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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:42
El Mundo, 9 de Noviembre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Desde el pasado mes de septiembre, gracias a las denuncias de la senadora Gina Parody, columnista de EL MUNDO, se ha incluido en la agenda de los medios de comunicación el importantísimo problema de la infiltración de los grupos terroristas en las principales universidades públicas del país.

  Así, la comunidad en general ha podido vislumbrar de mejor manera ese fenómeno que ha atormentado a nuestras universidades a través de decenios.

Hemos podido ver también, en las últimas semanas, la indignación nacional, ante la iniciativa de un grupo de pro-subversivos venezolanos que inauguraron, en el vecino país, una plazoleta con el nombre del criminal ‘Manuel Marulanda’, presidida por una estatua del monstruo que por casi medio siglo sembró el terror en nuestra patria.  El Comité de Asuntos Exteriores del Senado no dudó en señalar el hecho como “apología internacional del delito”.

Este es, entonces, el momento para protestar también por el hecho de que uno de los teatros más importantes de Medellín rinda homenaje a un guerrillero. ¿Cómo es posible que no se haya actuado eficazmente en pos de que el gran Teatro Universitario (con capacidad para más de 1.500 espectadores) no sea identificado como “el Camilo Torres”?

Aunque oficialmente el Consejo Superior de la Universidad no ha bautizado el Teatro con el nombre del fallecido subversivo, este puede leerse en un inmenso letrero, a la entrada del edificio y en una placa conmemorativa estratégicamente situada. Además, en los programas, tarjetas y circulares de los eventos y congresos que se realizan en este auditorio y en las publicaciones en prensa referentes al Teatro casi siempre se le señala con el nombre del guerrillero.  Varias publicaciones oficiales y la página web de la misma universidad también caen en este error. Todo esto ha llevado a que en la memoria colectiva de nuestra comunidad inmediatamente se asocie ese teatro al nombre de Camilo Torres Restrepo (que no Camilo Torres Tenorio, prócer de la Independencia ).

La gente de la Universidad de Antioquia se ha acostumbrado a encapuchados con armas de fuego que intimidan a estudiantes y empleados, dañan y hurtan equipos, asaltan cajeros, quiebran vidrios y lanzan bombas.  De esas «protestas», han resultado varios estudiantes muertos y múltiples heridos entre los agentes de la Fuerza Pública.

Todo esto debería alentar al Consejo Superior a reaccionar, aprovechando que en estos momentos el país entero se ha unido para marchar contra las barbaries de la guerrilla, contra ese accionar violento que eligió Torres como forma de vida.  No podemos olvidar que aquel sacerdote que traicionó los más elementales principios cristianos murió cuando intervenía en una emboscada, con otros 34 guerrilleros del ELN, contra un destacamento del Ejército Nacional.  En aquel atentado contra las fuerzas legítimas y democráticas, aunque Torres y los demás delincuentes lograron aniquilar las tropas del Estado, un militar herido pudo defenderse y dio de baja a Torres, que se había apresurado a ir a recoger las armas de los soldados que habían asesinado.  Ese combate se produjo el 15 de febrero de 1966, un mes antes de las elecciones presidenciales de ese cuatrienio, frente a las cuales Torres Restrepo predicó una abstención “activa, beligerante y revolucionaria”, entendiendo por “revolucionaria” la idea de tomar las armas y desestabilizar al país, más allá de que en esos comicios se daba por seguro ganador a Carlos Lleras Restrepo, primo de su madre y hombre que evidentemente reunía un perfil integral de estadista.

En pos de que no haya confusión y quede claro que el Alma Máter no hace ninguna invitación ni apología al terrorismo, sería necesario que se escogiera, lo más pronto posible, un nombre para el “Teatro Universitario” y que se hiciera el pertinente despliegue mediático.

¿Por qué adjudicarle al Teatro el nombre de este personaje, que ni siquiera es antioqueño ni hijo de la Universidad de Antioquia, cuando del Alma Máter han salido figuras realmente importantes, que han dado gloria al país, desde todas las vertientes ideológicas y políticas?

El otro gran teatro de la ciudad, el Metropolitano, lleva el nombre de un pacífico y progresista egresado de la U de A: José Gutiérrez Gómez, quien, contrario a ser un ícono inspirador de los terroristas, fue un prohombre que entregó su vida a la causa del desarrollo y de la justicia social y que dejó a nuestra comunidad obras tan importantes como Comfama, el Sena, la Andi, la Clínica Cardiovascular , Eafit y el mismo Teatro Metropolitano.  ¡Ni punto de comparación!

Si los representantes de la fracción comunista del estudiantado se impusieran en su deseo de exaltar a un líder de izquierda, bien se podría emular a la Universidad Nacional de Medellín, que bautizó su auditorio con el nombre de Gerardo Molina, representante de una izquierda inteligente y con argumentos.  Pero, mucho mejor, ¿por qué  no imitar a la Nacional de Bogotá, que ha enaltecido su bello auditorio al darle el nombre de un poeta, León de Greiff?  ¡No a las balas, sí a la palabra!

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=100336&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1173

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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