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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 08:06
El Mundo, 19 de Febrero de 2009

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

A raíz de la firmeza del Presidente de la República al exigir el cese del secuestro y de los demás ataques contra la población como condición sine qua non para pensar en una negociación con las Farc, ha habido una avalancha de columnas de opinión que señalan a nuestro Jefe de Estado como «enemigo de la paz» (lo hacen ver como si él fuera un matón) y exaltan el espíritu de concordia de la senadora Piedad Córdoba y de todos aquellos que piensan que es conveniente que el Estado se siente a dialogar, «de igual a igual» y sin exigencias, con uno de los más sanguinarios grupos terroristas del mundo.

Entre los personajes que se oponen a que el Presidente actúe con la máxima cautela para no ser mangoneado por los criminales, se encuentra la distinguida columnista Lucy Nieto de Samper, quien, con la mejor de las voluntades, escribió, en su pasada columna de El Tiempo: «Las Farc se han burlado del pueblo, de los derechos humanos y de los códigos universales sobre la lucha armada. Por eso, 98% del país los rechaza. Luego es inadmisible que el Presidente y sus asesores tachen de amigos de las Farc, es decir, partidarios de terrorismo, a quienes proponen diálogos de paz». 

Continúa:  «Si ‘Cano’, para posicionarse y buscar pantalla, dejó salir a 6 secuestrados, ¿por qué no aprovechar ese gesto para buscar algún camino para poner fin al secuestro, a la masacre de indígenas, al terrorismo? Creo, quizás ingenuamente, que solo dialogando, con buena fe de parte y parte, se puede avanzar. A punta de bala no se pone fin al conflicto».

Para mí, la apreciada columnista Nieto está en lo cierto cuando confiesa que tal vez sus consideraciones sean ingenuas, mucho más cuando anota que cree en la posibilidad de la «buena fe» de las Farc. 

Contrario a Jorge Enrique Botero, Hollman Morris, William Parra, Carlos Lozano (semanario comunista Voz)  y otros periodistas que nunca han ocultado su simpatía por la «insurgencia revolucionaria», no creo que, ni doña Lucy ni la mayoría de los eminentes columnistas que han atacado la actitud del Gobierno, sean amigos de las Farc.   Más bien, me inclino a pensar que son idealistas románticos que loablemente creen en el valor de la palabra como único mecanismo para lograr cambios sociales.

Nadie duda de que el camino del diálogo sea el ideal. Sin embargo, nuestra historia ha demostrado que para las Farc la palabra no vale nada.  Para ellos, los activistas de la paz no son más que tiernos «idiotas útiles», como dice Adriana Mejía, esta semana, en El Colombiano.

Es preciso recordar que Andrés Pastrana llegó a la Presidencia gracias a su bandera de buscar una paz negociada.  Y, efectivamente, su gobierno, con la más prístina intención de reconciliación nacional, hizo todo cuanto estuvo a su alcance para convencer a los terroristas de que la violencia no era el camino.  Así, Pastrana convocó a la Comunidad Internacional, a la dirigencia empresarial y política… hasta a los artistas e intelectuales , para lograr un acercamiento con la guerrilla.  Su gobierno ofreció todas las garantías posibles para el buen desarrollo de esos diálogos y, como muestra de buena voluntad, autorizó el despeje militar de la inmensa zona de El Caguán.  Son muy pocas las peticiones de las Farc a las que no accedió Pastrana, para lograr la paz.  Ni siquiera el humillante gesto de «la silla vacía» de Tirofijo, lo hizo bacilar en este esfuerzo. 

Pero las Farc se burlaron descaradamente de Pastrana y del país entero y, en vez de tomar con seriedad la trascendencia de esos diálogos, incrementaron su ofensiva contra la población y continuaron con sus secuestros, minas antipersonales, bombas, asaltos, torturas y masacres.  El Caguán se convirtió en el mayor campo de entrenamiento terrorista del mundo y en un seguro y conveniente lugar para esconder secuestrados.  El sarcasmo y la incoherencia de las Farc durante ese proceso hicieron que el mundo entero se diera cuenta de que son una organización terrorista.  Fueron tales sus malas intenciones, que hasta el mismísimo Fidel Castro, que ya ha renegado públicamente de los métodos de esta guerrilla, dice en su nuevo libro que las Farc estaban en diálogos con el Gobierno sólo para poder hacer tiempo, en pos de fortalecerse militarmente y tomarse el poder.

El presidente Uribe ha sido claro en su anhelo de buscar la paz, pero una paz seria y sin engaños, y la máxima muestra de este propósito ha sido el proceso de desmovilización de los grupos paramilitares. Gracias a eso, hoy tenemos 35.000 terroristas menos y los máximos jefes de los grupos de autodefensas se encuentran en cárceles de máxima seguridad, en los Estados Unidos y en Colombia.  Ni punto de comparación.

Las Farc ya han tenido suficientes oportunidades y han demostrado que no quieren la paz y que no van a ceder «por las buenas».  El presidente Uribe, que no es iluso, ha logrado, a través de la fuerza del Estado, que vivamos en un país mucho más seguro.  ¿Será que nuestros columnistas, que son tan inteligentes para tantas cosas, quieren un nuevo Caguán?

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=108595&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1278

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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