí, es una necesidad que no sé por qué es.


¿Cómo es eso de que ahora va a incursionar nuevamente en la escultura?


Yo paso a la escultura, sin ningún problema, porque, en el fondo, yo pinto siempre con sentido de volumen, bien sea general, creando perspectiva, o local, cuando el elemento tiene volumen, pero el fondo es plano. 


DESTACADO


“Los primeros ensayos de esta etapa son las apreciaciones del recuerdo de los Campos de Concentración, como respuesta casi subconsciente a cosas de las que vine a enterarme después, porque, cuando era niño y las tenía muy cerca, no las sabía.  Entonces, en este campo de ‘Las ciudades oxidadas’, todo eso existe”.


DESTACADO:


“En ‘Las ciudades oxidadas’, he estado muy consciente de un aspecto que ya nos está preocupando a todos, que es
el deterioro ambiental.  M me impresionó mucho el viaje a la India, porque allá hay ‘Ciudades oxidadas’, pero se me olvidó que aquí están también, tugurios tan tenebrosos como los de la India”.


EL MÁS EXPRESIONISTA DE SUS PERÍODOS


Sobre el naciente trabajo expresionista de Manzur, el crítico Eduardo Serrano afirma que: “Para Manzur, en este momento, a comienzos del siglo XXI, es más pertinente la comprensión y dominio de las enseñanzas de la humanidad, que experimentar con nuevos materiales o buscar innovaciones estilísticas, de la misma manera que es más importante la comunicación de sentimientos y emociones, que la comprobación de proyectos y teorías.  En su trabajo se subraya la gran diferencia que existe entre originalidad e improvisación (y de ahí su señalado interés por el automatismo surrealista), al tiempo que se enfatizan, por una parte, la sensibilidad artística y social, y por otra parte, el ensueño y la memoria, como recursos creativos de insospechado poder”.

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Entrevistas
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