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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:45
El Mundo,  24 de Noviembre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

La semana pasada, estuvo en Medellín Francisco de Roux S.J., hablando sobre el perdón. El sacerdote de Roux expuso la mirada de la Iglesia acerca de este complejo sentimiento del ser humano y lo ubicó en el ámbito de la Colombia actual, sumida en el dolor de una guerra absurda, donde, como predica este hombre de paz, se hace indispensable el perdón de las víctimas, para lograr la reconciliación y el cese de la violencia.

El padre De Roux se ha distinguido por sus esfuerzos para lograr un entendimiento nacional, en pos de la fraternidad y la justicia social. Su meritorio trabajo al frente del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, que promueve una cultura de paz basada en el diálogo, lo ha constituido, sin duda, en todo un líder nacional.

Este sacerdote, de mente abierta y constructiva, se posesionó, hace pocas semanas, como nuevo Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia. Su ascenso a esta posición, que implica la dirección del destino de más de 280 jesuitas, sintoniza a la comunidad ignaciana colombiana en la onda general de renovación de “la Compañía” que fomenta el nuevo Superior General, el español Adolfo Nicolás.

Me sorprendió el hecho de que, cuando, a comienzos de este año, el padre Nicolás asumió el Generalato, la prensa colombiana en general no divulgó la noticia. Extraña omisión, teniendo en cuenta no sólo la importancia de las instituciones ignacianas en nuestro país (de Educación y Banca, especialmente), sino también el halo de poder en la Iglesia que siempre se ha adjudicado al Superior General de los Jesuitas (no es gratuito que, tradicionalmente, reciba el apelativo de “El Papa Negro”).

La elección del padre Nicolás es sólo un paso más en el camino de la consolidación del espíritu progresista y altamente teológico de “la Compañía”, que tuvo momentos cumbre en el siglo XX, gracias al trabajo de figuras intelectuales y espirituales de la talla del gran teólogo, filósofo y paleontólogo Teilhard de Chardin S.J. (famoso por su tesis de la no-oposición entre la fe y la ciencia) y el padre Ricardo Lombardi S.J., llamado “el Micrófono de Dios”, quien fue el gestor y fundador de la Democracia Cristiana en Europa, de la cual surgieron líderes de la talla de Konrad Adenauer, canciller de la Alemania de la Postguerra y De Gasperi, forjador de la nueva república italiana.

Como es bien sabido, la Compañía de Jesús lleva más de 400 años de apostolado en el Asia. Sin embargo, como me recordó, hace poco, mi amigo Antonio Cuartas, los últimos 4 decenios han sido los más representativos en el viraje de la visión ignaciana hacia el Oriente, pues los 3 últimos superiores se han impregnado del saber, la vida y el sentir del Asia (Arrupe y Nicolás, del Japón, y Kolwenbach, del Medio Oriente).

Algunos consideran que el gobierno del padre Nicolás podría ser una especie de prolongación del del antiguo superior Pedro Arrupe, no sólo por el hecho de que los dos vinieran del Japón, sino porque, desde su primera alocución como superior (en el templo de Il Gesú, de Roma), Nicolás ha manifestado su decisión de fortalecer el compromiso ignaciano de servir a los desplazados, oprimidos y necesitados, que fue, precisamente la orientación propuesta en su momento por Arrupe. Este enfoque social y de “liberación” provocó conflictos entre esta comunidad y El Vaticano, al grado de que algunos dicen que Juan Pablo II consideró la posibilidad de disolver la Compañía o de nombrarle un superior general no jesuita.

Al momento de ser electo “General”, Nicolás, de 73 años de edad, era Superprovincial del Asia.

El presbítero Luis Javier Palacio S.J., fiel lector de esta columna, me ha enviado un correo electrónico con sus consideraciones acerca de su amigo el nuevo Superior, quien fuera su profesor y director espiritual, en el Japón. Transcribo algunos apartes: “De Adolfo Nicolás pueden decirse muchas cosas buenas y ninguna mala.

Austero, devoto, de mente abierta, con sentido social, sufrió incluso la incomprensión de algunos jesuitas y jerarcas en el mismo Japón.

Esto lo llevó a evitar conflictos expatriándose en Filipinas, donde su brillante desempeño atrajo las ansias de la Provincia Japonesa de repatriarlo. Volvió triunfante y desempeñó todos los puestos importantes de la Provincia, viviendo siempre en pequeñas comunidades, en el sector pobre de Tokio, llamado Adachi. Su apostolado, además del académico, era el servicio a los trabajadores migrantes e ilegales y a los japoneses Hiyatoi (…) De un gran respeto por la libertad y autonomía de las personas, ejercía su superiorato con ‘mapas mentales’ ‘para que tú decidas’ (…) Se cree que su generalato marcará pautas para una correcta aproximación a Oriente y al desafío de su evangelización: inculturación, diálogo con el Budismo, el Hinduismo, los musulmanes, el neocapitalismo de los tigres asiáticos y sin lugar a dudas la lucha por la justicia que la fe entraña”.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=101594&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1188

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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