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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

28 mayo 2009 4 28 /05 /mayo /2009 09:14

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ


El Mundo, 6 de agosto de 2008

 

Hoy, se celebran los 80 años del nacimiento de Andy Warhol.  La polémica obra de este artista homosexual y sicodélico, introvertido pero irreverente, cambió el rumbo del Arte Mundial. 

 

Los amantes del Pop Art están de fiesta, pues hoy se cumple el octogésimo aniversario del nacimiento de su máximo ícono, Andy Warhol (1928 – 1987).  21 años después de su muerte, Warhol continúa llenando museos y páginas de prensa y de libros y no ha perdido, ni en lo más mínimo, su lugar, como uno de los más importantes artistas plásticos del siglo XX. ¡Y a él sí que le queda bien el adjetivo de “plástico”! 

Todo indica que los 15 minutos de fama por los que él abogaba para todas las personas, en su caso particular se han extendido por medio siglo.

Muchos coinciden en que Warhol fue un vividor ingenioso, que supo, gracias a su agudeza perversa, mofarse de la humanidad y aprovecharse de la confusión que el hombre culto estaba sufriendo en su época acerca de la Cultura y el Arte.

El historiador del Arte Alan Blackwood, en su selección de 20 grandes pintores de la Historia, dice que: “Los artistas en la Historia han pintado escenas bíblicas, han tallado estatuas majestuosas, han expresado sus sentimientos y sus pasiones o han representado los secretos escondidos de la mente.  El estadounidense Andy Warhol usó como modelos objetos de la vida diaria, como latas de sopa, cajas de detergentes o botellas de plástico, para mostrarnos un aspecto muy diferente de la vida. (...) El Pop Art de Warhol ha sido tan revolucionario en nuestro tiempo, como lo fueron el Impresionismo, el Cubismo o el Surrealismo en otra época.  Nos ha mostrado las cualidades buenas y malas de la actual sociedad industrial de consumo, y por su originalidad ha influido en el diseño tradicional”.

En 1963, luego de haber pintado íconos de consumo norteamericanos como la lata de sopa Campbell´s, la botella de Coca Cola y a Marilyn Monroe y otras “estrellas”, Andy Warhol compró una cámara de 16 mm. y dio comienzo a un período cinematográfico de 5 años, durante el cual dirigió, entre cortos y largometrajes, más de 100 filmes.  Estos incluyen una serie de películas mudas, como Sleep (Dormir), Kiss (Beso), Haircut #1 (Corte de pelo #1), Eat (Comer); Blow Job (Fellatio), Empire y Cowboys. 

Al mismo tiempo, entre 1964 y 66, realizó una singular serie de retratos filmados de 3 minutos: aproximadamente 500 películas mudas, en blanco y negro, que luego fueron intituladas Screen Tests (Pruebas cinematográficas).

Sus obras consisten en la recuperación de imágenes cotidianas o populares, de comunicación directa, donde cualquier persona podía reconocer una forma, un color y un significado.  Su fuente: la cultura de masas: filmes, anuncios publicitarios, historietas (Warhol primero desarrolló con éxito una serie de arte, a través de cómics, pero luego dejó este estilo, pues ya estaba siendo utilizado por Liechtenstein), revistas de espectáculos, música Pop y productos industriales, poniéndolas al servicio de una nueva creación, que deja atrás lo hermético y elitista del arte.

“Esta orientación estética implica el uso de nuevos materiales y estrategias que privilegian la velocidad de producción, como la serigrafía, las viñetas, plantillas y zonas de color saturado. Emplea el dinamismo del color, la síntesis de la forma y la posibilidad de una imagen que puede ser repetida, como si se tratara de un producto industrial que permita redescubrir la vida urbana contemporánea”, dice el catálogo de una de sus exposiciones.

Warhol, quien exaltaba un mundo plástico, el de la “beautiful people” de la discoteca Studio 54 (a la cual asistía asiduamente con sus amantes masculinos), de una cultura típicamente norteamericana, dio un primer salto hacia ese “americanismo puro” cuando cambió su apellido original, Warhola (sus padres eran checos), por Warhol, más “cool”, más americano, según él; pero, en su fuero íntimo, más allá de toda su extravagancia flamboyante, seguía siendo el mismo adolorido hijo de inmigrantes, que se encerraba en casa de su madre, a rezar con ella el rosario.

Organizaba en su “factoría” frecuentemente “Coloring partys”, en los cuales los invitados intervenían rellenando con diversos colores sus dibujos.  Al final, las hojas se firmaban y se numeraban para indicar ediciones limitadas, modificando la idea de originalidad. 

Sus declaraciones a la prensa y su estilo de vida siempre causaron escándalo y acrecentaron su fama.  Sus frases burlescas camuflan un hondo pensamiento filosófico, acerca de la realidad del mundo y de la sociedad.

Su idea de representar en colores kitsch a los grandes actores y cantantes no tardó en ser adoptada por artistas de muchos países, que hicieron acrecer este género artístico.  En Colombia, para el nacimiento del Pop Art fue decisiva la obra de la pintora antioqueña Dora Ramírez, quien, con su serie “Mitos”, marcó el principio de este estilo en el país, el cual progresaría con Juan Camilo Uribe, Óscar Jaramillo, Álvaro Barrios, Antonio Caro, Javier Restrepo (y algunos períodos de Caballero, Santiago Cárdenas y Ana Mercedes Hoyos) y llegaría a su más alto escaño con las figuras de Maripaz Jaramillo y Beatriz González.   

Acerca de Warhol, su discípula indirecta Maripaz Jaramillo dijo a EL MUNDO que: “Me parece que es un artista importantísimo que abrió muchos caminos. Si él viviera hoy, estaría absolutamente realizado con los computadores, porque él trabajó muchísimo con la fotografía.  Muchas de las cosas que yo he hecho, él las hizo también, como lo es trabajar con lo popular y con los personajes.  Él tomó ciertos puntos que para mí son muy importantes”

Paradójicamente, las obras de este artista, que nos ponen a pensar acerca del consumo se convirtieron en un objeto más del mismo consumismo y, por estar de moda en varios períodos, se tornaron también en símbolos de estatus y capacidad adquisitiva para sus propietarios.  El mundo entero se llenó de la obra gráfica de Warhol, que era distribuida en grandes cantidades por los principales mercados artísticos del orbe. Ejemplo que nos muestra aquellas dimensiones es que en su taller, un viejo cuartel de bomberos en New York, que bautizó “The Factory”, solamente entre 1962 y 64 llegó a producir más de 2.000 obras.

La escritora Olga Elena Mattei, columnista de EL MUNDO, nos dijo que: “Conocí a Warhol en Nueva York.  Él se burló de las sociedades más sofisticadas y exigentes e hizo las patanadas que le vinieron en gana y se volvió famoso e importante por eso, por sus “happenings”, sus filmaciones, sus reuniones entre amigos transmitidas al público, orgías, declaraciones en prensa, sus vestimentas, su peinado, su estilo de vida.  Al principio, tuvo aciertos geniales, especialmente en una serie sobre accidentes violentos y fatales. Muy dramático, crudo e impactante.  Pero en esa serie él todavía se disciplinaba en cuanto al oficio del arte y trabajaba en su lenguaje y medios de expresión y plasticidad; después, se salió por la línea facilista”

“Una idea inteligente fue la de pintar los elementos del consumo.  Pero no para repetirla hasta la saciedad, explotándola hasta dejarla enjuta.    A cada una de las pocas ideas ingeniosas que tuvo, la exprimió demasiado, hasta que perdieron su sabor, su mordacidad (...) Se inscribe dentro de la crítica que los sociólogos hacen al consumo (idea que no es de él) y empieza a acusar los pecados de ese consumismo con imágenes fuertes, de producción simplista y repetitiva.  Warhol no idealizo la cultura americana, la ridiculizó”, continúa Mattei.

“Desde el punto de vista formal e ideológico, el nuestro (el colombiano) es un Pop Art muy distinto.  Warhol presentaba los elementos del consumo, dentro de su propio rechazo, como diciendo: ´Es ridículo que la para la humanidad una marca y un producto sean un icono, un ídolo.  Como es posible que la humanidad se muera por una lata de sopa Campbell´s”, puntualiza la escritora.

Con Warhol queda claro, una vez más, que el Arte es el primer elemento de la representación del malestar de una cultura, y en su caso, se convirtió en un altoparlante para quejarse y escapar de la mordaza, para acusar o lamentarse de las condiciones sociales que se sufrían en su momento.  Warhol, al igual que los grandes artistas de la Historia, sintió la necesidad y la obligación de expresar, por medio de su arte, la debida acusación de los problemas de su tiempo.

 

FRASE DESTACADA:

 “Curiosamente, el mayor coleccionista mundial de la obra de Warhol es un colombiano, el empresario textil José Mugrabi, quien atesora más de 800 trabajos de ese artista, valorados en más de 1.000 millones de dólares”.

 

EL POP ART

 

Sin duda alguna, Warhol es el más reconocido gestor del llamado Pop Art, aparecido simultáneamente, pero de forma independiente (de 1955 a 1960), en el eje de Estados Unidos e Inglaterra.  Nos dice el crítico caldense Leonel Estrada que esta tendencia se ocupa de la ironización en el arte, de la sociedad de consumo, aunque este arte se convierte, a la vez, en un producto de la misma.  El Pop Art elevó los objetos de la vida ordinaria a obras artísticas; incorporó en su temática nuevas formas y nueva iconografía; también el arte comercial, el cine, lo urbano, las tiras cómicas, los signos, las imágenes triviales, los avisos de publicidad, las etiquetas de los supermercados, etc.  Enaltece la banalidad y se apoya en las imágenes corrientes, en el lugar común, en lo trivial; en lo sacado de la televisión, de las revistas, de la moda...

En su momento, el Pop Art fue una vanguardia juvenil y transitoria, para una sociedad que no reaccionaba sobre causas y efectos.  Su nombre lo dio el crítico inglés Lawrence Alloway, en 1956.  Equivale en Europa al “Nouveau Realisme”, de Pierre Restany. 

Además de Warhol, sobresalen entre sus militantes las figuras de Rauschemberg, Rosenquist, Jasper Johns, Oldemburg, Segal y Liechtenstein, como anota el crítico Estrada.

 

ANDY WARHOL

 

Detrás de esa peluca sicodélica,

de esa pose burlesca

que ridiculizaba

tu platinada América,

de ese afán porque el mundo sufriera

por tus frases eléctricas,

por tus fiestas patéticas,

rugía una tormenta:

Exiliado en la Tierra,

no podías hallarle

sentido a esta viandanza,

no encontrabas sosiego

en nada:

ni en los vanos placeres que exaltabas,

ni en la vaga experiencia

vacía

de la fama.

Orabas, como un niño triste,

porque el amor no llegaba,

y ningún barbitúrico

hizo dulces tus lágrimas

violetas

de anilina,

por más que camuflaras

de plástico tu estancia.

Contrario a los poetas,

no veías la luz de las estrellas.

Por eso te embriagaste

en aquellas luminarias

que parpadeaban

en los cielos de Hollywood,

y, entonces, las ungiste

con fucsia y con naranjas.

Y fulgió en tu orfandad

la lucidez necesaria

para cambiar tu hábitat

común de ciudadano del consumo

por la plácida paz del tecnicolor,

que obra como un narcótico

en las mentes concéntricas esclavas.

Tu compatriota Dvorak

transmutó su nostalgia

en dulces remembranzas

acompasadas,

pero tú vislumbraste “El Nuevo Mundo”,

tras cruzar un océano

de Coca Cola dorada

que escanciaba en tu abismo

Marilyn como un sol o como un ángel,

ataviada en Chanel número cinco.

Y como en un ignoto cómic cósmico

(pero no los de Liechtenstein),

con un billete verde que pintaste

dibujaste un avión ultramoderno

de la aerolínea opiácea de Morfeo

y calcaste un tiquete

para hundirte en ti mismo.

 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

 

 

 

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Artículos de Cultura
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