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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 07:40
El Mundo,  2 de Noviembre de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

Entre los mensajes que recibí, acerca de mi pasada columna, “Iglesia vs. nazismo”, se encuentra uno del Pbro. Carlos Andrés Muñoz, sacerdote de la Arquidiócesis de Medellín, quien exalta el hecho de que sean los laicos quienes expongan los argumentos que confirman que la Iglesia Católica, en vez de apoyar al nazismo (como se ha pregonado por decenios), hizo una valerosa labor de denuncia y de protección a las víctimas potenciales del mismo.

En su mensaje, el Padre Carlos Andrés me exhorta a escribir acerca de los mártires católicos del Holocausto, que, como él mismo dice, “son prueba de que la Iglesia también sufrió en carne propia ese tiempo de terror”.

A pesar de que no es mi costumbre escribir varias columnas sobre un mismo tema, considero pertinente atender la cordial invitación de este sacerdote, teniendo en cuenta que no podemos ahorrar esfuerzos por concienciar acerca de los peligros del nazismo, en estos días en que siguen surgiendo en el mundo grupos neonazis y de “Cabezas Rapadas”. Todos sabemos que el nazismo y la xenofobia son deplorables desde cualquier punto de vista ideológico respetable; por eso, conociendo la gravedad de las acusaciones que se han hecho contra la Iglesia, es necesario continuar aclarando hasta dónde llegó el compromiso de sus jerarcas, en contra de las siniestras políticas de Hitler.

Y, más allá de las consideraciones que presentamos en días pasados, está, como comenta el P. Carlos Andrés, la historia de centenares de sacerdotes y religiosas que se consagraron en esos años a esconder y a defender a los judíos, a pesar de que con ello se estaban jugando la vida.

Como el espacio es limitado, nos centraremos en dos casos: Maximiliano Kolbe y Edith Stein.

Maximiliano Kolbe (hoy canonizado) fue un sacerdote franciscano, quien durante la II Guerra fue apresado por los nazis y confinado en el campo de concentración de Auschwitz. En una ocasión, un preso se fugó de dicho campo. La ley de los nazis preestablecía que por cada preso que huyera debían morir 10 de sus compañeros. Hicieron el sorteo de los que debían perecer, y uno de ellos imploró piedad, pues tenía esposa e hijos. Entonces Fray Maximiliano se ofreció a ocupar el lugar del condenado, a sabiendas de que esto representaba tener que morir de hambre, en un sótano. El oficial aceptó el intercambio y Fray Maximiliano fue encerrado con sus 9 compañeros. Durante los días en aquel lugar, se entregó a la oración y brindó ayuda espiritual a los otros, que fueron muriendo de hambre. Días después, el único que quedaba vivo era él; entonces, los nazis, que necesitaban el lugar para la muerte de otros presos, acabaron con la vida del franciscano, aplicándole una inyección de cianuro, en agosto de 1941.

Edith Stein fue una judía de Breslau (ciudad natal de Hitler), que después de graduarse como filósofa y de una intensa crisis religiosa, se convirtió al catolicismo, sirvió en el magisterio e ingresó a la vida religiosa como Carmelita, con el nombre de Hermana Teresa Benedicta de la Cruz. En medio de la II Guerra, fue trasladada a un convento en Holanda para proteger su vida de los hitlerianos, pero tras la invasión alemana a ese país, en 1942, ella y su hermana, también carmelita, fueron capturadas por los agentes de Hitler y llevadas a los campos de concentración de Amesfort y Westerbork, en compañía de otros 15 religiosos católicos.

Luego fueron conducidas a Auschwitz, donde murieron, en la cámara de gas. Fue beatificada por Juan Pablo II, en 1987, y canonizada, en 1998.

¡Y ellos son sólo dos, entre la multitud de religiosos católicos que perecieron mártires de las crueldades del nazismo! Vale decir, además, que, contrario a lo que han divulgado algunos seudo periodistas y seudo historiadores, no son los sacerdotes católicos, sino los pastores protestantes de la época, quienes pueden ser sospechosos de alianzas con los Nazis. Investigaciones serias han concluido que fue significativa la colaboración de diversos grupos evangélicos con Adolfo Hitler. Refiriéndose a esto, Paul Johnson, en su “Historia del Cristianismo”, escribe: “De un total de 17.000 pastores evangélicos, nunca hubo más de 50 que cumpliesen penas prolongadas (por no apoyar a Hitler)” (…) “Susannha Heschel, profesora de Estudios Judaicos, descubrió algunos documentos que demuestran que el clero luterano, evangélico, deseaba y ansiaba apoyar a Hitler. Según ella, los líderes clericales (protestantes) rogaron que se les concediera el privilegio de desplegar la esvástica hitleriana en sus iglesias. La abrumadora mayoría de los eclesiásticos no fueron colaboradores obligados, como lo revelan las pruebas, sino apoyadores fervorosos de Hitler y sus ideales arios”.

Pero la que pasó a la Historia como “la mala” fue la Iglesia Católica...

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=100186&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=1166

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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