Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

Presentación

  • : El blog de Sergio Esteban Vélez
  • El blog de Sergio Esteban Vélez
  • : En este sitio, la cultura es protagonista. Se puede apreciar lo mejor del arte y de la literatura colombiana, a través de entrevistas a sus mayores representantes y de más de un centenar de artículos sobre el trabajo de los mismos. También hay un espacio para la Historia, la Política y la Lingüística, además de una compilación de la obra poética que el autor ha desarrollado desde su niñez, cuando ya publicaba libros y era admirado en su país como "el Niño Poeta".
  • Contacto

Visitas

contador de visitas

Búsqueda

El color según los maestros

Guerra, Padura y Manet

17 mayo 2009 7 17 /05 /mayo /2009 03:25

El Mundo, 10 de Julio de 2007 

SERGIO ESTEBAN VÉLEZ

En estos días, en que Colombia entera se ha unido y ha marchado para exigir la liberación de los secuestrados (y muy especialmente la del niño Emmanuel), es de la mayor urgencia que a este clamor unamos un grito de presión por el rescate de los niños enfilados por los grupos armados ilegales, esos impúberes prisioneros que no nos dejan vislumbrar un futuro de mayor armonía y equidad.

Al pensar en estos niños sin infancia, me parece conveniente hablar sobre el desgarrador y brutal panorama que nos muestra Guillermo González Uribe, en su libro “Los niños de la guerra”. La obra, que ganó en el año 2002 el Premio Planeta de Periodismo, es la compilación de una serie de entrevistas que hizo el autor a niños guerrilleros y paramilitares que han desertado de los grupos subversivos o han sido capturados en combate.

Once niños maltratados, destruidos psicológicamente relatan las experiencias de sus vidas y enseñan al lector la, para muchos desconocida, realidad del conflicto armado en nuestra patria. Son niños pobres, campesinos, cuasianalfabetas, generalmente víctimas de la violencia intrafamiliar y los demás gravísimos problemas que afectan a los estratos de la más infrahumana calidad de vida en el país. Se rememoran los abusos físicos que padecieron, las enfermedades y carencias; y se describen la alienación que les impusieron los grupos armados, las torturas mentales y espirituales, las múltiples experiencias sangrientas que los situaron prematuramente en el papel de adultos (y lo peor: ¡de despiadados asesinos!).

Estos muchachos, involucrados a la fuerza en la crueldad sacrílega, explican cómo aprendieron a familiarizarse con el olor a sangre, cómo consiguieron acostumbrarse a matar y torturar para después dormir plácidamente. Un adolescente paramilitar, entre sus muchas anécdotas, recuerda uno de los asesinatos de su grupo: “A ese man le pegaron una matada que nunca le habían hecho a alguien. Lo cogieron, lo amarraron, lo torturaron, le sacaron los dientes con un alicate, hasta que no quedó ni uno. Dentro de las uñas le metieron alfileres y a lo último le arrancaron las uñas y empezaron a quitarle partecita por partecita. Ya cuando empezó a agonizar, a lo último, lo metieron dentro de una caneca y le echaron llantas y gasolina, lo taparon y listo, se quemó”.

Con los ojos desorbitados, una jovencita, que fue paramilitar y guerrillera y que “quedó alérgica al color rojo por tanta sangre que vio”, manifiesta su angustia por los recuerdos dolorosos que retumban en su cerebro y no la dejan en paz: “Y me tocaba capar hombres. Uno les pone una bolsa plástica en la cara para que no miren lo que uno les está haciendo, para que sientan simplemente el dolor; luego los capa, los raja y les pega un tiro cuando se están muriendo del dolor. Por eso es que para mí es durísimo ahorita olvidar todo eso”.

Y, efectivamente, será demasiado difícil borrar la impronta que los grupos violentos han dejado en las profundidades psíquicas de los niños combatientes y de aquellos otros que están ahora en centros de resocialización y educación y buscan encontrar el camino recto, para algún día sentir que pueden mirar a los ojos a la comunidad (y a ellos mismos).

Esta vileza contra nuestros niños y su inclusión en esta guerra absurda son asuntos que, sin lugar a dudas, deben indignarnos e impulsarnos a hacer todo lo necesario por su recuperación. Por eso nos adherimos al mensaje de la poeta Olga Elena Mattei, que canta: “No lleves los niños a la guerra/ no fuerces a los niños/ a presentar su pecho/ por delante/ de tu sombra,/ no pongas/ fusiles en sus brazos,/ no los conviertas/ en escudos humanos./ Los niños son semilla/ de tu raza./ No les quemes/ su casa,/ no mutiles sus genes.../ ¡Déjalos crecer!/ ¡A ti mismo te darán más progreso/ vivos que muertos!/ No los entregues/ a explotar entre tus bombas./ Ayúdale al país/ a enseñarles matemáticas/ que multipliquen la riqueza/ de la siembra y la labranza/ y la dividan/ a conciencia./ ¡Déjalos que crezcan!/ Llevarán la bandera/ de esperanza.

http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=58271&imagen=&vl=1&r=buscador.php&idedicion=678

Compartir este post

Repost 0
Published by Sergio Esteban Vélez - en Columnas de Opinión
Comenta este artículo

Comentarios