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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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28 mayo 2009 4 28 /05 /mayo /2009 09:12


                                                        Fanny Mikey y Sergio Esteban Vélez


SERGIO ESTEBAN VÉLEZ


El Mundo, 19 de agosto de 2008

 

Mi sensibilidad social me prohibió mentalmente utilizar este título…  Pero, en seguida, ella me susurró al oído: “!Me encanta, déjalo!”.  Y yo sé que sí, que a Fanny le habría encantado.  Así que resolví permitírmelo.   Una de las mejores facetas de Fanny era la del humor.  Fanny, que ante la vida era la mujer más ocupada y activa que jamás hubiéramos conocido, era, ante todo, una mujer divertida.  

Su entusiasmo por su labor y por aquellos en quienes se interesaba estaba cargado de buen humor.  Su rostro, en todo momento sonriente, abría el corazón de sus interlocutores, y, además de su brillo como actriz dramática, una de sus mejores cualidades histriónicas era la humorística, tanto en los papeles que escogía como en la forma en que los interpretaba, sobresaliendo su talento gestual, en donde primaban ademanes, no sólo gráciles, sino, además y sobre todo, graciosos.

Quizás, dentro de esa misma actitud, en su comportamiento, estaba su atrevida decisión de usar durante tantos aňos el cabello tinturado con ese inusitado tono rojo escarlata.   Muy atrevido, sí, pero era tal la reciedumbre de su personalidad, la importancia de su papel en la cultura colombiana y la prestancia que otorgaba su amistad, que nadie jamás osó criticar o mofarse de su llamativo aspecto, en cuanto a esta cuestión.

Pero, a pesar de ese rostro sonriente y de esa hiperactividad fecunda y satisfecha, en el fondo, Fanny albergaba un gran dolor: rescoldos de heridas causadas por la inicial incomprensión de su familia, en su adolescencia, cuando decidió hacerse actriz, y por los fracasos amorosos que, aunque todos los sufrimos en la vida, las personas tan intensas como ella sufren doblemente al tratar de superarlos.   

Sin embargo, encontró en su hijo, Daniel, el objetivo perfecto de esa enorme capacidad de amar que la inundaba.  Su hijo, su cómplice inseparable, Ana Marta de Pizarro, y todos sus demás amigos, a quienes consideraba su verdadera familia. “Amigos, todo; el resto es selva”, era una frase que solía repetir. 

Y la verdad es que en la amistad fue un ser más que afortunado: su impenitente franqueza, su generosidad, su alegría y su escondida ternura, la hacían irresistible.   Para muchos, además, era imposible no rendirse ante su vitalicia y encantadora coquetería.

Tenía la poco común cualidad del don de gentes.  Su personalidad avasalladora y la grandeza de sus ideales hacía que fuera querida y admirada por personas de todas las categorías: desde jefes de Estado, hasta el público raso, que la amaba, como actriz y como activista cultural.  Hasta un iconoclasta radical, como el escritor Fernando Vallejo, me confesó algún día que ella era uno de sus personajes favoritos.  “La labor de Fanny se me hace una obra de constancia y de tenacidad asombrosa. Nunca he conocido a alguien con una capacidad de organización y de empeño y tesón como la de ella», aseguró.

Ese mismo don de gentes, sumado a la inteligencia y contundencia de sus planteamientos y a su vertiginoso ritmo de trabajo, la llevaron a poder convencer a un amplio sector de los dirigentes del país de la imperiosa necesidad de apoyar la cultura, como base del progreso social y de la paz.  Ella logró que en Colombia avanzáramos hacia un cambio en la visión de lo que es realmente la cultura e inculcó en el alma de la gente la importancia de la estética y del arte, en un país desangrado por la guerra.

Así, pudo convertirse en la mayor “quijote” de las Artes Escénicas, en Colombia.   Nunca ocultaba la satisfacción de sentirse una “berraca”.  Recuerdo, especialmente, la función inaugural (Cimbelino) del pasado Festival Iberoamericano de Teatro, en la cual se celebraron los 20 aňos de su “acto de fe en Colombia”.   En esa ocasión, tras afirmar que: “La realidad puede estar hecha de la misma materia de nuestros sueños, la imaginación nos llevó a construir este patrimonio colectivo”, el público la ovacionó por minutos, a lo cual Fanny respondió con lágrimas de emoción. 

Esos días de Festival eran un verdadero “tour de force” para ella.  A sus 76 aňos (su verdadera edad), parecía tener fuerzas inagotables: no dormía más de 4 horas y todas las noches, después del intenso trabajo que implica la dirección general del Festival de Teatro más grande del mundo, todavía le quedaban alientos para irse a bailar, hasta altas horas.

Paradójicamente, a pesar de no haber nacido en Colombia,  se sentía más colombiana que cualquiera y asumió su nueva nacionalidad con más voluntad, conciencia y acción que cualquiera de nuestros ciudadanos.  La obra magnánima que nos deja demuestra su pasión por nuestra tierra.

Cuando, en una de las últimas entrevistas que le hice, le pregunté desconcertado por el secreto de su eterna juventud, recuerdo que me respondió que: “Lo que yo tengo no es eterna juventud, sino eternas ganas de luchar”.  Y, como ella lo quiso, trabajó hasta lo último: justamente, cuando fue hospitalizada, estaba de gira con su obra “Perfume de arrabal y tango”, la cual le causaba gran deleite, pues, por primera vez, pudo cumplir su deseo de siempre de cantar en público. 

Su incomparable constancia para alcanzar sus metas y su talento artístico hacen que, sin duda alguna, la vida de Fanny merezca más aplausos que los centenares de obras que regaló a nuestra gente.   La única manera de agradecer debidamente sus esfuerzos heroicos por hacer de Colombia un mejor país es conservando e impulsando, como uno nuestros mayores patrimonios, su nunca suficientemente admirado Festival. 

La indoblegable Fanny, eternamente “funny Fanny”.

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Artículos de Cultura
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