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  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
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  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
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17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 04:54
El Mundo, 14 de Noviembre de 2007

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

La legislación francesa de 1977 fue la primera en considerar la prohibición de los sondeos de intención de voto y los de cualquier tema ligado a las campañas electorales.

Desde entonces, diversos países, sobre la presunción de que el ciudadano es blanco fácil de manipulación y de que los medios conspiran para conducir su voto, han sancionado leyes para suprimir sistemáticamente la realización de esta clase de encuestas (es el caso de Japón, Corea, Brasil o Sudáfrica) o para evitar su divulgación en períodos de hasta 30 días antes de elecciones (Ecuador, El Salvador, Indonesia, Luxemburgo, Turquía, Canadá, Italia...)

Las encuestas han demostrado ser un eficaz instrumento para orientar la intención de voto hacia los candidatos favoritos de los medios de comunicación y de los emporios económicos de los que estos dependen. Por esto, diversos analistas han hecho énfasis en la necesidad de que en Colombia se apruebe una ley que prohíba o por lo menos regule drásticamente la realización y divulgación de los sondeos preelectorales, en pos de crear un espacio temporal prudencial para que los electores puedan centrar su atención en las propuestas de los candidatos y no en los puestos que ellos ocupan en las encuestas.

Ha sido frecuente observar que los medios que publican encuestas toman partido al exponer el resultado. Ya no se trata de dar a conocer objetivamente una información, sino que al exponerla la hacen suya y la defienden, dando incluso argumentos adicionales para provocar un efecto.

La ineficacia de las encuestas, en la pasada contienda electoral, ha despertado dudas sobre la independencia de las encuestadoras y sobre la moralidad en el quehacer de las mismas. Algunos no vacilan en afirmar que muchas de las encuestas se alejan de ser investigaciones objetivas sobre la opinión pública y fueron mandadas a hacer por personas cercanas a algunos candidatos, como herramienta estratégica para el triunfo, con la finalidad, no sólo de inducir a la gente a votar por estos, sino también para hundir, de modo aberrante, a los demás contendores, cuyas campañas, ante la baja preferencia electoral divulgada, se quedan sin patrocinadores (nadie apoya a un seguro perdedor) y, como consecuencia, sin recursos para contratar la publicidad necesaria que les ayude a difundir sus ideas, ni para lograr en la comunidad la presencia general deseada ni el cubrimiento adecuado en la logística del día de elecciones. Los líderes comunales también abandonan a los candidatos que no salen bien librados en las encuestas y, para obtener prebendas, se parcializan a favor de los que vayan ganando. El público en general, por otra parte, quiere sentirse ganador, por eso, al conocer las encuestas, vota “como Vicente”, y no por convicción ni por ideología.

Son especialmente interesantes las consideraciones al respecto de tres ex alcaldes de Medellín, los doctores Bernardo Trujillo Calle, Evelio Ramírez Martínez y Sergio Naranjo Pérez, quienes han manifestado su preocupación ante el manejo de las encuestas en el país.

Trujillo Calle afirma que: “Las encuestas están resultando ser una farsa peligrosa para la democracia. La cabalgata alocada de ellas antes de una elección se convierte en vehículo de desinformación. Hace falta una ley que las regule o las prohíba” (EL MUNDO, 3 de nov).

Según él, que dice que “el voto útil es el voto de los inútiles”, las encuestas maniobradas distorsionan la realidad electoral y constituyen un juego sucio y antidemocrático cargado de emotividad (y, lógicamente, de dinero), por parte de los medios interesados en divulgarlas y se están convirtiendo en un mecanismo tramposo, para hacerle campaña a un candidato, en perjuicio de los demás, “una masacre política”, como diría el columnista Fabio Villegas.

Por su parte, Ramírez Martínez (EL MUNDO, 1 de nov.) asegura que: “Sobre las encuestas de opinión, es necesario que el gobierno tome medidas y establezca severa reglamentación, pues no es admisible que con el argumento de que su control constituiría un atentado contra la libertad de expresión, se esté auspiciando la aparición de falsos sondeos, con los cuales lo que se pretende es manipular esa misma opinión”.

Vigente la ley de libertad de prensa, se prohíben, sin embargo, la difamación, la calumnia, la injuria o la violación de la privacidad, sin que nadie salga a argüir que eso vaya contra la libertad de expresión.

Sergio Naranjo, además, señala los inmensurables daños que las encuestas viciadas producen en el debido desarrollo de la democracia y cómo las encuestadoras hacen preguntas sesgadas, según sus intereses.

Para finalizar, nos unimos a la pregunta al respecto del columnista Rodrigo Puyo: “¿Hasta dónde deben aceptarse democráticamente estas actuaciones irresponsables y deformadoras de la opinión publica?”.

 

 


http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=69457&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=806

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Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
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