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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 05:43
El Mundo, 18 de Abril de 2008

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

El pasado martes se cumplieron 180 años del fallecimiento del pintor español Francisco de Goya (Fuentedetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos, Francia, 1828). De su obra inmortal, muchos destacan su faceta como retratista, mientras para otros, el mejor Goya es el pintor religioso. Unos se embelesan con sus “Majas”, mientras otros vibran con sus “Pinturas negras” y algunos se sobrecogen con las dolorosas estampas de “Los desastres de la guerra” y de sus “Fusilamientos”, invaluables testimonios históricos, que, precisamente, en este 2008, están de bicentenario (por lo cual, el Museo del Prado inauguró, el 11 de este mes, la gran exposición “Goya en tiempos de guerra”, con casi 200 obras de aquel período del artista).

Sin embargo, para este columnista, la obra con la cual el pintor de Zaragoza logra llegar más hondamente a la esencia del mundo y del ser humano, con un bellísimo feísmo, es la serie de los tenebrosos “Caprichos”, que desarrolló en el último decenio del siglo XVIII.

Goya es, sin duda, uno de los mayores artistas de la Historia (del cuarteto “de Oro” de pintores españoles que marcaron los rumbos del Arte Universal, con El Greco, Velásquez y Picasso) y puede considerársele el gran predecesor de la revolución del arte desde el sentir y ver en el cerebro (que llegaría a su máxima expresión, con las vanguardias pictóricas del siglo XX).
Son bien conocidas su negación al academicismo y su maestría, cuando pretendía pintar conforme las preceptivas del mismo.

Él, pintor de cámara de tres reyes, cuñado de Bayeu, director de la Real Academia de San Fernando, amante de la Duquesa de Alba... era el artista atormentado por los altibajos del devenir, en las posiciones y los juicios que alcanzaba en su medio. Y de su profundo “pathos” alimentado con tales vicisitudes y envenenado por el ambiente que respiraba, surgieron los sarcásticos “Caprichos”, que inicialmente se llamaron “Sueños”, haciendo alusión a Quevedo. Y es que el pintor camufla como sueños las imágenes reproducidas en estos grabados, que, bien sabemos, no son más que la asqueante realidad, vista por quien tiene el suficiente valor para enfrentarla.

Su honda lucidez para el análisis (camuflada en locura) desciende hasta lo más bajo de la presencia del hombre en la sociedad. Estos siniestros “Caprichos” (con una gran calidad en el manejo del aguafuerte y el aguatinta) muestran la corrupción y la ignorancia de nobles y plebeyos, pretenden adentrarse en el corazón frívolo de la mujer y se mueven por las distintas esferas sociales: desde las prostitutas, hasta los aristócratas (a quienes muestra como burros), los clérigos libidinosos y ladrones y las brujas y duendes malignos. Se burla de los títulos de nobleza y denuncia los crímenes de la Inquisición y el goce de la chusma.

Pintor anárquico, crítico, pesimista, exhibe las precarias condiciones de higiene en los burdeles, la lascivia, la superstición, la vanidad, el orgullo, la superficialidad y la hipocresía de la comunidad, en sus esferas varias y es el primer artista en tratar directa y profusamente el tema de la brujería.

En algunos de los grabados, puede verse a una mujer, que ha sido identificada por muchos como la Duquesa de Alba (gran amor de Goya), pero se cree que no se trata de esta y que en el único grabado en el que se alude a ella es en el intitulado “Volaverunt”, que daría pie a la película del director Luna, una de las muchas que se han producido sobre Goya.

Muy cercano al movimiento de la Ilustración, nuestro pintor se esfuerza por hacer notar que, por más que se haga, España continuaría sumida en un oscurantismo medieval. Expone las bodas por interés o por política, el duelo entre la muerte y el amor, el contrabando, el alcohol y aborda temas tan actuales como la corrupción de los empleados públicos o los abusos sexuales de los eclesiásticos.

Sin duda alguna, estas obras representaban para Goya un grave peligro, pues podía ser procesado por la Inquisición, por lo cual prefirió ser precavido y las retiró del mercado, las ocultó por algún tiempo y las obsequió al rey Carlos IV, a cambio de una pensión vitalicia para su hijo único.

Beatriz González asevera que, para ella, el mejor de los grabados es aquel de “El sueño de la razón produce monstruos”, en el cual se ve a Goya dormido, mientras a sus espaldas aletean siniestros murciélagos demoníacos. ¿Sueños?

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idedicion=963&idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=82197&imagen=070627080650sergio.jpg&vl=1&r=opinion.php

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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